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VALIENTES: Los jóvenes del IPK que atendieron a los primeros casos de COVID-19

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Jóvenes del IPK que atendieron los primeros casos positivos a la COVID-19 en Cuba. Foto: Somos Jóvenes.

En algún momento entre las horas de la madrugada del 11 de marzo de 2019, José Alberto Rodríguez Bacallao se quitó los guantes para lavarse las manos, una rutina que repitió tantas veces como hizo falta durante las más de 24 horas de aquella jornada y que incluyó quitarse la sobre bata, el gorro y las gafas.

Hizo lo que suele hacer desde el 17 de septiembre de 2018, cuando comenzó a trabajar en la Sala de Cooinfección Tuberculosis VIH: aspiró el aire denso de las habitaciones cerradas y salió al pasillo, como si de un placentero paseo se tratara. No disponía de mucho tiempo para pensar. Logró aplacar el estado de excitación provocado por las sirenas de las ambulancias que no paraban de llegar aquella noche y disfrutó de aquellos escasos segundos de calma. No hubo tiempo para pegar un ojo.

Tener 35 años y ser Médico Especialista en Medicina Interna de una de las salas del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK) exige sacrificios. Durante las once noches siguientes, dormir al menos cuatro horas, sería un lujo. Aunque ya estaba acostumbrado a las madrugadas de guardia en el hospital –llevaba bastante tiempo cumpliendo con un régimen de 24 horas de trabajo por 72 de descanso– y permanecer por largos periodos separado de su familia, lo que se avecinaba exigía un sacrificio superior. A las 7:55 p.m. de aquel agitado día recibió la noticia de que los tres italianos provenientes de Lombardía, los cuales fueron recibidos por la doctora Odalis Marrero y habían sido aislados desde la noche anterior, resultaron positivos para Covid-19.

Todos en el IPK esperaban esa posibilidad en cualquier momento. Llevaban semanas de preparación. No les tomó por sorpresa que los primeros casos llegaran precisamente de Italia, el país de Europa que en ese momento tenía la más compleja situación epidemiológica durante la pandemia de Coronavirus SARS-CoV-2.

Cuando lo supo, la doctora Nuris Liem Herrera Marrero recordó haber recorrido esa ciudad mil veces leyendo la hermosa novela Corazón, de Edmundo de Amicis. Esa misma noche ella le escribió un mensaje a su compañera de la universidad: “Eres la mejor AMIGA del mundo. T kiero tanto como a mi hermana Lisandra. Kiero q no dejes de darle vueltas a mi madre. Mañana tengo que albergarme en el IPK”. Lo hizo con rapidez, acortando palabras para ahorrar los caracteres.

Existía la posibilidad de que la angustia se generalizara y se convirtiera en un padecimiento más de la sociedad. Alguien debía detener el avance del virus. Sus compañeros en el IPK aguardaban por su presencia. Preparó una jaba grande con lo elemental. Realizó unas llamas pendientes a familiares, colegas y hasta a pacientes que habían llamado antes preocupados. Debía comunicarse con ellos. Repitió su juramento ante los más allegados y todos le desearon muchas fuerzas y salud. “Quién mejor que tú para vencerlo”, le decían. Entre tantos mensajes de aliento, no faltaron las palabras de Fe: “Que Dios te proteja”.

Aquella noche del 11 de marzo, Nuris visitaba a su tía en la barriada del Vedado. Desde allí, y luego de pasar toda la madrugada del día 12 sin dormir, partió hacia el hospital. Pasó la noche recibiendo y respondiendo mensajes de Bacallao. Cada una hora él le comunicaba cuántos casos con enfermedades respiratorias de cualquier lugar de La Habana y del país se recibían. Él la mantenía al tanto: “Acaban de llegar dos ambulancias más”. Ella le alentaba otro tanto: “Fuerza hermano, aguanta un poco más que en breve estoy ahí”.

La madrugada estaba fresca cuando salió a la calle. Llevaba la ropa más cómoda de la percha, un bulto bajo el brazo y un montón de incertidumbres en la cabeza. Pensaba en sus abuelas y en sus tías “que son viejitas”, escribiría en su diario después, “se me oprimía el pecho por mis sobrinitas”.

La entrada del SARS-CoV-2 al país era inevitable y cualquiera de aquel montón de casos que ya estaban hospitalizados podía dar positivo para la COVID-19.

Apenas amanecía cuando se acercó a la garita de la entrada. Una señora salió a su encuentro y le preguntó: “¿Es usted la doctora Nuris?”. Comenzó a ponerse tensa porque recordó que no llevaba el pase encima. Supuso un inevitable regaño. Respondió con seguridad: “Soy parte de la guardia de Coronavirus”. La señora con amabilidad le indicó dirigirse de inmediato al teatro principal de la institución. Allí la esperaban. Mientras lo hacía pensaba que quizás no repetiría ese tipo de encuentros por al menos tres meses. Minutos más tarde llegó el doctor Jorge Luis Valdés Fuster. Nadie más podría entrar al hospital. La reunión fue breve y precisa. De ahí se trasladaron a una segunda reunión en el teatro del hospital, donde habitualmente se realizan las entregas de guardia.

El instituto está dividido estructuralmente en dos partes. A la izquierda los laboratorios. A la derecha el hospital. La afluencia de personal entre ambos edificios disminuiría desde ese instante. Los últimos dos días habían sido difíciles y luego de la aparición de los primeros casos positivos, se tornarían peores.

Nuris, Jorge Luis y José Alberto. Foto: cortesía de los entrevistados.

Durante la mañana del 12 de marzo se conformó el primer equipo médico para la atención directa médico-paciente para los casos positivos. Estaría compuesto por cuatro médicos, dos maestrantes en infectología (un Ortopédico y un Pediatra), la doctora Nuris en la sala E y el doctor Jorge Luis en el Centro de Recepción de Ingresos (CRI), una consulta acondicionada para clasificar a los pacientes que arriban al instituto.

Rayando al mediodía comenzaron a llegar nuevas ambulancias. Luego de colocarse el uniforme verde, las gafas, los guantes y el nasobuco, comenzó a evaluar pacientes.

Los criterios que definen a los casos sospechosos no constituyen una camisa de fuerza. La medicina no es una ciencia tan exacta. Durante la primera semana los pacientes de COVID-19 son asintomáticos desde el punto de vista clínico y peligrosamente transmisores desde el punto de vista epidemiológico. No es posible enmarcar un síntoma a un día específico. Puede haber fiebre o no durante la primera semana, malestar general, problemas digestivos o complicaciones respiratorias.

A las 7:55 p.m. les avisan de la aparición del cuarto caso. Correspondía a un paciente masculino de Villa Clara. Nuris Liem se encargaría de ofrecerles, a los tres italianos y su contacto y al villaclareño y su esposa, el tratamiento establecido por los protocolos cubanos.

Cerca de la medianoche de aquel primer día, el administrativo de guardia superior informaría a los tres médicos la llegada de la ambulancia número 79. Cada una había llegado con al menos cuatro pacientes. El espacio en las salas empezaría a reducirse. El Ministerio de Salud Pública manejaba la alternativa de enviar los nuevos casos al Hospital Naval.

Durante la madrugada del 13 de marzo el IPK recibiría 8 ambulancias más.

Ese día Jorge Luis se acostó a dormir a las 5:30 a.m. Cuatro horas después tendría su primer contacto con un caso positivo de Covid-19. Antes de conciliar el sueño pensó en su familia. Ya no regresaría a casa como esperaba su esposa. El 11 de marzo ella le había preparado un reducido equipaje creyendo que la víspera sería una guardia más.

Aquella noche Jorgito llegó a su casa en Santiago de las Vegas en el horario habitual. Acostumbra coger la botella a un taxista al servicio de CubaRon, quien lo recoge religiosamente a las 6:00 p.m. El recorrido incluye saludar a unos vecinos que juegan dominó bajo el poste de la esquina. Ese grupo de hombres que no paraba de interrogarlo: “¿Cuándo va a llegar eso a Cuba? ¿Estamos preparados para enfrentarlo? ¿Nos vamos a morir?” A lo que él siempre contestó: “Cuando eso llegue ustedes van a ser los primeros en enterarse porque no me van a ver por el barrio en largo tiempo”.

Ese día no hizo escala. Pasó casi corriendo. “Jorgi, ¿ya?”, le preguntaron. “Hay q ver el noticiero”, atinó a contestarles. Al llegar a casa todos sabían que no traía buenas nuevas. Reunió a toda la familia para comentarles la circunstancia. Preparó el baño. Cuando estaba a medio afeitar en el Noticiero Nacional de Televisión daban la noticia: Nota Informativa sobre primeros casos de COVID-19 en Cuba.

Terminó de raparse y de repente la niña comenzó a llorar por su ex-papá. Nunca lo había visto sin pelos en la cara. Recordó que traía una botella de Añejo Especial en el bolso, regalo de un paciente. Salió al portal con dos vasos. Allí le esperaba su suegro. Luego de la primera línea se unirían dos amigos que llamaron inquietos por lo que el país acababa de conocer. Su esposa lloró toda la noche. Roto por dentro, no tuvo más remedio que hacer de tripas corazón: “No pasa nada. No va a pasar nada”.

El 13 de marzo el doctor Jorge Luis despertó a las 8:00 a.m. Dormían en la sala H en el quinto piso. Los positivos estaban en la sala E en el cuarto piso y los sospechosos en la B en el tercero. A las 3:00 p.m. tocaba visita. Se ubicaban en hileras, uno detrás de otro. Jorgito fue el último. Antes de entrar se abrochaban las batas unos a otros. Se revisaban y corregían el Equipo de Protección Personal mutuamente. En los cubículos de aislamiento un enemigo invisible les aguardó durante los diez días posteriores.

El equipo que atendió directamente a los primeros casos positivos a la COVID-19 en Cuba lo completaron los enfermeros Ari Ernesto Medina Rodríguez (22 años) y Oyantay Ricardo Vega (23 años) y las jefas de sala, las enfermeras Cristina Pérez Estévez (56 años) e Ileana Santisteban Chivas (53 años).

El 22 de marzo serían relevados por primera vez por una segunda tripulación de médicos y enfermeros. Más tarde fueron trasladados a una residencia estudiantil del Ministerio de Salud Pública en la periferia de La Habana, donde pudieron acomodarse, bañarse con tranquilidad e incluso perfumarse. Desinfectaban sus celulares con gel antibacterial a base de alcohol al 70 %. Tocaba procrastinar un poco y recuperar fuerzas para regresar.

Encendieron los datos y salieron al pasillo a cazar la señal. Luego de varios intentos comenzaron a llegar decenas de mensajes a WhatsApp y Messenger. Uno de ellos decía: “Hola. Mi nombre es Manuel Alejandro, soy periodista de la Revista Somos Jóvenes y quiero hacerle algunas preguntas”.

José Alberto Rodríguez Bacallao, médico del IPK. Foto: Cortesía del entrevistado

José Alberto, jefe de la tripulación, respondió inmediatamente por todos: Disculpe, permítame preguntarle algo primero, ¿quién le facilitó mi contacto?

Luego de algunas explicaciones, accedieron a responder una primera pregunta. Después todo lo demás fue una entusiasta conversación grupal de unas ocho horas.

José Alberto: Disculpe la desconfianza es que las redes sociales se prestan para manipular mucha información.

-La madrugada del 11 de marzo llegan los primeros casos de uno de los Coronavirus más complejos que ha conocido la historia de la virología. ¿Cuál fue su reacción al ver como empezaban a llegar tantas ambulancias en tan pocas horas?

José Alberto: Llegaron de todas partes, de La Habana, de Mayabeque, de Artemisa. Una tras otra. Existía la posibilidad de que apareciera un caso positivo en cualquier momento. Habíamos recibido un buen entrenamiento desde que el virus apareció en China con información actualizada inmediata desde que se declaró Epidemia y luego Pandemia. Estábamos preparados, y creíamos que también protegidos, pero cualquier precaución era poca. Las más de cien personas que llegaron esa noche fueron evaluadas al momento, aquellos que cumplían con la definición de sospechoso las tratamos como tal y las trasladamos a las salas designadas para ello. El resto fueron regresados a su área de atención. Así está escrito en el Protocolo de nuestro hospital.

-Un Protocolo que exige una determinada vestimenta y forma de actuar…

José Alberto: El uniforme verde que sale en las fotos solo se utiliza en las salas de sospechosos. Siempre se llevan gafas, gorro, guantes y nasobucos de tela. En los cubículos de aislamiento se exige llevar además la sobrebata y el nasobuco N95. Así se minimiza muchísimo la posibilidad de contagio. Antes de salir de la sala de aislamiento respiratorio había que bañarse durante más de 15 minutos. En ocasiones tuvimos que cambiarnos de ropa más de dos veces para poder salir de la sala.

Oyantay Ricardo: Lo que sí no puedes quitarte nunca dentro del hospital, no importa donde estés, son los nasobucos.

-¿Cómo supieron la noticia de la identificación del primer caso positivo?

José Alberto: Estaba en la oficina de la sala en la que trabajo. Me llamaron mis superiores y el director de hospitalización me informó que tres de los casos sospechosos dieron positivo. Había que informarles a los pacientes personalmente antes de que se enteraran por los medios de comunicación oficiales. Portador de malas noticias, también me tocó informarles días después que al que habíamos trasladado a terapia de ellos, había fallecido. Ambos momentos han sido los más difíciles de toda mi carrera profesional. Jorge Luis y Nuris se enteraron por el Noticiero.

-¿Cómo se reacciona ante un caso positivo de COVID-19?

José Alberto: No nos tomó por sorpresa que los primeros casos positivos provinieran de Italia, país con una situación epidemiológica complicada. Después de haber recibido los cursos de la preparación correspondiente no cabía lugar a la duda, ni al miedo para atender esos casos.

Jorge Luis: Los cuatro primeros pacientes eran dos matrimonios. Tres positivos y un altamente sospechoso. Las mujeres, hermanas. A simple vista los cuatro permanecían sin síntomas. Nos saludaban con respeto y con mucho miedo en la mirada. Buscaban identificar los rostros de sus salvadores, escondidos detrás de caretas, gorros y nasobucos. Aquellos primeros italianos se fueron de Cuba sin ver el rostro de los médicos y enfermeros que los atendieron.

Nuris Liem: Fue una experiencia linda nuestras conversaciones con aquellos italianos. A todo respondían con una educación y gentileza. No tenían dominio del español. Por todo decían Grazie. El cuarto fue el joven cubano de Villa Clara, un poco rebelde, pero me las ingenio bien con los rebeldes.

Oyantay Ricardo Vega: La experiencia fue complicada para nosotros que tenemos 22 años. Pero nos cuidábamos mucho. Tomamos como prioridad el lavado de manos. Evitamos permanecer reunidos. Nos auto-aislamos. Había que enfrentar esa situación con responsabilidad, por el país, por el instituto, por la humanidad, por el pueblo cubano. Hoy nos satisface el honor del deber cumplido.

-¿Cómo actúan los nervios en ese momento?

José Alberto: Nervios no sentíamos. Pudo haber un poco de temor por momentos, pero había que cumplir con el deber. El resultado de la situación dependía de cómo uno actuara. Había que resolver un problema de salud grave. El deber te sobrepone a todos los miedos e incertidumbres que pudieran aparecer. No estábamos nerviosos, pero tampoco nos sentíamos poderosos e invencibles. Al conocer la información sobre los primeros casos positivos repasé todas las medidas de protección para hacer bien mi trabajo y así evitar el contagio. Actué confiado. Los nervios no cabían en ese momento. Es como si se activara un mecanismo de defensa natural. También, después de pasar dos años en África se les pierde el miedo a muchas cosas.

Nuris Liem: Los nervios se quemaron de inmediato, apenas atravesé aquel cristal. He vivido este proceso como si fuera mi asunto personal más urgente.

-¿Qué medidas se toman inmediatamente?

José Alberto: Antes de que la Pandemia llegara a Cuba trabajaba junto con Jorge Luis en la Sala de asilamiento respiratorio de Cooinfección por Tuberculosis en Pacientes positivos al VIH. Estamos bastante familiarizados con las medidas de protección. A todos los casos sospechosos los tratamos como si fueran positivos desde el punto de vista epidemiológico. Conocemos lo que enfrentamos, su virulencia, y lo que pasa una vez infectados, llegado el caso. Sabiendo eso y cómo protegernos se minimizan los riesgos.

Oyantay Ricardo: Lo más importante es respetar las normas de bioseguridad que están redactadas en el protocolo de actuación, donde se deja claro cómo proceder ante los sospechosos y cómo utilizar los medios de protección.

-El trabajo que realizan, ¿lo hacen por imposición, porque les toca y no hay más nadie, porque les gusta y de verdad quieren hacerlo?

José Alberto: Estudié medicina porque sentí vocación hacia ello, porque me gusta. Nada en nuestra profesión es impuesto. La medicina es apasionante. No me imagino haciendo otra cosa. Aquel colega que tenga miedo a enfermarse o a ser contagiado no podrá nunca realizar bien su labor, porque los riesgos existen. Muchos médicos cubanos se han infectado por disímiles causas dentro y fuera del país. Otros han perdido la vida. Eso nos enseña a cuidarnos más y a protegernos más, siempre siguiendo las medidas establecidas y cumpliendo a cabalidad los protocolos establecidos. Repito: No hay nada impuesto en toda la labor que realiza el personal médico del IPK, que está volcado de lleno en la atención a la Pandemia.

Jorge Luis: Ningún médico ha sido obligado a atender estos casos. De hecho, ya desde antes y conociendo que los mayores de 50 años tenían mayor riesgo, los más jóvenes sabíamos que nos tocaría la labor asistencial. De ellos agradecemos su experiencia. Somos médicos de un hospital dedicado a enfermedades infecciosas. Debíamos ser nosotros, sin indicaciones, los que entráramos en acción. Cuando digo esto, también hablo del segundo equipo. Los que nos relevaron.

-¿Qué consejos le darías a los jóvenes en estos momentos, a tus compañeros de trabajo, a tus colegas en todas partes de Cuba y el mundo, a los socios del barrio que escuchan la misma música que tú, a tu gente, a los q como tú tienen 35 años hoy en Cuba?

José Alberto: Que sigan escuchando su música pero que se mantengan informados, que cumplan a cabalidad las medidas de aislamiento social que se dicten, así evitamos la transmisión local. Por eso hay que cuidarse, informarse, estar atento a las notas del Ministerio de Salud Pública. No provocar concentraciones de personas, salir lo menos posible, no frecuentar lugares públicos. Y tener fe en el sistema de salud pública cubano que siempre ha luchado por garantizar la salud y por mantener informado al pueblo.

Estamos trabajando y no dejaremos de hacerlo. De manera anónima, a veces imperceptible. Pocos son los segundos que dura la sirena de la ambulancia en la calle, pero muchas son las horas que permanecemos despiertos, y más son los días que demoran en recuperarse los pacientes. Salvémonos entre todos. Cuidémonos y evitemos que la enfermedad se propague. Los médicos velamos por el paciente en el hospital, afuera las personas deben atajar las complicaciones a tiempo. Así salvamos vidas, promovemos salud.

Ari Ernesto: El cubano, a veces, es cabeza dura. Cuando vivan la experiencia de cerca es cuando se lamentarán. Les pido que se cuiden. Por lo menos nosotros sabemos quién es quién allá adentro. Afuera nadie lo sabe.

*El doctor José Alberto Rodríguez Bacallao trabajó durante dos años como Especialista de Medicina Interna en el Deborah Retief Memorial Hospital, a 40 kilómetros de Gaborone, capital de Botswana, al sur de África.

(Tomado de Somos Jóvenes)

Se han publicado 149 comentarios



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  • El Migue dijo:

    Que jovenes mas barbaros, merecen todo el respeto de Cuba y el mundo.

    • Trocha R dijo:

      Ustedes, jóvenes médicos, son los gladiadores de la vida, son los que hacen sentir a sus pacientes como si fueran su ángel de la guarda; en ustedes ellos depositan su fe, después de Dios, porque al ser tan valientes, aquí en la patria de Martí y Fidel nos sentimos y nos sentiremos contentos tenerlos junto al glorioso pueblo cubano que los contempla orgullosos.

      • Manuel Eduardo Polanco Pérez dijo:

        En medio de esta pandemia, del justificado temor, de los injustificados errores que cometemos y que solo tiene como atenuante el desconocimiento, a pesar de las tantas informaciones sobre cómo protegernos para no contraer el COVID-19; siempre se discute en buena lid sobre diferentes temas alrededor del que trato en este momento.
        Y ayer surgió una pregunta, que nos llevó a un buen rato de debate y a emitir opiniones que le surgía a cada miembro del grupo, desacertadas o no, pero siempre con un buen objetivo. Y como no arribamos a una conclusión pues me dirijo al periodista que escribió el trabajo publicado en CUBADEBATE titulado: VALIENTES: Los jóvenes del IPK que atendieron a los primeros casos de COVID-19
        La pregunta lanzada al aire consiste en ¿Cómo se alimentan o efectúan sus necesidades fisiológicas estos aguerridos y jóvenes médicos una vez ataviados con el más hermético traje de protección. Sí, ese traje con el que aparece retratado José Alberto Rodríguez Bacallao en un turno de 24 horas.
        Y de inmediato surgieron otro grupo de preguntas:
        - Cada vez que se desvisten deben bañarse por espacio de 15 minutos.
        - Quién los ayuda a desvestirse
        - Se desechan o no estos trajes, de que material están hechos.
        - Cuando terminan, con sus necesidades alimentarias y fisiológica ¿hacia qué área se dirigen para vestirse y entrar nuevamente a la sala?
        Periodista Manuel Alejandro Hernández, me parece un buen tema para hacer otra entrevista al personal que labora en cualquiera de los centros hospitalarios donde se encuentran ingresados los enfermos por Coronavirus.
        Reciba mi más sincero respeto que hago extensivo a todo el personal médico, enfermeros (as), técnicos y otras especialidades que se encuentran inmersos en esta estoica tarea.

  • yenisey dijo:

    Muchas gracias. Ustedes son y seran los verdaderos heroes de esta triste historia que impera hoy en el mundo. y muchas felicidades por la valiosa labor que desempeñan y sobre todo `por la valentia que la desarrollan.

  • yenisey dijo:

    Muchas gracias. Ustedes son y seran los verdaderos heroes de esta triste historia que impera hoy en el mundo. y muchas felicidades por la valiosa labor que desempeñan y sobre todo `por la valentia con que la desarrollan.

  • Natacha dijo:

    Fuerza y valor para seguir adelante en la honrosa laboral de salvar vidas.

  • Lgc dijo:

    Gracias

  • yusel dijo:

    Orgullosa de nuestros jóvenes revolucionarios, dan muestras del altruismo que representa ser médico. Que Dios me los proteja siempre y continúen cuidándose, son nuestro futuro y esperanza. GRACIAS A TODOS!!!

    • Addiel dijo:

      Hola

  • Lissette Ftes dijo:

    Hermoso trabajo del periodista. Todo lo que se haga para enaltecer a nuestro personal de la salud es poco. Se merecen el reconocimiento mundial.
    Estos jóvenes pueden sentirse orgullosos del trabajo realizado. Yo me siento orgullosa de ser cubana como ellos y de saber que nuestro líder de siempre no se equivocó cuando dijo que éramos una potencia médica. Segura estoy de que no se refería a la cantidad de médicos sino a la calidad humana que tienen nuestros profesionales y técnicos de la salud.
    Gracias por existir.

  • Rafael Emilio Cervantes Martínez dijo:

    Excelente trabajo, gracias. Nos revela la grandeza humana de éstos jóvenes y de la institución a la que pertenecen. Lejos de ése escenario no podemos tener una idea cercana de los desafíos que enfrentan combatiendo cada potencial epidemia en su germen, porque ése es el lugar que ocupan como líderes en el país y de reconocido prestigio internacional. Allí se han preparado misiones de tanta trascendencia como la que enfrentó el Ebola en África. Esq compay, que ésa es la Cuba que predijo Fidel, la de mujeres y hombres de Ciencia y de Pensamiento. Abrazos fuertes para ustedes no importa la distancia.

  • Norma dijo:

    HÉROES VALIENTES DE NUESTRA CUBA BELLA. GRACIAS!!!!!!!!!!!!!!!!

  • Ivis dijo:

    Somos como nos enseñó Fidel, solidarios, humanos y llenos de valores y esperanzas q nos ayudan a seguir y vencer. Adelante Cuba, saldremos de esta.
    Gracias a todo el personal de salud, son héroes.

  • Jose Ernesto Boffil dijo:

    Mientras tengamos jovenes como ustedes, alegres, responsables y profundos, la batalla por la vida esta garantizada, gracias y un fuerte y extenso aplauso para estos heroes anonimos, pero al final heroes de la patria

  • Milagros dijo:

    Mis repetos para esos jóvenes de batas blancas. El futuro de las ciencias en Cuba está garantizado.

  • Capricornio dijo:

    Ustedes son unos verdaderos valerosos, el pueblo de Cuba y el resto del mundo se deben quitar el sombrero delante de ustedes pues merecen todo nuestro aprecio y respeto. mis más siceras felicitaciones desde el fondo de mi corazón, no se podía esperar otra cosa de ustedes porque llevan en sí el decoro de muchos otros médicos que se la juegan igual que ustedes. FELICIDADES!

  • YAS dijo:

    Felicidades para ellos.
    Se lo merecen

  • gpg dijo:

    A cojones limpios, que grande

  • DTM dijo:

    Saludos y cuídense.

  • Raquel dijo:

    Maravillosa labor,Felicidades y muchas gracias por los grandes esfuerzos q realizan

  • Reyda Gonzalez Ramirez dijo:

    Orgullosa de tener jovenes tan valiosos, me han sacado las lagrimas y todos unidos podremos eliminar esta tragedia que vive el mundo cumpliendo todo lo orientado por nuestro grandioso sistema de salud, gracias a todos, Orgullosa de mi Cuba.

  • sonia dijo:

    ESO ES PARA QUE COMPRUEBEN COMO DICEN ALGUNOS LA JUVENTUD ESTA ECHADA A PERDER, VIVO EJEMPLO DE LO VALIENTE Y AGRADECIDOS, ESOS SON LOS JOVENES CUBANOS FORMADOS POR NUESTRA REVOLUCION , EL FUTURO DE LA PATRIA ESTA SEGURO CON JOVENES COMO ELLOS, LOS FELICITO Y ADELANTE.

  • Kenia dijo:

    SON LO MAXIMOS NUESTROS MEDICOS ESTAMOS ORGULLOSOS DE USTEDES

  • Frank dijo:

    Y así hay quienes meten a todos los jóvenes en el mismo saco ... ¡qué talentos, qué íntegros ... ! Con ustedes el futuro está asegurado. ¡Adelante profetas de la aurora!

  • yisel D. dijo:

    Mis respetos para ustedes guerreros de estos tiempos de ¨colera¨,(por llamarlos de alguna manera)¡ un viva por ustedes! y para todos aquellos que estan luchando para salvar a tantas vidas. Gracias.

  • betty58 dijo:

    Muchas felicidades por ese hermoso trabajo que realizan, por favor cuidense y que Dios los bendiga.

  • ILEANA SIERRA dijo:

    QUE ORGULLO LEER ESTE REPORTAJE DE NUESTROS JÓVENES MÉDICOS ENFERMEROS, INVESTIGADORES Y TÉCNICOS QUE LUCHAN DIARIAMENTE POR SALVAR VIDAS, SIGAN ADELANTE SU EJEMPLO NOS ENALTECE Y USTEDES SON DE LOS QUE CREEN Y ESTÁN CONVENCIDOS COMO DIJO FITO PÁEZ QUE NADA ESTÁ PERDIDO Y TODOS LOS DÍAS OFRECEN SU CORAZÓN.DEBERÍA PUBLICARSE ESTE ARTÍCULO EN JUVENTUD REBELDE ES TODA UNA ENSEÑANZA , GRACIAS A MANUEL ALEJANDRO.VIVA CUBA Y SUS JÓVENES TALENTOSOS Y REVOLUCIONARIOS.

  • Nelson dijo:

    Que no les quepa dudas que admiramos la labor que realizan, y que tanto el pueblo de Cuba como el resto del mundo vivirán agradecidos de su trabajo, por la dedicación, valentía y solidaridad con que lo asumen día a día. Mi respeto para ustedes y para todo el personal que hoy trabaja en función de eliminar esta pandemia en nuestro país y en el mundo.

  • adys dijo:

    Grandes y verdaderos héroes, son los médicos que enfrentan tan cerca esta terrible epidemia.#Cuba Salva.

  • Liana dijo:

    No hay palabras para definir la actuación de nuestro equipo,pero sin dudas muchas gracias y su debido reconocimiento,aunque contemos aún con una gran parte de la población que no tiene la debida percepción del riesgo que corren y ponen en peligro día a día su salud y la de otros

  • Armando Enrique dijo:

    Esta situación mundial está dejando ver muchas cosas como:
    1. Hoy nos damos cuentas que los médicos son más importante que los futbolistas.
    2. El cantar de las aves se escucha con más claridad motivado por la disminución del ruido del transporte urbano.
    3. Animales salvajes se acercan a las ciudades motivado por la tranquilidad que hay en ellas.
    4. Lamentablemente el egoísmo aflora en muchas personas, en especial las acaparadoras y malsanas revendedoras, también en los oportunistas.
    5. Hoy se ve lo frágil que es el ser humano.
    6. Las muestras de solidaridad se hacen más latentes. Hoy muchos vecinos se ayudan y rezan por que acabe esta pesadilla.
    7. Del agujero en la capa de ozono no se habla, pero las noticias deben ser bien alentadoras.
    8. Hoy se lucha sin armamentos bélicos para ganar esta tercera guerra mundial.
    9. Con toda seguridad, las abejas estarán produciendo en sus colmenas la mejor miel del mundo. Miel con puro polen, sin contaminación.
    10. Los cielos grises y contaminados de muchos países hoy se están dejando ver con tonos azules.
    11. Hoy la lluvia es más limpia.
    12. Hoy el viento trae olores silvestres y saludables.
    13. Hoy nos damos cuenta que ningún sacerdote nos puede salvar la vida y que somos nosotros mismos los que tenemos que saber escuchar el mensaje de Dios, de ser buenos entre todos, de cuidar de nuestra alimentación sin excesos y velar por nuestra higiene personal.
    Desechemos los aspectos negativos y tomemos conciencia de la necesidad de salvar al mundo. No a la contaminación y al egoísmo. Recordemos que solo tenemos este planeta para vivir. Pueden haber otros, pero aún no se nos han enseñado.

    • PsicoJen dijo:

      Muy de acuerdo con usted. Esta pandemia ha dejado al descubierto tantas cosas.
      Los aplausos a las 9pm de nuestra Cuba son para tantas personas anónimas, para nuestra sensibilidad para alentar nuestra fuerza.
      A ustedes gracias.

  • Bélgica Romero dijo:

    Felicidades a todo el personal de la salud q dentro y fuera de Cuba son los protagonistas de esta triste realidad que nos ha tocado vivir y con coraje y valentía los protegerán del coronavirus .Gracias por su sacrificio

  • ABEL FERNANDEZ GARCIA dijo:

    Fuerza!!!!! , los aplausos recibidos anoche por los vecinos de mi cuadra y los de tantas otras cuadras de nuestra isla, los mismos aplausos que dieron en Italia, Espana y otros tantos lugares al paso de nuestros coilaboradores es el mayor premio que podemos recibir. Ustedes que valientemente estan en la primer trinchera, los que trabajamos en la atención secundaria y los de la primaria, cada quien , juegamos un papel importante y desisorio , en estos tiempos donde ser profesional de la salud mas que una vocación es una desición heróica e irrevocable, con mucho altruismo y una satisfacción donde se te hinchan las arterias y se dilata el corazón a punto de estallar.
    GRACIAS , MUCHGAS GRACIAS, a ustedes , a otros como ustedes y hasta a mi mismo pues si naciera nuevamente volveria a ser medico.

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Manuel Alejandro Hernández

Periodista de Somos Jóvenes.

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