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Chinos mambises

Por: José Antonio Quintana García
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En La Habana del siglo XIX, durante la década 1860, mientras transcurrían la infancia y la adolescencia de José Martí, constituía imagen recurrente la presencia de chinos, llegados con estatus de colonos desde su lejano país, aunque en realidad eran tan esclavos como los de origen africano.

Comenzaron a arribar en 1847 para trabajar en la producción azucarera. Tristes, acongojados por la nostalgia y el cruel trato, muchos encontraron en el suicidio la vía liberadora del injusto mundo; otros en la rebeldía armada. Del presidio político, Martí recordó la compañía de uno de aquellos culíes, quien falleció víctima del cólera.

La cultura milenaria china es una de las fuentes del saber martiano. En sus Obras Completas podemos hallar numerosas menciones a sus aportes al mundo Occidental.

Cuando organizaba la Guerra Necesaria, Martí acopió vasta información acerca de la Guerra del ‘68; la mayor parte de los relatos fueron contados por veteranos exiliados. Luego, en el periódico Patria, órgano del Partido Revolucionario Cubano, divulgó hazañas, sucesos y perfiles biográficos reconstruidos a partir de los testimonios orales mencionados y de algunos recuerdos publicados en otros medios de comunicación independentista, en folletos y libros.

No podía faltar, en la campaña propagandística, el reconocimiento a la participación de los chinos. Refería en un artículo: “(…) eran grandes patriotas; no hay caso de que un chino haya traicionado nunca: un chino, aunque lo cojan, no hay peligro: “no sabo”, nadie lo saca de su “no sabo”. [Patria, 28/11/1893, T. IV O.C. José Martí, Pág. 260. La Habana, 1972]

Precisamente el periódico Patria, en 1892, dio a la luz un extenso artículo de Gonzalo de Quesada, discípulo y albacea de Martí, donde narró el bregar de los chinos tanto en la contienda del ’68 como en la denominada guerra chiquita. Ese texto podemos consultarlo en su libro Mi primera ofrenda y constituye todavía una fuente imprescindible acerca del tema.

Según este autor, los chinos se sumaban espontáneamente a las tropas insurrectas (…) y después se introducían con habilidad en las ciudades para reclutar entre los de su raza, sin que las autoridades pudieran reconocerlos, por lo difícil de distinguir los unos de los otros.

Cuando las fuerzas cubanas sublevaron las dotaciones de los ingenios, los oficiales de su raza les explicaron el porqué de la guerra, y juraron llenos de entusiasmo servir a la República.” [Gonzalo de Quezada, citado por Juan Jiménez Pastrana: Los chinos en la historia de Cuba, 1847-1930. Ediciones Políticas, La Habana p. 85]

Dos chinos combatieron por más de 10 años consecutivos, mérito Brizuela Achón y Saturnino Achón, el sargento Manuel Ojein, y los cabos Joaquín García Lipiar y Carlos Terri Bonfín, los soldados Juan Han Lai, que les permitía aspirar al cargo de Presidente de la República, según la Carta Fundamental de 1901.

Ellos fueron el comandante José Wu Tang (Bu Tack) y el capitán José Tolón (Lai Wa).

También alcanzaron grados en las filas del Ejército Libertador los capitanes Juan Sánchez (Lam Fu King), Pablo Jiménez y Andrés Li Ma, los tenientes Pío Cabrera y Mamerto Carrión León, los alférez Bartolomé Fernández, Aquilino Kow Kong Cuan, Liborio Wong Seng, Luis Wong, Juan Chao Sen, Sebastián Siam y Antonio Moreno.

A los historiadores les resulta difícil precisar la magnitud del aporte chino a las luchas independentistas porque a los asiáticos se les conocía por el nombre cristiano, habían perdido el propio y en algunos casos se mezclaban los dos nombres. Sin embargo, del análisis de diarios de campaña, partes de guerra y libros se puede llegar a la conclusión que el número de combatientes debió superar, en mucho, el millar.

Por ejemplo, a las fuerzas del general Thomas Jordan pertenecían unos 400 chinos, entre ellos el comandante Sebastián Sian, el capitán Pablo Jiménez y el sargento Crispín Rico. Este Sebastián valía por un batallón, en un combate, ocurrido en Minas de Guáimaro, con la culata de su carabina dio muerte a tres españoles.

Combatientes chinos pelearon bajo las órdenes de Máximo Gómez en la invasión a Las Villas, en 1875, cruzaron La Trocha y uno de ellos el capitán José Bu fue hombre de confianza del Generalísimo y más de una vez cruzó el sistema de fortificaciones como correo de su jefe.

Ignacio Agramonte tuvo una infantería integrada por chinos. Carlos Roloff, Francisco Carrillo, José Miguel Gómez, Serafín Sánchez, entre otros, dispusieron en sus columnas de chinos. Muchos de ellos volvieron a empuñar las armas de la Guerra Chiquita.

El capitán Andrés Lima, jefe de una compañía conformada solo por chinos, y quien luchó bajo el mando de José Miguel Gómez en Las Villas al finalizar la guerra del ’95 se estableció en Morón, donde adquirió una colonia de caña.

Para finalizar estos breves apuntes rememoró que en La Habana, entre las calles L, Línea y 15, en el Vedado, se encuentra un pequeño parque, inaugurado en octubre de 1931. Allí se erige un monumento dedicado a los chinos que lucharon con valentía por la independencia de Cuba. Aquellos chinos mambises que contribuyeron a la forja de la nación libre.

(Tomado de Invasor)

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  • jose gilberto dijo:

    Hay una curiosa anécdota de Agramonte y un oficial camagueyano que mandaba al batallón de chinos mambises. El protestaba porque no entendia el didioma y que iba a perdir el traslado. Cuando llegó a una reunión del Estado Mayor, Agramonte solicitó que se pusieran de pie para rendir honor al oficial que tan buenos resultados tenia con los chinos. Luego le preguntó que queria decir y el oficial no Mayor yo solo vengo a buscar nuevas órdenes.

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José Antonio Quintana García

Periodista del diario avileño Invasor.

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