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Sadam en el Olimpo: La creación de un mártir

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En su infinita e inagotable estupidez el régimen de Bush procedió a sacrificar a Sadam Husein de una manera tan infamante, injuriosa y vejatoria que ha creado un glorioso héroe y mártir del mundo árabe. Nadie recuerda ya sus transgresiones a los derechos humanos. Todos  evocan sus obras públicas, su popularidad, su benevolencia hacia el pueblo. En Libia le están erigiendo una estatua. De Marruecos al Líbano sus fotos son desplegadas en las vías públicas. El presidente egipcio Moubarak se lamentó de la ignominia que rodeó el asesinato del líder iraquí. Muamar el Kadafi suspendió las fiestas de Id al-Adha. En Arabia Saudita circulan poemas que honran la memoria de Sadam. La ejecución ha dotado al dirigente iraquí de una aureola de santidad y el halo de un ídolo arábigo.
La penosa escena del martirio ha sido vista por catorce millones de personas en Google, sin contar los demás medios de difusión. Esos guardias enmascarados, verdaderos gorilas sanguinarios, agraviando, ultrajando, escarneciendo a un hombre a punto de morir, no se le borran a ninguno de la memoria. De otra parte contrasta la serena dignidad de Sadam; su manera  decorosa, firme, impávida de enfrentar la muerte le ha ganado el respeto y la admiración de muchos. Mientras sus verdugos se desbocaban con calificativos humillantes y vaticinios satánicos Sadam les escuchaba impasible y les respondía con la calma de quien se estima asistido de la razón. Enseñanza de  un ocaso honorable.
Lo más interesante es que ese escenario salió a la luz pública contra la voluntad de los ejecutores. Algunas imágenes tomadas por teléfonos celulares dotados de cámaras fotográficas bastaron para armar el torbellino. La lección de este episodio es que la tecnología contemporánea amenaza, cada vez más, a los secuestradores de la verdad. Ya la CNN no nos puede engañar con falsos testimonios del frente de guerra, como hizo cuando la Guerra del Golfo. Ya la CBS, la NBC, la Fox, no pueden erigirse en únicos expositores  de la versión oficial, hay muchos ojos observando.
Ya sucedió con el apaleo por la policía del negro Rodney King, que desató tres días de motines, revueltas y disturbios en Los Ángeles gracias al video tomado por la cámara de un aficionado.  Los medios masivos de comunicación no son el único puente entre la realidad y las conciencias. Hay dos mil doscientos millones de teléfonos celulares en el mundo y mil cien millones de usuarios de Internet. La proliferación de periódicos alternativos permite la libre circulación de hechos e ideas. Nadie puede evitar hoy que la verdad se conozca.  
La indignación no pertenece solamente al mundo árabe, la ira no es sólo un factor de aborrecimiento en el orbe islámico; el pueblo de los Estados Unidos ya dio síntomas de haber llegado el límite de su paciencia en las últimas elecciones. Y ahora Bush parece que está a punto de dar a conocer su nuevo plan para Iraq. Tras el cambio de mandos  militares parece que pedirá el envío de veinte mil soldados más. Difícilmente esto será aprobado por el nuevo Capitolio de mayoría demócrata. Bush se arriesga al "impeachment", al juicio del Congreso,  y a su destitución si las tensiones continúan avinagrándose.
Bush señaló, en su discurso del 30 de noviembre  en la Academia Naval  titulado la Estrategia para la Victoria, que sus fuerzas se retirarán de allí "con honor"  cuando se haya dejado instalado un gobierno democrático en aquella nación ocupada. Todos saben que eso significa un régimen dócil a las instrucciones de Washington. La escapada de los ocupantes provocaría un desplome inmediato de todo el andamiaje de lacayos y recaderos yanquis que han instalado allí. 
John Murtha declaró  en la Cámara de Representantes, el pasado diecisiete de noviembre,  que la guerra se estaba perdiendo. Afirmó que los ataques insurgentes han ascendido de ciento cincuenta diarios a más de setecientos  lo cual es un indicador indudable que la resistencia patriótica se vigoriza, lejos de debilitarse. Desde  octubre de 1999 han muerto 1,5 millones de iraquíes  como resultado de las sanciones de las Naciones Unidas y desde las penalidades de 1997 han fallecido 750 mil niños.  A eso deben añadirse los 600 mil que han fallecido en la guerra de liberación nacional. Ese ha sido el precio que pagó un pueblo por el delito de poseer petróleo en su subsuelo ambicionado por las ávidas trasnacionales de la energía.
Y en medio de ese vasto cementerio Bush se aparecerá ahora diciéndonos que la solución para Iraq es más guerra, más sangre, más represión, más gastos bélicos, más aumento del déficit nacional. Y todo ello mientras carga con el cuerpo de una nueva deidad omnipresente que une a los iraquíes en la búsqueda de su independencia: Sadam Husein. 
gotli2002@yahoo.com

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Lisandro Otero

Lisandro Otero

Novelista, diplomático y periodista. Ha publicado novelas y ensayos, traducidos a catorce idiomas. Falleció en La Habana en 2008.