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Copenhague, el valor de decir NO

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The Nation
Versión en español publicada en La Jornada

copenhague-cop15_25En el noveno día de la conferencia de Naciones Unidas sobre cambio climático, África fue sacrificada. La posición del bloque negociador del G-77, que incluye los estados africanos, había sido clara: un incremento de 2 grados centígrados en la temperatura global promedio se traduce en un incremento de 3 a 3.5 grados en África.

Esto implica, según la Alianza Panafricana por la Justicia Climática, que 55 millones de personas adicionales podrían estar en riesgo por pasar hambruna y el estrés hídrico podría afectar a entre 350 y 600 millones de personas adicionales. El arzobispo Desmond Tutu plantea así lo que está en riesgo: Nos enfrentamos a un inminente desastre a una escala monstruosa… una meta global de cerca de 2 grados centígrados va a condenar a África a la incineración y a ningún desarrollo moderno.

Y, sin embargo, eso es justo lo que el primer ministro de Etiopía, Meles Zenawi, propuso que se hiciera, cuando estuvo en París, de paso hacia Copenhague: parado al lado del presidente Nicolás Sarkozy, aseguró que hablaba en nombre de toda África (encabeza el grupo africano de negociaciones en torno al clima) y reveló un plan que incluye el temido incremento de 2 grados y ofreció a los países en desarrollo sólo 10 mil millones de dólares anuales para ayudar a pagar todo lo relacionado con el clima, desde diques hasta el tratamiento contra la malaria y la lucha contra la desforestación.

Es difícil creer que sea el mismo hombre que hace sólo tres meses decía: Usaremos nuestras cifras para deslegitimar cualquier acuerdo que no sea consistente con nuestra posición base… Si se requiere, estamos preparados para retirarnos de cualquier negociación que amenace con ser otra violación de nuestro continente… No estamos dispuestos a vivir con un calentamiento global mayor al mínimo nivel evitable.

Y también decía: Participaremos en las próximas negociaciones, no como suplicantes que defienden su caso, sino como negociadores que defienden sus puntos de vista e intereses.

Todavía no sabemos qué obtuvo Zenawi por cambiar su tono tan radicalmente, o exactamente cómo se va de una posición que hace un llamado a destinar 400 mil millones de dólares en financiamiento (la posición del grupo de África) a escasos 10 mil millones. De igual manera, no sabemos qué pasó cuando la secretaria estadunidense de Estado, Hillary Clinton, se reunió con la presidenta filipina Gloria Arroyo semanas antes de la conferencia y de pronto echaron de su delegación a los más duros negociadores filipinos, y el país, que había demandado profundas reducciones del mundo rico, de pronto se alineó.

Sí sabemos, luego de observar una serie de estos discordantes y radicales cambios de opinión, que las potencias del G-8 estaban dispuestos a hacer prácticamente lo que fuera por obtener un acuerdo en Copenhague. La urgencia claramente no proviene de un ardiente deseo de evitar el cataclísmico cambio climático, ya que los negociadores saben que las irrisorias reducciones de las emisiones que proponen son una garantía de que las temperaturas se incrementarán 3,9 grados, cifra dantesca, como la describió Bill McKibben.

Matthew Stilwell, del (Instituto para la Gobernanza y el Desarrollo Sustentable) -uno de los más influyentes asesores en estas pláticas-, dice que las negociaciones en realidad no tratan de evitar el cambio climático, sino son una batalla campal sobre un recurso profundamente valioso: el derecho al cielo. La cantidad de carbono que puede ser emitida a la atmósfera es limitada. Si los países ricos no consiguen reducir radicalmente sus emisiones, entonces se estarán tragando la de por sí insuficiente porción disponible para el sur. Lo que está en juego, argumenta Stilwell, es nada menos que la importancia de compartir el cielo.

Europa, dice, comprende cabalmente cuánto dinero será ganado en el mercado del carbono, debido a que lleva años usando el mecanismo. Los países en desarrollo, por otro lado, nunca han lidiado con restricciones de carbono, así que muchos gobiernos no se dan cuenta de lo que están perdiendo. Al contrastar el valor del mercado de carbono -1,2 billones de dólares anuales, según el destacado economista británico Nicholas Stern- con la irrisoria cantidad de 10 mil millones de dólares puestos sobre la mesa para los países en desarrollo, Stilwell dice que los países ricos intentan cambiar cuentas y cobijas por Manhattan. Añade: Éste es un momento colonial. Por eso se hizo todo para que los jefes de Estado accedieran a un acuerdo de este tipo… Luego no hay vuelta atrás. Repartieron el último recurso que quedaba sin dueño y lo asignaron a los prósperos.

Durante meses, las ONG se sumaron al mensaje de que la meta de Copenhague era sellar el acuerdo. A todos lados donde volteáramos en el Bella Center, los relojes hacían tic tic tic. Pero no bastaba cualquier acuerdo, sobre todo porque el único acuerdo sobre la mesa no resolvería la crisis climática y podría empeorar las cosas: recoger las actuales desigualdades entre el norte y el sur y sellarlas indefinidamente. Augustine Njamnshi, de la Alianza Panafricana por la Justicia Climática, se refiere en duros términos a la propuesta de los 2 grados: “No se puede decir que se propone una ‘solución’ al cambio climático si esa solución provocará que millones de africanos mueran y si los pobres, no quienes contaminan, siguen pagando por el cambio climático”.

Stilwell dice que un acuerdo erróneo sellaría un enfoque equivocado hasta 2020, mucho después de la fecha límite para las emisiones pico. Pero insiste en que no es demasiado tarde para evitar el peor de los escenarios. Preferiría esperar seis meses o un año y hacer bien las cosas, porque la ciencia avanza, la voluntad política crece, la comprensión de la sociedad civil y de las comunidades afectadas crece, y estarán preparadas para asegurar que sus dirigentes se comprometan con el acuerdo correcto.

Al comienzo de estas negociaciones, la simple idea de un retraso era herejía ambiental. Pero ahora muchos ven el valor de reducir la velocidad y hacer bien las cosas. Fue significativo que, luego de describir lo que 2 grados implicaría para África, el arzobispo Tutu enunciara que más vale ningún acuerdo que un mal acuerdo. Eso podría ser lo mejor que podríamos esperar de Copenhague. Sería un desastre político para algunos jefes de Estado, pero podría ser una última oportunidad para evitar el verdadero desastre para todos los demás.

© 2009 Naomi Klein. www.naomiklein.org.

Publicado primero en The Nation.

Traducción para La Jornada: Tania Molina Ramírez

Se han publicado 3 comentarios



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  • Olimpio Rodriguez Santos dijo:

    El artículo de opinión de Naomi Klein es muy claro por lo que me limito a copiar el compromiso de Asociación Médica Mundial (AMM) sobre el tema:

    Aunque los gobiernos y las organizaciones internacionales son responsables de establecer regulaciones y legislaciones para mitigar los efectos del cambio climático y ayudar a sus poblaciones a adaptarse a él, la Asociación Médica Mundial (AMM) ha expresado su compromiso de alertar sobre las consecuencias del cambio climático para la salud y sugerir soluciones.

    Cómo prepararse para las emergencias climáticas

    Para esta organización, los gobiernos deben proporcionar formación e información a los médicos sobre las emergencias derivadas del cambio climático y alertan que los efectos del cambio climático harán aumentar las desigualdades en salud entre los países desarrollados y aquellos otros en vías de desarrollo.

    La AMM ha pedido una implicación directa de los médicos para que, a través de sus asociaciones defiendan el derecho de los ciudadanos a la protección y cuidado de su salud frente a las consecuencias del cambio climático y considera imprescindible una colaboración entre todos los agentes implicados, basada en diez puntos:

    1. Colaborar con los gobiernos, ONGs y otros profesionales de la salud para conocer las mejores maneras de mitigar el cambio climático, incluidas las estrategias de adaptación y mitigación que llevarán a una mejor salud.
    2. Instar a los gobiernos a incorporar a las asociaciones médicas nacionales y los médicos en la planificación de respuestas a emergencias a nivel comunitario y nacional.
    3. Trabajar para asegurar la integración de los médicos a planes de la sociedad civil, gobiernos, autoridades de salud pública y ONGs internacionales y la OMS.
    4. Instar a la OMS y a los países que participan en la Asamblea Médica Mundial a revisar las Regulaciones Internacionales de Salud y Planificación para una Pandemia de Influenza y obtener la perspectiva de los médicos en práctica comunitaria, a fin de asegurar que existen respuestas apropiadas de médicos a las alertas de emergencias y hacer recomendaciones sobre la educación y los instrumentos más apropiados para los médicos y otro personal de salud.
    5. Llamar a los gobiernos a reforzar los sistemas de salud pública, a fin de mejorar la capacidad de las comunidades a adaptarse al cambio climático.
    6. Preparar a los médicos, sus consultas, clínicas, hospitales y otros establecimientos para la desorganización en la infraestructura que presentan las grandes urgencias, en particular con la planificación anticipada de la prestación de servicios durante dichas desorganizaciones.
    7. Instar a los médicos, asociaciones médicas y gobiernos a colaborar juntos para crear sistemas para alertas a fin de asegurar que los sistemas de salud y los médicos conozcan los altos riesgos relacionados con el clima cuando sucedan y reciban información precisa oportuna sobre el manejo de situaciones de emergencia en salud.
    8. Llamar a los gobiernos a planificar el recibimiento de refugiados ambientales en sus países.
    9. En colaboración con la OMS, producir fichas de información adaptadas sobre cambio climático para las asociaciones médicas nacionales, médicos y otros profesionales de la salud.
    10. La AMM trabajará con otros para identificar el financiamiento de programas de investigación específicos sobre la mitigación y adaptación relacionados con la salud y el intercambio de información/investigación en los países y jurisdicciones y ente ellos.

    Dr. Olimpio Rodríguez Santos
    Especialista II Grado en Alergología
    Prof. Facultad de Comunicación Universidad “Ignacio Agramonte”
    Prof. I.S.C.M. “Carlos J. Finlay” Camagüey Cuba

    E-Mail: olimpiors@finlay.cmw.sld.cu

  • toby dijo:

    La Humanidad está en el camino de su extinción, la desaparición de la especie no es una premonición, las señales son claras, y no obstante la humanidad da muestras de continuar en su vocación suicida.
    Al final del año 2009 concurren dos hechos importantísimos que reafirman definitivamente el rumbo autodestructivo que el capitalismo impone a la humanidad.
    El primero, la Cumbre de Copenhague donde los países más desarrollados del planeta aceptan que el impacto de la civilización sobre la ecología mundial es inconciliable con la vida, se estableció con claridad la gravedad de la situación… y para asombró, no se tomaron medidas para rectificar el camino.
    El capitalismo demostró que es incapaz de corregir el rumbo suicida, quedó claro que la humanidad de permanecer en el capitalismo, desaparecerá, se demostró la gravedad de la situación.
    Los países, con honrosas excepciones, permanecieron dentro de la lógica del capital.
    Los países contaminantes salieron satisfechos con el éxito de sus artimañas burocráticas: reuniones clandestinas, segregación de la disidencia, corte de luz a los discursos, documentos forjados. Pero la realidad, el deterioro acelerado de las condiciones para la vida siguió su curso. El evento confirmó los vientos de mal agüero.
    El segundo hecho alarmante, fue el discurso de Obama recibiendo el Premió Nobel de la Paz. Veamos sólo un párrafo, para darnos cuenta de la amenaza del imperio.
    “Pero en mi calidad de jefe de Estado que juró proteger y defender a mi país, no me puede guiar solamente su ejemplo (de Gandhi y King). Enfrento al mundo como lo es, y no puedo cruzarme de brazos ante amenazas contra estadounidenses”.
    … “Debemos comenzar por reconocer el difícil hecho de que no erradicaremos el conflicto violento en nuestra época. Habrá ocasiones en las que las naciones, actuando individual o conjuntamente, concluirán que el uso de la fuerza no sólo es necesario sino también justificado moralmente. ”
    Todo el discurso está cargado del cinismo del imperio cuando quiere justificar una agresión contra un pueblo que busca rumbos de salvación.
    Los dos hechos muestran el carácter del capitalismo: uno, ignoran el peligro de extinción, con eso creen resolverlo, y dos, usan la amenaza de la fuerza para imponer su imperio, para proteger su sistema depredador. Ese es el comportamiento de los dueños del mundo, los que dictan el camino. Por ahora.
    Esta situación difícil para la humanidad, conducida por el capitalismo, sin ninguna oposición, atrapada en su lógica, en su ética, colonizada espiritualmente, avanzando por la senda de la extinción, esta situación difícil, repetimos, requiere de nuestras mejores reflexiones y acciones.
    Lo primero que debemos puntualizar es si somos una especie que merece ser salvada, si somos una especie que puede ser salvada, si hay esperanza para el humano, de cuál es nuestro papel en la naturaleza. Si las respuestas son afirmativas. Debemos pasar al segundo grupo de preguntas, las que guían la acción: Cómo, qué hacer

  • Abraham dijo:

    Naomi Klein tu me gusta

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Naomi Klein

Naomi Klein

Es una periodista e investigadora de gran influencia en el movimiento antiglobalización, nacida en Montreal. Es economista política, periodista y escritora.

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