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Se viró el dominó

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Dicho en buen cubano, en San Pedro Sula se viró el dominó.

La historia cambia, porque los hombres son sus protagonistas y los tiempos, el escenario. Esa ciudad, la segunda en importancia de Honduras y la primera desde el punto de vista industrial y económico, lo acaba de evidenciar. Hay en ella un antes y un después en relación con Cuba.

El aeropuerto sampedrano Ramón Villeda Morales es el mejor de la nación centroamericana, porque el de Palmerola, con una excelente pista sobre una amplia meseta y muy cercano a Tegucigalpa, la capital, es parte de una Base Militar norteamericana, desde la cual salió apoyo de todo tipo para los Contras nicaragüenses. Siempre que he arribado a la terminal aérea de San Pedro he tenido una sensación de repugnancia, pues en sus pasillos, con pisos muy pulidos y paredes de colores blanco y beige, hay huellas invisibles del paso del terrorista Luis Posada Carriles.

Honduras, y específicamente San Pedro Sula, fueron bases de operaciones del connotado asesino en su peregrinar por Centroamérica. También lo fue El Salvador. Esas naciones fueron en aquel momento el traspatio más cercano de los Estados Unidos y específicamente de sus gobiernos, como acaba de recordar el presidente venezolano Hugo Chávez.

En esa bella y populosa ciudad, Posada encontró abrigo, apoyo y dinero. Su sempiterno amigo, el también terrorista Rafael Hernández Nodarse, quien prefiere que lo llamen Ralph (quizás sea su mote de pandillero), siempre lo esperó en el aeropuerto, lo ayudó a pasar los controles (?) migratorios y aduanales y lo hospedó con todos los “honores” que merece un “luchador” (puede leerse asesino).

Tras el indulto de la entonces presidenta panameña Mireya Moscoso, Posada voló a San Pedro, donde fue acogido por Rafael y llevado a un lujoso hotel. Después se esfumó como por arte de magia, para reaparecer en el estercolero cubano-americano de Miami. Ni las fuerzas de inteligencia, ni la Dirección de Inmigración, ni el entonces presidente de Honduras, el súper derechista Ricardo Maduro, se dieron por enterados. Y no fueron cómplices, aseguraron posteriormente a los medios de comunicación.

¿Quién es Ralph? Pues nada más y nada menos que un cubano exiliado en Honduras desde hace muchos años, con cantidad de dinero en sus arcas a costa de contrabando comercial, extorsión, robo y tráfico de armas y drogas, entre otras acciones delincuenciales. Es el “flamante” director del Canal 6 de Televisión en San Pedro Sula. Su emisora televisiva es la más cruenta que pueda verse en la región. Los camarógrafos y periodistas tienen ordenado llenar la pantalla con las más crueles imágenes de asesinatos, accidentes… Las tomas, como indica la ética, pudieran ser un tanto alejadas, para evitar el morbo. Pero en el Canal 6 el lente se acerca a las heridas, a las moscas sobre los cadáveres, en una suerte de exposición malsana de la muerte. No podía ser de otra manera. Esa es la forma de pensar del “señor Ralph” y de su hermano Posada Carriles.

Y en San Pedro también está Carlos Vicente López Sánchez, alias “Chende”, compinche del asesino confeso. En una ocasión, estando en Honduras, marqué el número de su teléfono celular. “Aló”, me respondió. ¿Es Chente?, le pregunté. “Sí, dígame”. Soy periodista cubano y quisiera hacerle unas preguntas… “Cubano de Cuba o de Miami”, inquirió. De Cub… No me dejó terminar la palabra; colgó. Tiene sus manos muy ensangrentadas para afrontar las interrogantes de un reportero de la Isla.

Pero en esa misma ciudad la historia hoy es bien diferente. En la 39 Asamblea General de la desprestigiada OEA, el presidente hondureño, Manuel Zelaya, quien ha evidenciado en su mandato dignidad y decoro, alzó su voz con energía y calificó de infame la expulsión de Cuba de esa organización por haber tomado el rumbo que su pueblo decidió, el de la libertad e independencia plenas. En términos similares se pronunció ante la prensa el mandatario nicaragüense Daniel Ortega y la secretaria de Relaciones Exteriores hondureña, Patricia Rodas Baca.

En la otrora ciudad nido de terroristas anticubanos, en la cual se movían con total libertad, donde aterrizaban y despegaban libremente sus aviones y donde ni siquiera les realizaban los controles migratorios de rutina, ahora se acaba de “virar el dominó” y primó un acto de justo reclamo histórico para enmendar uno de los más connotados errores cometidos de la nefasta Organización de Estados Americanos, súbdita incondicional de los sucesivos gobiernos estadounidenses.

Aunque el gobierno de la Isla ha manifestado su decisión de no retornar jamás a la OEA y lo que se impone es, como aseguró el presidente ecuatoriano Rafael Correa, el establecimiento de una Organización de Países Latinoamericanos y del Caribe (OPLC), el hecho de que en San Pedro Sula, precisamente, Cuba haya tenido la atención y el respecto merecidos y los asistentes a la Asamblea acordaron dejar sin efecto por aclamación la resolución que expulsó a la mayor de las Antillas del organismo en 1962 en Punta del Este, Uruguay, es otra victoria de la unidad regional.

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Ramón Barreras Ferrán

Ramón Barreras Ferrán

Periodista cubano, colaborador de Cubadebate.

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