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Ahora Scotland Yard. ¿Quién es el siguiente?

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Por Iñigo Sáenz de Ugarte
Guerra Eterna

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Hoy se ha atravesado una línea muy fina en Londres. La que va de 'esto no afecta al Gobierno' a 'el Gobierno (o por ser más preciso, Cameron) puede caer por esto'.

El blogger conservador Iain Dale lo resume con una idea que empieza a calar en círculos políticos. "No puedo creer que esté escribiendo esto, pero ya no es imposible imaginar que este escándalo acabe con el primer ministro o incluso con el Gobierno".

Empresarios, periodistas, políticos y ahora policías. El escándalo del News of the World lleva camino de llevarse por delante a todos los centros de poder de la política británica. La última pieza que se ha cobrado, y no será la última, es el jefe de Scotland Yard, Sir Paul Stephenson. Su retirada era casi inevitable. Lo que nadie esperaba es que lanzara un fuerte ataque sobre el primer ministro, David Cameron, sacando a relucir su relación, mucho más intensa, con otro de los periodistas implicados en el escándalo, Andy Coulson.

El responsable de la fuerza policial más importante del país ha anunciado la dimisión esta tarde, consecuencia de su decisión de contratar al ex director del NOTW Neil Wallis en 2009 para que se ocupara de la imagen de la policía. Wallis fue detenido la semana pasada por su implicación en el escándalo.

"Déjenme dejarlo claro. Yo y la gente que me conoce saben que mi integridad está completamente intacta", dijo en la declaración en la que anunció su retirada. A pesar de la grandilocuencia de las palabras, su posición era desesperada desde que se conocieron sus contactos profesionales con Wallis.

Scotland Yard depende directamente del Ayuntamiento de Londres, pero como las demás fuerzas policiales del país también responde ante el Ministerio de Interior. El Ministerio se limitó a decir, tras conocerse la contratación de Wallis, que pediría explicaciones a Stephenson. Hay ciertas cosas que conviene hacer a puerta cerrada. El Ministerio debió de indicarle la puerta de salida.

No debió de gustarle mucho a Stephenson lo que escuchó porque en su discurso de dimisión dejó caer una bomba sobre David Cameron. Primero hizo una referencia de pasada al "malestar" de Cameron y de la ministra de Interior por su relación con Wallis. Luego disparó en dirección a Downing Street y sacó el nombre de Andy Coulson, ex director del NOTW y ex jefe de comunicación de Cameron: "A diferencia de Coulson, Wallis no dimitió como director del periódico ni, por lo que yo sé, estaba relacionado con la investigación inicial de las escuchas".

Wallis no, pero Coulson sí. En otras palabras, Stephenson daba a entender que el primer ministro está en una posición mucho más delicada que la suya. Y por lo que se sabe, no parece que Cameron esté pensando en dimitir.

Stephenson no se quedó ahí. Después, precisó que no había informado antes a Cameron de la contratación de Wallis para no "comprometerle" al hablar de "un potencial sospechoso que claramente había tenido una relación cercana con Coulson".

Cameron, Coulson y Wallis. Es un triángulo en el que el primer ministro preferiría no estar. La diputada laborista Yvette Cooper ha ido después directamente a la yugular del Gobierno. "La gente se preguntará por qué se aplican reglas diferentes" al primer ministro y a la policía, dijo la portavoz laborista en temas de Interior.

En cualquier caso, Stephenson no podía seguir mucho más tiempo, y no sólo por contratar a Wallis ni por las numerosas ocasiones en que cenó antes con el periodista. Tanto su posición como la de Scotland Yard habían quedado minadas por dos informaciones aparecidas el sábado.

En primer lugar, The New York Times publicó un largo reportaje que revelaba la negligencia de Scotland Yard y hasta connivencia con el grupo de Murdoch en la primera investigación del escándalo. Se refería a hechos anteriores al mandato de Stephenson, pero quedaba claro que la policía iba a pasar mucho tiempo dando explicaciones sobre su actitud.

La segunda noticia fue directamente al corazón de Stephenson. Se supo que había pasado dos semanas en un lujoso balneario para recuperarse de dos operaciones quirúrgicas. El tratamiento corrió a cuenta de la policía, pero el pago de la habitación -para dos personas porque le acompañaba su mujer- fue abonado por el propio establecimiento. El dueño alegó que lo había hecho por amistad.

No era una amistad cualquiera. La habitación costaba unas 500 libras la noche y la factura total ascendió a 12.000 libras.Un dato aún más oneroso para la integridad del jefe policial: el periodista Neil Wallis también llevaba las relaciones públicas del balneario. Pura coincidencia, según la versión de Stephenson.
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Hoy también han detenido a Rebekah Brooks. En la escala de News Corporation, el siguiente sólo puede ser James Murdoch.
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La imagen es de The Media Tweets.

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