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A 62 años de la masacre en la prisión del Príncipe: La reacción de la dictadura al avance y la unidad de los revolucionarios

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Prisión del Príncipe. Entre las paredes de la prisión, “poco a poco se fue forjando la unidad que Fidel magistralmente consolidó después y que constituye el basamento de toda la obra de la Revolución”.

Con voz entrecortada, el locutor del Circuito Nacional Cubano, CNC, Eddy Martín, lee en el noticiero nocturno de ese mismo día el primer y único parte oficial elaborado por la tiranía sobre un supuesto motín en la prisión del Príncipe el primero de agosto de 1958. Eddy, liberado unos días antes, se había reincorporado a su trabajo en la emisora.

El parte felicita a las fuerzas del orden que lograron con su pronta actuación reducir y controlar un motín en la prisión. Anuncia el inicio de una causa contra una veintena de forajidos que serán juzgados por actividades terroristas al destruir propiedades en la cárcel y el Vivac, atacar y herir a varios miembros de la guarnición, y añade que se les ocuparon varias armas de fuego y explosivos. En el incidente murieron tres detenidos nombrados Roberto de la Rosa, Reinaldo Gutiérrez y Vicente Ponce Carrasco, y hubo, además, 15 heridos. Al mencionar este último nombre, la voz de Eddy se quiebra, tartamudea y se hace más aguda la gravedad del timbre. Ambos forjaron una amistad y hermandad en la prisión, que parecía iba a ser eterna.

En el propio Vivac, apiñados alrededor de un radio de pilas, que increíblemente escapó a los destrozos y el adicional saqueo de las pocas propiedades que teníamos, nos indignábamos al escuchar tal cantidad de mentiras sobre la barbarie que dejó el saldo de tres asesinatos y una veintena de heridos.

¿Por qué se produjo aquella masacre?

La ofensiva contra la Sierra Maestra después del fracaso de la huelga de abril se había transformado en una contraofensiva de las fuerzas revolucionarias. Allá, en el frente principal, el curso de los acontecimientos tomaba el derrotero irreversible que condujo a la victoria el primero de enero de 1959. Allí se decidió el futuro y la tiranía estaba estratégicamente derrotada. Esa era la médula de la cuestión.

En la capital, las medidas adoptadas por el régimen contra los prisioneros en detención preventiva tampoco habían dado resultado. La designación de algunos jueces venales para que procedieran a condenar a los acusados y así remitirlos para el Presidio Modelo, en Isla de Pinos, fracasó. El enfrentamiento de los que eran presentados a juicio convirtiéndose de acusados en acusadores irritaba a los que calcularon que podrían amedrentarnos imponiéndonos años de cárcel.

Por iniciativa de Armando Hart, que en la cárcel aguardaba su traslado a la llamada prisión modelo en Isla de Pinos, los presos políticos en la cárcel y el Vivac, acompañados de no pocos presos comunes, habíamos cantado a medianoche del 25 de julio, en el centro de la capital, el himno nacional y el del 26 de julio.

Estábamos jubilosos porque los familiares que nos visitaban comentaban que muchas personas decían que fue una actividad audaz y la elogiaban. Supimos después que había irritado a los jenízaros capitalinos que deseaban castigarnos de algún modo.

No sabían que la convivencia de tantos revolucionarios de distinta procedencia política posibilitó que prevaleciera una corriente unitaria, no sectaria, y que se fueran quedando aislados los elementos divisionistas. Entre esas paredes, poco a poco se fue forjando la unidad que Fidel magistralmente consolidó después y que constituye el basamento de toda la obra de la Revolución.

El 31 de julio habían trasladado arbitrariamente a la cárcel del propio Castillo del Príncipe a una treintena de prisioneros del Vivac, argumentando que estábamos muy hacinados. Eso no había sucedido antes, y nos parecía que querían descabezar la dirección interna que teníamos o poner a los que consideraban más revoltosos en condiciones de mayor control. Especulábamos con las posibles causas de esa decisión de la dirección del penal, pues dejaron muchos compañeros valiosos y combativos en el Vivac y ello no nos permitía validar esas hipótesis. También supimos después que fue la primera medida de castigo por la serenata. El ambiente se estaba caldeando.

Se produjo el primero de agosto una situación explosiva por la suspensión de las visitas con el pretexto de un incidente ocurrido en la cárcel. Desde abajo, en la cárcel, nos gritaron nuestros compañeros demandando que los secundáramos en la protesta que iniciaban porque habían maltratado a los visitantes que acudieron a verlos ese día. Al rato, la protesta originada abajo se extendió. Protestaban los familiares afuera y los prisioneros dentro.

Tanto en el Vivac como en la cárcel se bloquearon los accesos con cuanta cosa aparecía, incluso con literas, y se empezaron a quemar colchonetas. En el Vivac también se bloqueó la puerta de la escalera al retirarse la guarnición y quedamos momentáneamente dueños de todo el recinto.

Desarmamos literas para disponer de tubos con que defendernos, demolimos paredes internas para tener piedras como proyectiles. De inmediato, empezó la represión. Del patio de la cárcel tiraban a los ventanales con fusiles y ametralladoras y con una 30 que emplazaron y cuyas ráfagas obligaban a agacharse. En la entrada del comedor se pusieron uno encima del otro como parapetos, a modo de inútil protección, los bancos utilizados para sentarnos en el almuerzo y la comida, pues las balas los atravesaban.

No demoró mucho la llegada de los esbirros más connotados de la capital, que acudieron con la flor y nata de sus asesinos. La balacera contra los prisioneros se incrementó.

Cuando al fin los sicarios ingresan al Vivac, después de habernos baleado a través de las ventanas y patios, se reinicia la balacera desde la entrada del pasillo y llegan hasta el cruce de los llamados Cuatro Caminos, por ser la entrada de cuatro galeras.

Allí, un cabo del SIM asesina con una ráfaga a quemarropa, en la entrada de la galera dos, a Vicente Ponce, penetra el cubículo, lo remata y dispara a mansalva contra todos los detenidos. Otros esbirros lo secundan. De la Rosa cae fulminado instantáneamente, y Reinaldo, con varios impactos en el pecho, avanza hacia ellos hasta que se desploma. Un grupo de heridos yace entre las literas mientras instintivamente otros tratan de agazaparse eludiendo la plomiza. Los sicarios disparan hacia los parapetos del comedor y se aprestan a avanzar para continuar la matanza.

Al fin se detiene el tiroteo contra los detenidos desarmados y  permiten que los heridos y muertos sean trasladados a la enfermería.

Al rato, se van retirando los sicarios y la policía de la prisión nos va conduciendo por grupos a las respectivas galeras, donde nos encierran.

Aunque también me encerraron en una galera logré salir, después de muchas negociaciones, aludiendo a mi condición de “enfermero”. No había ningún médico detenido y Alipio Zorrilla y yo, únicos estudiantes de Medicina, tratábamos de atender a nuestros compañeros en la enfermería. Alipio ya no estaba, pues fue uno de los que enviaron a la cárcel y ese era un argumento más para poder salir. Me “curé” con agua la herida del balazo en la cabeza, me prestaron unas chancletas y me vestí con un pulóver y un pantalón que encontré y que me quedaban grandes. También curé con agua a otros heridos, pues el merthiolate y el alcohol de la enfermería los usamos para prender las colchonetas. Ya se habían llevado a los muertos y algunos heridos.

Temíamos que a los heridos los llevaran al hospital de la policía, donde no sabíamos si realmente los iban a atender o los asesinarían, y prevaleció nuestro criterio de que solo salieran los heridos que debían realmente recibir atención hospitalaria, mientras que las heridas menores, como la mía, las atenderíamos entre nosotros. A los jerarcas de la policía les daba lo mismo, pues ya habían logrado castigarnos.

Al triunfar la Rvolución, se logró detener al asesino de Vicente Ponce. Parecía un alma en pena. Se entregó mansamente y sin resistencia. La desmoralización le quitó la arrogancia y altanería. Hablaba bajito, aunque se podía apreciar su primitivismo. Fue detenido e interrogado. Varias personas dijeron que se jactaba de haber matado a tres compañeros en el Vivac. Lo reconoció con desparpajo. Ya era teniente, pues aquel acto le valió dos ascensos en pocos meses. En su calabozo se fue desmoronando y le temblaban las manos cuando le trajeron la comida. Por un descuido no se le quitó la corbata cuando se le desarmó y se le retiró el cinto. Amaneció ahorcado, colgado con ella de la ventana.

También meses después de la victoria, Eddy Martin cometió un soberano “libretazo”, pues no lo consultó con nadie. Había mandado a dibujar en una sábana un retrato de Vicente a partir de una foto de carné. Alfredo Yabur, que fuera abogado de muchos de nosotros y era en ese momento ministro de Justicia, se había comprometido a hablar en el sencillo acto organizado, que se efectuaría después de la ronda de boxeo ese día. Fuera de la capital por un imprevisto urgente, Yabur no llegó a tiempo. Eddy Martín tuvo que convertirse en el orador.

También ese día se le entrecortó la voz, casi tartamudea y el tono grave de su tonalidad se alteró cuando anunció con solemnidad y mucho orgullo que a partir de ese momento “se había decidido” que el frontón de jai alai de Concordia y Consulado se denominaría, a partir de ese momento, Vicente Ponce Carrasco, en homenaje a un joven revolucionario cuyos sueños y sanas ambiciones fueron cercenados brutalmente, pero cuyas virtudes y ejemplo vivirían eternamente.

Un laboratorio en Boyeros y una escuela en San Miguel del Padrón llevan el nombre de Reinaldo, pero para muchos, cada vez que oímos a Carbonell recitando recordamos a aquel mulato fornido y fuerte que jovialmente declamaba imitándolo con acierto y gracia.

No sé si existe alguna fábrica o escuela que lleve el nombre de Roberto de la Rosa. Muchas veces me prometí ocuparme de rectificar este involuntario olvido, si es que es así, pero confieso que me acordé de él cuando nació mi primer hijo, pues cuando lo balearon mortalmente atinó a decir con preocupación instintiva: “Ay, mis hijos”, pensando tal vez en el futuro de esos niños en vísperas de su muerte.

Pero creo que su monumento definitivo no es ponerle su nombre a una obra, sino la propia Revolución por la que murió, la que les garantizó a ellos y a todos los niños de entonces y de ahora un futuro seguro.

Se han publicado 10 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • mercedes dijo:

    Los mártires de la Revolución no están ni olvidados ni muertos. !Gloria eterna a los caidos!

  • JOC dijo:

    Por eso y muchas cosas y cuestiones más de lo que significa la dignidad y la justicia social esos tiempos no volverán jamás porque defenderemos la Revolución al precio y sacrificio que sea necesario. A los patriotas y revolucionarios cubanos estemos siempre atento a cualquier acto y vandalimo de los enemigos de la Revolución. Esta obra grande y generosa nadie y nada podrá destruirla,nadie ni por su inmensa riqueza y ni por su inmenso poderio.Gloria Eterna a los Héroes y Mártires.

  • Guillermo Tell dijo:

    Que bueno que las jóvenes generaciones dedicaran un tiempito a leer historias como estas. Gloria eterna a nuestros héroes y mártires

  • Ernesto Limia Díaz dijo:

    Bellísima crónica. Me ha emocionado hasta las lágrimas. ¡Gloria eterna a nuestros mártires! Y honor para quienes como usted construyeron la obra que nos trajo hasta aquí, y se mantienen en la batalla con la misma fidelidad con que soñaron, sufrieron y estuvieron dispuestos a morir por ella.

  • @adriancamaguey dijo:

    Ni mercenarios ni el Imperio nos harán volver a esa barbarie.

  • Justicia dijo:

    Y qué pensar de los que hoy todavía afirman que Cuba en los años 50 era un paraíso ?
    Será por desconocimiento o infinita maldad ?
    Hay que seguir fortaleciendo el bando de los solidarios, de los buenos , de los agradecidos.
    No al individualismo, al neoliberalismo y al fascismo
    Viva Cuba !!!

  • freddy torres dijo:

    Excelente relato Giraldo, siempre el ayer como presente y futuro.

  • David dijo:

    Aunque por mi edad no lo conocí personalmente se que la triste historia del asesinato de Vicentico no concluyo ahí. Hay un pasaje muy poco conocido que merece ser comentado de lo ocurrido ese día.
    Cuando los familiares fueron impedidos de entrar a las visitas, ellos protestaron frente a la entrada de la cárcel.
    Cuando ocurre el tiroteo, los familiares afuera se indignaron y sabían que algo terrible estaba ocurriendo. Es ahí donde la madre de Vicentico, se lanza a las laderas de la cárcel que muchos deben conocer, y trepa por ellas en busca de su hijo. Fue arrestada y maltratada. La estirpe de las madres cubanas tampoco deben ser olvidadas.

  • Tubal Páez dijo:

    Justa esta rerordación de un hecho extraordinario de nuestra historia. Excelente y fiel relato de los hechos por un destacado combatiente clandestino. Cuarenta y ocho horas después, el domingo 3, ingresamos al vivac, que estaba en los altos del Castillo, un grupo de detenidos de Jaruco, acusados por actividades insurrecionales. El escenario era devastador: las señales del incendio, los impactos de bala en techos y rejas y las paredes, con las huellas en ellas de haber sido raspadas las banderas y consignas del Movimiento 26 de Julio dibujadas por los presos. En el patio, al lado de la galera 21, vi el muro semiderruido del cual los amotinados obtuvieron las piedras que lanzaron a los esbirros concentrados abajo en el exterior de la fortaleza. Recuerdo los testimonio de los heridos y los participantes, las narraciones de las ofensas y humillaciones, los simulacros de fusilamiento y sobre todo la ameneza de los asesinos de regresar, pero en ninguno de los compañeros percibí signos de lamentaciones y pesimismo o de abandonar la lucha y de dejar de exigir la solución de las demandas que motivaron la protesta. Los órganos represivos de la capital estaban furiosos en esos días por las derrotas sufridas en la Sierra Maestra, donde el Ejército Rebelde daba los golpes finales a la ofensiva de las fuerzas del tirano, cuyos soldados se rendían en masa, se curaban sus heridos y se entregan a la Cruz Roja, respetando su integridad física y moral, lo que constrastaba con "el nuevo acto de barbarie que supera su propio record de crínmenes -como dijo Radio Redende- al ametrallar colectivamente a los presos políticos del Castillo del Príncipe".

  • Memoria Cubana dijo:

    Una pregunta para el autor del artículo.
    Yo leí una historia parecida sobre una masacre en una prisión pero no recuerdo si fue en el Príncipe ni tampoco el año exacto.
    ¿Fue en esta masacre donde participó el connotado asesino coronel Conrado Carratalá disparándole a prisioneros a mansalva?

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Giraldo Mazola

Giraldo Mazola

Diplomático y periodista, colaborador de Cubadebate.

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