El discurso del presidente
La Alborada
Nada nuevo hubo en el discurso del presidente Bush, aunque algunas cosas sí quedaron claras. Para comenzar, estuvo acompañado por el Senador Martínez y por los representantes de Miami, batistianos de próxima generación, Ros-Lehtinen y los Díaz-Balart. También hizo acto de presencia la congresista demócrata Debbie Wasserman-Schultz, quien ha tomado bando con sus colegas republicanos ultra-conservadores y con el presidente.
Bush se encuentra ya en su cuarto año de destruir a Irak bajo la ficción de llevar la democracia a un pueblo que abrumadoramente demanda que EU se retire del país. El discurso fue dedicado a reiterar el cometido presidencial de llevar la democracia a Cuba, también. Aseveró Bush en un prefacio que "una de las historias de éxito del pasado siglo es el avance de la libertad económica y política por toda Latinoamérica." Se refería, claro, a la consolidación del neoliberalismo en la región bajo la protección de las dictaduras militares, sin mencionar que el actual siglo ha traído una ola de gobienos y movimientos democráticos comprometidos a defender la soberanía y los recursos naturales de sus naciones ante las políticas del presidente.
Argumentando su caso, formuló unos plantamientos sorprendentes, como que en Cuba es ilegal "leer libros o revistas sin la aprobación explícita del estado". Igual, tenía tres propuestas que hacer. Dos de ellas, que tienen que ver aparentemente con alguna especie de cafés Internet religiosos, y con becas para que jóvenes cubanos estudien en EU, no tienen el menor chance de ser implementadas sin la cooperación del gobierno cubano, algo que naturalmente no se va a materializar. La tercera, busca una nueva coalición de los dispuestos para que adelanten un fondo mil veces multimillonario para concesiones y préstamos para la empresa privada. Tales fondos, en la cantidad que se logre reunir, esperarían un largo tiempo sin ser usados: su desembolso depende de que Cuba reorganize su sociedad a gran escala de tal forma que logre el visto bueno de Bush.
La inutilidad de las propuestas subraya la falta de opciones para EU en relación a Cuba si persigue la actual política inflexible de hostilidad incesante, pero el presidente tenía que inventar algo para poder reclamar que tenía algo nuevo que decir. Como ya había hecho en 2004 el reporte de su comisión para la anexión de Cuba, pidió a las naciones del mundo que apoyaran sus esfuerzos, y a los miitares y policías que se unieran con el pueblo para transformar a Cuba en un estado dependiente neoliberal administrado desde Miami y Washington. Esto, tampoco va a suceder. Dentro de seis días verá el presidente una vez más qué piensan las naciones del mundo--de las cuales, 180 mantienen relaciones con Cuba--acerca de sus ideas. Por lo menos dos candidatos demócratas a la presidencia expresaron su desacuerdo inmediatamente después del discurso.
Sean los que sean los móviles políticos e ideológicos del discurso, la realidad es que el mismo no se basó en la realidad. Esto no tranquiliza en nada. El período presidencial continúa hasta el fin del año entrante, y EU sigue siendo una potencia mundial que permanecerá hasta entonces bajo la dirección de Bush, con consecuencias impredecibles y aún drásticas. El pueblo de Irak, en vías de ser atomizado hacia la democracia, seguramente está de acuerdo.


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