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Las guerras de los daños colaterales

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Por Juan Marrero

A principios de abril, cinco civiles afganos murieron y dieciocho quedaron heridos cuando un destacamento de las fuerzas invasoras norteamericanas disparó en una carretera próxima a la ciudad de Kandahar contra los pasajeros de un ómnibus. Ese hecho criminal es uno de los más recientes de los llamados “daños colaterales” causados por esa guerra.

El número de civiles muertos en Afganistán se ha incrementado año tras año desde el inicio de esa injusta guerra desatada en el 2001. Las últimas cifras oficiales de víctimas conocidas son del año 2007: 1 633 civiles perdieron la vida, de ellos 321 en bombardeos. Pero Estados Unidos ha intensificado la guerra desde el pasado año, lo que debe haber duplicado o triplicado el número de víctimas civiles, sobre todo por la utilización de los vuelos de los aviones no tripulados, de nueva generación, como los Predator y Reaper, que han sido bautizados como “asesinos desde el aire”.

Cada vez que ocurren asesinatos de tal naturaleza, los jerarcas del Pentágono y de las fuerzas de la OTAN –de esa Europa culta que tanta preocupación tiene por el respeto de los derechos humanos en Cuba y otros países–, lo califican de “daños colaterales no deseados, no intencionales”, y se lamentan del “error” cometido ante el gobierno títere de Kabul y la población afgana. Pero está por ver aún que ordenen una investigación o sancionen a los responsables de esos crímenes de gente inocente.

Esos hechos han causado gran indignación en la población afgana. Presionado, el gobierno de Kabul ha pedido a las fuerzas invasoras que “revisen sus normas” de combate. La organización Human Right Watch ha reconocido que los errores de Estados Unidos y la OTAN han provocado un dramático descenso en el apoyo a la presencia de esas fuerzas invasoras en el país.

El eufemismo “daño colateral” nació durante la guerra de Viet Nam. Pero su uso mediático creció en 1999 cuando los países de la OTAN bombardearon objetivos civiles como lo fueron la embajada china en Belgrado, donde murieron tres periodistas chinos, y la TV Serbia, donde fallecieron 16 técnicos. Intentando justificar el error, en el caso de la embajada china, alegaron que la CIA suministró un mapa antiguo de Belgrado por el que se guiaron los pilotos de los aviones atacantes. Según denunció Cuba entonces, el ataque a la televisión serbia fue idea del gobernante español Aznar, quien convenció a Bill Clinton para que diese la orden y, de tal manera, silenciar esa planta para poder ganar la guerra desatada por el conflicto de Kosovo.

Después, en Iraq, el pretexto “daño colateral” se utilizó con mayor frecuencia. Recordemos el salvaje ataque desde un tanque realizado contra el Hotel Palestina, en Bagdad, donde estaban alojados varios corresponsales extranjeros. Allí halló la muerte el camarógrafo español José Couso. También hubo el ataque al hotel Basora, donde los únicos alojados eran los periodistas de la agencia Al Jazzera, de Qatar, y la cual se convirtió por su trabajo profesional y la transmisión de la verdad sobre lo que ocurría en Iraq en el medio de prensa de mayor aceptación en el Oriente medio y en el mundo. Allí, en Basora, también los yanquis quisieron matar la verdad al provocar la muerte de uno de los corresponsales de Al Jazzera en Iraq.

Hace pocas semanas, otra fechoría de las tropas norteamericanas en Iraq, realizada en el 2007, salió a la luz pública. El portal digital wikileaks colocó un video del ejército estadounidense en el que se puede ver como un helicóptero Apache abre fuego contra un grupo de civiles en Bagdad. Once iraquíes murieron en ese ataque, entre ellos un fotógrafo de la agencia Reuters. La versión oficial estadounidense habló de un ataque contra “una fuerza hostil”. En el video no se ve nada hostil. Lo que se ve es el ametrallamiento y a un soldado decir: “Mira a esos bastardos muertos”, y a otro señalar que hay dos niños en una furgoneta, y otro dice: “Bueno es culpa de ellos si traen a sus hijos a una batalla”. Con tal moral actúan.

Solo en Iraq han sido muertos desde el 2003 hasta el 2009 más de 200 periodistas, una cifra casi similar a los que cayeron en la I y II Guerras Mundiales, la guerra de Corea, Argelia, Viet Nam y los Balcanes.

No solo los civiles, no solo los niños y mujeres, no solo los periodistas, no solo la verdad son las víctimas de las guerras imperialistas y los daños colaterales. Los propios veteranos de esas guerras, al regresar a Estados Unidos o a sus países de Europa, se convierten en “daños colaterales”. Un reciente despacho de la agencia  IPS reproducía un informe oficial del Departamento para Asuntos Veteranos del Pentágono, donde se expresaba que “de los más de 30 000 suicidios que se producen en Estados Unidos, un 20 % son de ex combatientes…” “Tenemos alrededor de dos millones de veteranos de Iraq y Afganistán…y la lamentable verdad es que el desafío real para ellos comienza cuando regresan a casa y deben adaptarse a la vida diaria”. Otro informe indica que hay 336 000 veteranos que duermen a la intemperie cuando regresan a casa, y que una buena parte de los vagabundos que andan por las calles de las ciudades son veteranos de los conflictos guerreristas. Muchos de los casos de asesinatos múltiples, de ataques domésticos, de ataques sexuales, de secuestros que ocurren en Estados Unidos son protagonizados por ex combatientes de Viet Nam, Yugoslavia, el Golfo, Iraq o Afganistán.

¡Cuántos crímenes se cometen en nombre de la democracia y la libertad!

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Juan Marrero

Juan Marrero

Periodista cubano, vicepresidente de la Unión de Periodistas de Cuba

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