Fidel hace 60 años: ¿Armas para qué? Para defender la Revolución

Fidel en el acto de clausura de Cinco Congresos Obreros Extraordinarios en el Palacio de los Deportes en noviembre de 1960. Foto: Bohemia
Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz en el acto clausura de Cinco Congresos Obreros Extraordinarios, en el Palacio de los Deportes, La Habana, el 8 de noviembre de 1960.
Una vez nosotros hicimos esta pregunta: “¿Armas para qué?” Y hoy nosotros hacemos esta afirmación: armas para combatir a los mercenarios; armas para destruir a los que osen pisar el suelo de la patria en plan de conquistadores o de invasores. Ahora sí hacen falta las armas; y por eso hemos adquirido armas, muchas armas, muchas más de las que se han imaginado los mercenarios y los imperialistas, ¡muchas más de las que se han imaginado los mercenarios y los imperialistas!, por cuya imaginación quizás no les pase el número de armas que tenemos para defender a la Revolución y a la patria.
No, no hablen de los cohetes, y les voy a explicar por qué: porque eso es muy cómodo, pensar de que el esfuerzo no sea nuestro esfuerzo, y que para defendernos no pensemos en triplicar y cuadruplicar nuestro esfuerzo, sino en que cómodamente envíen los cohetes contra los enemigos de la patria.
Nosotros debemos hablar de los cohetes lo menos posible, para “no dormirnos sobre los cohetes”; para no crear en el espíritu del pueblo una tendencia acomodaticia; para no adormecer el espíritu de resistencia de nuestro pueblo.
Pero, además, porque si queremos que no tengan nunca que usarse los cohetes, si queremos que el mundo no se vea envuelto en la tragedia de una guerra atómica, como consecuencia de una invasión a nuestra tierra, tenemos una manera de contribuir a evitarlo: siendo fuertes. Ser débiles equivaldría a invitar al enemigo a atacarnos, y el ataque del imperialismo podría conducir, puede decirse que conduciría al mundo a una guerra; y ser débiles es invitar al imperialismo al ataque.
Si creyeran que nuestra isla se puede ocupar como se pudiera ocupar a cayo Sal, si creyeran que nuestra isla se puede ocupar con unos cuantos centenares de paracaidistas, es mucho más probable que se decidieran a atacarnos, que si comprenden que sobre nuestro país no puede progresar ningún tipo de ataque fulminante, que sobre nuestro país no puede progresar ningún tipo de “blitzkrieg” con todas las características de la “blitzkrieg” nazis; cuando comprendan que la lucha contra nuestro pueblo no sería una lucha de 24 horas; cuando les hagamos comprender bien a los del Pentágono que si ellos para tomar, por ejemplo, Okinawa tuvieron que combatir durante muchos meses, y Okinawa era una islita pequeña, defendida por hombres que procedían de otro país, y que por lo tanto no estaban defendiendo su propia tierra, que sepan que si para tomar Okinawa tuvieron que movilizar sus flotas y sus escuadras y sus decenas y decenas de miles de marinos, vayan sacando la cuenta de lo que tendrían que hacer para intentar tomar una isla mucho mayor que Okinawa defendida por 6 millones de cubanos, mucho mejor armados que los japoneses que defendían a Okinawa.
Eso por vía de ejemplo, para que los del Pentágono no sean tan ridículos y crean que van a estar intimidándonos con el envío de 1 400 infantes de marina a descansar un fin de semana en Caimanera.
De todas formas ese hecho ha servido, una vez más, ante los ojos de nuestro pueblo, por si hiciera falta, y ha servido ante los ojos del mundo para demostrar una vez más cuán hipócrita y cuán cínica es la política del imperialismo. Envían un barco cargado de marinos, dan una nota a la publicidad diciendo que van de descanso a Caimanera, y a los tres días aquellos soldados que van de descanso a Caimanera, participan en una maniobra militar contra un supuesto ataque, que solo podría ocurrir en la imaginación calenturienta de los generales trasnochados del Pentágono.
Pero así son ellos, y así faltan el respeto de la opinión del mundo, enviando hombres a descansar, y organizando a las 48 horas maniobras militares.
Por eso es importante que el pueblo comprenda que estar fuertes, estar bien organizados y bien preparados contribuye a evitar la agresión imperialista.Cuando ellos se convenzan de que nuestra isla no se puede ocupar en 24 horas, entonces las posibilidades de una agresión se hacen más remotas.
La obra de un pueblo no se puede destruir
Ustedes recordarán con la claridad que hablamos hace dos o tres semanas, y explicamos los términos de la situación, como deben explicársele los problemas al pueblo; le expresamos las noticias que teníamos sobre concentraciones de mercenarios, de equipo bélico, de aviones y de barcos de transportes en Guatemala, con el propósito de invadir a nuestro país.
Le explicamos también que, de acuerdo con las circunstancias, los días que precedían a las elecciones en Estados Unidos iban a ser de los días más críticos, por cuanto el problema de Cuba se había convertido en el punto principal de la disputa, y ambos candidatos rivalizaban en agresividad contra la Revolución Cubana, y cada cual trataba de empujar a la otra parte a una posición cada vez más agresiva contra nosotros.
Es más, en la mente de los dirigentes de la agresión a nuestro país, anduvo rodando durante muchos días la idea de producir la agresión antes de las elecciones, y con vistas a influir en el resultado de esas elecciones.
El Gobierno Revolucionario denunció la maniobra y denunció los planes en la Organización de las Naciones Unidas, el Gobierno Revolucionario utilizó todas las vías para contrarrestar el ataque: la vía de la denuncia ante la opinión mundial, y el aceleramiento de los planes de preparación frente al ataque. No ha ocurrido nada en estos días, y a ello pueden haber contribuido distintas causas. Una, sin lugar a dudas, fue la denuncia en las Naciones Unidas; la solidaridad extraordinaria y creciente de la opinión pública mundial; la creciente rebeldía en la América Latina, y, además, otras causas posibles. Recuerden con cuánta crudeza nosotros hablamos y dijimos:
“Cada día que pase, peor para ellos”; que lo más lógico es que atacaran antes de que nosotros pudiésemos desarrollar toda nuestra fuerza y potencia, y lo dijimos bien claro: si atacaban en aquel momento, mal; si esperaban varias semanas, más mal; y, si esperaban varios meses, peor.
No era lógico pensar que el enemigo esperara a que nosotros dispusiésemos de todo el tiempo necesario para prepararnos; no era lógico esperar eso. Además, no es lo mismo organizar una invasión de mercenarios que organizar un pueblo; no es lo mismo movilizar mercenarios que movilizar al pueblo, y mientras ellos reclutan un mercenario, nosotros podemos organizar 30 hombres del pueblo. Y no es lo mismo transportar 10 000 hombres que transportar 30 000 hombres; el número de barcos o de aviones necesarios sería extraordinariamente mayor.
Luego, el ritmo de preparación de la defensa nacional tiende a crecer incomparablemente más, y es incomparablemente más acelerado que el ritmo de organización de una invasión de mercenarios. Además, no solo plantea problemas de reclutarlos y entrenarlos, sino también el problema de transportarlos.
Y nosotros dijimos hace varias semanas que el hecho de que declaráramos claramente esa situación, y el hecho de que advirtiéramos que lo lógico era esperar el ataque antes de que nosotros pudiésemos desarrollar toda nuestra potencia defensiva, no iba a alterar el resultado, porque lo que ellos tuvieran organizado, o lo lanzaban o no lo lanzaban.
Y aquí pueden influir otras circunstancias también. La mentalidad, por ejemplo, de algunos militares, sobre todo de esos militares del Pentágono, yesa mentalidad yanki, de esos tipos de militares que si les faltan ocho hamacas y diez cantimploras no realizan la operación hasta que no tengan completas todas las hamacas y todas las cantimploras, y todas las botas, y todos los paracaídas y todas las armas.
Entonces se comprende que una revolución tiene lugar para implantar la justicia, y que una revolución tiene lugar para poner fin a la explotación, que una revolución tiene lugar para liberar al hombre; que la Revolución organiza el país y prepara el país para una vida distinta, y que esa vida mejor está garantizada desde el momento mismo en que el poder no radica en minorías privilegiadas, que porla fuerza de las armas se imponía sobre el pueblo, sino que el poder radica en el pueblo, y que ese pueblo está armado para garantizar sus derechos.
Y si desalojar del poder a una casta privilegiada, si desalojar del poder a una minoría armada, cuesta sangre y cuesta sacrificios, si para desalojar del poder a una tiranía militar, como las que ha conocido América, a veces transcurren decenas de años, y los pueblos no pueden liberarse; ¿cómo puede ser posible que sea desalojado el pueblo armado del poder?
Si destruir una minoría privilegiada es difícil, ¿cómo puede destruirse a la mayoría obrera del país, armada y disciplinada? Y cómo puede arrebatarse del poder a la clase obrera, cuando la clase obrera está adquiriendo esa preparación y esa disciplina que se obtiene en los campos de instrucción militar, mientras se prepara para defender su causa y su patria.
Debemos hacerles ver claramente a los enemigos de la Revolución que, de la misma manera que estamos dispuestos a luchar y vencer contra la agresión militar, estamos dispuestos a luchar y a vencer contra la agresión económica y contra la campaña de cerco y de hambre.
Claro que, las revoluciones no se realizan impunemente, claro que la reacción nacional y la reacción internacional no se resignan a ver triunfar la Revolución, y hacen todo lo posible por hacerla fracasar.
¡Qué importa la sensibilidad humana, si ellos no saben de eso!
Solo había una forma de que no nos quitaran el azúcar, de que no nos decretaran el embargo económico, de que no nos agredieran económicamente: seguir de rodillas. Y esa era la fórmula que nuestro pueblo no estaba dispuesto a seguir permitiendo.
Nuestro pueblo se puso de pie, y porque se puso de pie, para tratar de ponerlo de rodillas, le dicen: “No te compramos azúcar, no te vendemos piezas de repuesto, no te vendemos materia prima. Te pusiste de pie: pues esas fábricas no recibirán más repuestos, esos automóviles no recibirán más repuestos, esas industrias no recibirán más materia prima. No venderás tu azúcar”. Y de nuevo, el imperialismo hipócrita y cínico incurre en el acto farisaico: decretan el embargo de todo, excepto de alimentos y de medicinas, por razones de humanidad.
¿Entonces, por qué, por razones de humanidad también, no respetaron nuestra cuota azucarera? ¿Qué medicina y qué alimentos se van a comprar, si no tenemos con qué comprarlos? ¿Dónde están las razones de humanidad? ¿Dónde están las razones de humanidad, sin divisas qué alimentos y qué medicinas se pueden adquirir? Pero el imperialismo es hipócrita, es cínico, es farisaico; y mientras por un lado nos quita la cuota, por otro lado dice: Embargamos los productos, menos medicina y alimentos por razones de humanidad. ¡El imperialismo es cínico, es mentiroso, es hipócrita, es farisaico!
Y ellos creen que por esa vía nos van a derrotar, y ellos están esperando los resultados de las agresiones económicas, de los embargos de mercancías. Han llegado a más: semanas atrás venía un barco, procedente de Canadá, conduciendo un cargamento de 50 000 quintales de papas, y varios miles de quintales de frijoles. Influencias yankis sobre la compañía, que era yanki, lograron que el barco en vez de desembarcar los productos en La Habana los desembarcara en Puerto Rico y no llegaran a Cuba.
Un hecho más, como ese hecho repugnante, en el cual un grupo de criminales asesina a un soldado rebelde en el avión, balacean a un niño, y tranquilamente aterrizan en Miami, donde son recibidos como héroes. Y allí mismo son acogidos con beneplácito, cuando todavía la sangre de aquel niño, y la sangre de aquel soldado estaba fresca, en el propio lugar del crimen.
¡Qué importa la sensibilidad humana, si ellos no saben de eso! ¿Qué les importan los familiares de ese niño o de ese soldado? A quien asesine un cubano, a quien derrame la sangre de un compatriota, allá lo reciben como héroe; incitando al crimen, incitando al asesinato. El imperialismo no solamente es cínico y es farisaico y es hipócrita; ¡el imperialismo es asesino, el imperialismo es cómplice de todos los actos de barbarie y de asesinato!
¿Por qué el imperialismo no quiere que llegue el barco cargado de papas y de alimentos, a pesar de que dice que, por razones de humanidad, permite exportar alimentos y medicinas? ¿Por qué? Para que no haya papas, para que no haya frijoles, y para que el pueblo, entonces...
¿Qué persigue con eso? Pues persigue hostigar al pueblo, desmoralizar al pueblo, cansar al pueblo. Y se vale de todas las armas. Es decir, nosotros debemos esperar todos los actos de piratería. El imperialismo no solo es cínico, mentiroso, hipócrita, farisaico, criminal; el imperialismo es pirata y el imperialismo es filibustero.
Trata de sustraernos los alimentos, incluso cuando no se los compramos a ellos. Ya no era solo el petróleo, la cuota azucarera y todas esas agresiones de estos descarados; ya no es solo la insolencia esa con que se ponen a realizar maniobras militares ahí, para intimidar al pueblo, que constantemente están haciendo maniobras militares, cuando no en Puerto Rico, en Caimanera, en donde quiera están haciendo prácticas y maniobras militares para intimidar al pueblo; ¡los muy desvergonzados!, sino que, incluso, tratan de privarnos de alimentos.
Bueno, eso no es nada. Algunos contrarrevolucionarios se dieron a la tarea de decir que el gobierno iba a quitar la patria potestad, y hay gente que ha ido hasta a psiquiatras por el problema ese. Qué pensar de la persona que tenga tan poco seso, que en vez de detenerse a meditar qué es lo que va a lograrse con eso, y en qué se podría beneficiar al país con eso, porque una cosa es un latifundio, otra cosa un edificio de apartamentos afectado por la reforma urbana, cuando en una reforma agraria se les da tierra a los campesinos, se aumenta la producción, se mejora la economía; cuando hay una reforma urbana, se les da, se cumple una aspiración de la familia, se recaudan fondos para construir decenas de miles de casas para las familias más pobres, pero nosotros que estamos, precisamente, recogiendo a los niños que no tienen familia y haciendo residencias para que los estudiantes vivan, los estudiantes pobres que no pueden estudiar por falta de recursos vivan con calor de hogar, y tengan todo lo que puedan tener en su casa; y a las niñas que están sin trabajo y pobrecitas, las recogemos y las ayudamos, y se les educa allí, de manera que sientan también el calor humano; que estamos haciendo centros para los jóvenes de las brigadas, ciudades escolares; educando a los niños con esa libertad, con ese principio pedagógico que se sustenta en inculcar al niño el deber del estudio y el deber del trabajo, y empezar a sentirse importante, empezar a sentirse algo, desde niño.
Es decir que le estamos dando a aquel que no tiene hogar, algo que equivalga, para él, a ese calor que no ha tenido nunca, ¿en qué cabeza puede caber que la Revolución, que trata de aprovechar cuanto cuartel y cuanto edificio hay para hacer escuelas para los niños que no tienen escuelas, fuese a dedicarse a recoger a todos los muchachos de la República, y mandarlos, quitárselos a los padres, asumir toda esa obligación y todo ese gasto?
¡Pero qué absurdo!, nosotros estamos haciendo centros para que los niños pobres, o los hijos de las familias humildes puedan tener una educación que antes solo tenían los ricos; los ricos mandaban a sus hijos al norte, los mandaban tan lejos del hogar que quedaban a miles de kilómetros del hogar, y luego pasaban años y no los veían; los ricos mandaban a sus hijos al norte, al norte a miles de kilómetros.
Así marcha la Revolución: ¡Bien!
El Gobierno Revolucionario hace escuelas, donde los niños de la Sierra Maestra, teniendo a su familia cerca, van a esa escuela, con todos los medios modernos de educación, los visitan sus familiares y ellos van a ver a sus familiares, porque los tienen cerca, porque no están en el norte, sino allí al lado de sus montañas, y al lado de sus montañas les estamos haciendo sus ciudades escolares. Y ahora, los millonarios, los ricos, que sustraían a sus hijos de sus hogares y los mandaban a un país extraño, a miles y miles de kilómetros de los padres, echan a rodar versiones de que el Gobierno Revolucionario va a suprimir la patria potestad.
Y así marcha la Revolución: ¡Bien!, ¡la Revolución va bien! Y podemos sentirnos todos satisfechos; sabemos lo que estamos haciendo y cómo lo estamos haciendo, y sabemos que estamos actuando lo mejor posible, y que estamos tratando de cumplir con nuestro deber todos, que marchamos hacia adelante, que estamos haciendo una obra digna de nuestro pueblo, y que, además, la sabremos defender, que además, tenemos entusiasmo para defenderla, optimismo para defenderla, y valor para defenderla.
Y, sobre todo, que la defiende un pueblo, porque es la obra de un pueblo; ¡y la obra de un pueblo no se puede destruir! Y por eso los enemigos de nuestra patria y los enemigos de nuestra Revolución, esos que conciben vanas esperanzas y torpes esperanzas, ¡sepan que tienen delante un pueblo!
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Inteligencia, claridad, honestidad, valor, pasión, denuncia permanente de los planes y de los criminales actos imperialistas, ejemplo personal, capacidad de prever, conocimiento profundo de las entrañas putrefactas del poderoso e inescrupulosas vecino; en mi modesta opinión el mayor logro de Fidel fué haber evitado una despiadada agresión militar directa de los EEUU contra Cuba, ellos nunca nos perdonaron ni nos perdonaran, fué el esfuerzo de todo un pueblo dispuesto a morir por su libertad lo que los ha mantenido a ralla, la élite que le usurpo el poder al pueblo norteamericano cuando lograron su independencia de Inglaterra sigue ahí y es fascista por su esencia, algún día llegará la hora de la segunda independencia de los EEUU.