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Sin excusas: Cada vez más atrapados en el pantano de Iraq, con los ojos abiertos

Por: Max Castro
En este artículo: Estados Unidos, George W. Bush, Iraq
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Progreso Semanal

Las Casa Blanca y sus aliados republicanos en el Senado se anotaron una doble victoria la semana pasada al lograr bloquear una resolución no vinculante que se opone a la escalada de la guerra del Presidente Bush en Irak e impedir un debate abierto del tema.

Estas victorias, que muestran el desprecio por la opinión de la mayoría del pueblo norteamericano e ignoran la realidad de que Irak es una causa perdida para Estados Unidos, serán costosas para el Partido Republicano.

Es una razón más de por qué ha llegado la hora para esos republicanos que no están de acuerdo con sus líderes y colocan los intereses de su país por encima de los del partido de adoptar una posición. En eso, los republicanos moderados del Senado fracasaron en una prueba la pasada semana, cuando todos los senadores republicanos menos dos apoyaron a sus líderes en su exitoso intento por impedir el debate. No pueden fracasar otra vez sin perder toda credibilidad.

Algunos republicanos en el Congreso y muchos demócratas aseguran que fueron engañados por la administración cuando, en 2003, ellos votaron a favor de autorizar al presidente a hacer la guerra en Irak. Es una defensa dudosa y discutible. Sin embargo, lo que no es discutible es la forma en que serán juzgadas las acciones de ahora en adelante, y los que continúan apoyando la guerra deben saber que en el futuro no podrán asegurar que fueron víctimas de la ignorancia, la manipulación o la inteligencia defectuosa.

No es solo que alguien que haya estado observando la evolución del conflicto en Irak puede ver claramente que las cosas siguen empeorando, mientras que no hay razón para creer que esta tendencia cambiará. Es también el hecho que aquellos a los que la nación ha dado la responsabilidad de comprender y analizar estas cosas, las agencias de inteligencia, comparten esta visión pesimista, como muestra con claridad el reciente Estimado Nacional de Inteligencia (NIE) acerca de Irak.

El NIE de Irak, un documento que refleja el consenso de toda la comunidad de inteligencia de EEUU, declara lo siguiente:

La creciente polarización de la sociedad iraquí, la persistente debilidad de las fuerzas de seguridad y del estado en general y la facilidad con que recurren a la violencia todas las partes están promoviendo de manera colectiva un incremento en la violencia comunal e insurgente, y un extremismo político. A no ser que los esfuerzos por revertir esas condiciones muestren progresos mensurables durante el período de este Estimado, los próximos 12 a 18 meses, consideramos que la situación general de seguridad continuará deteriorándose a un ritmo comparable al de la parte final de 2006.

Al seguir leyendo el NIE, se descubre que lo que sus autores creen que debe ocurrir a fin de “revertir estas condiciones” es un conjunto de procesos y hechos improbables, incluyendo una aceptación mayor por parte de los sunníes de la actual estructura política y del federalismo, y significativas concesiones a los sunníes por parte de los chiíes y los kurdos.

Pero si fuera posible lograr estas hazañas de reconciliación, compromiso y moderación, Irak no se encontraría hoy en un casi estado de guerra civil. Lo que ha quedado claro durante los últimos cuatro años es que los chiíes y kurdos, sometidos por muchos años, están ansiosos por disfrutar de su nuevo poder y no están dispuestos a hacer el tipo de concesiones que pudieran aplacar a los sunníes, los cuales, en su mayor parte, no aceptan de ninguna manera su nuevo status como minoría política y demográfica.

¿Qué razón existe para creer que lo que no se pudo lograr en el principio -cuando las estructuras organizativas y las actitudes que alimentan la violencia sectaria aún no se habían instalado– o en los últimos cuatro años pueda lograrse en el próximo año y medio, especialmente si ahora ya existen muchas heridas nuevas, pero enconadas?

De esa forma, una guerra vendida con humo y espejos al pueblo norteamericano -y solo a ellos, porque el resto del mundo se abstuvo de comprar los argumentos pre-empacados- ahora se escala sobre la base de una esperanza y una oración.

Esos líderes políticos que se hagan cómplices -por hecho o por omisión– de ayudar al presidente a proseguir en su rumbo mortal una vez más, deben saber que no hay ya más excusas. Esta vez no existe una inteligencia confusa o engañosa, ninguna oficina especial neoconservadora en el Pentágono para manipular la evidencia y ponerla al servicio de políticas preconcebidas. Está todo ahí en blanco y negro. La comunidad de inteligencia está diciendo, de manera indirecta pero inconfundible, que Irak es un gran desastre en camino de convertirse en uno mayor. Es decir, a no ser que se produzca un milagro.

Es imprescindible que los que arriesgan tantas vidas norteamericanas e iraquíes sobre una base tan débil y que están dilapidando enormes recursos que pudieran usarse para salvar tantas vidas y para mejorar tantas otras en Estados Unidos y en todo el mundo sean detenidos hoy y que se les exija responsabilidad mañana.

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Max Castro

Max Castro

Periodista cubano radicado en los Estados Unidos. Columnista del semanario Progreso Semanal.

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