La demonización de la próxima víctima
El escritor y profesor estadounidense MIchel Parenti ha formulado, en un artículo sobre "La demonización de Slodoban Milosevic", que tradujo y reprodujo el periódico mexicano Jornada, una brillante descripción del método propagandístico utilizado para desacreditar a otros gobiernos que no encajan bien en el sistema de mercado libre global patrocinado por EEUU.
"Se caracteriza a sus dirigentes -dice Parrenti- como seres grandilocuentes, hostiles y psicológicamente fracasados. Son catalogados de demagogos hambrientos de poder, de volubles hombres fuertes y de integrar la peor ralea de dictadores al estilo del mismísimo Hitler. Denominan a los países en cuestión Estados "terroristas" o "canallas", culpables de ser "anti-estadounidenses" o "anti-occidentales". Una selecta minoría ellos entra a formar parte del "eje del mal".
Apunta Michel Parenti que "cuando los dirigentes estadounidenses ponen en su punto de mira a un país y demonizan a su dirigente, lo hacen con apoyo de publicistas ideológicamente afines, expertos, académicos y ex - funcionarios del gobierno. Juntos crean un clima de opinión que permite a Washington hacer todo lo que estime necesario para ocasionar un grave daño a la infraestructura y la población de la nación designada, en nombre de los derechos humanos, la lucha contra el terrorismo y por la seguridad nacional."
Es evidente que Irán ocupa un lugar muy alto en la lista de los países cuyos dirigentes deben ser demonizados a toda costa, por la urgencia que demuestra Washington por dejar ver que esa será la víctima de su próxima guerra.
Contra los líderes iraníes se ha estructurado por los medios estadounidenses una campaña de demonización que recuerda la orquestada contra Saddam Hussein, el presidente iraquí. Se les atribuyen "satanismos" tales como los de constituir un peligro para los Estados Unidos, pretender borrar a Israel del mapa y exterminar a los judíos, negar la existencia del Holocausto, amenazar a Europa, pretender fabricar medios de destrucción masiva, entre muchos otros propósitos malignos del "islamofascimo".
Blanco principal de esta campaña contra Irán ha sido su presidente, Mahmoud Ahmadinejad.
En carreteras del estado de Georgia, y posiblemente en otras de los Estados Unidos, comenzaron a aparecer vallas anunciadoras con la imagen de Ahmadinejad abrazado con otros "demonios": Hugo Chávez
y Osama Bin Laden.
Mientras el Presidente iraní se mantenía en su país ha sido relativamente fácil la manipulación mediática de su imagen, pero el "monstruo" vino a Nueva York para hablar en la ONU -como tiene derecho a hacerlo cualquier Jefe de Estado o gobierno de cualquier país miembro- y su presencia atrajo a mucha gente, quizás como podría ocurrir si llegara Frankenstain, Drácula, mister Hyde sin el doctor Jeykel o cualquiera otra creación horrenda.
Pero resultó que, Ahmadinejad no llegó a Nueva York con largos colmillos chorreando sangre, y comenzaron a trascender aspectos de su personalidad, su carácter y sus circunstancias que no coinciden con los dibujos horripilantes que sobre él se han divulgado en la prensa occidental, a partir de la estadounidense.
Muchos norteamericanos se pudieron enterar que Ahmadinejad no es un feroz dictador golpista, sino un presidente electo subordinado a un legislativo y con limitado poder ejecutivo, a quien, incluso con frecuencia, le son vetadas sus designaciones de ministros. Han sabido ahora que el poder, en realidad, reside en Irán más en el Lider religioso, Ayatollah Ali Kamenei, quien orienta la política exterior y es comandante en jefe de todas las fuerzas armadas de la nación persa.
La supuesta invocación a la destrucción de Israel fue desmentida por Mahmoud Ahmadinejad porque el Presidente iraní declaró que él aboga por un cambio de orientación en el gobierno del país judío, algo que el gobierno estadounidense proclama abiertamente respecto a todo país con cuyo gobierno tiene discrepancias.
Acerca de su pretendida negación del Holocausto, algo que denotaría reprensible insensibilidad, el dirigente iraní aclaró que lo que su gobierno rechaza es que en Occidente se condene a largas penas de prisión a quienes no coincidan con la versión oficial del Holocausto y que se haga pagar a los árabes por aquel genocidio.
Por si todo esto fuera poco, la visita de Ahmadinejad a Nueva York puso en crisis la peregrina idea de que Irán constituye un peligro para los Estados Unidos o para cualquier otro país.
La maquinaria mediática manipuladora había impedido que la opinión pública interiorizara el hecho indiscutible de que Irán no posee armas nucleares y que sus fuerzas armadas estén diseñadas -y se dice que bien preparadas- con una orientación claramente defensiva, sin fuerza aérea ni marina de guerra capaz de librar combates fuera de su territorio. Ahmadinejad dejó claro que Irán no alberga intenciones de atacar a Israel ni algún otro país, que no aspira a poseer arma de destrucción masiva alguna y que su programa nuclear solo tiene propósitos pacíficos.
El Presidente de la Universidad de Columbia, Lee Bollinger, quien había invitado al Presidente iraní a hablar en un acto en ese centro, indudablemente presionado por alguna agencia represiva -directamente o por intermedio de algunos donantes de los que aportan financieramente a la universidad-, hizo su presentación con una cantidad tal de diatribas e insultos -lo calificó de "pequeño y cruel tirano- que hizo aparecer incomparablemente más culto y educado al Presidente iraní que el indigno académico estadounidense.
Menudo retroceso para los demonizadores de la imagen de Irán y sus líderes significó la visita a Nueva York del Presidente Ahmadinejad.
Los principales medios de prensa occidentales presentan al Islam como un demonio al vincularlo permanentemente con el terrorismo. Este esfuerzo implacable por identificar la religión musulmana con una amenaza para la seguridad del Norte industrial obedece a intereses geopolíticos del complejo militar industrial y las corporaciones petroleras. Hizbolá, Hamas y mujaidines y otras organizaciones del mundo árabe son presentados en los medios occidentales como terroristas fanáticos, enemigos mortales de la civilización occidental decididos a destruirla.
Como las Cruzadas de los siglos XI al XIV, occidente demonizaba a los Turcos como infieles y herejes para justificar la acción militar encaminada a controlar las rutas del comercio con el Oriente que estaban dominadas por los musulmanes, la guerra contra el terrorismo hoy es la fachada de objetivos económicos y geopolíticos de dominación y control sobre más del sesenta por ciento de los suministros del mundo de petróleo y gas natural, situados territorios del Medio Oriente habitados por musulmanes.
En realidad, el juego sucio de la demonización de quienes no se le someten, induciéndoles el temor de convertirles en sus próximas víctimas, se va haciendo cada vez más frecuente, más predecible y, por eso mismo, más contraproducente para Washington, a escala mundial y hasta en la propia nación estadounidense.
*Manuel E. Yepe Menéndez es periodista y se desempeña como Profesor adjunto en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana.
Octubre de 2007


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