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De suegras y suegros: Verdades y estereotipos bajo espejuelos de género

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El asunto de las suegras ha sido llevado y traido por los medios, el cine y muchos otros espacios. Imagen de la película Monster-in-Law / Filmaffinity.

Ania apenas tenía dos meses de nacida, recién nos habíamos mudado a casa de mi suegra y papá –desde siempre mano derecha e izquierda en la aventura de formar una familia- no estaba en La Habana. Por alguna razón que nunca pude descifrar la niña lloraba desconsoladamente desde el amanecer. Mis “veintipoquitos” años inexpertos se abrumaron aquella mañana, a puertas cerradas en nuestro cuarto, entre el llanto persistente, la montaña de pañales sucios –no eran tiempos de culeros desechables- y otros detalles aparentemente nimios, pero que se sumaron para convertirse en una montaña.

Justo en el peor momento, sentí unos delicados toques en la puerta. Con la niña en brazos y supongo que cara de susto le abrí a mi suegra, quien con paciencia santa solo me preguntó: “¿necesitas ayuda?”.

En otras casas que conozco, quizás la puerta se hubiera abierto sin el toque previo y luego hubiera llegado una andanada de consejos no solicitados para lidiar con una maternidad debutante. Para mí, aquella muestra de respeto y serenidad abrió otra puerta menos “física”: la de la relación increíble que siempre tuve con esa mujer especial, a contrapelo de estereotipos asentados en el imaginario popular y de las cuitas de la convivencia. Hubo mucho respeto, consejos, aprendizajes y sobre todo, mucho cariño. Y la extraño, cada día.

Pero si algo me ha enseñado el ejercicio del periodismo y la investigación académica en este más de un cuarto de siglo, es que las experiencias personales no pueden nunca ser tomadas como muestra para explicar la realidad. Porque hay tantas historias como personas, contextos y entretejidos sociales.

Y es cierto. De este lado del mundo, las relaciones que se establecen entre suegras y suegros con sus nueras y yernos pueden generar conflictos que evolucionan, incluso, hasta manifestaciones de violencia intrafamiliar.

En tanto, el humor criollo no ayuda mucho. En él se entremezclan polémicas, chistes y sentencias populares que por sí solos pueden ilustrar la carga de violencia implícita en esta llevada y traída relación: “las suegras existen porque el diablo no puede ocuparse de todo...”, “Cuando no te embisten directamente, le dan cuerda a tu mujer”, “Dicen que tienen que estar como la cerveza: frías y echando espuma por la boca”; “que vivan las suegras, pero que vivan bien lejos”. Sobran las palabras.

Investigaciones del Grupo de Familia del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociales (CIPS) confirmaban, en la primera década del actual siglo, una notable “ausencia de comunicación” entre las figuras de yerno y nuera frente a suegras y suegros.  La indagación concedía particular importancia a las construcciones culturales que en nuestras sociedades occidentales, han acuñado, sobre todo a las suegras, como “las malas de la película”.

En ellas “se ha concretado el origen de todos los males del matrimonio. Estas representaciones sociales  pueden  haber  generado  prejuicios  que  determinarían  actitudes  negativas hacia estas figuras cuando se establece una relación de pareja”, asevera la psicóloga Yohanka Valdés.

“Por otra parte, el imaginario popular también valora como “intrusos” o “rivales” a los yernos y nueras, creando expectativas negativas hacia estas figuras.La situación se complica cuando tienen que enfrentar la convivencia en una cotidianeidad caracterizada por  condiciones  de  vida  complejas,  y  tienden  a  ser  más  contradictorias  si,  la comunicación es nula,  las actitudes divergentes, los valores opuestos, o cuando la relación entre ellos es impuesta desde un tercero: la hija o el hijo que mediatiza los vínculos entre ellos en su rol de esposa o esposo”, detalla la estudiosa.

Según la también psicóloga Mareléen Díaz Tenorio, “un elemento importante en la aparición de estas tensas relaciones -que pueden desembocar en maltrato psicológico y hasta físico- es la coincidencia entre la poca  disponibilidad de espacio para las nuevas parejas y el también poco espacio psicológico con que estas cuentan”.

Estadísticas y análisis demográficos del patio identifican la disminución del tamaño promedio de los hogares y del total de personas que viven en ellos entre los cambios que mayor impacto han tenido para la familia y la sociedad cubana en las últimas décadas.  Entre el censo de población de 1953 y el más reciente realizado en 2012, el promedio de personas por vivienda se redujo de 4,9 a 2,9 personas, según datos del Centro de Estudios de Población y Desarrollo (Cepde), de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (Onei).

Sin embargo, para 2012 el archipiélago reportaba una proporción de familias extendidas y compuestas —aquellas formadas por uno o ambos cónyuges, los hijos e hijas, y otros familiares— de casi el 29 por ciento.

“Esta singularidad del caso cubano se asocia tanto al descenso de la mortalidad que provoca la corresidencia con uno o ambos padres ancianos, como al descenso de la fecundidad que hace que los hijos únicos, al casarse, continúen residiendo en el hogar materno”, explican María del Carmen Franco y Juan Carlos Alfonso Fraga, en “El perfil sociodemográfico de los hogares cubanos. Análisis por territorios”, publicado por la ONEI.

Habría que investigar si un elevado grado de corresidencia estaría facilitando la armonía en estas unidades familiares y fortaleciendo los lazos de cooperación, o si, por el contrario, estará influyendo negativamente, generando rigidez en los arreglos domésticos, presiones sobre los recursos familiares y los servicios de la vivienda; o contribuyendo a estructuras de poder basadas en la titularidad de la vivienda, que llevan a relaciones conflictivas emergentes de la convivencia con tíos o hermanos, recomiendan estos especialistas en Demografía.

Para el también demógrafo Rolando García Quiñones, hoy existen muchos más hogares y unidades familiares donde conviven varias generaciones por períodos relativamente largos. “El envejecimiento de la estructura por edad de la población y el déficit habitacional tienen influjos no desdeñables sobre la dinámica familiar”, precisa este experto en un artículo publicado en 2019 por la revista Novedades en Población.

La convivencia se erige, sin dudas, en uno de los conflictos que enturbia las relaciones de suegras y suegros con sus nueras y yernos, y afecta la buena marcha de las relaciones puertas adentro de casa.

Para Díaz Tenorio se establece, además, desde suegras y suegros, madres y padres, cierto paternalismo hacia la gente más joven, que pretende orientar, ayudar, pero que, a la par, coarta sus niveles de decisión e independencia, incluso en parejas que logran tener un hogar propio.

“Estos nexos a veces se asientan en una especie de forcejeo por el poder, de miedo de los padres a perder cariño o ascendencia sobre sus hijos”, pero pueden convertirse en un rígido cordón umbilical que “atenta contra todo límite y genera claras manifestaciones de violencia”, precisó esta psicóloga.

De la academia y la mitología popular, el tema también ha saltado a los medios de comunicación. Más de una vez. Una rápido “googleo” devuelve investigaciones de la revista Bohemia, donde 332 cubanas y cubanos de todas las regiones -de edades y profesiones diversas-, coincidía en que sus suegras y suegros, eran “colaboradores” y “buenos consejeros”, pero también “sobreprotectores” y “entrometidos”. En paralelo, las suegras entrevistadas confesaban mayoritariamente que sus yernos las veían como “entrometidas” y sus nueras, como “sobreprotectoras”.

Más recientemente, justo el pasado año, antes de que la COVID-19 nos desarticulara las vidas, Sexeando, la excelente sección del villaclareño Vanguardia, dedicaba sus líneas al llevado y traído conflicto de las nuevas parejas con sus familias de origen. Según este periódico del centro de la Isla, el asunto llega tan lejos que desde el 2014 “la iglesia católica italiana indicó que el “mammismo” -“mamitis”- debía incluirse entre las causas válidas para la anulación del matrimonio. Los afectados por esta dependencia ‘no son capaces de cumplir con los deberes conyugales. Hay casos en los que se está tan apegado a la madre que no se puede hacer vida en común con la pareja’, enfatizó en ese momento el cardenal jurista Velasio  de Parolis”.

Nada, que el asunto podría llenar páginas y páginas, como lo demuestran los estudios de la psicóloga inglesa Terry Apter, de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, que fueron recopilados en el libro What Do You Want From Me? (¿Qué quieres de mí?). En el seguimiento a más de un centenar de familias a lo largo de dos décadas, esta estudiosa confirmó que más del 60 por ciento de las mujeres entrevistadas reconocieron que la relación con sus suegras les causaba infelicidad y estrés. En contraste, alrededor de dos tercios de las nueras entrevistadas pensaban que la madre de su esposo a menudo mostraba un amor maternal celoso.

En Cuba, según Díaz Tenorio, los estudios han detectado dificultades para aceptar e incorporar a la dinámica familiar a los compañeros o compañeras de las hijas o los hijos. Pero si bien “la figura de la suegra es más objeto de burlas, y resulta agredida o enjuiciada; encontramos que al yerno que llega a la convivencia se le identifica como el intruso, la persona que viene de fuera”.

Con gafas violeta

En fin, que el sempiterno conflicto a menudo surge de una mutua desconfianza, nacida de normas heredadas. Otra vez el patriarcado asoma la garra y mirar el asunto con espejuelos de género puede ayudar a explicarlo. Y a reposicionarlo.

Por obra y gracia de nuestros patrones machistas, el papel de suegra se dibuja desde el imaginario del rol de madre todopoderosa, que impide no sólo el crecimiento personal de una mujer, sino que pone zancadillas al desarrollo de quienes están bajo sus cuidados.

Si hemos acuñado que ser mujer pasa por ser madre, y que la maternidad es lo más “sublime” y es “sagrada”; si a menudo enjuiciamos a muchas mujeres porque no quieren tener hijos, ¿qué pasa cuando ellas dejan de ser madres; cuando se convierten en suegras y “pierden” ese status de reina que la sociedad les ha otorgado solo por parir?

Y en el caso opuesto, si reafirmamos incluso desde las sempiternas postales de cada junio, que el padre es el “rey” del hogar, el patriarca, el que “dice la última palabra”; ¿qué ocurre cuando otro hombre llega a la familia como pareja de la hasta entonces “niñita de casa”? ¿Cómo se ajusta esa rivalidad entre hombres a quienes se ha educado como “los dueños del gallinero”?

Estas relaciones suelen reproducir algo que el patriarcado nos ha enseñado muy bien: las rivalidades entre hombres y entre mujeres. Los roles impuestos, en ambos casos, no causan incomodidad por coincidencia, sino porque se trata de actos de violencia simbólica contra nuestra individualidad, nuestros proyectos y nuestros sueños. Da igual que vengan de la mano de “naciste para ser madre” o de “los hombres no lloran”. Muchas veces, para empeorar el panorama, ni siquiera nos damos cuenta de cómo se traslada ese imaginario “de competencia, de enfrentamiento” a la compleja relación que establecemos con la familia que llega con nuestra pareja. Y así, una vez más, nos dejamos entrampar por el estereotipo.

Se han publicado 14 comentarios



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  • Uno ahi... dijo:

    Mi suegra es genial, pero si sigue siendo mi suegra es porque desde hace mucho tiempo vivo solo con mi esposa. Mi suegra ha hecho cosas por mi que ni mi madre ha hecho, pero cuando las cosas no son como ella quiere... ufff, mejor lo dejo ahi!!

  • tuty dijo:

    Todo ese estudio esta muy bueno , pero tambien hay que ver el lado de las suegras q tienen hijo unico y no quieren a nadie en su casa , probocando la infelicidad de su hijo que tiene que salir de su casa y pasar trabajo teniendo todas las condiciones en la suya o quedarce para vestir de santo .

  • Yeyo dijo:

    La solución está en este dicho popular “ el que se casa, casa quiere “. La convivencia con suegros, suegras, hermanos u otros familiares, por muy bien que pueda ser, a la larga trae problemas. Hoy más que antes pues la vida se encarece y los miembros mayores de la familia envejecen representando nuevas y difíciles situaciones a enfrentar. Lamentablemente no todo el mundo puede vivir solo y ello crea problemas en las parejas más jóvenes. Recordar que fuimos jóvenes y vivimos nuestro mundo debe hacernos entender que hoy no podemos entrometernos en la vida de los que comienzan, pues todo lo contrario significa egoísmo.

  • Ghost dijo:

    Muy bueno el escrito, pero el mayor problema al menos en Cuba es el de la vivienda, donde se tiene que convivir con muchos familiares por la escaces de casas, cosa que en casi ningun lugar del mundo ocurre. En mi caso por ejemplo bajo el mismo techo vivimos cinco generaciones, los padres de mi suegra, mi suegra y su esposo, los hermanos de mi esposa, mi esposa yo y mis hijos. Aunque es una casa grande sobran los conflictos y la batallas campales pues es imposible poner de acuerdo cinco generaciones de pensamoentos e ideas. Por lo tanto no es hablar de que si suegras o yernos son buenos o malos, es que por lo menos en mo experiencia es IMPOSIBLE en Cuba tener una vivienda propia, no existe la via ni la forma. La razon no la se y ningun dirigente da solucion a este problema. Como es posible vivir una vida entera, trabajar una vida entera y no tener lo esencia, un techo para vivir, por eso muchas veces no entiendo que derechos humanos son los que se defienden en Cuba si lo esencial que es el derecho a una casa no lo tenemos. Gracias cubadebate.

  • Orlando dijo:

    Yo creo que existen excelentes suegras, por ejemplo la suegra de mi esposa. Un tema complicado, que se agudiza con la dinámica actual y los conocidos problemas con la vivienda. Generalmente el hombre se va a vivir a la casa de la esposa ( e incluye la suegra) o trae a la mujer para su casa, y como buenas hijas al fin, no demoran mucho para que tengan que recoger a su madre (porque supuestamente les toca) y en cualquier variante, toca al pobre yerno convivir con la malvada suegra. En ese estrecho ambiente y agobiados y estresados todos con tantos problemas, es difícil no sacar chispas. Depende mucho de la inteligencia y la maestría en la conducción de la esposa, que es la que está entre la espada y la pared, para que reine la armonía. Cuando la hija logra ser justa e imparcial, la convivencia puede ser buena y la familia funcional, aprovechando el potencial de ayuda, sin abuso de la buena suegra.
    En el caso de la suegra de la mujer, es más fácil, primero porque generalmente no conviven, y de lejos es más fácil, y segundo porque entre fieras se entienden. Más complicado es con el suegro de la mujer, que viene de otra generación y que no entiende mucho que su propio hijo sea un "dominado" de su mujer, porque en sus tiempos, el hombre para ser hombre, tres cosas debe tener, una novia, una amante, y en su casa una mujer...
    Ah, y hablando de cuentos de suegras, hay uno muy real. Dos amigas que se encuentran después de largo tiempo , y una le pregunta a la otra por sus hijos. Y le responde : ah, de mi hija, no me quejo, se ha casado con un hombre que le compró un carro a ella y uno para mi, le lava, le plancha, le cocina, se la lleva de vacaciones, y siempre carga conmigo y hasta me llevaron a vivir con ellos. Y le replican, ¿bueno y el varón? Mira, de ese tarru ni me hables, se ha casado con una mujercita, y le lava, le plancha le cocina, le compró un carro a ella y uno para su suegra, se va de vacaciones y siempre carga con esa bruja, y ahora para rematar, se la llevó a vivir con el.... Nada, la triste realidad, la vida misma.
    Que vivan las suegras... Pero que vivan bien lejos.

  • Airbus 380-800 dijo:

    Muy buen articulo, a pesar de ser joven he tenido varias suegras, al principio siempre hubo roses, pero despues aflojaron, como siempre he dicho " TEN LE MIEDO A LAS AMIGAS DE TU NOVIA Y NO A LA SUEGRA".

  • Ezequiel 37 dijo:

    Sean padres o suegros, la convivencia de varias generaciones es el factor que predispone a los conflictos. El respeto a los espacios, preferencias y necesidades de cada generación e individuo requieren un esfuerzo sobrehumano para mantener la armonía y ser sinceramente feliz y realizado. La vida en sociedad es una necesidad pero considero que lo más apropiado es que cada familia conserve su independencia y la defienda incluso de sus parientes.

  • Isa dijo:

    Es que tu suegra era especial. Se le extraña! Saludos desde Jiguani.

  • Fernando dijo:

    Muy pocos comentarios para un tema tan polémico

  • Miguel Ángel dijo:

    La verdad tuve una suegra muy mala, casi igual a la bruja de Blancanieves y las demás han sido mi segunda madres con las que he tenido relaciones bellísimas incluyendo a la actual. En todos esos casos, como dice el dicho me defendían más a mi que a su hija, el hijo parecía yo. Los suegros han estado ausentes o lejanos.
    Excelente artículo que deja el deseo de seguir saboreando más...

  • Eliza dijo:

    Muy buen reportaje en mi opinión lo q sucede es q cada quien tiene un punto de vista diferente y desde la experiencia de los años las suegras creen q pueden protegernos de cualquier mal. Y nosotros como jóvenes queremos y debemos cometer nuestros propios errores por eso " el q se caza casa quiere"

  • Casos y cosas dijo:

    En fin... la culpa es del patriarcado jjjjj

  • Norma Normand Cabrera dijo:

    Estimada Dixie, su suegra y yo éramos amigas. No me extraña su anécdota, ella fue una mujer excepcional.
    Saludos.

  • @adriancamaguey dijo:

    He tenido suegras de todos los tipos. La segunda fue la mejor de todas. A pesar de que me separé de su hija hace casi 19 sigue siendo como una madre para mi.

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Dixie Edith

Dixie Edith

Periodista cubana y profesora del Centro de Estudios Demográficos (CEDEM), de la Universidad de La Habana.
En Twitter @Dixiedith

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