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Julio César Ramírez: “Disfruto que el tiempo no alcance”

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“Siempre he sido muy inquieto, y aprender, buscar el saber, para mí ha sido esencial en la vida. Creo que por eso soy actor. Un poco después quise ser director, y mira, ya tengo 35 años como director teatral y cerca de cien puestas en escena”.

Aunque me gusta, por diversas razones no voy con frecuencia a esas salas donde los actores nadan en su agua. Pero, de esas veces que estado en el teatro, ha sido por la presencia de algún actor; por ejemplo, la de Julio Cesar Ramírez, un hombre que vino al planeta en una finca a 12 kilómetros de Jatibonico, en Sancti Spíritus, pero nació para meterse en la piel de diversos personajes que interpreta.

A los nueve años fue descubierto literalmente por los instructores de la casa de cultura, y hoy es el actorazo camaleónico que puede ser, por ejemplo, un creíble marido violento en Bajo el mismo sol o un hombre violentado en Regresión, capítulo 6 de Rompiendo el silencio. Si lo duda, búsquelo en YouTube y se dará cuenta

¿Existe algún gen en la familia con predisposición a la actuación?

−No. Definitivamente, soy el primero. Mi madre era una mujer de mucho temperamento y adoraba las radionovelas, fue una campesina autodidacta y creo que llevaba por dentro algo de artista.

¿Y en Sancti Spíritus existían condiciones para que se inclinara por la actuación?

−Es que ni siquiera vivía en Sancti Spíritus. Visitaba los fines de semana a mi abuela paterna, que vivía en la ciudad de Sancti Spíritus, allí estaba la casa familiar. Pero yo vivía en una finca a 12 kilómetros del municipio de Jatibonico, en la finca Los Ranchos. Existe todavía, se puede localizar en el mapa de Google.

“No existieron condiciones en esa primera etapa, hasta los nueve años; solo escuchaba los dramatizados de Radio Progreso y Radio Liberación, disfrutaba mucho aquellos actores de la radio, La gran aventura de la humanidad, La novela de las dos, La novela cubana. Ya en quinto grado nos mudamos parcialmente al pueblo de Jatibonico y hago mi primera obra, Las aceitunas, de Lope de Rueda. Ahí me ven los instructores de la casa de la cultura y deciden vincularme a esa institución como niño aficionado. Fue una etapa muy provechosa. En aquel momento, el trabajo en las casas de cultura tenía un alto rigor y el aficionado llegaba al conocimiento de la especialidad de manera muy amplia. Aprendí muchas cosas con aquellos instructores de arte de Jatibonico, sobre todo de Stanislavki y Brecht. Imagina un niño de 14 años con conocimientos de Brecht”.

¿Cómo llega a estudiar teatro?

−Después de hacer varias obras en la casa de la cultura de Jatibonico y pasar talleres fabulosos que ellos auspiciaban, llega la posibilidad de estudiar en la Escuela Nacional de Instructores de Arte de Siboney. Apruebo los exámenes e ingreso a la ENIA en 1980. Siempre digo que la ENIA fue una gran academia. Después hago el ISA.

¿Por qué su estadía en Pinos Nuevos de la Isla de la Juventud?

−Es que, al graduarnos de la ENIA, tenía el sueño de fundar un grupo de teatro profesional. En aquel momento era muy difícil; entonces, propongo una brigada cultural en la Central Electronuclear de Cienfuegos, con egresados de mi año. Allí permanecimos dos años, pero no fue posible profesionalizarnos. Es entonces que nos vamos a la Isla de la Juventud. Nos incorporamos al Teatro Juvenil Pinos Nuevos, hablo en plural porque fuimos cuatro, el núcleo de lo que luego sería Teatro D’Dos.

“En aquel colectivo teatral tuvimos una experiencia muy provechosa. Aprendimos la relación del teatro con los diferentes públicos. El grupo trabajaba, sobre todo, para los jóvenes de aquellas escuelas en el campo que abundaban en la Isla. Se producía una relación actor-espectador que no he vuelto a ver en el teatro. Por otra parte, existía una noción de comunidad teatral. Los actores vivíamos en un campamento, con todas las condiciones, y el teatro era el centro de todo nuestro día. Era un verdadero laboratorio.

“De manera similar ocurría en el Escambray desde mucho antes. Aquellas fueron experiencias diferentes en la manera de hacer el teatro en Cuba. Pienso que esa etapa merece un nuevo estudio y que las nuevas generaciones conozcan los aportes de aquellas experiencias, porque se fueron olvidando. Bueno, aquel teatro tan social tenía detractores, se convirtió en una moda y sabemos que las modas pueden ser efímeras. Lo cierto es que marcó una etapa significativa dentro del mejor teatro cubano”.

¿Cuál fue su primer papel como actor?

−A los nueve años, Toribio, de Las aceitunas. Ya profesionalmente, el Jacinto de la obra La emboscada, de Roberto Orihuela. Eso fue en Cienfuegos.

¿Y en la televisión?

−Hice en la Isla de la juventud un cuento de Onelio Jorge Cardoso, Camino de las lomas, y el Chino Chiong me dio un personaje en un telefilme, SOS Rockers, en el año 1989. Pero en televisión, creo que el primer personaje con una gran participación, fue Arce, en la telenovela Al compás del son, un personaje que he adorado verdaderamente. Esa experiencia en la telenovela con el Chino fue uno de los sucesos más importantes que ha ocurrido en mi vida. Fue a los 38 años, yo estaba en el teatro y no quería hacer televisión. Nada, caprichos de uno.

¿Nace Teatro D´Dos en Sancti Spíritus? ¿Por qué? ¿Tiene influencias de Escambray?

−Teatro Escambray fue mi aspiración mayor. Durante el periodo de la brigada cultural de la Central Electronuclear de Cienfuegos nos vinculamos al Escambray de alguna manera, y Rafael González, su dramaturgo y actual director, nos asesoró. Más bien, nos orientó un perfil de trabajo hacia el futuro. Tuvimos encuentros con el Escambray, conocimos a Gilda Hernández, una gran maestra y guía espiritual del Teatro Escambray y también de Pinos Nuevos, una gran actriz, directora y dramaturga cubana.

“Por razones familiares debí salir de Pinos Nuevos e irme a Sancti Spíritus. Allí, en 1990 había posibilidades reales para fundar un grupo en el Teatro Principal, era mi propósito desde hacía mucho tiempo. Convoco a los actores que me acompañaban desde la escuela y allí se funda Teatro D´DOS. Fueron diez meses de mucho trabajo en Sancti Spíritus, hicimos ¿Y quién va a tomar café?, de José Milián, y La escuela de los parientes, de Luaces. Fue un lugar y una etapa de reencuentro con mis orígenes, disfruté de aquellas calles, de la gente, de mi familia, y soñé desde aquella tierra el teatro que quería hacer en el futuro”.

¿Qué sucedió en Caimito del Guayabal? ¿Y ahora dónde radica el grupo?

−Llegamos a Caimito en agosto de 1991, después de una nueva experiencia, por tres meses, en la Isla de la Juventud ya como Teatro D´Dos fundado. Fue un suceso lo de Caimito, llegó un momento en que el pueblo entero se incorporaba a nuestros performances, cada año, para celebrar el Día Internacional del Teatro y otros eventos que el grupo auspiciaba.

“Claro, empezamos con una investigación en el pueblo, sobre sus orígenes y fuentes culturales. Incorporamos a una serie de personas, muy mayores todas, que eran líderes naturales del pueblo. Ellos nos trazaron el camino a seguir en cuanto a temas y estrategias. Fueron largas conversaciones, donde se produjo, por ejemplo, la reconstrucción de la visita del pintor español Gabriel García Maroto y de Federico García Lorca a Caimito. De ese anecdotario surgió nuestra primera obra en ese pueblo, Federico. Un recorrido por la vida de Lorca desde la voz femenina de sus personajes. Un espectáculo hermoso que nos ubicó dentro del panorama teatral nacional, fue premio de puesta en escena del Festival de Teatro de Camagüey y sus actrices ganaron premio de actuación. Imagina un grupo de un municipio que repentinamente se alza con los reconocimientos más importantes que daba el teatro cubano. Por cierto, ese espectáculo todavía está en repertorio y proximalmente volverá al escenario de la sala Raquel Revuelta.

“En Caimito empezamos con ocho o diez espectadores y a los dos años se llenaba el cine, fue increíble aquella experiencia, como increíble es la fuerza del teatro.

“Ahora radicamos en la sala Raquel Revuelta, en Línea y B, desde el año 2012. Ha sido otra experiencia importante, pues sobre el grupo recae una buena parte de la programación de esa céntrica sala durante el año. Allí en la sala Raquel seguimos trabajando la línea de la dramaturgia cubana y tenemos un público habitual, muy interesante”.

“Sí es cierto que dirigir en televisión le roba mucho tiempo a mi trabajo como actor, pero ya veremos cómo se pueden llevar las dos cosas”.

¿Qué obras recuerda de la televisión?

Al compás del son está en un lugar muy especial; después, la telenovela Bajo el mismo sol, en su temporada Soledad, me dio la oportunidad de hacer un personaje que he querido mucho, Saúl. Cuando me entregan el premio Caricato de actuación en televisión de ese año, yo no lo podía creer.

Recientemente ha estado en dos papeles contrapuestos: uno el violento, en Bajo el mismo sol, y otro en Rompiendo el silencio, el violentado. ¿Gusta de esos cambios de personaje?

−Sí, son dos personajes diametralmente opuestos. Una experiencia ardua, pero muy rica para un actor, es transitar por dos estados muy diferentes. Es descubrir lo humano en dos seres que tienes que habitar emocionalmente. Cuando el Chino me propuso a Angelito, de Rompiendo el silencio, quedé fascinado pues me estaba dando la oportunidad de trabajar lo opuesto, estaba obligado a salir de mi zona de confort y reaccionar diferente, mirar, respirar diferente frente a cámara. Te confieso que estudié bastante en la etapa de prefilmación. Ya en rodaje, fue una semana de disfrute, porque sabía que ese pobre hombre ya estaba en mí. Ese es el privilegio del actor, transitar y habitar personajes diferentes. Claro, no siempre uno lo logra.

Tiene experiencia de trabajos en teatro en otros países. ¿Y en la televisión?

−Llevo 15 años colaborando con la compañía teatral Lendias D`Encantar de Beja, en Portugal. Allí he montado unas 14 obras. Teatro D’Dos y Lendias son dos experiencias hermanas. Con aquel grupo me siento como en casa. No, allí no he tenido experiencia en televisión como actor, aunque colaboré con el equipo de la serie que la televisión portuguesa realizó hace dos años sobre los días de Eça de Queiros en La Habana, Nuestro cónsul en La Habana. Tengo proyectos que probablemente se realicen en 2022, hay algo por ahí.

¿Cuánto le sirvió su experiencia como maestro para llegar a El ojo del canario?

−Toda mi experiencia en la pedagogía la puse en función de acercarme a Rafael María de Mendive, uno de esos regalos que te da la vida. Fernando Pérez me dijo que él quería que hiciera el personaje. Yo estaba pasado de peso, recuerdo que el director de arte le transmitió a Fernando la preocupación sobre mi sobrepeso, pues consideraba que un personaje de esas características, un poeta romántico, no tendría esa imagen en el cine. Fernando pensaba que podía ser y me propuso bajar de peso, pero no bajar unas libras, bajar muchos kilos. Y así fue, me envió a un centro de salud, me pusieron un plan médico y fui Rafael María de Mendive.

“Me preguntas sobre mi experiencia pedagógica y te decía que sí, que la había puesto en función de construir el personaje. Pero hay algo más, la caracterización de Mendive, su interioridad, la pude lograr cuando Fernando empezó los ensayos. En cada ensayo yo observaba el comportamiento de Fernando, su manera de pedirme las inflexiones de la voz, el movimiento, su relación con Pepe. Un día me di cuenta de que mi Mendive estaba en Fernando y que era a Fernando a quien debía estudiar. Así llegué a Mendive, a través de la pedagogía y el saber de Fernando Pérez”.

Lo que no le haya preguntado y desee decir...

−Mira, siempre he sido muy inquieto, y aprender, buscar el saber, para mí ha sido esencial en la vida. Creo que por eso soy actor. Un poco después quise ser director, y mira, ya tengo 35 años como director teatral y cerca de cien puestas en escena. Desde mi primera entrada a los estudios del Focsa, cuando hice Al compás del son, me interesé por el montaje escenográfico, por lo que sucedía en aquellos estudios antes de que se escuchara la palabra “acción”. Observaba la disposición y el movimiento de las cámaras, el lenguaje técnico. En aquel momento, pensé que algún día podría dirigir televisión, que eso completaría mi dominio de la dirección escénica.

“Pues ahora he tenido esa oportunidad. Llevo cerca de cinco años vinculado a la dirección para la televisión. Tuve la suerte de que Ernesto Fiallo me invitara para hacer la dirección de actores en una de sus novelas y después pude ser codirector. En estos momentos, transito por una etapa nueva, la de dirigir en televisión. Ahora, recientemente, llevé a la televisión mi puesta en escena de La edad de la ciruela, para el espacio de teleteatro, y soy el codirector de Vuelve a mirar, la telenovela de Ernesto Fiallo que debe salir próximamente. Trabajamos ahora otro proyecto de 50 capítulos.

“Sí es cierto que dirigir en televisión le roba mucho tiempo a mi trabajo como actor, pero ya veremos cómo se pueden llevar las dos cosas. Me gusta tener muchos proyectos, me atrae ese estado emocional, cuando uno tiene muchas cosas para hacer. Me gusta y disfruto que el tiempo no alcance”.

(Tomado de Portal de la Televisión Cubana)

Se han publicado 2 comentarios



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  • NOIMPORTA TAMPOCO dijo:

    Estimada Paquita:

    A los que les alcanza el tiempo es porque no estan haciendo nada.

    La vida no es tan corta como dicen, !lo que esta es mal empleada!.

  • Juan Carlos Anzardo dijo:

    Excelente profesional, lo recordamos con cariño en Caimito, después de Teatro D'dos no hemos tenido teatro en nuestro municipio, recuerdo como antes del estreno de cada obra visitaban los centros de trabajo realizando fragmentos de las obras, fue un tiempo de mucho movimiento cultural en nuestro pueblo, estoy seguro que llevará con éxito cualquier tarea que se proponga por el empeño que pone en todo lo que hace, saludos.

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Paquita Armas Fonseca

Paquita Armas Fonseca

Periodista cubana especializada en temas culturales. Colabora sistemáticamente con Cubadebate y otros medios digitales como La Jiribilla, CubaSi y el Portal de la Televisión Cubana. Fue directora de El Caimán Barbudo.

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