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“El camino puede ser largo…”

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Tener en una Mesa Redonda a Leonard Weinglass, un prestigioso jurista norteamericano, defensor de causas difíciles --regularmente de juicios más políticos que delictivos--, resultó sumamente interesante para el público cubano, especialmente por ser uno de los abogados que defiende a los Cinco luchadores antiterroristas condenados por un Tribunal de Miami-Dade a largas penas de cárcel. 

Weinglass no parece ser un hombre que convierta deseos en realidades. Su experiencia lo ha enseñado a ser objetivo. Por eso, a lo largo de su intervención en la Mesa Redonda del pasado viernes 18 de agosto, señaló que "el camino puede ser largo" en el proceso de liberar a los Cinco. Y entre otras cuestiones puntualizó: "Las más de 200 páginas de fallos contradictorios sobre el caso de los Cinco, demuestran que es imposible ver el asunto desde el punto de vista legal y en términos de la ley norteamericana, porque se trata de un juicio esencialmente  político y, en particular, de la política de Estados Unidos contra Cuba." 

Al analizar la decisión del pasado 9 de agosto por parte del pleno del Onceno Circuito del Tribunal de Apelaciones de Atlanta, Weinglass valoró que fueron en realidad dos dictámenes. Dos de los jueces mantuvieron sus criterios emitidos un año antes, que declaraba nulo el juicio de Miami, al considerar que el ambiente de la ciudad no posibilitaba un proceso imparcial. Por otra parte, diez se manifestaron ahora de forma contraria. El abogado calificó esa postura como "una tragedia y un monumento al uso de la ley de manera superficial, para lograr propósitos que no son los de la justicia". Recordemos que fue el juez Wilson, un ex fiscal de Miami, el encargado de redactar la opinión de la mayoría.

Esos diez jueces, agregó, quedaron ciegos a la realidad. "No vieron el caso de manera sustancial. Fue un análisis mecánico que no tomó en cuenta ni la atmósfera ni la realidad de lo que aconteció en Miami, solo lo que ocurrió en la sala del tribunal. En 68 páginas no hablan de Miami. Se centraron en la atmósfera del Tribunal, no de la ciudad, como si el juicio se realizara en Nueva York".

El abogado también calificó de insólito -por su contundencia y porque ha ocurrido en raras ocasiones- las 52 páginas del documento redactadas por los dos jueces que estuvieron en desacuerdo, "apegados a la mejor tradición del sistema judicial norteamericano", quienes invitaron a los abogados de la defensa a elevar el caso a un tribunal superior e insistieron en que cualquier análisis debe tener en cuenta las circunstancias que rodearon el juicio de los Cinco. En otra de sus intervenciones en la Mesa Redonda, el abogado planteó que el documento emitido por los 10 jueces del Tribunal de Apelaciones de Atlanta representa una violación del "sagrado derecho que tiene todo acusado a un juicio justo".

Por otra parte, dijo confiar en que a la larga los Cinco serán liberados. "Estados Unidos no puede ser cómplice de un crimen y al propio tiempo juzgar a las personas que se oponen. No se puede apoyar una guerra contra Cuba y a la vez enjuiciar a quienes tratan de oponerse a ella", puntualizó.

Sin embargo, y con todo respeto a los criterios y convicciones de este prestigioso abogado, eso ha sido lo que han estado haciendo los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos desde 1959 hasta el presente. Y no parece que vayan a cambiar su postura, según se desprende de su actuación en otros procesos legales que sí involucran a verdaderos terroristas confesos como como es el caso de Luis Posada Carriles, y otras personas como Santiago Álvarez, Osvaldo Mitad y Robert Ferro que están en este momento preso y esperando juicio. O la forma en que la justicia ha tratado las confesiones de Antonio Llamas (Toñín), acerca de los planes para cometer actos terroristas en Cuba por parte de miembros de la Fundación Nacional Cubano-Americana en la década de los 90. O, más recientemente, la entrevista concedida por Orlando Bosch a un periódico español en la que dice que el mayor deseo de toda su vida era matar a Fidel Castro y que un avión civil cubano es un objetivo militar. Bosch se refería al avión de Cubana de Aviación derribado en Barbados por una bomba, en el que murieron 72 pasajeros y tripulantes, el 6 de octubre de 1976, y por cuyo crimen es reclamado Luis Posada Carriles en Venezuela.

Es el doble rasero que ha caracterizado la famosa lucha contra el terrorismo, después de los abominables atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001, cuyo quinto aniversario se conmemorará dentro de pocos días. Pero incluso, desde antes, en anteriores gobiernos de Estados Unidos, el doble rasero ha estado presente. ¿Quién creó a Osama bin Laden o a los escuadrones de la muerte en Centroamérica? ¿Quién prohijó la Operación Cóndor en América del Sur en las décadas de los 70 y 80? ¿Quién promovió las dictaduras militares en América Latina a lo largo de buena parte del siglo 20? ¿Dónde se entrenaban y los militares latinoamericanos y de otras latitudes en las técnicas de torturas, sino en la famosa Escuela de las Américas, con sede en Panamá, y ahora con otro nombre en territorio norteamericano?

Para la administración Bush existe un terrorismo bueno, el que ella promueve o han promovido otras administraciones, y un terrorismo malo, el que surge como consecuencia de su propia política hegemónica mundial. El que surge como resultado de la opresión, la humillación, la explotación y la desesperanza, unida a factores de carácter religioso o ideológico, como es el caso de los grupos terroristas islámicos que, en muchos casos, fueron organizados, en determinadas circunstancias, por la Agencia Central de Inteligencia. Los talibanes en Afganistán son un buen ejemplo, pero no el único.

Volviendo al tema que nos ocupa, es evidente que Leonard Weinglass no espera milagros. Sabe que la política de la Casa Blanca entorpece la justicia, y que los Cinco luchadores contra el terrorismo no pueden quedar libres mientras haya en EEUU un gobierno que promueve el terrorismo de estado en todas sus manifestaciones y apoya a otros gobiernos que también lo practican, como es el caso de Israel. El que sufre las consecuencias de este doble rasero es, desde luego, el prestigio de Estados Unidos y el propio pueblo de ese país, que ha visto limitadas sus libertades individuales mediante la llamada Ley Patriota, y hasta ha sido objeto de vigilancia y espionaje de su vida privada, en violación de las propias leyes del país.

Si algo caracteriza el estado actual de las relaciones de Estados Unidos con el resto del mundo es la casi absoluta falta de credibilidad de sus políticos e instituciones, la necesidad de imponer sus intereses por la fuerza, la coerción o el chantaje. Y ese método nunca ha sido un síntoma de fortaleza, sino de debilidad de todas las grandes potencias. A sus aliados de la Unión Europea les ocurre más o menos lo mismo. 

A pesar de eso, hasta el presente siete gobiernos aliados de Estados Unidos se han negado a recibir a Luis Posada Carriles como refugiado político, no obstante las presiones para que sea aceptado. Hasta el gobierno de El Salvador, que fue base de operaciones de Posada Carriles, se ha negado a recibirlo. ¿Qué está ocurriendo? Esa negativa de Canadá, México, Honduras, Guatemala, Panamá, Perú y El Salvador tiene muchas lecturas posibles.

¿Son reales las presiones para buscar refugio a Posada Carriles, o prefiere la Casa Blanca mantenerlo preso en una jaula de oro, antes que enviarlo a otro país? Hay algunos analistas que dicen que Posada Carriles morirá en prisión, no por ser un terrorista connotado y confeso, sino porque no conviene a los intereses de W. Bush liberarlo. Posada conoce muchos secretos sobre la participación de Bush padre en operaciones delicadas, en la época en que fue director de la CIA, vicepresidente y presidente. ¿Tomarán la misma medida con Orlando Bosch, al que Bush padre le concedió el perdón y la estancia en el país, prácticamente libre de todo control y, en ocasiones, hablando más de lo que debe?

Hace pocos días, el abogado de Posada Carriles, Eduardo Soto, anunció en un programa televisivo que su defendido estaría libre en pocos días y caminando por las calles de Miami, en lo que pudiera ser una nueva prueba de fuerza entre los grupos terroristas de Miami y la justicia norteamericana de un lado y el gobierno de W. Bush del otro. Todo parece posible, pues se trata de un juego evidentemente sucio.

Lo mismo ocurre con los casos de Santiago Alvarez y Osvaldo Mitat, por tenencia de armas y haber introducido ilegalmente en la nave Santrina a Posada Carriles en Estados Unidos. Y que decir de Robert Ferro, poseedor del arsenal privado más grande que se ha encontrado en Estados Unidos, y que dijo le había sido entregado por el gobierno y que pertenecía a Alpha 66. Si el gobierno norteamericano decide liberarlos, sería aceptar que son protectores y promotores del terrorismo contra Cuba.

Mientras tanto, los abogados de los Cinco cubanos combatientes antiterroristas, estudian los siguientes pasos a seguir. Todavía hay 9 cargos sin apelar ante el Tribunal de Atlanta, y el cambio de sede del juicio tendrá que ser elevado al Tribunal Supremo de Justicia, dominado también por los conservadores. Es evidente que, como dijo Weinglass, "el camino puede ser largo", pero existe la convicción en los Cinco, en el pueblo cubano y en los abogados (todos norteamericanos) de que, a la postre, se impondrá la justicia.  Esperemos que así sea.

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Eduardo Dimas

Eduardo Dimas

Periodista cubano, especializado en temas de política internacional. Falleció en La Habana en 2008.

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