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“El diario de René”: Entre los participantes en este drama, somos los que más penurias pasamos

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Hoy es viernes 1 de diciembre y te debo tres días. Nos vamos acostumbrando al ritmo de trabajo, y a pesar de que, de entre los participantes en este drama, somos los que más penurias pasamos, la motivación nos está dando energías y nos sentimos bien al final de la jornada. En el momento en que te hago estas líneas tengo deseos de bajar a la Corte el sábado y el domingo para seguir luchando.

El miércoles 29 de noviembre comienza amenizado por la admonición de la víspera por parte de la jueza, en relación con el uso de la traducción. Antes de entrar en los detalles, te contaré las circunstancias que nos obligan a entablar debates durante los traslados hacia y desde la Corte.

Generalmente nos levantan a las cuatro y media de la mañana para que, quienes quieran hacerlo, se bañen. Alrededor de las cinco y media nos recogen en el piso para llevarnos a unas celdas de espera, donde agrupan a todos los que irán a la Corte ese día, que promedian entre cincuenta y setenta personas.

De esa celda de tránsito nos llevan a los vestidores o desvestidores, como se les quiera llamar, donde nos desnudan y nos registran, para después cambiar la ropa de la cárcel por la de la Corte. Ese es el momento en que nos ponemos la ropa que nos consiguió mami. Una vez vestidos, nos llevan a otra celda de espera –después de recoger en el camino un cartucho con el desayuno–, en la que permanecemos hasta que los alguaciles de la Corte nos vienen a buscar, alrededor de las siete de la mañana, así que la estancia allí es de alrededor de una hora.

Al llegar, los alguaciles nos encadenan por la cintura con las manos al frente esposadas a la cadena, entonces se produce el traslado de todo el personal hasta el edificio de la Corte, donde se nos pone en otra celda de espera –eufemismo por perrera, que es más apropiado– hasta que cada cual es llamado a la sala. En este traslado se mueven todos los prisioneros que van en fila por un laberinto de pasillos y son puestos juntos en esa celda-perrera de espera por horas, en dependencia de cuán tarde o temprano es su turno en la Corte. Las condiciones son bastante asfixiantes y las celdas se mantienen superpobladas, algunos durmiendo en el piso y otros de pie. Hemos pasado por esta experiencia en incontables ocasiones durante estos dos años, debido a la manipulación que el gobierno hizo de la evidencia para obligarnos a bajar cada vez que quisiéramos revisarla. Realmente esta etapa en las celdas de espera es extenuante y nos obliga a matar el tiempo con alguna que otra discusión banal a la que dedicamos horas, sin llegar a ningún acuerdo. Eso sí, nos reímos mucho, discutimos acaloradamente como si estuviéramos arreglando el mundo y logramos que el tiempo se nos vaya rápido.

En estas circunstancias aparece el tema del uso de la traducción, que la jueza señaló a los abogados el día anterior. Gerardo opina que debemos hacer uso de la traducción, porque la podríamos necesitar durante el juicio cuando los temas sean más complejos. Por otro lado, todos tenemos un poco de pena con las traductoras, pues nos parece que se pueden sentir mal si están traduciendo sin que nadie las escuche. Campa dice que puede usar audífonos para solidarizarse con Gerardo; y Gerardo dice que él también podría prescindir de los audífonos y que si los usa es para mantener el servicio y porque cree que, cuando el juicio comience, sí los vamos a necesitar.

Campa se planta: “Yo iba a usarlos para solidarizarme contigo, pero ahora no voy a usar nada”. Se arma la discusión sobre qué es mejor: si preguntar a las traductoras en qué medida las afecta que no usemos los audífonos, si explicarle a la jueza que podría prescindir del servicio de traducción hasta que estemos en el juicio, o si usar los audífonos alternativamente, entre los cinco, para quedar bien tanto con las traductoras como con la jueza. Pero, como siempre, llega el momento de irnos a la Corte sin arribar a ninguna conclusión.

A las 8:45 a. m. comienza la sesión con una discusión sobre las deposiciones en Cuba. La jueza quiere que la Fiscalía presente sus objeciones a los testimonios tomados allá y que los abogados presenten su respuesta a dichas objeciones. Espero que resulte interesante y quisiera ver cómo reacciona la jueza cuando sepa cómo la Fiscalía saboteó las deposiciones sin ninguna ética.

A las 9:30 entra el cuarto panel de jurados, formado esta vez por veintinueve personas. Y cuando la jueza informa el calendario del juicio, seis potenciales jurados plantean problemas de disponibilidad.

Ante las preguntas individuales se presenta el siguiente panorama:

  • Uno no quiere saber de la policía.
  • A otro un policía lo asaltó y los demás trataron de encubrirlo.
  • Otro no quiere saber de ningún gobierno: “El de los Estados Unidos porque apoya a los palestinos y el de Cuba porque Castro fue aliado de Sadam Hussein en la guerra del Golfo”, dice, bendecido por la ignorancia.
  • Otra conoce a Marlene Alejandre, esposa de Armando Alejandre.
  • Otro conoce a José Basulto.

Al final se produce el side bar requerido y se excusa a cinco con causa, entre ellos al que conoce a Basulto, quien al parecer ha ido a su iglesia para “educar” al grupo juvenil de la parroquia.

A la 1:30 p. m. termina la sesión para comenzar con el quinto y último grupo a las 2:30 de la tarde. Este otro panel es de treinta y nueve personas y en él aparece la señora Mercedes Pérez, del Movimiento Democracia. No sé si recuerdas a la señora Pérez, ella y su esposo eran uno de los matrimonios del Movimiento. Eran la pareja de mayor edad, tal vez un poco mayores que Marcelino, y muy callados. Mercedes y yo nos reconocimos desde el momento en que ella entró, pero ninguno de los dos lo dejó entrever con algún gesto.

Ante las preguntas generales, este grupo es al que más afecta el calendario. De los treinta y nueve integrantes, veintidós plantean dificultades después que la jueza expone la duración y el horario del juicio.

Ante las preguntas individuales, una señora dice conocer a Silvia Iriondo. Otro candidato parece rodearse de bastante malas relaciones –tal como solía hacer yo–, pues conoce a Basulto, a los hermanos Lares, a Ana Margarita, la exesposa de  Roque[1]; a Armando Alejandre; a las periodistas María Elvira Salazar y Bernadette Pardo y al periodista “oficial” de Democracia, Hank Tester.

Este grupo no puede terminar el cuestionario individual. La jueza detiene el trabajo, para concluir con este grupo a primera hora de la mañana del jueves. La señora Mercedes le pide un side bar y explica su conflicto con respecto a mí y a su militancia en Democracia. La jueza se las arregló para excusarla de una manera discreta.

Nota:
[1]Ana Margarita Martínez contrajo matrimonio con Juan Pablo Roque en 1994. En febrero de 1996, Roque –que había infiltrado varias organizaciones contrarrevolucionarias– regresó a Cuba. Ana puso una demanda contra el gobierno cubano por “violación sexual”, que le proporcionó un fallo de veintisiete millones de dólares en una corte de Miami.

“Cinco espías Mickey Mouse”, la definición de cuánto de farsa y show hay en este caso

El jueves 30 continúa el trabajo a las 9:15 a.m. Del último grupo admitido el miércoles en la tarde, al final quedan nueve personas excusadas, entre ellas el señor que conocía a medio Miami, de nombre George Plasencia, quien trabaja para la compañía de Emilio Estefan y antes se movió en el enfermizo medio radial del gueto. Si algo huele insistentemente mal tiene que haber estado cerca de un retrete.

Una vez excusado el grupo, se produce un episodio ridículo. Un fiscal se dirige genuflexo a los familiares de los pilotos de Hermanos al Rescate –no olvides que ahora son millonarios– y los lleva a la primera fila de asientos, ocupada hasta ese momento por los potenciales jurados. Paul McKenna se dirige a tu cuñado y a la mamá del Faquir y les indica que también se sienten en la primera fila, pero los fiscales saltan diligentes a impedirlo.

Paul se levanta y le plantea la situación a la jueza, mientras la pobre Mirta y mi hermano, que entienden a medias lo que está pasando, no saben si levantarse, sentarse o meterse a millonarios para que los fiscales les rindan pleitesía. Paul le dice a la jueza que lo que la Fiscalía está haciendo es injusto, pues aunque él entiende que los familiares de los muertos en el vuelo de Hermanos al Rescate tienen derecho a que se les garantice asiento, no hay razón para sentarlos en la fila que ocuparán los agentes del gobierno y justo detrás de la Fiscalía. La Fiscalía dice que ellos habían acordado ese arreglo con los oficiales de la sala y la jueza inquiere respecto a cuantos familiares hay por ambas partes.

Tras informarse de los datos, Su Señoría toma una decisión inteligente: la fila detrás de la Fiscalía será ocupada por los oficiales del gobierno y el público en general; la fila siguiente la usarán los familiares de los pilotos fallecidos; y en la tercera fila se reservarán dos asientos para Roberto y Mirta. Una vez sorteada esta otra malcriadez de los fiscales, comienza la segunda etapa en la que cada jurado entrará solo a la sala, para ser interrogado más exhaustivamente por la jueza sobre la problemática cubana.

Entre las 11:50 y la 1:10 examinan a siete personas. Por supuesto, nadie tiene simpatías por el gobierno de Cuba, lo cual no es difícil de entender en este ambiente. En el grupo hay dos personas que se dicen neutrales respecto a la problemática cubana. Tres se autoeliminan porque son “combatientes verticales” y admiten no poder ser imparciales. Hay un señor bastante inteligente que, a pesar de estar contra el sistema de Cuba, plantea que la comunidad cubana exiliada, aunque ha contribuido al desarrollo de la ciudad, incluye una minoría que no sabe lo que es democracia. Pero la tónica del día la da un hombre llamado Richard Grudzinski. Dejo que sus palabras hablen por sí solas:

La jueza: Señor, los cargos en este caso incluyen el argumento de que los defendidos eran agentes de Cuba. ¿Hay algo en esa afirmación que afectaría su habilidad para considerar justa e imparcialmente la evidencia en este caso y las instrucciones de la Corte en cuanto a la ley?

Mr. Grudzinski: Su Señoría, yo he pensado acerca de esto en la noche, en mi casa, y por supuesto conozco todo acerca de este caso, leo tres periódicos diariamente. Como dice mi esposa, tengo fuertes opiniones acerca de muchas cosas y no tengo simpatías especiales por los acusados, pero no estoy de acuerdo con este juicio... ¿Puedo hablar libremente?

La jueza: Sí.

Mr. Grudzinski: De la manera en que yo lo veo, aquí hay cinco espías Mickey Mouse; y si no fuera por los cubanos histéricos de Miami, creo que hubieran sido puestos en un barco o un avión de vuelta a Cuba. Ha habido otros casos de espías sin tanto jaleo en Estados Unidos.

¡Grudzinski! ¿Por qué fuiste tan sincero? Por supuesto que esta opinión le costó al señor Grudzinski, o, mejor dicho, nos costó a nosotros que la jueza lo excusara del jurado.

La definición que nos hizo levantó risas en toda la sala, excepto en los fiscales, y marcará un hito en este proceso. Por lo pronto, ha creado una atmósfera de bromas entre los alguaciles y nosotros.

Lo mejor, o tal vez lo más triste de este vergonzoso proceso, es que la definición es certera. Este señor, a través de sus tres quién sabe cuán precisos periódicos, pudo darse cuenta de cuánto de farsa y show hay en este caso.

En cuanto a lo de Mickey Mouse... no hay ofensa. Sabemos lo que ese término significa en este país, y la realidad es que la Fiscalía ha querido crear una atmósfera de espionaje que no tiene que ver nada con los hechos.

De este grupo de siete, solo pueden salir dos potenciales jurados, pues a los demás los excluyó su admisión de prejuicios. La Fiscalía objetó la actuación de la jueza a propósito de un joven que, según los fiscales, fue excluido muy rápido tras haber admitido prejuicios, y la jueza aceptó tener en cuenta las objeciones de la Fiscalía para casos futuros. Creo que se impone una explicación de esta etapa del proceso para entender la reacción de la Fiscalía.

Las personas que han sido eliminadas hasta ahora, en los primeros interrogatorios en grupo, o las cinco que quedaron excluidas de los primeros interrogatorios individuales, son eliminadas “por causa”. Es decir, que durante los interrogatorios mostraron claros indicios de que no serán imparciales.

De la primera etapa del cuestionario en grupo, la jueza se queda con ciento diecinueve personas, quienes pasarán por el cuestionario individual al que ya han sido sometidos los siete primeros. La jueza entrevistará personas hasta que alcance el número de cuarenta y cuatro. A partir de ahí queda lo que se da en llamar “vetos perentorios”. A diferencia de los vetos por causa, tanto la Fiscalía como la defensa tienen derecho a vetos perentorios en los que no tienen que convencer a la jueza del porqué piden excluir a determinada persona. Como la defensa tiene derecho a diecisiete vetos perentorios y la Fiscalía a once, una vez que se tengan cuarenta y cuatro personas que no sean eliminadas por causa, cada parte puede hacer uso de sus vetos perentorios y quedarían los doce miembros del jurado más cuatro suplentes.

Por supuesto, a la Fiscalía le conviene que la jueza baje las exigencias, pues sabe que la tendencia preponderante en los jurados se inclina a su favor en cuanto a prejuicios se refiere; y de esta forma, aun cuando nosotros ejerzamos todos nuestros “vetos perentorios”, no podremos eliminar del jurado a todos los que, aun habiendo admitido tener prejuicios, digan que serían capaces de “sobreponerse a sus prejuicios y hacer un análisis justo de la evidencia”. Por su parte, a la Fiscalía le sobran sus vetos perentorios como para eliminar a cualquiera, ante el menor asomo de inclinaciones de izquierda, y al mismo tiempo a algunos de los neutrales que, por poseer capacidad de discernimiento, puedan distinguir entre la verdad y las manipulaciones de los fiscales. En fin, que el jurado resultante siempre será harto favorable a la Fiscalía.

Después de almorzar recomenzamos los cuestionarios. Esa tarde pasan dieciséis personas, de ellas quedan nueve, lo cual demuestra que efectivamente la jueza hizo caso al planteamiento de la Fiscalía. Los siete que se eliminan se debe a sus fuertes admisiones de prejuicios contra nosotros; entre los nueve que quedan, hay cuatro que pudieron no haber sido sinceros y querer estar en el jurado para salvar al mundo del “castrocomunismo”, haciéndonos picadillo. Cuatro vetos perentorios que tendremos que utilizar.

En este grupo estaba una muchachita de nombre Ileana Briganti, a la que la jueza le dio bastantes oportunidades de rehabilitarse, a pesar de que admitió su origen cubano y sus prejuicios contra nosotros. Esto da lugar a la próxima caricatura de Gerardo que tal vez sea ligeramente exagerada, pero se trata al fin de una caricatura.

Caricatura: Gerardo Hernández Nordelo.

Debo decir que la jueza, en este caso, no solo cedió porque la Fiscalía se lo pidiera, sino porque le presentaron un memorando con algunos preceptos legales que apoyaban los alegatos de los fiscales. El problema es que la complejidad de este caso a veces permite la manipulación de ciertos legalismos que, en casos normales, no harían tanto daño, y la Fiscalía ha sabido aprovecharse de eso.

Hay que admitir que ha habido cierto grado de sinceridad por parte de quienes han admitido sus prejuicios contra nosotros; y hasta ahora solo algunos nos dieron la impresión de estar simulando. Todo depende de que la cantidad de simuladores sea inferior a nuestra cantidad de vetos perentorios, una vez que hayamos llegado a los cuarenta y cuatro candidatos a jurado.

La historia de este jueves 30 de noviembre te la estoy contando hoy sábado 2 de diciembre, en la noche, pues ayer solo alcancé a contarte el final del miércoles. Así que tengo la satisfacción de haber hablado contigo y con las niñas esta mañana, y de saber que todas están bien. Espero que mañana domingo te pueda hacer el recuento de ayer viernes, para, de esa forma, comenzar el lunes sin atrasos.

No me puedo ir a la cama pues todavía me falta trabajar con las transcripciones oficiales del juicio, para poder distinguir la sinceridad de la simulación durante la sesión que te acabo de contar. Además no tengo sueño sino tremendas ganas de seguir trabajando.

Se han publicado 5 comentarios



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  • eddy dijo:

    No estoy al tanto y me excusan, ¿esto es un libro, van a publicarlo? O lo van a ir publicando poco a poco ó solo algunos fragmentos????
    Excelente descripción y hechos incluso hace falta más información por parte de los participantes directos, anecdotas, historias, en fin sus impresiones y experiencias porque son heroes de nuestro país y hay que que conocer tod lo que hicieron y pasaron porque no fue fácil para ellos y resistieron, confiaron en sus líderes y vencieron.
    Gracias.

  • yoecubano dijo:

    Gracias René, gracias por escribir, gracias, tu esfuerzo literario o epistolar no fue en vano, aquí tienes un seguidor.

  • informada dijo:

    eddy en efecto esta es la 4ta entrega, casi siempre los lunes, de fragmentos del libro de René, busca para atrás en Especiales, los días 16/9, 23/9, 7/10 y esta del 14/10, escritos por nuestro héroe, de primera mano, con magnífica habilidad literaria para el detalle más mínimo y las siempre gustadas caricaturas de nuestro Gerardo. Vale la espera cada semana!

  • informada dijo:

    Perdón, la 5ta entrega, me faltó la del lunes 30/9.

  • maribet dijo:

    M e encanta el epistolarío de René, graciasl milessss, lo sigo siempre y lo reeleo varias veces, Sldls.

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René González Sehwerert

René González Sehwerert

Es uno de los cinco cubanos presos en Estados Unidos por alertar a Cuba de acciones terroristas organizadas en territorio norteamericano. Su causa tiene un enorme solidaridad internacional. Fue condenado a 15 años de prisión.

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