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Cubanos vinculados al asesinato de Kennedy

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  Miami le consagró un boulevard al ex jefe de la mafia.   Tomado del libro “El chaiman soy yo”, de Reinaldo Taladrid y Lázaro Barredo

Después de la derrota en Bahía de Cochinos, Jorge Mas Canosa estaba lleno de ira e impotencia, y le reconoció al escritor norteamericano Pat Jordan, en una entrevista, que “los dos hombres que más odio son Fidel Castro y John F. Kennedy”.

Recientemente, en Estados Unidos, diversos medios han retomado la relación de emigrados cubanos que trabajaban para la CIA,  con el asesinato del presidente Kennedy, en Dallas, en 1963.

Durante una larga conversación, en La Habana, con el investigador norteamericano Gaeton Fonzi, conocimos una historia que, por su contenido, vale la pena reproducir. Fonzi no es un investigador cualquiera. Ha dedicado buena parte de su vida al trabajo para varios comités congresionales, incluidos los encargados de las investigaciones sobre las actividades encubiertas de la CIA y el asesinato al presidente John F. Kennedy.

Hace unos años, y tras muchos esfuerzos, Fonzi logró una entrevista privada con Antonio Veciana, el mismo viejo compañero de Jorge Mas en el “grupo de New Orleans”, donde ambos intimaron mientras cumplían las misiones de la CIA. Veciana  había sido interrogado por el Gran Jurado encargado de la investigación sobre el asesinato del presidente Kennedy, y años después, había tenido algunas complicaciones vinculadas a la droga; pero le afirmó a Fonzi, vehemente, que estas dificultades no eran más que una “trampa” preparada por alguien.

“Yo tengo información muy gorda, pero esa la guardo porque es mi seguro de vida”, le aseguró Veciana a Fonzi.

Antonio Veciana Blanch era un contador público que había trabajado para el magnate azucarero cubano, Julio Lobo. Rápidamente, se opuso a la Revolución Cubana, y en 1960, en La Habana, es reclutado por la CIA. Recibió sus primeros entrenamientos en una academia de lengua inglesa que asesoraba la embajada de Estados Unidos en la capital cubana.

En octubre de 1961, después del fracaso de un plan que preparaba para asesinar al primer ministro Fidel Castro, Veciana salió huyendo de Cuba.

En la entrevista que le concedió a Fonzi, contó que, una vez, en Miami, comenzó a ser atendido por un oficial de la CIA que utilizaba el seudónimo de Maurice Bishop. Este  (Bishop), entre otras tareas, le orientó a Veciana promover la creación de la organización ALPHA 66, y una vez creada la misma, vigilar e informarle de todo lo concerniente a la actuación de Eloy Gutiérrez Menoyo, quien no gozaba, en esos momentos, de la total confianza de la Agencia.

Bishop sostuvo frecuentes contactos con Veciana durante los años 1962 y 1963, en la ciudad de Dallas. Veciana recuerda que, en uno de esos encuentros efectuados en un edificio público, vio a Lee Harvey Osward.

Señalaba Fonzi que, como parte de la operación que le costó la vida al presidente Kennedy, se organizaron varias acciones de desinformación: una de Dallas, otra en Miami, y una tercera en Ciudad México. La desinformación perseguía el objetivo de fabricar la imagen de un Oswald “revolucionario” y “defensor de la Revolución Cubana”. Fue así que ex marine apareció retratado en actos de solidaridad con Cuba, manifestándose de manera muy agresiva. Pero la acción de desinformación más arriesgada se efectuó en Ciudad México. Allí, Lee Harvey Osward se presentó en la embajada cubana para solicitar visa de entrada a la isla caribeña. Todo esto fue filmado desde un punto de vigilancia que tenía la CIA, frente a la misión cubana, con el fin de que quedara documentado.

Lo curioso es que, según cuenta Veciana a Fonzi, en uno de sus contactos con “Bishop”, a principios de 1963, éste le dijo que sabía que él (Veciana) tenía un primo en la inteligencia cubana, el cual estaba radicado en la embajada de Cuba en México. Bishop le expresó que si convencía a su primo de trabajar para ellos, en una acción muy específica, le pagarían lo que quisieran. Veciana comentó a Fonzi que nunca había hablado de este primo con Bishop, pero también que, en esa época, Bishop se encontraba asignado a la embajada de Estados Unidos en Ciudad México, e incluso, fue directamente desde la capital azteca a algunos contactos en Dallas.

La realidad es que Veciana era primo de la esposa del entonces cónsul cubano en Ciudad México, Guillermo Ruiz, y esta señora, en los días posteriores al asesinato de Kennedy, fue víctima de un intento de reclutamiento, en dicha ciudad, con el claro propósito de que, una vez en Estados Unidos, testificara de la “complicidad” de Osward con los servicios secretos  cubanos.

Interrogado por Fonzi, sobre la existencia de nuevos contactos con Bishop, después del magnicidio de Dallas, Veciana respondió que sí, particularmente en 1971, cuando recibió la orden de partir hacia Bolivia y trabajar en la embajada norteamericana en ese país, donde aparecería como funcionario de la Agencia Internacional de Desarrollo (AID), y debería esperar la visita de un conocido. Fonzi chequeó en los archivos de la AID, a nombre de Antonio Veciana, escrita a mano, con una letra distinta a la de Veciana, y sin firmar. El “conocido” que lo contactó en Bolivia fue el propio Bishop, que estaba ubicado, en ese momento, en la embajada de Estados Unidos en Chile. Bishop lo incorporó, de inmediato, a un team que preparaba un atentado contra el presidente cubano Fidel Castro, quien realizaría una visita al país suramericano.

Fonzi nos relató que regresó de nuevo a entrevistarse con Antonio Veciana, pero esta vez fue acompañado por un especialista, con el objetivo de realizar un retrato hablado de Maurice Bishop y, así, poder determinar su verdadera identidad.

Veciana ofreció una descripción detallada y el retrato se realizó. Durante semanas, Fonzi intentó identificar al personaje, y de pronto, un domingo, recibió una llamada, en su casa, de un senador republicano por Pennsylvania, para quien trabajaba en ese momento, y a quien le había consultado sobre la identidad del hombre dibujado. El senador le aseguró que no había la menor duda, el hombre que usaba el seudónimo de Maurice Bishop no era otro que David Attle Phillips. Este fue el veterano oficial de la CIA que estuvo en La Habana, en visita de trabajo, en 1958; como especialista en guerra psicológica, participó en la creación de La Operación 40, y posteriormente, como parte de la misma, organizó la emisora Radio Swam. Phillips, con el tiempo, llegaría a ser jefe de la División del Hemisferio Occidental de la Agencia.

No obstante, a finales de 1993, en el documental “¿Caso Cerrado?”, el exjefe de la seguridad cubana, general de División Fabián Escalante, reveló un informe secreto de uno de sus agentes, que narraba una reunión sostenida entre Antonio Veciana y David Phillips, en un hotel de San Juan, Puerto Rico, a principios de los 70.

“Veciana me expresó -dijo el agente cubano, en su reporte- que él era un agente de la CIA, y que la CIA fue quien asesinó a Kennedy, y que detrás de esto estaban altos oficiales de la CIA, entre ellos, David Phillips, que es el oficial que lo atiende. Veciana nunca me quiso dar detalles sobre esta afirmación, pero he podido comprobarlo en los últimos tiempos porque encontrándome, en una ocasión, en un hotel, junto con Veciana, escuché una conversación que él sostenía con su oficial David Phillips, y en la cual Veciana le juraba que jamás hablaría de lo que había pasado en Dallas, en 1963”.

El General Escalante asegura que la fuente era de acceso directo a Veciana, y de total confianza:

“Yo creo – afirmó Escalante- que esa es una información muy importante porque debo decirte que, en 1973, Antonio Veciana, cuando fue liquidado por la CIA, es decir, cuando la CIA lo sacó de su nómina, recibió como pago, en compensación, 300 000 dólares”.

Pero hay algo más. Según las investigaciones de la seguridad cubana, revelada por el general Escalante, en el documental antes mencionado, varios testigos citados en el informe de la Comisión Warren, describen a dos cubanos, uno de ellos negro, saliendo del Depósito de Libros de la Plaza Daley, en Dallas, instantes después de consumado el asesinato. Paralelamente, por informaciones secretas y testimonios públicos (declaración de Marita Lorente, ex agente de la CIA, ante un comité congresional), la seguridad cubana sabía que dos días antes del magnicidio se encontraban en Dallas varios cubanos con armas y mirillas telescópicas, entre ellos, Eladio del Valle y Herminio Díaz, dos asesinos a sueldo y expertos tiradores, vinculados a la mafia y a la policía de Batista. A su vez, las características físicas de Del valle y Díaz coinciden con las descripciones que varios testigos hicieron a la Comisión Warren, de los dos cubanos vistos salir del edificio, momentos después de ser asesinado el Presidente.

Lo realmente curioso es el destino final de ambos: Eladio del Valle fue brutalmente asesinado en Miami, en cuanto el fiscal de New Orleans, Jim Garrison, inició su investigación sobre el asesinato de Kennedy; Del Valle fue descuartizado y picado en pedazos con un machete; y aún más interesante fue el final de Herminio Díaz, quien murió en las costas de La Habana, en 1965, al chocar con un patrulla fronteriza, mientras trataba de infiltrarse en la isla con la misión de asesinar al entonces presidente Osvaldo Dorticós, y ametrallar, a su regreso a Miami, el hotel Riviera.

Para cumplimentar la misión a la que fue enviado, Díaz debía infiltrarse en plena capital cubana, en un momento en que, producto de un incidente en la Base Naval de Guantánamo, el ejército cubano se encontraba en alarma de combate, y se había reforzado al máximo la vigilancia aérea y costera. A los ojos de los expertos, incluyendo la seguridad cubana, la operación era un verdadero suicidio.

El organizador financiero y planificador de tan “peculiar misión”, no fue otro que Jorge Mas Canosa.

Pero la historia de los vínculos de la CIA con sus agentes cubanos, y del asesinato de Kennedy, no sólo ha sido explotada por Fonzi. Muchos otros autores e investigadores, e incluso, los estudios que dieron origen a los filmes norteamericanos Acción Ejecutiva y JFK, abordan el tema.

El investigador Paul Kangas, en un trabajo publicado en la revista norteamericana The Realist, afirma:

“Entre otros miembros de la CIA que George Bush reclutó  para la invasión (de Bahía de Cochinos), estaban Frank Sturgis, Howard Hunt, Bernard Baker y Rafael Quintero.. El día que JFK fue asesinado, Hunt y algunos del posterior equipo de Watergate fueron fotografiados en Dallas, así como un grupo de cubanos, unos de ellos con una sombrilla en alto, como señal, al lado de la limousine del Presidente, justo donde Kennedy fue baleado.Hunt y Sturgis le dispararon a JFK desde el montecito de hierba. Ellos fueron arrestados, fotografiados, y vistos por 15 testigos”.

El 7 de mayo de 1990, en una entrevista con el diario  San Francisco Chronicle, Frank Sturgis reconocía:”la razón por la que nosotros robamos en Watergate fue porque (Richard) Nixon estaba interesado en parar las filtraciones de noticias relacionadas con las fotos de nuestro rol en el asesinato del Presidente John K. Kennedy”.

Otros de los reclutados por Bush para la invasión de Bahía de Cochinos, Rafael Quintero, que también formó parte de este submundo de organizaciones y planes contra Cuba, declaró:

“Si yo alguna vez digo lo que yo sé sobre Dallas y Bahía de Cochinos, eso sería el mayor escándalo que jamás haya sacudido a la nación”

Hasta aquí algunas partes de una de las teorías que existen sobre dicho suceso, pero ¿Se conocerá algún día toda la verdad?. ¿Se decidirá el ex miembro del “grupo de New Orleans”, Antonio Veciana, a revelar su “seguro de vida”; o Rafael Quintero, a decir lo que sabe y, así, “sacudir a la nación”?

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Reinaldo Taladrid Herrero

Reinaldo Taladrid Herrero

Periodista, conductor de programas de Radio y Television, así como panelista de la Mesa Redonda.