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Buen día, Uruguay

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El pueblo uruguayo en las calles el día del triunfo de la izquierda

Esperanza, esa es la palabra más utilizada cuando se juzga al gobierno de Tabaré Vázquez

Fotos: Ismael Francisco, especial para JR

MONTEVIDEO, Uruguay.- Montevideo palpita pueblo y empieza a soñar. Suenan los tambores de la comparsa La Dominguera en el Barrio Sur, siguiendo el ritmo de los ancestros africanos. Junto a la Universidad hay feria. En las pequeñas playas de la extensa Rambla (malecón) que mira al Río la Plata, los uruguayos sofocan el calor de este verano que le gana en festividad a muchos otros.

En plazas y parques, familias enteras se reúnen a conversar y a disfrutar de una placentera tranquilidad mientras las bombillas no dejan de absorber el mate. Hablan de sus cosas y cuando entran en las del país -también suyas- expresan casi en unanimidad una esperanza de cambio. Sin embargo, el significado de una y de la otra puede tener matices, tan variados como las aspiraciones personales y hasta las proyecciones y responsabilidades políticas de cada uno.

Las escuchamos por igual en las paupérrimas viviendas de tabla y zinc del asentamiento Terra Nostra, de El Cerro, un barrio de trabajadores, gente luchadora y frenteamplista, que contribuyó mucho al triunfo de Tabaré Vázquez, y en una humilde y añeja casa en reparación en El Rincón del Cerro, puro campo en las afueras de Montevideo, donde vive José Mujica, el candidato de la izquierda que ha recibido el mayor volumen de votación popular en el país, lo que le valió jurar el pasado día 15 de febrero como Presidente del Senado de la nación oriental, aunque ya está a punto de asumir su nueva tarea como militante de este gobierno frenteamplista: Ministro de Agricultura y Ganadería.

Sentado junto a un pozo, en ropa con las dignas máculas del trabajo, Mujica recibió al grupo de periodistas cubanos ungido de la mayor sencillez del mundo. Comprendí a gusto, unas palabras pronunciadas poco antes en otra modesta y añeja vivienda de la calle Paraguay, en el Barrio Sur, por su compañera de militancia y ahora Presidenta de la Cámara de Diputados, Nora Castro: «A diferencia de lo que puede pasar en los partidos tradicionales en Uruguay, en que la gente trabaja para hacer carrera política, nosotros no militamos en ese sentido; nosotros nos hemos comprometido con determinada lucha, y en lo personal muy temprano en mi vida, he estado en muchos lugares; ahora me toca este y si mañana la organización política estima o la gente dice: fallaste, o se valora que tengo que ir a ocupar otro lugar, está bien. Le vamos arriba.

«Porque lo que hay que tener en claro es que todos y cada uno de nosotros -y vaya si el pueblo de ustedes lo sabe- ocupamos lugares de lucha y de pelea a veces más visibles, a veces menos visibles, pero que todos son sumamente importantes».

José Mujica es también así. Conoce bien de cerca, en carne propia, los sufrimientos de su pueblo. Los supo desde que nació y los reafirmó en 14 años de cárcel durante la dictadura; los sigue conociendo junto con sus compañeros, con los amigos de la zona, cuando conversa con ellos en el boliche o el bar.

El ex guerrillero tupamaro ve un Uruguay de productores e integrado a los vecinos de la América Nuestra, solidario con sus propios hijos, por eso nos habla en primera instancia del Plan de Atención Nacional a la Emergencia Social, que no por gusto tiene como siglas la palabra PANES. Y de eso se trata: de repartir el pan, de hacer crecer el país y desarrollarlo, de lograr el concurso de todos, aún de aquellos que votaron por esta coalición popular no por proyección ideológica, sino porque, al decir de Mujica, los partidos tradicionales eran tan malos, pero tan malos gobernando, que también le aportaron al Frente los votos de los decepcionados.

OTROS TIENEN CONFIANZA

Sabrina no milita en ninguna organización, pero ella tiene muchos motivos para querer los cambios. Es la primera que encontramos junto a los ranchos de la pobreza que habitan ella misma y una veintena de familias, todas jóvenes y con niños, agrupadas en el asentamiento Terra Nostra que también llaman Vas Ferreira. Desde hace cuatro o cinco años ocuparon la parcela de terreno para construir sus precarias viviendas en la falda de la Fortaleza, que desde la cima del otero domina el puerto y la ciudad, tal y como hace la mirada del Che, desde el busto erigido al otro lado por los uruguayos, en terrenos donados por las autoridades.

Pronto se van uniendo los vecinos y cuentan sus cuitas: necesitan viviendas decentes y esperan. Ahora, al menos, están seguros de que no los desalojarán, pero no hay derecho a que así vivan los humanos y en el caso de Sabrina, están sus pequeños hijos careciendo de mucho. Su esposo Fabián trabaja barriendo las calles y aunque eso no alcanza, está en mejor situación que Raúl, que nos dice «hace changa» -es decir, trabajo esporádico- cuando algo surge; aunque otros allí «están trabajando en negro». Y la explicación del término regional encierra cuánto hay de explotación y desprecio a los derechos de los humanos, pues significa que no tienen ninguno de los beneficios sociales de los que disfrutan otros trabajadores, porque «los patrones no pagan los seguros» y «nos quedaremos sin jubilación…»

Otra de las mujeres de Terra Nostra describe en solo dos palabras la situación de miseria: «Estamos ahogándonos…» Y esto ocurre a pocos pasos del Memorial de los Detenidos y Desaparecidos, un puentecillo revestido de frágil cristal en el que pueden leerse algunas decenas de nombres, entre ellos los del matrimonio Goicoechea, secuestrados en Buenos Aires, en aquella tenebrosa Operación Cóndor que todavía no recibe el castigo de la justicia -y eso es también tarea pendiente, aunque aquí no se habla todavía lo suficiente de esas horrendas páginas de la historia.

La galería de estos hombres y mujeres pasa sobre lo que parece a cierta distancia un pedazo de bosque talado en medio del parque, pero en realidad es el basalto de esta elevación, cortado como si fuera a sierra. Así cortó la dictadura estas valiosas vidas.

Nos cuenta Raúl Bertolini, un viejo residente y conocedor de El Cerro y de las luchas de los trabajadores de los que antaño fueron los florecientes Frigoríficos Swift y los Frigoríficos Nacionales -que luego quedaron convertidos en la inmensa mole de ruinas que todavía se aprecia junto al río-, que en esa búsqueda de los retazos de la historia, un amigo le dijo que vio, una noche, cuando carros y camiones policiacos llevaron extraños bultos a la zona y los enterraron en medio de la cómplice oscuridad. Quizá algún día por allí se excave, como ahora sucede en varias áreas de cuarteles en busca de la verdad.

En este día que recorremos el barrio, donde no se escuchan casi voces, el aire se llena del aroma de las empanadas para demostrar que sí hay vida. Las familias llegan hasta las orillas de lo que parece el Atlántico, por la magnitud de su brazo que no deja ver la ribera opuesta, y hay júbilo. Nos lo dice la locuaz Ana María, que proclama con orgullo su ascendencia charrúa y disfruta de ese sol junto a unas amigas de Córdoba, Argentina, invitadas y especialmente venidas al acontecimiento. Lo expresan Richard y Joanna sentados en la rambla mientras ríe a gusto su pequeño «gordo». «¿Qué queremos a partir del 1ro. de marzo? Que haya un cambio, esa es nuestra esperanza. Por eso votamos. Nos veremos en la calle».

Bajamos de El Cerro y vamos camino al centro citadino. Hasta el Palacio Legislativo llegamos. Ya todo se iba cubriendo de banderas uruguayas y del Frente.

Allí, hoy martes, Tabaré Vázquez jurará fidelidad constitucional ante la Asamblea General del Poder Legislativo, pero en estas vísperas, ya los uruguayos se acercan a curiosear con la emoción de ver primero cómo van quedando los arreglos para la ceremonia en que han depositado su confianza, y también para recibir con festejo popular la llegada de su día Primero.

Lourdes e Ivo llevan a Valentín en el coche. Y ella sale a definir las, por ahora, utopías de ambos: «Que haya más trabajo, más educación. Sabemos que no va a ser de un día para otro. Si cumplen una parte de lo que nos prometieron, ya vamos a ver algo del cambio… Y nosotros vamos a trabajar por ello».

Es un Uruguay joven y pujante, pero los de más edad no quedan atrás. «Estoy muy contenta del cambio que estábamos precisando hace tiempo. Es maravilloso. Yo hace 34 años que lo estaba esperando y ahora será para mis nietos, Sebastián y Federico», subraya Norma, la jubilada. «Confío en el Plan de Emergencias para todo el que vive mal». Y de seguro que nunca ha visto a Sabrina, a Raúl el nieto del obrero de los frigoríficos, ni a Faustino y los otros de Terra Nostra y de los muchos asentamientos que hay en la República Oriental del Uruguay y tienen también esperanza.

De regreso al hotel, en uno de los balcones de un edificio de la Avenida Libertador que ya hoy está llena de los montevideanos y los uruguayos venidos de todas partes del país y también de la diáspora obligada, flotaban juntas dos banderas: la blanquiazul del dorado sol y la tricolor de la estrella alba.

Hablamos con decenas y cada vez nos ratifican lo que alguno de ellos ha pintado en los muros de este bello, gentil y solidario Montevideo: «Ahora se debe y se puede».

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Juana Carrasco Martín

Juana Carrasco Martín

Periodista cubana y jefa de la página internacional del diario Juventud Rebelde.

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