Desde mi puesto de combate en la batalla de Santa Inés
Colectivo Cádiz Rebelde
A mi amigo bolivariano Juan Vicente Gómez Gómez
que todos los días me traslada a Caracas
globalizando fraternidades y emociones revolucionarias
¿Quién iba a decirlo hace algunos años?
Algo que va a ocurrir en Venezuela en las próximas horas, un referéndum en condiciones de máxima movilización social -bautizado como "la batalla de Santa Inés" en recuerdo de la victoria del general Ezequiel Zamora ante el ejército de la oligarquía a mediados del siglo XIX- va a convertirse en una jornada decisiva para todos los pueblos de América Latina; en un hecho fundamental para la consolidación de una alternativa al imperialismo que está motivando la solidaridad de las organizaciones populares del mundo, y el repudio de todo el sistema de poder imperial, incluida, desde luego, la muy globalizada, corporativa y multinacional Falsimedia.
¿Qué tienen pues Chávez y la revolución bolivariana para convertirse en el estímulo, el ejemplo y el acicate de la inmensa mayoría de la izquierda -sólo lo es la que trabaja por construir una alternativa al capitalismo-, la que no continúa perdida sin remedio en una escolástica de textos sagrados y hermenéutica extemporánea?
Desde el principio, Chávez rompe con el profundo pesimismo histórico que con más o menos intensidad había ganado a toda la izquierda, cuando no la había incorporado al sistema de poder y a la cada vez más hipócrita, vacía y manipulada farándula electoral de las plutocracias del "consenso de Washington".
La revolución bolivariana proclama que todo es posible para el pueblo concienciado y movilizado, desde la recuperación inmediata de las condiciones vitales para la dignidad personal, hasta el nacimiento -¡ahí es nada!- de una dignidad compartida: la reelaboración de un tejido social basado en la solidaridad y en la idea de comunidad, destruido sistemáticamente por el "capitalismo sin resistencia" durante las últimas décadas.
La realidad había demostrado que sin revolución, sin cambio de sistema, no hay esperanza alguna de liberación. Chávez y el pueblo venezolano vienen afirmando con los hechos, desde hace casi seis años, que "la revolución sí es el camino". Un camino problemático y saturado de riesgos y de amenazas. Un viaje por hacer, de aprendizaje y de liberación continua, lleno de perplejidades y también de espantos como el del golpe del 11 de abril de 2002.
La revolución bolivariana aparece como la construcción inmediata de un programa de acción, una práctica política y una organización popular, centrados sobre la eliminación de las injusticias fundamentales. Los objetivos prioritarios: dignificación social y organización política del pueblo, educación popular masiva a todos los niveles, salud, alimentación y vivienda para las enormes masas de desposeídos, recuperación de la renta petrolera como instrumento de choque para la redistribución de la riqueza; se sitúan por delante de las construcciones teóricas y sin dejarse atenazar o bloquear por ellas. Chávez se ha distanciado de los conflictos de esa naturaleza, y de los modelos que no construyen porque "todavía" no han decidido como hacerlo; que no organizan porque se ahogan en la discusión circular sobre los sujetos históricos de los procesos revolucionarios.
El movimiento bolivariano al centrar su práctica política en la solución de esas demandas fundamentales, ha convertido la investigación teórica en una parte de la dinámica social. Esa actitud ha hecho posible la unidad de la izquierda que se ha construido en la lucha política y en la resistencia a los sucesivos intentos de golpe, en la identificación con los objetivos conseguidos, con los proyectos en marcha, en la consolidación de organización popular, y en la identificación que producen los riesgos y las amenazas que han acompañado siempre a la revolución.
La revolución bolivariana tiene dos elementos fundamentales: la democracia popular participativa, y el componente igualitario.
La construcción de una democracia "participativa y protagónica" ha sido sin duda el mayor éxito político de Chávez. El proceso, apoyado en una constitución planeada para la participación y convertida para ello en instrumento educativo, ha desbordado todos los mecanismos institucionales. La intervención del pueblo venezolano, en ejercicio directo de su poder soberano, ha sido determinante en la derrota del golpe de estado del 11 de abril, de la del cierre empresarial y sabotaje petrolero que fue desmantelado por la resistencia activa del pueblo en enero de 2003, y en el bloqueo de fraudes amparados en los medios de comunicación golpistas, en la violencia callejera y en el paramilitarismo.
La constitución de la V República no ha sido proclamatoria sino inspiradora, instrumento educativo, base jurídica y legitimadora de un proceso creciente de participación popular directa. En lugar de cumplir el destino común de las constituciones de las democracias representativas del modelo liberal capitalista: convertirse en letra muerta, fraude a la democracia, e instrumento para el poder absoluto de la oligarquía, ha encarnado en el pueblo venezolano.
La revolución bolivariana ha resuelto en gran parte un problema teórico de la izquierda revolucionaria, restableciendo la posibilidad, la capacidad organizativa y el enorme poder de la movilización popular. Además ha contribuido fundamentalmente a señalar el carácter plutocrático y violento de las democracias representativas y del orden internacional definido e impuesto por los EEUU.
La democracia se construye, necesariamente, sobre un proceso de lucha y de cambio social. La democracia no puede implicar consenso en una sociedad con unas diferencias tan brutales de riqueza y estructurada para la completa exclusión social y política de la inmensa mayoría de la población. La democracia bolivariana ha respondido cada vez más a la idea de que sólo es posible con una intensa y permanente movilización política.
Chávez, devuelto a la presidencia el día 13 de abril por el pueblo alzado que resistió el golpe fascista y le esperó triunfante en Miraflores, reafirmó en los meses siguientes, durante el nuevo intento del boicot empresarial y del sabotaje petrolero, la responsabilidad del pueblo y la necesidad de la defensa popular para garantizar el proceso revolucionario.
"El pueblo ha ganado en confianza en sí mismo", resumía Chávez lo fundamental de la nueva situación en este último 8 de agosto.
El componente social de la revolución bolivariana ha apuntado a la satisfacción inmediata de los derechos humanos básicos como objetivo fundamental del sistema político. El primer paso ha sido la recuperación del patrimonio social, fundamentalmente el petróleo pero también las aguas territoriales, las franjas costeras y fluviales, las tierras de las comunidades, el entorno de las grandes ciudades, las tierras ociosas. Todo ello se ha invertido en la recuperación del patrimonio humano. El pueblo venezolano, perdido desde siempre en las estadísticas de la miseria, despreciado e insultado, humillado y bloqueado en los cerros por su propia oligarquía, tiroteado sin piedad en el Caracazo de 1989, se ha convertido en agente histórico de primera magnitud.
Proceso gradual de toma de conciencia desde la reivindicación de la dignidad de los desposeídos hasta la construcción de un proyecto antiimperialista que contrasta humanidad frente a codicia, dignidad frente a explotación, derecho a la vida frente a marginación y miseria, la revolución bolivariana se ha ido identificando como un proyecto alternativo y necesariamente antagonista del que está instaurando, con terrible violencia social y represiva, el Imperio.
La democracia popular, participativa y protagónica, la dignidad humana y la igualdad, definen "el otro mundo posible" que se está construyendo en Venezuela. Frente al imperialismo y al capitalismo ha ido emergiendo una revolución, tan universal como mestiza, que se ha opuesto al ALCA como proyecto de dominación continental y de desarrollo de una economía destructora de la vida y al servicio de las multinacionales, y que está resistiendo también la intervención descarada o encubierta de los Estados Unidos.
El carácter antiimperialista del proceso bolivariano -elemento consustancial con su realidad y su lucha permanente contra la intervención exterior y el golpismo- ha sido enunciado claramente por Chávez en los últimos meses.
Estas son las razones de una progresiva identificación universal con la revolución bolivariana.
Tiene razón Chávez cuando no sólo ve al pueblo de Venezuela sino a todos los pueblos del mundo en las enormes marchas de avenida Bolivar, tiene razón cuando proclama que el grito del pueblo bolivariano no es una frase sino un símbolo universal de lucha
Por eso, desde aquí, desde una de las muchas fronteras de un mundo despiadado, también gritamos:
¡Uh, ah, Chávez no se va! ¡Uh, ah, Chávez no se va!
13 de agosto de 2004


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