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El apoliticismo: Una forma de hacer política

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El apoliticismo. Ilustración: Alfredo Martirena

El apoliticismo. Ilustración: Alfredo Martirena

Desde que irrumpieron las ideologías políticas, especialmente las que conformarían la modernidad, se fueron decantando diversas corrientes con posturas muy divergentes entre sí, y por supuesto con fundamentos filosóficos muy heterogéneos, sobre la forma y las vías de cómo debía organizarse la vida social.

La mayoría de ellas definieron con claridad sus ideas respecto a la cuestión del poder político, como instrumento para perpetuar algunas élites o clases dominantes, o para dar paso al predominio de otros sectores sociales.

No hay que olvidar que por ideología se pueden considerar un conjunto de ideas que se constituyen en creencias, valoraciones y opiniones comúnmente  aceptadas, las cuales, articuladas integralmente, pretenden fundamentar las concepciones teóricas de algún  sujeto social (clase, grupo, etnia, partido, Estado, Iglesia, etc.), con el objetivo de validar algún proyecto bien de permanencia, reforma o subversión de un orden socioeconómico y político, lo cual siempre presupone de algún modo una determinada actitud ética ante la relación hombre-hombre y hombre-naturaleza.

Para  lograr  ese objetivo, las ideologías pueden o no apoyarse en pilares científicos o filosóficos, en tanto estos contribuyan a los fines perseguidos; de lo contrario pueden ser desatendidos  e incluso ocultados conscientemente.

El componente ideológico en las reflexiones filosóficas  por sí mismo no es dado a estimular concepciones científicas, pero no excluye la posibilidad de la confluencia con ellas, en tanto estas propicien la validación de sus propuestas.

La diferencia fundamental entre las ideologías y las filosofías radica en que estas últimas apoyan sus argumentos en el poder de la razón, en tanto las primeras pretenden fundamentar sus razones en el poder, ya sea político, económico, militar, mediático, etc.

Las principales ideologías que se conformarían en la modernidad fueron: el conservadurismo −que pretendía perpetuar la sociedad feudal con las monarquías, y en el caso de Latinoamérica el poder colonial−; el liberalismo, que se planteaba reformar la sociedad hacia transformaciones capitalistas y republicanas; el socialismo, que aspiraría a cambiar radicalmente la organización política y social capitalista −completando así las propuestas democráticas al no reducirlas a derechos jurídicos y políticos, sino al logro de justicia social−, y el anarquismo, que en parte coincidía con esta última, pero se diferenciaba sustancialmente de ella por su presunto apoliticismo, así como por sus métodos terroristas y magnicidas.

En verdad el anarquismo no es apolítico, sencillamente porque nadie puede serlo, pues una forma de hacer política es pretender ser indiferente ante los acontecimientos sociales, sus necesidades y transformaciones. De manera que pretender ser indiferente ante la política es una forma hipócrita de hacer política.

José Martí se enfrentó al presunto apoliticismo de los anarquistas que no querían pronunciarse ante la lucha por la independencia. Afortunadamente el sentido común se impuso y estos se unieron a esa honrosa labor, de la misma forma que lo hicieron los anarquistas españoles aliándose a demócratas y comunistas para tratar de salvar la República durante la Guerra Civil.

Otras ideologías se conformaron en el siglo xx como el fascismo, que ha tratado de revertir las conquistas democráticas con prácticas políticas totalitarias, mesiánicas y racistas, o el neoliberalismo, que aparentemente pretende presentarse como una continuidad del liberalismo, pero en realidad ha logrado revertir muchas de las conquistas democráticas de este último.

Apoliticismo, conformismo, abstencionismo

La mayoría de las ideologías políticas han promovido la participación política, pero en los últimos tiempos, cuando el neoliberalismo ha triunfado, más ideológicamente que en cuanto a logros sociales para la mayoría de la población, algunos de sus «tanques pensantes»  han estimulado el apoliticismo como medio para inculcar la indiferencia y la resignación entre algunos sectores populares, especialmente los jóvenes, a través de la consigna de que nada se puede hacer para lograr sociedades más justas y más amigables con el medio ambiente.

El conformismo es uno de los componentes aliados del apoliticismo. Ambos pretenden opacar el protagonismo de aquellos que se pueden convertir en potenciales peligros para la añorada, pero no lograda, estabilidad de la sociedad capitalista.

El incremento del abstencionismo observado en la mayoría de los procesos electorales de numerosos países puede tener diferentes lecturas. Una de ellas puede ser entenderlo como síntoma de impotencia de un considerable porcentaje de la población que se siente frustrada al no apreciar cambios favorables en sus condiciones de vida una vez instalados nuevos gobiernos que mantienen políticas neoliberales.

Otra es expresión del acomodamiento de una indecisa clase media que es fácilmente manipulada por los medios de comunicación, ya que le interesa más la renovación de su automóvil o de los electrodomésticos, que lo que pueda transformarse de la puerta de su casa hacia afuera. No faltan los que piensan que su voto no será decisivo para cualquier tipo de cambio a través de la elección, pues ya todo está arreglado de forma inamovible en la «democracia representativa» aunque cambien los nombres de los gobernantes, y en algunos casos ni siquiera eso, pero no cambian las políticas socioeconómicas en los gobiernos que se alternan y suceden.

Apoliticismo en el Socialismo

En el caso de países socialistas la intención que subyace en el apoliticismo tiene otras lecturas, como puede extraerse de las experiencias de su derrumbe en la Unión Soviética y los países de Europa Oriental.

Esta situación es algo distinta, pues no esconde la pretensión de sembrar entre determinados grupos de la población, fundamentalmente jóvenes, la indiferencia ante las conquistas sociales alcanzadas. Dado que estos no han conocido el capitalismo, por lo general consideran que disfrutar de la salud, la educación, el deporte, la cultura, etc., de forma gratuita, es algo natural y no constituye nada extraordinario, por lo que añoran, sin renunciar a ellas, el disfrute de las extraordinarias «ofertas» de la sociedad de consumo.

Algunos presuntos «apolíticos» se abstienen de ejercer el voto en procesos electorales o votan en blanco, y creen que con esta actitud expresan su valentía política, lo cual confirma que esto es un acto político. Otros aducen que la única democracia es la multipartidista, e ignoran así que en la historia de la humanidad han existido y existirán múltiples formas de democracia y no solo la representativa.

Al hiperbolizarla, algunos gobernantes creen poseer el «democratómetro» perfecto para medir su existencia en otros países y por lo que les envían observadores para fiscalizar sus procesos electorales, pero no permiten que a su vez observadores de otros países los visiten.

Siempre recuerdo cuando le pregunté a mi madre por qué militando en el Partido Liberal había apoyado al Movimiento 26 de Julio –por ello cayó presa, fue amenazada de ser envenenada y tuve que llevarle la comida hecha en casa cada día a la estación de policía de Santa Clara–, me respondió que porque no había nada más parecido a un liberal que un conservador y un conservador a un liberal. Ambos eran la misma basura y por eso tomó esa decisión. En Colombia dicen que la diferencia entre un conservador y un liberal es que unos van a misa en la mañana y otros en la tarde.

Nunca olvidaré el agobiado rostro, por las torturas y vejaciones recibidas, de Mercedes Vázquez, su compañera de celda, ni los gemidos de los torturados, que aún algunos vecinos del parque del Carmen recuerdan. Los instrumentos de tortura fueron exhibidos el primer día del triunfo de la Revolución. Es bueno recordarles esto a los amnésicos apolíticos o a los que no conocen que esto sucedió donde hoy sonríen estudiantes de la escuela secundaria básica Capitán Roberto Rodríguez (El Vaquerito).

De manera que el presunto apoliticismo −que debe reiterarse no es tal, sino en realidad otra forma sutil de hacer política contestataria− en el caso de Cuba debe ser considerado en aquellos que lo practican una expresión de inconformidad con el sistema social elegido, mantenido y defendido por la mayoría de su pueblo. De otro modo no se explica que el derrumbe del muro de Berlín y del «socialismo real», o tal vez «real de socialismo», no haya llegado a alcanzar en su onda expansiva a la isla del Caribe.

El apoliticismo, que tal vez para algunos ingenuos pueda ser considerado como otra manifestación de la pregonada «muerte de las ideologías», en realidad es todo lo contrario: una evidencia de que la lucha ideológica revitaliza algunas viejas formas y formula otras nuevas.

Al igual que en el anarquismo subyacían posturas individualistas, voluntaristas y nihilistas, al negar muchos valores de la sociedad moderna −que incluso Marx y Engels, no obstante sus críticas a la misma, reconocieron, como puede apreciarse en el Manifiesto Comunista−, el apoliticismo contemporáneo está permeado por fundamentos filosóficos, conscientes o inconscientes, de corte pragmatista, utilitarista y existencialista, en los que el éxito individual se sobrepone a todo compromiso social.

Apoliticismo en Cuba

No es la primera vez que el apoliticismo ha pretendido ganar adeptos en la historia de la sociedad cubana y no solo entre los anarquistas. También al inicio de la República mediatizada hubo expresiones de conformismo por parte de algunos antiguos sectores anexionistas que tratarían de inculcar la nefasta idea de que la intervención norteamericana en la guerra independentista y la ocupación militar por parte de los Estados Unidos de América había sido una bendición que había que agradecer, por lo que no se debía manifestar ningún tipo de inconformidad política ante aquel hecho.

Afortunadamente, en los años 20 una nueva generación juvenil, intelectual y política expresada en la Protesta de los Trece, el Grupo Minorista, la creación de la Federación de Estudiantes Universitarios −liderada por Julio Antonio Mella−, la fundación del Partido Comunista de Cuba, y las luchas contra la dictadura de Gerardo Machado y la injerencia yanqui, así como un fortalecimiento de las luchas obreras, revitalizaron la conciencia política nacional cubana y el espíritu independentista que se pretendía apagar.

Del mismo modo la Generación del Centenario, inspirada nuevamente en el ejemplo de José Martí, reiniciaría la lucha por la dignidad del pueblo cubano frente a la sangrienta dictadura de Batista y obligó a los indecisos a definirse políticamente.

El triunfo de la Revolución cubana sería crucial en ese enfrentamiento al apoliticismo, especialmente cuando ante la agresión de Playa Girón se declara su carácter socialista y no podrá justificarse más ningún tipo de indiferencia ante las enormes transformaciones sociales emprendidas, como la nacionalización de las empresas extranjeras, la Reforma Urbana, la Reforma Agraria, la Campaña de Alfabetización, la Reforma Universitaria, la amplia socialización de la educación y la salud, el nacimiento de nuevas organizaciones como los Comités de Defensa de la Revolución, la Federación de Mujeres Cubanas y la gestación de un nuevo Partido Comunista de Cuba.

Cuando el pueblo cubano se vio amenazado por una nueva intervención militar norteamericana y el mundo estuvo muy próximo a que se desatara una guerra nuclear, a partir la crisis de los misiles soviéticos en este país, a nadie se le ocurría justificar una actitud apoliticista. El pueblo cubano demandaría a cada ciudadano definirse de cara a una situación en la que no había una tercera opción ante la consigna de Patria o Muerte.

¿Triunfará el apoliticismo?

Vivimos una nueva época en la que pareciera que tales confrontaciones son cosas del pasado y no faltan quienes inculcan la idea de que se deben olvidar. Por supuesto, quienes promueven tales consignas para borrar la memoria de las nuevas generaciones saben muy bien que el pueblo que no conoce su historia está obligado a repetirla.

Otros ilusos piensan que al ir desapareciendo por ley natural la generación que encendió la llama revolucionaria, esta debe apagarse. Tal vez olvidan la historia del pueblo cubano, por no decir la historia universal, que evidencia que las grandes transformaciones no han sido emprendidas por líderes solitarios. Estas solo se han hecho posibles si han sido asumidas por los sectores populares.

Cuando se conoció la noticia de que José Martí se encontraba en los campos de batalla, su amigo el escritor colombiano José María Vargas Vila publicó un artículo calificando ese hecho como una locura.

Al día siguiente, Enrique José Varona –a quien el Héroe Nacional tras su ausencia le confió la dirección el periódico Patria– le respondió con otro artículo en el que sostenía que Martí no estaba loco, porque sabía que había un pueblo entero esperando por él para la lucha independentista. Agregó que su actitud revolucionaria era tan alta como el Pico Turquino, pero los picos no nacen de sabanas, sino acompañados de otros tan altos como él: Máximo Gómez, Antonio Maceo, Calixto García, etc.

La clara concepción del protagónico papel del pueblo en las transformaciones sociales Martí la expresó al plantear:

«Nada es un hombre en sí, y lo que es, lo pone en él su pueblo. En vano concede la Naturaleza a algunos de sus hijos cualidades privilegiadas; porque serán polvo y azote si no se hacen carne de su pueblo, mientras que si van con él, y le sirven de brazo y de voz, por él se verán encumbrados, como las flores que lleva en su cima una montaña».[1]

La mejor forma de enfrentar el apoliticismo es contribuir al estudio de la historia del pueblo cubano, sus luchas emancipadoras, el optimismo revolucionario que ha inspirado a sus líderes desde Céspedes hasta Fidel y Raúl, así como a todos los que le han acompañado y otros que aún le acompañan.

Cuando alguien pierde la confianza en la pujanza y la vehemencia de un pueblo como el cubano en la lucha por su dignidad, pasa a formar parte de lo que Martí denominó sietemesinos. Por suerte, la mayoría de los cubanos han nacido de parto natural.

[1] José Martí. Obras completas, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1976, t. XIII, p. 34.

Se han publicado 37 comentarios



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  • kirenio bosso dijo:

    en la cuba actual cada dia son mas los apoliticos confesos,creo que en cuba el vacio ideologico sigue evidenciandose en amplios sectores de la poblacion.veremos como el estado cubano resuelve este acertijo.la emigracion cubana es una forma de desentenderse de los valores patrios.

    • Candela dijo:

      Kirenio, si algo los cubanos no somos es apolíticos. Por opinar, opinamos de todo y nos metemos en todo… Un ejemplo es este sitio; pero también lo veo en el día a día de mis hijos, con quienes a veces concuerdo y otras, no.

      Considero que lo que para usted podría significar apoliticismo, es la respuesta proactiva de una generación que está expresando su necesidad de cambiar, sin demora, lo que necesita ser cambiado, esencia que sustenta ideológicamente -y por supuesto, materialmente- el proceso de actualización, para salvar NUESTRO SOCIALISMO, entendiéndose como tal, las conquistas que hemos alcanzado y las que nos faltan por alcanzar, que son parte de los sueños de República que nos legó José Martí y Fidel.

      Respecto al artículo, muy interesante el recorrido histórico. No se puede borrar lo vivido porque eso nos explica lo que somos y a partir de la experiencia, los nuevos derroteros a diseñar POR NOSOTROS MISMOS y así seguir avanzando en el sentido de nuestros sueños de bienestar y justicia social. En lo que considero que el autor se quedó corto, es en dejarlo en la historia, porque sin presente no hay futuro. Y el presente es, por encima de todo, trabajo y lucha.

      Y EL FUTURO ES MÁS IMPORTANTE QUE EL PRESENTE Y EL PASADO.

      • Jose R Oro dijo:

        Muy estimada Candela, me gusta mucho su comentario, muy sincero y claro!

      • Salems dijo:

        Este comentario merece medalla.
        Son muchos que cuando ven a alguien joven con ideas diferentes lo tachan de antirrevolucionario.
        No. Nosotros amamos nuestro pais. Y queremos verlo prosperar.
        Pero como diría la compañera Candela, y Fidel:
        Hay que cambiar TODO lo que deba ser cambiado.

  • Preocupao dijo:

    «La mejor forma de enfrentar el apoliticismo es contribuir al estudio de la historia del pueblo cubano, sus luchas emancipadoras, el optimismo revolucionario que ha inspirado a sus líderes desde Céspedes hasta Fidel y Raúl, así como a todos los que le han acompañado y otros que aún le acompañan.»

    ¿En serio? ¿Esta es la mejor receta de la que el autor dispone? En ese caso, de ser aplicada, le auguro larga vida, y mayor pujanza al apoliticismo en Cuba. Las cifras de la participación en las elecciones están recién salidas del horno, y no mienten: los cubanos participan cada vez menos en las elecciones.
    Por favor, más dañino que el apoliticismo es la política del avestruz. Los cubanos en su gran mayoría reclamamos una mayor participación en el gobierno del país, tanto a nivel nacional, como provincial y municipal. Cada vez que surge este tema en Cubadebate se encienden los comentarios, y eso que los moderadores aquí son laboriosos, habría que ver qué dicen los comentarios que no salen publicados. Por ejemplo, el tema de los delgados al poder popular. Lean los comentarios, y verán que estamos insatisfechos con sus pocas prerrogativas, y cómo en la práctica están impotentes ante los problemas que afectan a la comunidad, y que no dependen del cese del bloqueo para su solución.
    Fresco aquí está el tema de la escasez crónica y cíclica de productos, como el papel sanitario, y, mucho más preocupante, de medicamentos. No es la primera vez que pasa, y siempre las mismas justificaciones. No faltan los cigarros ni las bebidas alcohólicas, pero escasea la Dipirona, las jeringuillas desechables, y un largo etcétera. Como si las enfermedades entendieran de bloqueos y de llamamientos. Eso es lo que genera el abstencionismo, el apoliticismo, la migración, el centrismo, y otros ismos más. Sin embargo, el autor de este artículo nos receta clases de historia.
    Dejemos algo claro: me opongo rotundamente a volver a 1958. Rechazo y repudio categóricamente a los HP de Miami, y de otras latitudes, y por ello es que comparto la preocupación por el apoliticismo (que estoy de acuerdo que es otra manera de hacer política), porque creo que consciente o inconscientemente ayuda a crear condiciones para el regreso del capitalismo (que ya estamos viendo avances de las película en los negocios privados que florecen en el país), y porque creo firmemente que eso beneficiaría a los de siempre: a los adinerados. No quiero en Cuba el triste espectáculo de los niños malabaristas en los semáforos, o los huelepega, o de tener que tener dinero para que te atiendan en un hospital, o de lo contrario mueres como un perro (y siendo Cuba un país subdesarrollado, no me cabe duda de que así sería, países mucho más ricos que el nuestro enviaron verdaderas avalanchas de personas sin vista para ser operados en la Operación Milagro).
    Pero por eso mismo es que me opongo con igual resolución a la insuficiente participación de los cubanos en el gobierno la nación. No nos engañemos, salvo en la época de las elecciones, el resto de tiempo ni pinchamos ni cortamos. A veces nos salen con un maratón de procesos políticos, pero ya. Yo quisiera que los funcionarios rindieran cuentas acerca de su gestión en el territorio donde operan, que se publicara el presupuesto del municipio y se mostrara en qué se empleó, que me dijeran quién es el responsable de los cementerios de ómnibus que se pudren a la interperie, con lo caros que son, y qué se hizo con ese responsable. Quisiera que el parlamento funcionara el año entero, y que en las sesiones los diputados no se limitaran a oír monótonas lecturas de ppt, y que emplazaran a los ministros y funcionarios a dar expicaciones y a tomar medidas con los reincidentes en etorpecer el desarrollo del país. Que la Controlaría fuera más efectiva, y que informara a la nación de los resultados de su gestión, y que se condenara con mano dura a los corruptos que dilapidan el dinero que tanto trabajo cuesta ganar, y que el pueblo puede exigirle y reclamarle de manera vinculante el ejercicio de sus funciones. Ver cómo los ciudadanos hacemos uso del derecho constitucional de, firmas requeridas mediante, exigir al parlamento la realización de pleibiscitos que modifiquen o aprueben legislaciones (que yo sepa eso nunca se ha hecho en Cuba, me refiero a una iniciativa popular, salida de entre la gente común, no desde la dirección nacional de una porganización X). Que los problemas se resuelvan no porque salió a la luz en los medios nacionales, o porque vino un dirigente de visita y la semana anterior apareció la pintura, el asfalto, las tejas, el petróleo, los cables, las lámparas, la turbina de agua que llevaba meses o años quemada, la pieza para el ómnibus o para la ambulancia, o para el equipo de rayos X… sino por el trabajo constante, conciente y sistemático de quienes tienen que hacer el trabajo.
    En otras palabras: queremos ser parte, pero de verdad, y no simples espectadores. Entonces veremos como la gente pega el hombro al carro si aprecia que su participación ayuda a hacer la diferencia, porque tengan la seguridad de que nadie está indiferente ante la realidad que nos ha tocado vivir.

    • O'Hito dijo:

      Preocupao, precisamente para poder evitar que vuelvan esas cosas que dices rechazar categóricamente, y esa gente a la que calificas de HP, precisamente por eso, es que debemos estudiar en profundidad nuestra historia.

      Nuestra historia es bella, llena de momentos gloriosos, pero también de lecciones muy duras de cómo se pagan los errores.

      Yo coincido en que debemos participar más, ¿En qué? Precisamente en cobatir la corrupción que hay. Y fíjate, que lo realmente llamativo es que nuestro problema gordo de corrupción no está en el gobierno, cada vez que se pilla a uno se le cruje con la ley, el problema realmente complejo está en la gente de la calle. Con el pretexto de «tenemos que sobrevivir, tenemos que luchar, tenemos que….(cualquiera de los cientos de pretextos que hay por ahí)» con esos pretextos la gente justifica al que se roba las cosas en el trabajo, a los que acaparan, a los empleados y jefes de establecimientos que se dejan sobornar. Eso sí es un problema realmente serio en este momento.

      ¿Que no hay papel sanitario? Mira, las causas que he visto en dos sitios concretos son dos, una es que la producción es menor que la demanda y las cantidades servidas son bajas, la otra y más seria es que hay empleados sin escrúpulos que en cuanto llegan los suministros los «reservan» y llaman a sus amiguetes y «contactos». Eso lo he visto yo y no sólo con el papel, también con otras cosas más. ¿Por qué no lo he denunciado? Porque en ese caso simplemente hubiera sido un «mi palabra contra la tuya».

      ¿Más poder a los delagados? Probablemente, pero con el que tienen en este momento hay lugares donde hacen mucho. Pero claro, esos que logran cosas son personas con una voluntad de hierro y una determinación total, personas comprometidas con la comunidad. Lo que tenemos que hacer es utilizar los espacios que ya tenemos, hacerlos valer, y evitar a toda costa que los oportunistas, los conformistas y los derrotistas nos los destruyan.

      • Preocupao dijo:

        Estimado, yo no niego la necesidad de estudiar la historia, lo cual sería una necedad. De hecho, soy un lector empedernido, y la historia es una de mis pasiones. Lo que digo es que, si bien coincido en que es imprescindible conocerla, eso no resolverá la creciente apatía política, sobre todo entre los jóvenes. Créame, por razones laborales, me relaciono con jóvenes de alrededor de 20 años, y es preocupante la cantidad que considera la política como una muela, una trova, el clavo que ponchó el tren, que están desinformados acerca de lo que sucede en sus narices… hay excepciones, claro, pero son aisladas.
        Lo que hay que dilucidar, con honestidad y sin miedo a resultados adversos, es la causa de tal apatía, que creo es el término más adecuado para definir la situación descrita en el artículo que comentamos. Y en mi opinión, es que muchas personas no ven la solución de sus problemas cotidianos por parte de los que deben resolverlos, y lo perciben como un problema de gestión, más que de carencia de recursos y de bloqueos.
        Usted toca el tema de los revendedores, y de las componendas con los tenderos. Disculpe, pero, a menos que usted sea miembro de la policía, no es su trabajo denunciarlo ni enfrentarlo, porque no está investido ni de los medios ni de la autoridad para ello. La prueba está en que usted mismo reconoce que la cosa quedaría en el clásico «tu palabra contra la mía». Basta de endilgarle a la ciudadanía funciones que le corresponden a instituciones estatales. No me digan que eso no lo sabe el MININT, porque si fuera el caso, merecen que los destituyan en masa, y todo el mundo sabe que si de algo no carece el MININT, es de capacidad.
        Hace unos días, en el NTV, una funcionaria, creo que viceministra o algo así, ahora no recuerdo, en un reportaje precisamente sobre el tema de la venta y reventa de materiales de construcción, se hacía la pregunta de cómo era posible que en los días posteriores al ciclón se logró erradicar y mantener bajo control el fenómeno de los revendedores, y que después haya resurgido. ¿Porqué no hay sistematicidad en el enfrentamiento a un tema tan sensible? Cosas como estas, porque no puedo hacer el recuento de la situación de país ¿a qué conducen? a la apatía. Estudie toda la historia que desee, que la realidad del presente también le dará lecciones, y a menudo, más contundentes

      • gabriel dijo:

        muy bien por precocupado en sus 2 intervenciones. nos tienen dormidos con el cuento de la historia.
        quieren historia?? una corta.
        llevo 1 mes con un dolor en la cervical que me tiene loco, me mandaron relajantes musculares y analgesicos que no hay en ninguna farmacia y los turnos para que me valore un ortopwdico se ¨acabaron¨ este año..ya tu sabes.

    • manolo dijo:

      Artículo sesgado respuesta BRILLANTE.

    • Andres dijo:

      Me dirijoba preocupado no para apoyar ni rebatir sus comentarios, es porque tambien estoy preocupado pues los comentarios que envio parecen estar duplicados segun ese sitio, cosa que cin seguridad es imposible, si este alcanzaraba ser publicado aprovecho para preguntarle algo que aunque hiciera decaer la gran calidad de este debate, me causa dudas,¿Es la.migración cubana apolítica?. El pinto es que desde have años dejó de ser considerada gusanera para calificarsele de económica, será que ha dejado de ser el problema político ina motivación para abandonar el país.

  • alejandro garrido dijo:

    Estupendo artículo es ovbio que quien olvida su historia se olvida de donde viene y xq está donde está. solo refuto en la idea cuando dices que existe una Democracia representativa soy del criterio que este termino no debe ser empleado pues ni las propias constituciones de los países partidarios de esta mal llamada democracia la aluden en sus líneas, la palabra empleada es Gobiernos Representativos.

    • Eduardo González S. dijo:

      Eso no existe. Cuando un espécimen nuestro dice «yo no me meto en plítica» precisamente está asumiendo una posición política. Traducción: «pero yo sí me meto en todo lo que afecte mis intereses», luego hay una buena dosis de la brasa a mi sartén. Resumo:El apoliticismo es una expresión de política matrera.

  • bryan dijo:

    Es verdad que esta corriente está presente en una parte de la población cubana y sobre todo cuando el tiempo sopla normal, tranquilo o estable , por decirlo de alguna manera, pero ojo cuando el pueblo cubano ve realmente la amenaza viva a demostrado dejar al lado todo para defender lo que tiene. no obstante no se puede ser ingenuo, hay fuerzas fuera y dentro de cuba que quieren que los jóvenes fundamentalmente olviden todo y se vuelvan apolíticos y piensen más en el table y los tenis que en contexto nacional y mundial , quieren que se enajenen para confundirlos, manipularlos y destruir la revolución apostando al cambio generacional, ya que no lo pudieron de otra forma. nos toca a todos los cubanos, a los buenos cubanos enseñarles cada uno a nuestros hijos entonces que ganan o pierden con la indiferencia política. no es al estado , al estado le toca otra cosa , es a nosotros , a todos los verdaderos buenos cubanos.

    • Robert dijo:

      Pero como quieres que no sea apolitico, si es que cuando veo mi futuro lo veo negro, mi único par de zapatos para trabajar que tenía los compré en 13 CUC de los 17CUC que me pagan mensual, por ser profesor en una universidad, me duraron solo dos meses, y lo unico que hago es de la casa al trabajo y viceversa, y vivo en la misma universidad. Dime tu que quieres que haga. Esa es la manera que tengo de expresar que no estoy de acuerdo a como se están haciendo las cosas en Cuba. Y es la forma que tengo de llamar la atención de las autoridades, porque si lo digo en una reunión no pasa del papel. Pero si no voy a votar enseguida se preguntan porque.

  • uncubano dijo:

    El apoliticismo en Cuba, al menos como postura pública porque en privado creo que son muy pocos los apolíticos reales, es alto y será mayor, la razón es obvia, el gobierno no admite otro pensamiento político que el propio y el que piensa diferente simplemente es mal visto, marginado y, en ocasiones, también reprimido de varias formas y hay mucha gente agobiada con el día a día que no quieren buscarse un problema más, así de sencillo, bueno ya pueden censurarme, eso demuestra mi punto

    • cadillac dijo:

      100% de acuerdo contigo, iba a comentar pero con eso resumes todo lo que iba a decir.

    • Eduardo González S. dijo:

      Sandeces.

  • Alzugaray dijo:

    Felicito a Cubadebate por publicar este interesante aporte del profesor Pablo Guadarrama. Concuerdo en general con la tesis del mismo: el apoliticismo es en definitiva una posición política. El ciudadano que se declara apolítico o que actúa como tal sin proclamarlo, está adoptando en última instancia una posición política. Y es en el fondo una actitud negativa que debemos evitar.
    También creo que este es un tema imposible de agotar en un intercambio por esta vía. Merecería todo un panel o seminario. La Revista Temas le ha dedicado tanto números enteros como debates en Último Jueves. Estos han sido muy ricos y remito a los lectores a que consulten la revista que está on-line, tanto los números (mediante suscripción claro está) o mediante consultas a la base de datos de Último Jueves (http://www.temas.cult.cu).
    Sin embargo, creo pertinente poner sobre el tapete una posibilidad que no aparece tan claramente como otras en la elaboración del Profesor Guadarrama. El apoliticismo en sociedades como la cubana puede también emerger de dos fuentes autóctonas o, mejor, de errores no provocados, como consecuencia autoinfligida aunque no buscada por la actividad político ideológica del partido y del gobierno.
    La primera es el exceso de propaganda política repetitiva, esquemática, mimética, etc. en que a veces caen los medios de comunicación que pudiéramos llamar, a falta de otro término mejor, de «oficiales». La segunda, es la percepción de que, en nuestro sistema político, nada cambia sustancialmente cuando, siguiendo a Fidel, conscientes del contexto histórico, sabemos que hay que cambiar todo lo que deba ser cambiado. Tengo la impresión, a juzgar por mi experiencia anterior y actual, y a falta de acceso a encuestas que seguramente se hacen, que para muchos ciudadanos se creó la expectativa de que habría cambios constitucionales y electorales necesarios y que se pospusieron sin que se explicara mucho por qué. Eso, que puede estar perfectamente justificado pero que sus razones no se han explicado públicamente, tiene un coste y ese coste se revierte en un impacto sobre el apoliticismo y el abstencionismo electoral que en estas elecciones parece haber sido superior al de otros procesos anteriores.
    A veces resulta contraproducente buscar las causas de determinados fenómenos negativos en el entorno internacional o en campañas ideológicas que nos vienen de afuera, pues no nos permite ver nuestros propios errores. Es por ahí por dónde yo creo que hay que empezar. Si esta hipótesis fuera cierta, es una lástima, porque en la discusión de los documentos rectores del actual proceso político en nuestro país (Lineamientos, Conceptualización y Visión) se hizo un proceso de democracia deliberativa ejemplar y que ciertamente estimuló la actividad política de los ciudadanos. Estamos en medio de un proceso de transformaciones clave en la manera de gobernar en Cuba y en el entramado institucional de nuestro sistema político. Pretender que eso no es así y que se puede hacer en total continuidad no es, a mi criterio, un acierto, sino un error, con potenciales consecuencias negativas a nivel de la conciencia política de la ciudadanía.

  • Jose R Oro dijo:

    Con la mayor concentración (y gusto) leí el documento del Prof. Pablo Guadarrama González, desearía muy comedidamente comentar algunos puntos:
    1. Acerca del Anarquismo, este es el nombre dado a toda filosofía política o social que llame a la oposición y la abolición del Estado, y en un sentido más genérico al rechazo de todo gobierno político o de toda autoridad social impuestos sobre el individuo, por considerarlos innecesarios o nocivos. Sébastien Faure (1858 1942), filósofo anarquista francés, dijo: «Cualquiera que niegue la autoridad y luche contra ella es un anarquista». Con un enunciado tan simple, ha tenido una considerable diversidad de interpretaciones y acciones, teniendo generalmente el objetivo de promover el cambio social hacia una futura sociedad, como expresara Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865), «sin amo ni soberano».
    Afirma el autor que “En verdad el anarquismo no es apolítico, sencillamente porque nadie puede serlo, pues una forma de hacer política es pretender ser indiferente ante los acontecimientos sociales, sus necesidades y transformaciones. De manera que pretender ser indiferente ante la política es una forma hipócrita de hacer política”, y que, “José Martí se enfrentó al presunto apoliticismo de los anarquistas que no querían pronunciarse ante la lucha por la independencia. Afortunadamente el sentido común se impuso y estos se unieron a esa honrosa labor, de la misma forma que lo hicieron los anarquistas españoles aliándose a demócratas y comunistas para tratar de salvar la República durante la Guerra Civil”
    2. En general el anarquismo de Cuba se inclinó principalmente hacia las tendencias anarco colectivistas (o Bakuninismo, por su ideólogo Mijaíl Bakunin), y posteriormente, hacia el anarcosindicalismo. La primera organización explícitamente anarquista, la Alianza Obrera, fue fundada en 1887 (y celebro el 1ro de Mayo en fecha tan temprana como en 1890) y uno de sus reglamentos era la prohibición dentro de la federación de todas las doctrinas políticas o religiosas. ¿Implicaba esta regulación “apoliticismo”? No, de ninguna manera, como correctamente dice el autor, el “apoliticismo” no existe, este era una regulación dirigida a evitar las actividades sectarias en el seno de la organización. Una característica esencialísima y que no se debe omitir del Anarquismo en Cuba durante el siglo XIX era que estaba formado esencialmente por “peninsulares”, con una reducida participación criolla, lo que explica su inicial indiferencia ante el independentismo liderado por Jose Martí. Jugaron en todo momento un fuerte papel de propaganda dentro de las filas del ejército colonial para que no reprimieran o pelearan contra los combatientes del Ejército Libertador.
    3. En la Guerra Civil española en general el anarquismo le hizo más daño que bien a la Republica, no tanto por “apoliticismo”, sino por ser, bueno, anarquistas, y contribuir a la desunión y resquebrajamiento de la necesaria unidad ante el fascismo. (Continuará)

  • Jose R Oro dijo:

    (Continúa) Circunscribiéndonos a nuestra época y circunstancias,
    4. Afirma sólidamente el autor, “De manera que el presunto apoliticismo −que debe reiterarse no es tal, sino en realidad otra forma sutil de hacer política contestataria− en el caso de Cuba debe ser considerado en aquellos que lo practican una expresión de inconformidad con el sistema social elegido, mantenido y defendido por la mayoría de su pueblo.” Lo que creo es correcto.
    5. ¿Triunfará el “apoliticismo”? Es la pregunta fundamental del artículo. La respuesta es no. En primer lugar porque lo que no existe, no puede triunfar. Además, si nos referimos en el caso cubano al “apoliticismo”, al “centrismo” y otros “ismos” a la indiferencia “ante los acontecimientos sociales, sus necesidades y transformaciones”, no me cabe duda que es una forma de manifestar apatía (si no de oculto rechazo) al socialismo, y lo más importante sería:
    a. Establecer porque esta apatía u oposición se desarrolla, más allá de la evidente actividad enemiga al respecto. ¿Cuales son las razones dentro del ámbito del socialismo que ha hecho a algunas personas ser apáticas? ¿Qué debemos hacer para mejorarlo, para captar a personas buenas pero políticamente apáticas, para que dejen de serlo y se sumen al común esfuerzo de la sociedad por construir un socialismo próspero, sostenible y humano?
    b. Al margen de la actividad académica y de la esfera del pensamiento, creo que algo bien tangible que influye en el “apoliticismo” son las ya demasiado extendidas carencias, y no el hecho mismo que estas carencias existan (por lo cual hay muchas razones, en primer lugar el cruel Bloqueo contra Cuba), sino la duda de si existe una determinación clara, convincente, del gobierno y la sociedad de mejorarlas y ulteriormente erradicarlas
    c. El peor enemigo, dice el grande y sincero Abel Prieto “es el desánimo” y todo lo que hemos discutido arriba es acerca del “desánimo”, nadie está leyendo hoy a Bakunin o a Francis Fukuyama en Cuba. Para acabar con ese “desánimo” hay que tomar acciones concretas respecto al crecimiento acelerado de la economía. No es “una expresión de inconformidad con el sistema social elegido, mantenido y defendido por la mayoría de su pueblo”, la inconformidad es con la vida diaria, es a veces una forma de alienación, de evasión, y esto no se resuelve, como diríamos los cubanos, «con más muela».

  • Sergio dijo:

    Y el EXCESO de POLITICA como se puede conceptualizar?,

  • Pablo dijo:

    El artículo bueno, la realizad cubana actual compleja.
    En unos días cumplo los 30 años y soy de la generación que vivió como niño y adolescente el Periodo Especial y creo desde mi punto de vista y analizando lo que he vivido y lo que conozco de la historia que hoy no existan muchos apolíticos en cuba, pues se está con el socialismo o con el capitalismo, en este caso creo que no hay términos medios pues un híbrido entre los dos sistemas no debe ser funcional.
    Que sucede, hoy los cubanos (la mayoría) desean tener un socialismo perfeccionado que pueda solucionar de a poco todos nuestros problemas e insatisfacciones pero al pasar los años vemos avances en cuanto a la forma de pensar de nuestro gobierno al respecto de lo que se necesita para avanzar y perfeccionarnos; sin embargo, en la concreta, en el día a día, no se percibe ningún avance y eso es lo que nos desalienta. Es por eso que como pueblo debemos implicarnos más en este proceso de perfeccionamiento de nuestro socialismo, y digo socialismo porque para mí el capitalismo no será nunca una opción.
    Ahora hay que analizar el tema del papel de los Delegados y Diputados y sus funciones como representantes del pueblo. Como teoría su papel se ajusta a lo que realmente necesita el pueblo cubano (un ejemplo de democracia) pero en la práctica es otra cosa, pues hay que tener en cuenta hasta donde los Delegados y Diputados le dan respuesta a los problemas de sus electores, hasta donde llega el poder que tienen para solucionarlos, hasta donde hoy el pueblo confía en que tanto los Delegados como los Diputados podrán ser un ente útil y no un miembro más de las Asambleas del Poder Popular en los diferentes niveles. Por experiencia puedo afirmar que algunas, para no decir que muchas, se enteran de quien es el candidato de su circunscripción el día que van a votar pues para ellos sin importar cual sea la persona que se elija los resultados serán los mismos. Y no estoy diciendo con ello que sus acciones evidencien rechazo a nuestro sistema ni a nuestro gobierno es solo que por mucho tiempo han visto transitar varios Delegados y Diputados y la realizada continúa siendo la misma. Es por estas razones que se debe revisar estas cuestiones y erradicar de una vez por todas las trabas internas que imposibilitan que avancemos.
    De este tema ahí mucho que decir pero lo dejo en manos de otros lectores, por mi parte solo me queda enfatizar en algo que dije en el inicio de mi comentario y es que “no existan muchos apolíticos en cuba” pues creo que solo alguien puede llegar ser apolítico cuando no le importe el futuro de su familia, sus amigos y por su puesto su país, pues toda persona que valore la vida y la vida de los suyos siempre tendrá una inclinación hacia un sistema u otro. Desgraciadamente muchos creen que no implicándose hacen bien, todo lo contrario dejan que otros piensen y obren por él.
    Seamos parte del cambio…

    • Jose R Oro dijo:

      Estimado Pablo. Tengo 35 años más que usted, tenía 6 al triunfo de la Revolución, mi papá me llevó a la Rampa a ver pasar a Fidel, Camilo y el Ejército Rebelde el 8 de enero del 1959. Me gustó mucho su escrito, su sinceridad, su buena redacción y ortografía. Usted pensará: ¿Qué tiene que ver la ortografía con el tema tratado? Mi respuesta es que usted toma en serio lo que escribe y que tiene la requerida auto-estima para tratar de hacerlo bien, y por supuesto lo logra. Me adhiero de todo corazón a sus criterios, y solo me atrevo a decirle un secreto (a usted y los demás Cubadebatientes): El socialismo debe temerle más a la pobreza que a la riqueza

      • Preocupao dijo:

        Amén!

      • Sergio dijo:

        JOSE

        CONCLUSION BRILLANTE:

        «El Socialismo debe temerle más a la POBREZA que a la RIQUEZA»,,,, oiga, como decimos «NOJOTROS», no se de donde lo sacó, no se cuales fueron las «conexiones inter-neuronales» que le funcionaron jajajajaajjaja, pero le ha quedado BRILLANTE,,,,,

        Saludos, Profesor

      • Candela dijo:

        Estimado Oro, COINCIDO PLENAMENTE CON USTED. Y lo digo responsablemente.

        Al sacar cuentas de su respuesta al joven Pablo -muy interesante, también y en línea con lo que mis hijos dicen-, usted y yo, Oro, pertenecemos a la generación que nuestros padres alzaron aquel 8 de enero para recibir la Caravana de la Victoria encabezada por Fidel.

        Conservo en la memoria los sueños de entonces de mis padres y abuelos, pertenecientes a una clase media alta que hizo causa común con la Revolución y se quedaron a correr la misma suerte de todos aunque eso significara -como significó- un descenso brutal en sus niveles de vida; pero lo hicieron con todo el amor del mundo y un patriotismo a prueba de todo.

        Crecí con total entrega lo vivido en estos difíciles y heroicos años de resistencia frente a la agresividad del imperio; pero también la vida me dio la oportunidad de vivir la experiencia del derrumbe del Campo Socialista y la desintegración de la URSS y de visitar por razones de trabajo, esos países durante los años subsiguientes y conversar con la gente, con los que nunca llenan los discursos que publican las portadas de los periódicos, pero son los actores que por seguir o no ideas, determinan los cambios; entonces usted tiene mucha razón en su frase final a Pablo: «El socialismo debe temerle más a la pobreza que a la riqueza».

        Y para reafirmar su concepto, voy a remitirme a José Martí cuando en su texto «Maestros ambulantes» sentenció:

        “Ser bueno es el único modo de ser dichoso./ “Ser culto es el único modo de ser libre./ “Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno”.

        Así las cosas, la idea del «socialismo próspero y sostenible» que enarbola nuestro presidente Raúl Castro ES UNA NECESIDAD PARA LA SUPERVIVENCIA DE LA REVOLUCIÓN, de modo que LA VERDADERA CONTRARREVOLUCIÓN no está en los cuatro gatos peseteros del imperio que nadie sigue; LA VERDADERA CONTRARREVOLUCIÓN ESTÁ EN LOS QUE DESDE PUESTOS DECISORES, sea por incapacidad u oportunismo, OBSTACULIZAN Y RETARDAN LAS TRANSFORMACIONES Y PROGRESOS que dependen de nosotros mismos y nuestra población necesita acabar de ver reflejadas en la mesa de su casa.

      • Pablo dijo:

        Para Jose R Oro y de demás lectores:

        Muchas gracias de todo corazón por sus comentarios…

  • senelio ceballos dijo:

    jajaja…Estimado LINK J. de Oro…ya supe vuestro anno de nacimiento!!..Solo me falta saber su preparacion academica….Saludos !!! Apoyo vuestro criterio al 200%…LA RIQUEZA no es enemiga del socialismo…OTRA COSA SON…..La pobreza fisica y aun PEOR LAS POBREZAS MENTAL, MORAL , ESPIRITUALES……En muchos paises y repubicas he visto esa pobreza ..NO FISICA….TE dire…una cosa que cuando visite a mi amada isla la ultima vez..2012 – 13,,Vi razgos / indicadores de esa pobreza mental-moral-spiritual … J. de Oro…incluso te puedo agregar..Mientras mas te alejas de la Habana [capital-Matanzas-varadero ]…MAS notable son esos razgos….PERO…DONDE ME ASUSTO VERLOS despues de casi 20 annos..Fue en las lomas de Cunagua y mi Escambray…Donde particupe en peleas ilegales [ que todos por la zona saben donde se realizan] de gallos y perros…..Alcohol, desgastes morales y pobrezas espirituales…Peor que en algunos paises africanos que he visitado….En los marabusales de Bayamo DOLOROSO!!!….Cont

    • Jose R Oro dijo:

      Geologo. Un fuerte abrazo!

  • Pablo Guadarrama González dijo:

    He leído con sumo interés estos comentarios publicados en Cubadebate y otros que me han llegado directamente.
    Todos me parecen muy válidos y aportadores, independientemente de que se pueda coincidir en cada detalle. Pero de eso, no se trata. Lo importante es que el articulo pueda contribuir de algún modo al análisis de estos y otros problemas en nuestro país.
    Siempre recuerdo que cuando Fidel en el congreso de fundación del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Ciencia solicitó intervenciones sobre las razones por las cuales se estaba derrumbando el socialismo en la Unión Soviética y otros países de Europa Oriental varios ofrecimos nuestros criterios.
    En mi caso me limité a puntualizar que además de múltiples causas socioeconómicas y políticas consideraba que también había influido el hecho de que los dirigentes de los partidos comunistas en esos países le prestaban más atención a los periodistas de publicaciones oficiales que a los científicos sociales, porque estos últimos profundizaban en problemas que generalmente los primeros desfiguraban con artículos apologéticos.
    Me impresionó que al día siguiente Fidel de forma directa me preguntó si ya ese día había leído el periódico Granma. Le respondí que era muy temprano y aun no lo había hecho. Nos dijo, con el periódico en la mano, al auditorio del Palacio de Convenciones , que lamentablemente lo que yo había dicho la tarde anterior era cierto. El Granma de ese día no había hecho su labor en informar adecuadamente lo que habíamos debatido en verdad el día anterior por lo que sugirió que, dado que todas las intervenciones se había grabado, se presentaran por la televisión nacional, sin editarlas. Así se hizo.
    Por eso me alegra mucho que Cubadebate sea un espacio para estos análisis, como su nombre indica, aunque limitado por su alcance para la mayoría de la población cubana. Pero al menos puede servir a los que actualmente tienen la enorme responsabilidad de dirigir nuestro país puedan conocer estos estados de la opinión pública cubana.
    Seguiré muy atento a otros comentarios,
    Pablo Guadarrama

    • Randy dijo:

      Gracias profesor por su artículo y su aporte al debate. Gracias también por su elogio a nuestra publicación. Saludos

      • Pablo Guadarrama González dijo:

        Estimado Randy
        Les agradezco mucho haber publicado el articulo y contribuir de algún modo a este necesario debate en nuestro país.
        Un saludo cordial
        Pablo Guadarrama

    • Jose R Oro dijo:

      Excepcional y profundo artículo y comentario, Prof. Pablo Guadarrama González. El que usted lea y analice críticamente los comentarios es algo magnifico y que habla volúmenes de usted, es una manifestación del privilegio que usted posee de pensar y seguir el camino de Fidel. Emocionante su memoria de Fidel con el periódico en la mano durante la sesión en el Palacio de las Convenciones. ¡Tremendo!
      Quisiera, de la mas comedida manera, añadir que su expresión “me limité a puntualizar que además de múltiples causas socioeconómicas y políticas consideraba que también había influido el hecho de que los dirigentes de los partidos comunistas en esos países le prestaban más atención a los periodistas de publicaciones oficiales que a los científicos sociales, porque estos últimos profundizaban en problemas que generalmente los primeros desfiguraban con artículos apologéticos” es sumamente cierta, pero creo que falta decir que además de en cierta medida ignorar a los “científicos sociales” porque no querían escuchar lo que no les gustaba, faltaba en muchas ocasiones el contacto con sus pueblos, que es el primordial “científico social” del mundo entero.
      Muchas felicidades, el hecho de que su artículo haya sido tan comentado y el que usted le preste significativa atención a lo debatido (a pesar de que como usted dice correctamente está de momento “limitado por su alcance para la mayoría de la población cubana”), y quizás los que podemos hacerlo, en Cuba y fuera de ella, no representemos de una forma estadísticamente exacta, el promedio del pensamiento del pueblo. Pero, del lobo un pelo, creo que todos los Cubadebatientes aplauden su valioso artículo, las opiniones vertidas surgen del amor por Cuba y no de la “indiferencia”, y no puedo menos que sumarme humildemente, a su felicitación a Cubadebate por su inmensa labor.

      • Pablo Guadarrama González dijo:

        Le agradezco profundamente su valioso comentario y por supuesto estoy de acuerdo con su criterio de que no ha sido solamente prestarle mas atención a los periodistas que a los científicos sociales, sino a la ingenua comodidad de tratar de tapar el sol con un dedo.
        Pablo Guadarrama

  • Jose R Oro dijo:

    Muy estimados Candela, Sergio, Preocupao, Alzugaray. Qué nivel tan alto el de este debate, me admira la profundidad y sinceridad de los comentarios. La cita martiana de Candela es simplemente extraordinaria, fenomenal. Qué bueno que tantos amemos a la patria y que Cubadebate, ese poderoso bastión (yo la llamaría el “San Carlos de la Cabaña”) de la Batalla de las Ideas, sea el vehículo vibrante de nuestra idolatría por el “dulcísimo misterio”.
    Un fuerte abrazo cubano para todos

  • Rie dijo:

    Es interesante la postura del profesor Guadarrama. No obstante, creo que el apoliticismo como concepto politológico no existe. El ser social no es apolítico per se, sino como producto del propio sistema. Déjenme explicarme. En una sociedad liberal los derechos políticos, siendo el principal el voto electoral, determinan un resultado (en un modelo ideal, corrupción más allá, más acá, competencia partidista, intereses clientelares, etc). La voluntad popular se evidencia en una realidad (elección y voto) tangible y resultados (presidente, gobernadores, diputados, senadores) intercambiable cada cierto periodo establecido constitucionalmente.
    Existen muchos análisis sobre el voto (utilidad del voto, votante mediano, calidad democrática, intención de voto, disciplina electoral, voto de castigo, abstencionismo, y un largo etc). Porque para estos sistemas el voto es la representación de un derecho que tiene consecuencias directas. (el ejemplo es Estados Unidos, votar significa que cada cuatro años el Ejecutivo puede ser cambiado)(En base a esto existen cientos de estudios:esfuerzo del agente, pesos y contrapesos, competencia electoral, instituciones)
    En tal sentido, un ciudadano (como categoría social y política) por el solo hecho de ser ciudadano ya no puede considerarse apolítico (entraríamos en contradicción entre ciudadanía y derechos políticos) puesto que ser ciudadano significa la madurez legal para ejercer sus derechos ciudadanos, es decir, derechos y deberes ciudadanos (dentro de los cuáles está precisamente el voto). Otra cuestión es qué se entiende por política. Básicamente, la política es la capacidad para influir en el gobierno de los hombres (siendo elegido o eligiendo). Se convierte una persona en apolítico, si esto existiera cuando el derecho político le es negado (por ejemplo cuando cumple una sanción de privación de libertad, se le suspenden los derechos políticos, es una persona apolítica o cuando es niño, puesto que no tiene habilitado sus derechos políticos).
    Una cuestión central al trabajo del Profesor Guadarrama: ¿dónde encontrar «culpables» al hecho de que alguien no se identifique con un proceso electoral? ¿El voto cubano ha incidido o cambiado directamente alguna ley en Cuba? Podemos citar cualquier ley en Cuba y algunas bastante leoninas (inversión extranjera, la propia ley electoral por ejemplo que data de 1992 cuando tantas cosas han cambiado) contra las cuales ningún diputado del Parlamento haya alzado su voz a no ser para legitimarla. Creo que el principal problema de lo que se comenta aquí no es el apoliticismo propiamente, sino la negación del derecho efectivo a que el voto cuente y sea representativo. La opción de la abstención es válida en cualquier sistema. La pregunta es: ¿cambió algo cuando los que debían votar no lo hicieron? ¿Hubo un desequilibrio entre las fuerzas participantes en el ejercicio? Permítanme discutir y debatir. Primero debemos entender bajo qué concepto de política estamos desarrollando el análisis, segundo debemos entender cuáles son efectivamente las causalidades reales detrás de los resultados y tercero, que significará esto en términos políticos para la Cuba del mañana. Porque puede llegar a suceder que en algún momento los 7 millones que tenemos derechos a votar sencillamente ejerzamos el derecho a la abstención. Y no pase nada.

  • Pablo Guadarrama González dijo:

    Estimado Rie
    Coincido con sus análisis en lo fundamental independientemente de que si se le llame apoliticismo o abstencionismo.
    Parece que en el caso de Cuba otra cuestión que nos afecta seriamente es el unanimismo, al que hay que dedicarle profundos análisis.
    Tal vez si se supera este puede incidir favorablemente en que el otro disminuya aunque no se erradique definitivamente como en ninguna parte.
    Pablo Guadarrama

Se han publicado 37 comentarios



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Pablo Guadarrama González

Profesor de Mérito de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas.

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