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Pardo Llada falleció hoy en Cali; Cubadebate ofrece entrevista con este notable periodista cubano

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Con información de ANSA/ Cubadebate

José Pardo Llada.

José Pardo Llada.

El periodista cubano colombiano José Pardo Llada murió hoy en Cali, a los 86 años, a raíz de una serie de complicaciones de orden estomacal y respiratorio que lo habían llevado a ser internado en la Clínica Sebastián de Belalcázar, el fin de semana anterior.

Pardo Llada, copartícipe de la revolución cubana junto a Fidel Castro, era considerado una de las figuras principales del periodismo regional colombiano, pues era director de programas radiales en Cali, ciudad a la que llegó en 1963. El periodista nació en 1923 en Sagua la Grande, Las Villas, Cuba. A los 20 años incursionó en la radio de su país, y se destacó rápidamente por su sentido crítico frente a los gobiernos de turno.

En 1950 fue elegido para la Cámara de Representantes de su nación. Durante la dictadura de Fulgencio Batista, Pardo Llada mantuvo su sentido crítico, por lo que su emisora fue cerrada en varias ocasiones.

En 1958 el periodista se sumó al movimiento revolucionario de Fidel Castro, pero tres años después se marchó del país rumbo a México en desacuerdo con algunas medidas del gobierno revolucionario.

En una entrevista con el periodista cubano Luis Baéz, aseguró que “en el momento en que decido irme tengo una posición preponderante. Castro me había distinguido mucho. Al regreso de un viaje a la Unión Soviética, en noviembre de 1960, hice algunas criticas, ya que, entre otras cosas, me chocó que el litro de leche tuviera el precio del equivalente a un dólar. Eso me costó una reprimenda por parte de algunos viejos comunistas. Aunque debo decir, en honor a la verdad, que con muchos de ellos mantuve buenas relaciones, en especial con Carlos Rafael Rodríguez. Esto lo comento sin acritud, pues fueron hechos que ocurrieron hace muchos años.”

En 1974 Pardo Llada pidió la ciudadanía colombiana, fue diputado del departamento (estado) del Valle del Cauca, suroeste, cuya capital es Cali, presentador de un noticiero de televisión nacional, comentarista taurino y promotor de la salsa.

A continuación, la entrevista que le realizara en 1988 el periodista cubano Luis Báez, incluida en su libro Los que se fueron (Casa Editora Abril, La Habana, 2008):

“El exilio es una enfermedad y yo no soy su intérprete”, dice José Pardo Llada al periodista Luis Báez en el libro Los que se fueron, que pronto podrá obtenerse íntegro, y de manera gratuita, en este sitio

Luis Báez

El vuelo entre Bogotá y Cali dura alrededor de 30 minutos. Minutos antes de que la nave tomara pista en el aeropuerto internacional de Cali, comencé a recordar algunos aspectos de la vida del controversial personaje al que dentro de poco tiempo vería. Desde su hora radial a la 1:00 de la tarde, combatió durante 27 meses -enero de 1959 a marzo de 1961- la política de los Estados Unidos hacia la Revolución cubana.Realizó amplias campañas acusando a Norteamérica de la voladura del Maine y de impedir el triunfo Mambí a fines del pasado siglo, con la intervención de sus tropas. Escribió un folleto denunciando al gobierno de Estados Unidos por su posición hostil a la candidatura presidencial de Bartolomé Maso en las primeras elecciones celebradas en Cuba, a comienzos del presente siglo.

Fue un látigo con el periodista norteamericano Jules Dubois, uno de los primeros en comenzar la campaña propagandística contra la naciente Revolución. Se refería a él como al hombre de la “oreja peluda”. Hizo todo lo posible por aparecer en una fotografía junto a Fidel Castro y Nikita Jruschov en Naciones Unidas en 1960, y lo logró.

Presencié el intento de agresión física de que fue objeto por parte de Juan Pablo Lojendio, ex embajador de España en Cuba, a nuestro paso por el aeropuerto madrileño de Barajas, rumbo a la Unión Soviética, en noviembre de 1960. Le había dirigido al diplomático los insultos más increíbles dada su posición anticubana.

Calificó con los epítetos más duros a todo aquel que traicionó el proceso revolucionario. Cuando el pueblo pidió a Fidel que sacudiera la mata, refiriéndose a los oportunistas y arribistas que se habían incorporado al carro revolucionario, hizo suya esta frase: “Fidel, sacude la mata”, que no cesaba de repetir en todos sus programas radiales.

Por su posición en defensa de la Revolución, fue objeto de un atentado el sábado 9 de julio de 1960. En horas del mediodía, en los momentos en que esperaba en su carro el cambio a luz verde del semáforo de L y 19, en el Vedado, fue ametrallado desde otro automóvil. Salvó la vida milagrosamente.

Había llegado el momento. En la terminal aérea me esperaba la persona a quien debía entrevistar. Le había avisado telefónicamente el día anterior para asegurar el encuentro. Accedió. Nos habíamos visto la última vez en el Palacio de Bellas Artes, en La Habana, en la inauguración de la exposición comercial de la República Popular China, escasos días antes de que traicionara: 17 de marzo de 1961. Hacía exactamente 27 años. Estabamos frente a frente. Su nombre: José Pardo Llada.

Nos saludamos. Pronunciamos palabras de cortesía. Subí a su auto. Aún no había puesto en marcha el motor, cuando me preguntó: “¿Cómo está Castro?” “¿Cómo anda Cuba?” Se le notaba ansioso. Se interesó por viejos amigos. Con 64 años, el metal de voz que lo hizo famoso en una época no había variado.

En los finales de la década del 40 y hasta comienzos del 50, Pardo Llada era el comentarista radial más escuchado en Cuba. Aspiró a representante a la Cámara por el Partido Ortodoxo. Fue elegido por amplia votación. Después del golpe militar de Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952, no fue capaz de emprender una lucha frontal contra la tiranía y menoscabó así la popularidad de que gozaba en esos momentos en la población.

Mientras en el país se debatía por optar entre la tesis insurreccional y la lucha cívica, él era partidario de la última. Posteriormente, cuando se discutía entre Sierra Maestra y elecciones, apoyó el camino electoral.

En los meses finales de 1958 subió a la Sierra Maestra. Nadie quería recibirlo. Tenía un ambiente muy hostil. Incluso Carlos Franqui, hoy su amigo, le dijo a Fidel que le regalaba su cámara fotográfica si mandaba a Pardo para “Puerto Malanga”, lugar donde estaban los miembros del Ejército Rebelde que habían cometido alguna falta.

Muchos guerrilleros deseaban que lo sometieran a consejo de guerra. Había algunos que no querían ni darle comida. La única persona que lo trató bien fue Fidel Castro, al mismo que, tres años más tarde, él traicionaría. Después del 1ro de enero de 1959, volvió a su tribuna radial. Contó con todas las facilidades: desde allí, sin que nadie se lo pidiera, criticó diariamente la política anticubana del gobierno de los Estados Unidos.

En marzo de 1961 viajó a América Latina con el pretexto de entrevistar a diversos presidentes. Al llegar a México, primera escala del viaje, desertó. Era un momento en que las agresiones de los Estados Unidos contra la Revolución iban en aumento. Exactamente un mes antes de la invasión de Playa Girón.

La entrevista se celebra en su casa. En la sala tiene cuadros de Mariano Rodríguez, René Portocarrero, Wifredo Lam. Tres fotos pequeñas: con Fidel Castro, con el Che Guevara y otra con Fidel y Nikita Jruschov. Un retrato de Eddy Chibás y una dedicatoria del ex presidente argentino Juan Domingo Perón.

La conversación duró varias horas. Fue grabada. Respondió todas las preguntas. Hubo momentos en que derivó hacia lo sentimental. La voz se convirtió en un susurro y varias veces revisé el magnetófono para comprobar que el diálogo estaba siendo registrado.

Narró cómo los gobiernos de México y España le negaron el asilo. Que llegó a Cali, Colombia, debido a la ayuda de un amigo. Refutó que el gobierno de los Estados Unidos le hubiera pagado el servicio de la deserción. Se hizo ciudadano colombiano. Llegó a representante de la Cámara. El ex presidente Belisario Betancourt lo nombró embajador en Noruega. Actualmente tiene un programa de radio, a la 1:00 de la tarde dedicado a temas de actualidad pública sin entrar en lo político.

Considera que ha podido subsistir en Colombia porque nunca se ha enfrentado al movimiento guerrillero ni a los narcotraficantes. Vive con una gran nostalgia de Cuba. Lo extraña todo, desde la música hasta los dulces. Se extraña hasta él mismo.

Ha sido una persona de grandes lagunas en su vida. Nunca fue un hombre de pasos largos, siempre de pasos cortos. El más largo fue el día en que tomó la decisión de traicionar la Revolución.

Luis Báez: ¿Por qué se va usted de Cuba?

José Pardo Llada: En el momento en que decido irme tengo una posición preponderante. Castro me había distinguido mucho. Al regreso de un viaje a la Unión Soviética, en noviembre de 1960, hice algunas criticas, ya que, entre otras cosas, me chocó que el litro de leche tuviera el precio del equivalente a un dólar. Eso me costó una reprimenda por parte de algunos viejos comunistas. Aunque debo decir, en honor a la verdad, que con muchos de ellos mantuve buenas relaciones, en especial con Carlos Rafael Rodríguez. Esto lo comento sin acritud, pues fueron hechos que ocurrieron hace muchos años

Luis Báez: Como bien ha dicho, han pasado muchos años. Debemos conversar con absoluta honradez. Ambos sabemos que esa no fue la principal razón de su deserción.

José Pardo Llada: Tienes razón. Esa no era una situación insoportable. Por otro lado, estaban las amenazas de muerte que me hacían los elementos desafectos a la Revolución. Además, como no era comunista -aunque había estado cerca del partido- me preocupó mucho el rumbo socialista que estaba tomando la Revolución.

Ya en el plano de las confesiones, debo decirte que he sido toda mi vida un pequeñoburgués. He vivido como tal y, además, me gusta la burguesía. Me había acostumbrado a no pasar trabajo. En aquella época la palabra comunista era una afrenta terrible. Mi hija asistía al colegio Sagrado Corazón, dirigido por monjas. La acosaban constantemente con que su padre era comunista. Añade a esto que mi difunta esposa, María Luisa Alonso, era de un concepto absolutamente reaccionario en política.

Igualmente tenía mucha resistencia por parte de algunos de mis amigos que estaban conspirando. Todo esto me hacía sentir bastante vacío en el orden familiar, personal y amistoso. Además, no formaba parte del poder. Tal vez si hubiera sido ministro habría tenido un sentido de la vida. Era un defensor de la Revolución sin representarla.

Llegó un momento en que toda esta situación me ahogó y me hizo sentir incómodo.

Luis Báez: El fusilamiento de dos de los hombres que le hicieron el atentado en 19 y L, en el Vedado, ¿desempeñó un papel importante en su decisión?

José Pardo Llada: Sí también influyó. Soy un hombre de reacciones sentimentales. Eso me afectó, me dolió y sentí cierta responsabilidad en la muerte de esas personas.

Luis Báez: El criterio general es que usted decide irse porque se acobarda ante la posibilidad de una invasión militar contra Cuba, apoyada por el gobierno de los Estados Unidos.

José Pardo Llada: Conozco que esa es la opinión de la mayoría de la gente. Es una cruz que no me he podido quitar de encima en estos 30 años. Pero eso no es cierto. Estaba convencido de que una invasión fracasaría porque Castro contaba con el respaldo del 90% de la población.

Habían llegado armas. Se estaban formando las milicias. Existía un sentido de combate; me consta que existía, a pesar de que la Revolución estaba comenzando.
Sabia que internamente no había lo que durante la guerra de España se llamó la quinta columna. Podía haber gente descontenta, pero no era lo suficientemente poderosa como para garantizar el triunfo de la invasión. Estas opiniones las he dado en el curso de estos años y me han creado muchos problemas.

Luis Báez: ¿No le parece que es mucha casualidad que usted decida irse exactamente un mes antes de que ocurra la invasión de Playa Girón?

José Pardo Llada: Por el comentario que haces, no es difícil percatarse de que dudas de lo que estoy diciendo.

Luis Báez: No es que lo dude, pero es muy difícil creerlo.

José Pardo Llada: Mira, Luis, me fui por razones personales y filosóficas, no por miedo a la invasión, porque, repito, estaba convencido de que esta no tenía la más mínima posibilidad de triunfo. Esto es cierto, como es cierto también que, ni en Cuba ni en el extranjero, nunca he formado parte de las conspiraciones contra Castro, a pesar de no estar de acuerdo con él. Eso tampoco nadie me lo reconoce, pero no me importa. Me siento bien. Considero que he sido consecuente conmigo mismo.

Luis Báez: Al comienzo de esta conversación manifestó que Fidel Castro había tenido muchas deferencias con usted. Sin embargo, su pago a esa actitud fue la traición.

José Pardo Llada: No podía decirle lo que iba a hacer. Creo que él no lo hubiera entendido. Yo estaba en una lucha muy grande: “Me voy o me quedo”. Es muy difícil retroceder, darle marcha atrás a la pianola de la historia. Con el paso de los años he conocido de algunas personas que le plantearon a él esa decisión y no puso ninguna objeción a la salida. A lo mejor conmigo hubiera sido igual. Tal vez me lo planteé y no lo quise hacer.

Luis Báez: ¿No lo quiso hacer o le faltó valor para hacerlo?

José Pardo Llada: Había que tener también valor para irse. Cuando me voy, nadie piensa que estoy actuando sinceramente. Me acusaron de espía de Castro. Estaba entre la espada y la pared. Realmente es cierto que no tuve valor para decirle a Castro que me iba definitivamente.

Luis Báez: ¿Cómo se sintió con el triunfo de la Revolución?

José Pardo Llada: Muy feliz. Era mi triunfo. Mi incorporación a la Revolución era un reconocimiento al liderazgo de Castro. Creo que si echo la mirada hacia atrás y me pregunto cuál ha sido el momento más feliz de mi vida, tengo que responder que cuando triunfa la Revolución. Los primeros días se vivió una verdadera apoteosis. Me sentía plenamente realizado con el triunfo revolucionario.

Luis Báez: ¿Qué aspiraciones tenía?

José Pardo Llada: Me haces reflexionar para decir totalmente la verdad. Como político me he conformado, lo he meditado después de viejo, con la popularidad. La expresión de la popularidad ha sido para mí el poder; pero la popularidad no es el poder.

Es decir, la simpatía, el aplauso público, la condescendencia de la gente para con uno los he tenido, incluso los tengo ahora en Colombia. Eso me llena mucho. En ese aspecto me parezco un poco a los artistas. Los artistas lo que quieren es el aplauso del público y no más.

Ahora, la aventura del poder, el control del poder, nunca lo he sentido. Para eso hacen falta una serie de cualidades que personalmente no tengo: insistencia, dureza, resolución, paciencia, tenacidad. Esas no son virtudes mías.

Me califican de inconstante, frívolo; quizás tengan razón. Me ha gustado participar en los mecanismos que conducen al poder, pero nunca pude tenerlo.

El sacrificio de muchas cosas gratas, el privarse de muchas comodidades, son requisitos que hay que tener para llegar al poder. Castro posee esas condiciones.

Luis Báez: ¿Pensó alguna vez que una revolución socialista podría subsistir en Cuba a 90 millas de los Estados Unidos?

José Pardo Llada: No, eso no. Tengo que ser absolutamente franco. Esa es la audacia del éxito de Castro. Había una frase en Cuba que se repetía mucho, la oía desde niño: “Cuidado, que vienen los americanos”. Cualquier problema se resolvía, en ultima instancia, con la intervención norteamericana.

La economía cubana dependía de los Estados Unidos. El embajador norteamericano era una especie de procónsul. Todo, hasta los chiclets que masticábamos, venía del Norte.

No había nadie en Cuba, pero nadie, incluyendo a los viejos comunistas, que pensara en la posibilidad de una revolución socialista, triunfante, frente a las costas de los Estados Unidos. Era imposible pensar en eso.

Luis Báez: Por lo menos había uno que sí consideraba que fuera posible.

José Pardo Llada: No estoy de acuerdo contigo. Insisto en mi planteamiento.

Luis Báez: Fidel Castro sí creyó en esa posibilidad.

José Pardo Llada: Ahí sí que me jodiste…

Luis Báez: ¿Por qué no se radica en los Estados Unidos?

José Pardo Llada: Hubiera sido una contradicción. Había combatido mucho la política norteamericana hacia Cuba. Eso no era consecuente con lo que siempre había hecho.

Nunca me gustó Estados Unidos. Escribí incluso algunos trabajos atacando la política norteamericana. No soy pronorteamericano, pero tampoco antinorteamericano.

He sido el cubano en el exilio que más problemas de visa ha tenido para poder entrar en los Estados Unidos. Nunca me han dado la famosa visa múltiple. Cada vez que quiero ir a visitar a mi hija, que trabaja en Miami como periodista, solo me dan permiso por pocos días. No soy muy de confiar para los americanos. Mucho menos para los cubanos anticastristas y mucho, pero mucho menos, para los castristas.

Algo parecido me ha ocurrido con dos libros que escribí hace 20 años: uno sobre Castro y otro relacionado con el Che. En Miami me acusaron de que eran favorables al castrismo y en Cuba sé que tampoco gustaron. Mi gran verdad es que nunca quedo bien con nadie.

Luis Báez: En Miami aun queda mucha gente con mentalidad de los años 60.

José Pardo Llada: No todos. He notado que ha bajado un poco la presión, porque ha pasado mucho tiempo. Son más pragmáticos. Tienen una concepción más clara del problema cubano. No voy a justificarlos, sino a explicar lo que pienso.

Ellos no pueden tener otra posición. Es muy difícil para cualquier cubano -incluyéndome a mí-tener una posición que se pudiera considerar más débil, dialoguera, como se dijo una vez en el exilio.

Castro sigue en el poder triunfante. No ofrece, no veo que ofrezca nada al exilio. Tal vez porque no lo necesita. Es muy difícil que le pidas a esa gente que reniegue de lo que han sido prácticamente toda una vida y que justifica su exilio. Algunos lo llevan honradamente. La mayoría están desilusionados, pero no quieren reconocerlo públicamente. Por otra parte, he visto con preocupación que ha ido creciendo una nueva generación que son norteamericanos. Hijos de cubanos que sienten como norteamericanos. Están completamente al margen del problema de Cuba.

Luis Báez: Mucha gente en los Estados Unidos cogió como un modus vivendi su posición anticubana.

José Pardo Llada: Eso es hasta justificable. Cada cual tiene que hacer algo para poder vivir. No se lo critico, pero sinceramente, yo no lo hago. Lo que sí resulta admirable es que si usted lleva 30 años diciendo que va a tumbar a Castro y no lo ha logrado, todavía se atreva a seguir viviendo de ese cuento. Por lo menos tiene un mérito aunque sea un mérito histriónico.

Luis Báez: ¿Qué piensa usted del exilio?

José Pardo Llada: El exilio es una enfermedad. Siempre ha sido una enfermedad. Contribuye a aumentar los odios, los rencores, las divisiones, la envidia. Me libré de eso por no estar viviendo en los Estados Unidos. No me siento identificado con la mayor parte de los comentaristas del exilio. Nunca he dicho que la Revolución se va a acabar ni que Castro se va a caer mañana, porque nunca lo he creído.

Esas cosas hay a quien le conviene decirlas porque todavía hay gente que se alimenta de esa ilusión, que creen en eso. Tal vez sea una forma de ser feliz, aunque sea bastante extraña. Pensar que se vuelve a Cuba y Cuba deja de ser lo que es, es algo muy difícil, imposible. Por eso no me he identificado con el exilio de Miami.

No soy el intérprete del exilio. Esto lo digo con franqueza. No hablo el mismo lenguaje de ellos. Cada cual que hable su lenguaje. El mío no es ese.

Luis Báez: En reciente entrevista que le hice a Goar Mestre en Buenos Aires, lo acusó a usted de ser el instigador de la nacionalización de la CMQ.

José Pardo Llada: Eso es injusto. Es una actitud farisaica. Es la típica reacción del hombre de negocios, del hombre que no está acostumbrado a la lucha política, a la polémica, que tiene una mentalidad cerrada. Pero bueno, a mi no me preocupa en lo más mínimo la opinión que pueda tener el señor Mestre.

Luis Báez: Dice que jamás lo perdonará.

José Pardo Llada: Acaso él es Dios. Es una petulancia propia de la soberbia de que aun padece. Nunca me ha preocupado el perdón o la absolución de un señor como Mestre.

Luis Báez: ¿Cómo es posible que usted en el exilio haya estrechado la amistad con un hombre como Carlos Franqui, que fue uno de sus mayores enemigos en Cuba?

José Pardo Llada: No, no tengo esa amistad que dices con Franqui. Solo lo he visto en dos ocasiones. Franqui es un hombre profundamente resentido y con un gran sentimiento de frustración. Vive con mucho miedo. Ahora, después de viejo, lo mantienen los americanos.

Luis Báez: Con Huber Matos, ¿ha tenido relaciones?

José Pardo Llada: Cuando llegó a Miami lo fui a visitar. Después él ha venido dos veces a Colombia y ni siquiera me ha llamado. Con Matos no me entiendo bien. Ignoro cuáles son sus verdaderos propósitos.

Además, es un hombre difícil, arrogante, petulante, ambicioso. Se cree que está por encima de los demás. No me gusta.

Luis Báez: ¿Perteneció alguna vez a alguna organización contrarrevolucionaria?

José Pardo Llada: Jamás. No creía en eso. Me invitaron a todas, pero siempre he pensado y sigo pensando que el futuro de Cuba está en Cuba.

Muchas veces me han preguntado qué ocurrirá cuando muera Castro y siempre he contestado que lo sustituirán los hombres que están a su lado. Él se ha encargado de preparar el relevo. Ese es otro de sus éxitos.

Luis Báez: ¿Qué es lo que más extraña de Cuba?

José Pardo Llada: ¡Coño, qué pregunta más difícil! Es el mar. A veces me levanto, miro a las montañas y digo: detrás está el mar. Siempre viví cerca del mar.

En el equipaje del exiliado no solamente existe el mar, sino los olores, sabores, lo que se decía en libro bellísimo, que es la “Mitología de Martí”, de Hernández Catá: uno sale de la isla pero lleva los olores, sabores, recuerdos, el sol, las plantas, los dulces, todo lo lleva. Como soy muy dulcero, una de las cosas que más recuerdo son los dulces cubanos. Extraño, naturalmente que extraño mucho. Los amigos más entrañables están donde uno nació. En Cali tengo muchisimos amigos, pero se detienen un poco en el tiempo. Los compañeros de colegio, de infancia, ya no los tengo; los perdí. Eso también es algo que añoro.

Hay una fuerza telúrica. Te habrás fijado que en el almuerzo pedí un dulce de guayaba, igualito al que comía en Cuba. La tierra, el lugar donde uno nace tiene sus sabores, olores, paisajes, clima. Eso es imposible de desarraigar. Entras a mi casa y ves cuadros de Portocarrero, Lam y Mariano. La música que tengo es cubana. Esa es la raíz que uno jamás sé quita de encima.

Además, siento melancolía, tengo mucha nostalgia. Me ha ido bien en Colombia. La gente me quiere, pero hay una serie de cosas que no se pueden sustituir.

El desarraigo lo resiste muy poca gente. Hay cubanos que son más anticomunistas que Reagan y han ido a Cuba. No se han querido morir sin ver el Malecón, las palmas, las playas. Esas son cosas extremadamente fuertes y las siento, indiscutiblemente que las siento.

Hay una frase que decían los romanos: “No hay peor castigo que el exilio”. Martí tiene otra que siempre recuerdo: “Nunca son más bellas las playas del destierro que cuando se les dice adiós”.

Luis Báez: ¿Cómo se refleja en usted esa nostalgia?

José Pardo Llada: Te voy a decir la verdad: públicamente no se refleja, pero casi todas las noches, cuando estoy a solas, me pregunto si he hecho lo que tenía que hacer. Eso me lo pregunto todas las noches.

A veces me llegan noticias trágicas y en vez de ponerme triste me pongo melancólico. Hace cuatro o cinco días supe que un amigo haitiano murió en su país cuando organizaba un movimiento guerrillero. Puedes creer que el recuerdo de ese amigo me llena de nostalgia, de envidia, porque digo: el hombre murió en su ley. Siempre me planteo si en el exilio estoy viviendo en mi ley. Ese es un problema personal, constante, diario. Estoy inmerso en la vida colombiana y a veces pienso si no será un mecanismo de evasión.

Luis Báez: ¿Qué tiempo de vida le daba a la Revolución?

José Pardo Llada: No calculé ni podía calcular que iba a durar 30 años; aunque sabía que no era fácil derrocarla. En el fondo tenía la ilusión de que se caería en cinco o seis años.

Luis Báez: En ese cálculo se volvió a equivocar.

José Pardo Llada: Es cierto. Uno de los grandes logros de Castro es el papel que Cuba tiene en el mundo. Eso es, para desgracia de los que nos fuimos de Cuba, otro de sus éxitos: situó a nuestro pequeño país dentro de la órbita internacional.

Ahora no está Cuba en la discusión, sino Nicaragua. Ya no se habla en Estados Unidos de invadir la isla. Recuerdo que hace nueve años conversando en Washington con Eusebio Mujal -ya murió-, un cubano rabiosamente anticastrista, anticomunista, me aseguró categóricamente al comienzo de la administración Reagan que este no podría tumbar a Castro. Reagan dejará la presidencia y Castro seguirá en el poder. Ahora es fácil decirlo, pero no en aquel momento.

Luis Báez: ¿Pensó alguna vez que Fidel Castro desempeñara un papel histórico tan importante?

José Pardo Llada: Honradamente no, francamente no. Siempre recuerdo que un amigo mío, Javier Lezcano, hombre de mi absoluta confianza, mi “alter ego”, era también amigo de Castro. Entonces Castro lanzó su candidatura a representante para las elecciones que debían celebrarse en 1952 y le advierto a Lezcano que no lo podía apoyar ya que tenía otros compromisos.

No me hizo caso. Se puso a ayudar a Castro y nunca se me olvidará que me dijo: “Pardo, qué equivocado estás. No te das cuenta de que Fidel es un personaje histórico”. Me eché a reír. No lo veía en aquel momento como personaje histórico. Han transcurrido más de 30 años y tengo que reconocer que Lezcano tenía razón.

Luis Báez: Me llamó la atención ver en la pared de su casa fotos suyas con Fidel Castro y Che Guevara.

José Pardo Llada: Soy muy franco. A mi edad no me preocupa lo que puedan decir de mi persona. He tenido mucha admiración por el Che. En su trato era un hombre duro. Hacía pocas concesiones al sentimentalismo, pero descubrí que era un sentimental. Tenía anotadas en una libretica la fecha de cumpleaños de sus seres más queridos y de sus amigos. Fue muy consecuente con lo que él creía y murió defendiendo sus ideas. Eso lo reconoce todo el mundo, incluso sus adversarios.

Lo vi por última vez cuando acudí al Banco Nacional a buscar el dinero para el supuesto viaje periodístico que iba a realizar. Me autorizó una cantidad muy pequeña de dólares. Jamás olvidaré que al despedirme me dijo: “Pardito, tengo la impresión de que vas a levantar vuelo”. Aquello me dejó frío.

Respecto a Castro debo decirte que no puedo evitar que constantemente me lo están recordando. Hace pocos días regresó de La Habana Amparo Grisales, la artista más popular de Colombia, y me habló maravillas de su encuentro con él.

Algo parecido me ocurrió recientemente con el presidente ecuatoriano Rodrigo Borja, quien me comentó que Castro había brillado durante su estancia en Quito.

A la gente le sorprende que un hombre con tanto poder y tanta intervención en la vida política sea tan espontáneo. Castro se encuentra con alguna persona e inmediatamente le crea una atmósfera grata. Esa es otra de sus armas poderosas.

Decía mi amigo, el general Juan Domingo Perón, que nadie escapa a su destino. Yo no puedo escapar a ese pasado. No puedo escapar a un pasado que está ahí: bueno o malo, pero está ahí. Eso pesa. Esas fotos que has visto son recuerdos de una etapa de mi vida de la cual no estoy ni estaré nunca arrepentido. Eso forma parte de mi vida. Para mí Castro y el Che son dos figuras que están en la historia.

Luis Báez: A pesar de las diferencias políticas, usted siente admiración por Fidel.

José Pardo Llada: Es cierto. No lo puedo negar. Los cubanos que tuvimos su amistad en el fondo sentimos aquella etapa como un grato recuerdo, pero con nostalgia. No la podemos olvidar aunque queramos.

Los que se fueron se fueron, Luis. Están fuera porque no entienden y, además, porque no les gusta el sistema. Ese es mi caso. Pero todo esto sin rencor. Después que pasan los años, las cosas se ven de otra manera: un poco más sosegadas y con más perfil histórico. Castro nos ganó de eso no hay dudas. Nos ganó y por muchos pasos, la carrera; pero nunca he tenido ni odio ni resentimiento contra él. Cómo voy a negar a alguien que aplaudí y respaldé en un momento determinado de mi vida. Otra gente no lo reconoce. Allá ellos. Allá cada cual con su carga de odio o de felicidad.

¿Acaso crees que puedo olvidar una ocasión en que Fidel -para mí aquel entonces era Fidel- se encontraba de visita en casa esperando que regresara del programa de radio y a mi esposa, embarazada, se le presenta una hemorragia, y es él quien la carga, la lleva al hospital y le salva la vida? Eso no se puede olvidar. Eso está ahí. Eso es parte de mi vida.

Luis Báez: Por primera vez, en el transcurso de esta larga conversación usted se refirió al líder cubano por su nombre. Así lo llamamos las personas que lo queremos y admiramos.

José Pardo Llada: Te voy a confesar algo… para mí también sigue siendo Fidel.

(Cali, Colombia, noviembre de 1988.)

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