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Fidel Castro y Oriana Fallaci: La entrevista frustrada

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Oriana no era muy alta, más bien delgada, eléctrica, vibrante. Foto: Ethic.

Oriana no era muy alta, más bien delgada, eléctrica, vibrante. Foto: Ethic.

Oriana Fallaci, la conocida periodista y escritora italiana, llamó a mi oficina en la Misión Permanente de Cuba ante las Naciones Unidas y pidió hablarme. Corría el año 1980. Quería verme personalmente, pues deseaba una entrevista con el presidente Fidel Castro. Me dijo que había estudiado detenidamente su proyección, sus acciones dentro y fuera de Cuba y que creía poder hacer algo de impacto para L’Europeo y otras publicaciones con las que colaboraba. La cité al día siguiente a la residencia, sita entonces en la Calle 81, entre las avenidas Park y Madison, como a las 18 horas.

No era nada extraño que una periodista famosa quisiera entrevistar al jefe de la revolución cubana, pero me intrigó el interés de Oriana: los trabajos publicados en su libro asaz polémico, pero bien escrito y muy agudo, Entrevistas con la historia, solían dejar mal parados a los personajes entrevistados. Pongo por caso la que hiciera al ayatollah Ruhollah Khomeini, líder de la revolución iraní, poco menos que irrespetuosa y, sin duda, provocativa.

Oriana no era muy alta, más bien delgada, eléctrica, vibrante. Una belleza más cercana a Magnani, por lo fuerte, que a la sensual Silvana Mangano. Pálida y de cabellos castaños, con algo de rosa viejo. El apretón de manos fue enérgico, decidido. La saludé en italiano, idioma que aprendí hace mucho, aunque ella se había dirigido a mí en inglés. Por cierto, con fuerte acento itálico. Traía una bolsa con varios de sus libros. “Nunca se sabe, tal vez el Embajador no tenga idea de quién es Oriana Fallaci”, me dijo sonriente.

En realidad, solo conocía el que mencioné antes y algunos artículos en revistas italianas y estadounidenses, de modo que agradecí los ejemplares de Un uomo y Carta a un niño que nunca nació, obras llenas de pasión y ternura, sobre su compañero —combatiente griego— y el hijo que no tuvo, que me permitieron conocer mejor a aquella mujer fascinante y, a veces, terrible.

Sospechando que la respuesta de La Habana, al tanto por supuesto de sus características menos amables, podía ser negativa, me adelanté a decirle que Fidel Castro no solía dar muchas entrevistas… Me interrumpió: “¡Ah, pero ha dado entrevistas a Dan Rather y Barbara Walters, que son yanquis! ¿Cómo no habría de dármela a mí, que soy italiana y simpatizo con la revolución cubana? Porque no soy comunista, cierto, pero siempre he sido anarquista, enemiga de la burguesía, de la explotación de los pequeños. Y voy a hacerle a Castro la mejor entrevista que jamás le hayan hecho. ¡Va a ser un éxito clamoroso! ¡Todo el mundo me lee, todos los dirigentes que importan! Puede asegurarle a Fidel Castro que yo haré una entrevista amistosa, no como otras que he hecho a líderes que no me gustan. Sé que por eso me temen, algunos…”.

“No se trata de eso, señora —repuse enseguida—, sino de que el Presidente tiene poco tiempo libre y una entrevista con usted implica invertir parte del que no tiene en prepararse —leer sus libros, conocer su manera, meditar sobre lo que le interesaría decirle, en fin”. Oriana volvió a la carga, reiterando sus argumentos e insistiendo en que podíamos estar seguros de que actuaría con entera limpieza, de que nada contra Cuba o Fidel saldría de su pluma.

Prometí dar curso a su solicitud e incluso abundar sobre cuanto me había expuesto, con su mismo énfasis y claridad; lo cual hice, aunque albergando bastantes dudas sobre el carácter de la respuesta a recibir.

Creo que la primera reacción fue de Carlos Rafael, expresándome las mismas preocupaciones que yo en el fondo tenía respecto a lo que Oriana podría publicar finalmente, teniendo en cuenta sus anteriores entrevistas y artículos, su fama de provocadora y —como decimos en Cuba— de “libretera”, en el orden político. De todos modos, el asunto estaba siendo considerado por Fidel.

Al cabo de una semana, Oriana telefoneó y hube de decirle eso mismo; que debíamos esperar. Ella insistió en la importancia de verlo pronto y, en su estilo como de remolino, adujo no sé cuántas razones por las que era “indispensable” que Fidel Castro la recibiera.

Días después llegó la respuesta: Oriana debía trasladarse a Cuba en los días cercanos al 26 de Julio, que ese año se conmemoraría en Santiago de Cuba, para viajar a la indómita capital oriental donde podría encontrarse con Fidel Castro. Trasmití el mensaje y recuerdo la alegría de la sagaz giornalista cuando supo que sus deseos habrían de cumplirse.

Fallaci fue y regresó del caimán, eufórica. Vino a casa a verme y me contó: “En La Habana estuve pocos días. Allí me atendió el capitán Antonio Núñez Jiménez —muy atentos él y su mujer—; en su casa conocí a varias personalidades de la cultura y la política cubanas, entre otros, a uno muy simpático, inteligente y culto: Guevara”. “Sí —le dije—, Alfredo, fundador del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). No, no es pariente de Che”. “Ah, bueno, él mismo, concordó. Fueron muy agradables y me dieron mucha información sobre vuestro país”.

“Fuimos a Santiago y, después del acto —realmente multitudinario y entusiasta—, a una casa donde vendría Castro. Esperé ansiosa…. ¡Y por fin llegó! Tuvimos una larga plática; expliqué mis intereses, sugerí que más que una entrevista podría ser un libro, que estaba segura de que sería un éxito fenomenal. Fidel Castro respondió que no tenía tiempo en esos días para que conversáramos sobre todos los temas: ‘¿Por qué no viene en septiembre? Entonces estaré más libre y creo que podríamos contar con el tiempo necesario’”.

Oriana aceptó, desde luego. Y comenzó a hacer planes enseguida. Debía ir a Europa a ajustar ciertas cosas, no sé si relativas a la entrevista, y ver a su editor, en fin… Prometió estar en contacto telefónico, por si tenía algún recado de La Habana. Y partió, dejándome sus teléfonos en Italia y Nueva York.

Fidel canceló toda posibilidad de conceder a Oriana una entrevista. Foto: Ethic.

Fidel canceló toda posibilidad de concederle una entrevista a Oriana. Foto: Ethic.

No recuerdo si 15 días después, o algo más, recibí la noticia del arribo de Alfredo Guevara, quien venía a encontrarse con Oriana para darle un mensaje importante. Mientras tanto, debía localizarla y asegurarme de que estaría en Nueva York en esos días. Cuando di con ella —ya había regresado de Roma— se entusiasmó, intuyendo que las cosas marchaban más rápido de lo imaginado.

Conversé con Alfredo el día antes de la entrevista, a la que debía acudir solo, por instrucciones del Comandante, y me anticipó la tremenda noticia: Fidel había cancelado toda posibilidad de conceder a Oriana la entrevista. ¿Por qué? A su salida de Cuba, en el vuelo que la condujo a México en ruta hacia Nueva York, iba sentada al lado de un periodista que creyó italiano —idioma en el que hablaron— y le transmitió sus impresiones muy negativas, absurdas realmente, sobre Fidel Castro, comparándolo ¡nada menos! que con Benito Mussolini.

Fallaci no había entendido al personaje que ansiaba entrevistar y emitió juicios superficiales sobre alguien que apenas conocía, con quien solo había conversado un par de horas, si acaso. El “periodista italiano” no era otro que Jorge Timossi, argentino de origen italiano, colaborador de Prensa Latina. Él hizo llegar esa información a Cuba, motivando la comprensible decisión de Fidel.

En efecto, ponerse en manos de Oriana Fallaci era correr un riesgo que podría causar daños a la Revolución, sobre todo teniendo en cuenta la enorme difusión de sus trabajos. Alfredo debía expresarle, razonadamente, las objeciones del Comandante a mantener la cita, con todo el cuidado de que era capaz Guevara, pero sin dejar dudas de que teníamos derecho a no seguir adelante ni confiar en ella.

Alfredo me narró aquel borrascoso encuentro. Oriana estaba furiosa, caminaba, gesticulaba, gritaba, se detenía, volvía sobre su interlocutor y, abriendo desmesuradamente los ojos, vociferaba: “Esto no se me puede hacer, yo puedo significar mucho para Fidel Castro, porque lo que escribo lo leen todos los hombres importantes del mundo; ¡yo lo colocaré en la cima de la historia!”. Y así por el estilo. Guevara estaba asombrado, pero no hizo concesiones ni abrió resquicio alguno que descubriera una mínima posibilidad. Al final, se despidió cortésmente, bajo las andanadas de la incoercible Oriana.

Aparte de sus intentos telefónicos para que le insistiera a Fidel Castro en mantener la entrevista, dándome todo tipo de seguridades y alegando que la información trasmitida al Comandante era totalmente falsa y que así lo había dicho a Guevara, hubo uno que me sorprendió.

El embajador La Rocca, mi colega italiano ante las Naciones Unidas, me invitó a almorzar con el canciller Giulio Andreotti —a la sazón Jefe de la Delegación de Italia a la Asamblea General— en su residencia, en la Trump Tower, con una vista fabulosa sobre la catedral de San Patricio. Acepté, como es lógico, sin tener idea de qué podría querer tratar conmigo aquel gran personaje de la política europea de la segunda posguerra, varias veces primer ministro y canciller, demócrata-cristiano y “heredero”, en cierto modo, de De Gasperi quien, por lo demás, siempre tuvo una actitud amistosa hacia Cuba.

Grande fue mi sorpresa cuando declaró que sería importante, incluso en el contexto de nuestras relaciones bilaterales, que el presidente Fidel Castro concediera una entrevista a Oriana Fallaci, influyente y destacada periodista italiana a quien seguramente conocía, “que era no solo una personalidad de gran relieve en Italia, sino en toda Europa e internacionalmente”. Con todo respeto, repuse que yo había tramitado personalmente ese deseo de la renombrada escritora, pero podía ya decirle que dudaba mucho se concediera la entrevista en vista de las opiniones expresadas por Oriana sobre Fidel. Andreotti dio a entender que ciertas fuerzas importantes le habían pedido intervenir cerca del Gobierno cubano para que se rectificara la decisión.

Andreotti insistió y me hizo prometerle que, de todos modos, notificaría al Presidente su deseo, lo que hice ese mismo día, agregando cuál había sido mi respuesta al Canciller. Días después, cuando ya este había regresado a Italia, recibí un mensaje indicándome que la respuesta del Comandante no había variado y que así lo informara al alto dignatario. Con pesar, recibió La Rocca la noticia.

Muchos años después, cuando me desempeñaba como Embajador ante la Santa Sede, visité en varias ocasiones a Andreotti, entonces Senador vitalicio, en su oficina del Senado y en su propia casa, al lado opuesto del Tíber pero cerca del Vaticano. Nunca comentamos aquel episodio, mas fue siempre muy afectuoso al referirse al Comandante.

(Tomado de La Jiribilla)

Se han publicado 40 comentarios



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  • Erne dijo:

    Mira que decir que con su pluma iba a colocar a Fidel en la cima de la historia. Pobre infeliz. Alguien debió explicarle que los grandes hombres se bastan a sí mismos, con su obra junto a sus pueblos que le reconocen autoridad y los asumen como sus líderes, para alcanzar la cima de la historia. Fidel es un buen ejemplo de eso. Nunca perdió su credibilidad ante su pueblo y millones de personas del mundo, a pesar de tanta propaganda negativa y del esfuerzo de no pocos plumíferos por denigrarlo. Si se ha mantenido en la cima de la Historia es por su vida, desde muy joven junto a las causas justas, llena de sacrificios, riesgos, peligros, voluntad de hierro, fidelidad a un ideal, compromiso intachable con los pobres, en fin, un luchador incansable durante toda su vida. Eso lo ha llevado a conquistar un lugar en el corazón de millones de personas, que lo veneran y respetan como algo muy, muy querido. Es así como se llega a la cima de la Historia, de la mano de una vida digna y llena de sacrificios, y no de la voluntad de una pluma, mucho menos de la pluma de una chiquilla creída y malcriada.

    !! Bien hecho, COMANDANTE !!

    Saludos

  • Alicia Aurora dijo:

    Nuestro querido Comandante construyó una obra enorme, la obra de la dignidad, del ejemplo, de la moral: La Revolución Cubana, defendiéndola como un gigante junto a su pueblo. Esto lo colocó en la cima de la Historia!!!
    Por eso es mi inspiración, mi héroe, mi sueño de cada día, el ejemplo de dignidad que mueve el corazón de todos los revolucionarios del mundo!!! Es mi motor, me da fuerzas para luchar por siempre por la Patria!!!
    Que GRANDE es ud Comandante!!! Cada día su legado estará más vivo en nosotros!!!

  • Julio Cesar dijo:

    Excelente anécdota del camarada Roa,cuanto nos falta por conocer de nuestro querido Cmdte y mientras más sabemos más convencidos estamos de su grandeza y a la vez humildad. Cuán equivocada estaba ella al hacer creer que su entrevista le daria la fama y reconocimiento que necesitaba el Cmdte, no sabia que Fidel era Fidel por encima de todos esos estereotipos del mundo imperial.

  • Carlos de New York City dijo:

    POESIA de Alberto Angel Pedro .


    ¿De qué te precias, belleza vana,

    mujer estéril y vanidosa?,

    ¿de qué te sirve, divina rosa,

    tener las manos de porcelana;

    ojos divinos, faz de alabastro,

    piel cincelada por la alba luna…

    donde no existe mácula alguna,

    ¡donde se oculta fúlgido un astro!.

    Vas por el mundo avasalladora,

    la vanidad es tu áurea bandera,

    tu eterno anhelo: ¡Ser la primera!,

    ¡luminiscente como la aurora!

    Del mundo has elegido vivir entre delicias

    pensando que el invierno no habrá de herir tu pecho;

    con gula a tus amantes te ofrendas en el lecho

    y das a todos ellos pletóricas caricias.

    Esa virgen boca, de selecta fresa,

    que a los hombres ata, y en su red apresa,

    perderá el perfume de su actual encanto;

    no saldrá ante el tiempo para siempre ilesa,

    ni ha de verse libre por el desencanto.

    No confíes en los lenguajes lisonjeros,

    de los hombres sus palabras embusteras,

    que jamás serán veraces o sinceras:

    ¡no permutes tus caricias por dinero!

    No confies en tu hermosura,

    de tu rostro la blancura,

    en tus dientes el marfil;

    mira, pues, que tu sonrisa,

    son las heces que desliza

    albañal impuro y vil.

    No concibas, ¡hay!, que tal vez eres el todo,

    hasta la azucena más diáfana y blanca

    el hombre insensato del suelo la arranca,

    ¡hasta las gaviotas conocen el lodo!

    Libra tu alma del placer, que es tan profano,

    no confies en el engaño de sus galas,

    porque loco hace extraviar tu corazón.

    Porque he visto a mariposas, que sin alas,

    son, sin ellas, con justísima razón,

    sólo viles y patéticos gusanos.

    ¿Dime, tú, si eres prudente, si es que en ti hay leve cordura:

    Acaso no se marchita la flor blanca que da abril?,

    ¿no se gasta el mármol bello que da forma a la escultura?,

    ¿acaso la piel hermosa no se vuelve un día senil?.

    ¿Qué será de tu existencia envejecida,

    cuando sepas de orfandad y desamparo?,

    cuando se haya consumido al fin tu vida

    y no encuentras en el mundo nunca amparo.

    Cuando la fortuna se te niegue

    y la gloria dulce de tu frente,

    que admirara tanto en ti la gente,

    a cubrir tu cuerpo nunca llegue.

    Cuando en ti ya no se encuentre la salud,

    ni las fuerzas de tu antigua juventud,

    cuando más ya no despiertes la lujuria

    de los hombres y su pérfida maldad.

    Cuando llegue a ti ese tiempo traicionero,

    hallarás sólo en sus ojos odio y furia,

    o talvez, algún rescoldo de piedad.

    Hoy tu vida es como un místico capullo,

    una rosa que no ha sido maltratada.

    Lleno está todo tu ser de vano orgullo,

    más tus penas llevarán de ti un murmullo,

    cuando vieja, tu memoria sea olvidada.

    AUTOR: ALBERTO ANGEL PEDRO

    Engañosa es la gracia y vana la hermosura: la mujer

    que teme a Jehová, esa será alabada. PROV. 31:30

    ¿De qué te precias, belleza vana,

    mujer estéril y vanidosa?,

    ¿de qué te sirve, divina rosa,

    tener las manos de porcelana;

    ojos divinos, faz de alabastro,

    piel cincelada por la alba luna…

    donde no existe mácula alguna,

    ¡donde se oculta fúlgido un astro!.

    Vas por el mundo avasalladora,

    la vanidad es tu áurea bandera,

    tu eterno anhelo: ¡Ser la primera!,

    ¡luminiscente como la aurora!

    Del mundo has elegido vivir entre delicias

    pensando que el invierno no habrá de herir tu pecho;

    con gula a tus amantes te ofrendas en el lecho

    y das a todos ellos pletóricas caricias.

    Esa virgen boca, de selecta fresa,

    que a los hombres ata, y en su red apresa,

    perderá el perfume de su actual encanto;

    no saldrá ante el tiempo para siempre ilesa,

    ni ha de verse libre por el desencanto.

    No confíes en los lenguajes lisonjeros,

    de los hombres sus palabras embusteras,

    que jamás serán veraces o sinceras:

    ¡no permutes tus caricias por dinero!

    No confies en tu hermosura,

    de tu rostro la blancura,

    en tus dientes el marfil;

    mira, pues, que tu sonrisa,

    son las heces que desliza

    albañal impuro y vil.

    No concibas, ¡hay!, que tal vez eres el todo,

    hasta la azucena más diáfana y blanca

    el hombre insensato del suelo la arranca,

    ¡hasta las gaviotas conocen el lodo!

    Libra tu alma del placer, que es tan profano,

    no confies en el engaño de sus galas,

    porque loco hace extraviar tu corazón.

    Porque he visto a mariposas, que sin alas,

    son, sin ellas, con justísima razón,

    sólo viles y patéticos gusanos.

    ¿Dime, tú, si eres prudente, si es que en ti hay leve cordura:

    Acaso no se marchita la flor blanca que da abril?,

    ¿no se gasta el mármol bello que da forma a la escultura?,

    ¿acaso la piel hermosa no se vuelve un día senil?.

    ¿Qué será de tu existencia envejecida,

    cuando sepas de orfandad y desamparo?,

    cuando se haya consumido al fin tu vida

    y no encuentras en el mundo nunca amparo.

    Cuando la fortuna se te niegue

    y la gloria dulce de tu frente,

    que admirara tanto en ti la gente,

    a cubrir tu cuerpo nunca llegue.

    Cuando en ti ya no se encuentre la salud,

    ni las fuerzas de tu antigua juventud,

    cuando más ya no despiertes la lujuria

    de los hombres y su pérfida maldad.

    Cuando llegue a ti ese tiempo traicionero,

    hallarás sólo en sus ojos odio y furia,

    o talvez, algún rescoldo de piedad.

    Hoy tu vida es como un místico capullo,

    una rosa que no ha sido maltratada.

    Lleno está todo tu ser de vano orgullo,

    más tus penas llevarán de ti un murmullo,

    cuando vieja, tu memoria sea olvidada.

    AUTOR: ALBERTO ANGEL PEDRO

  • Preocupao dijo:

    Oriana Fallacci era una periodista de armas tomar. He leído un par de artículos escritos por ella, y la verdad que no se anda por las ramas. La respuesta de Fidel era comprensible, y muy comprensible que en el vuelo le sentaran al lado a alguien para sondearla. Para una persona acostumbrada a bucear en el mundo de la política, ahí pecó de lengualarga como una simple aprendiz.

    • Eduardo González S. dijo:

      Preocupao: La Oriana pecó de “bembeperra”. Y al Comandante nadie pudo clavarle nunca una banderilla por bueno o buena que fuera el adversario preguntón. Otra cosa, si los gringos nunca se arriesgaron a discutir con él la solución del diferendo Cuba-USA, presumo que fue por su capacidad de convencimiento al dialogar. Ese le vendía una nevera llena de cubitos de hielo a un esquimal. Cuando la Conferencia “La Crisis de Octubre, 40 años después” hubo una joya cuando soltó “figúrense, en aquel tiempo yo no confiaba en el señor McNamara” y par de segundos después llegó la traducción a los audífonos de los asistentes yanquis y soltaron la carcajada más estentórea en un evento como ese. No en balde, Bárbara Walters le dijo en un momento de su entrevista: “ahora sé porqué dicen que usted es un abogado terrible”. “¿Eso significa un abogado malo?” “¡No, no, uno muy bueno!”, respondió la Walters. Creo que la italiana se sobrestimó y cometión el error típico: no tuvo la humildad de ser comedida en sus quehaceres lengüetraperos.

  • OBSERVADOR dijo:

    Jamas tuvo como intención esta periodista escribir bien sobre Fidel si se hubiera dado esta entrevista, por las palabras de Roa todo indica que quien deseaba colocarse en la élite periodística era ella, ansiosa de fama y reconocimiento hubiera sido capaz de cualquier cosa.

  • Orlando dijo:

    Excelente cronica de Raulito. Sigue adelante que todavia tienes muchas mas cosas interesantes que contar, como esta sobre Oriana Fallaci, Independientemente de sus meritos profesionales, fue una personalidad con un ego gigante, y detras del desprecio sobre algunos de sus famosos entrevistados, habia en el fondo una islamofobia atroz que caracterizo sus ultimos anos de su profesion, en franca decadencia. Y hay que volver sobre ello, pues muchos jovenes estudiantes y profesionales del periodismo cubano tienden a idolatrarla sin ir al fondo del personaje y sus verdaderas motivaciones.
    En esta ocasion, Fidel, que si hablo con ella pero no se dejo entrevistar, la calo con esa vision de ir al futuro, regresar y contarnoslo. Gracias Raulito.

  • Manuel López Rodríguez dijo:

    Fidel ya está en la Cima de la Historia.
    Allí lo colocaron su voluntad y el pueblo de Cuba.
    ¡Y esa Cima es intocable!

  • giuliano giovannini dijo:

    nosotros italianos la conocemos O Fallaci. esta una mentirosa y contra la Revolucio Cubana. Viva Fiddel

  • Pedro dijo:

    Iba a ser una entrevista difícil.

    • Medardo Torres Falcón dijo:

      Estoy seguro que sería como dice Pedro, una entrevista difícil, pero para ella, porque a mas de un periodista con mala intención, Fidel lo puso en apuros ante las cámaras, después seguramente violaría todos los principios de la ética periodística y publicaría lo que a ella le hubiese convenido, de su mala fe ya se sabía, no se podía correr el riezgo, como siempre primó la inteligencia del jefe que no tenía que subir a ninguna cima, ya estaba en ella y ahí seguirá para la eternidad.

  • Pedro dijo:

    Es famoso su episodio con el Ayatola Jomeini cuando se quitó el velo nada más entrar en su despacho para entrevistarle.

    Dicen que el Ayatola pasó el peor rato de su vida.

  • Kmilo dijo:

    Excelente artículo. Inmenso FIDEL como siempre, con esa visión del futuro, capaz de avisorar lo que otros no ven. Como se te ocurre Oriana, FIDEL siempre ha sido grande y ha estado y estará en la cima de la Historia Universal. Desde su época de estudiante en el Colegio de Belen, uno de sus maestros lo dijo: Tiene madera, solo falta el artista. Y eso fue él un artista de la palabra, explicando, convenciendo y sobre todo ensenñando.

    • Eduardo González S. dijo:

      Kmilo: Corrección: “Tiene madera Y NO FALTARÁ EL ARTISTA”

  • estrella dijo:

    el comandante escaló la historia solo, ella queria desvirtuarlo, desde entonces se ve la lucha mediatica, ni que ella fuera Dios para llevarlo a la cumbre, homnipresente y homnipotente, equivocada la periodista esa, con todo y su curriculum vino a estrellarse contra el marmol de la sierra

  • Raul dijo:

    Aqui les dejo a su disposicion una carta que la escritora y periodista la enviara al Comandante solicitandole poder entrevistarlo:

    “Nueva York, mayo de 1983

    Estimado señor Castro,

    Pasaron casi dos años desde que Enrico Berlinguer, al volver de su viaje a Cuba, me dijo que había hablado con usted para pedirle que me conceda una entrevista, instancia que él mismo apoyaba con convicción. Berlinguer me comunicó que usted había prometido llamarme cuando llegara el momento oportuno de realizar la entrevista, y desde entonces evité importunarlo con otros pedidos. Sin embargo, puesto que no recibí respuesta alguna, me permito escribirle nuevamente.

    Como le dije en otras cartas, numerosos diarios de todo el mundo esperan una entrevista suya. Se trata de publicaciones estadounidenses, europeas y de América Latina. Del Washington Post al Times de Londres, del The Chicago Tribune a Le Nouvel Observateur de París, del Corriere della Sera de Milán al Politica de Belgrado; me refiero a casi todos los diarios de América Latina, algunos de los países escandinavos y al Asahi Shimbun de Tokio… Precisamente durante mi último viaje a Polonia el vicepremier Mieczyslaw Rakowski, con quien acabo de tener una reunión y con quien tengo relación de amistad, me pidió entrevistarlo para su semanario Politica de Varsovia. Ahora William Broyles Jr., director de Newsweek, con quien comencé a colaborar hace poco, pide que renueve mi pedido. No hace falta que describa la importancia de Newsweek, que se vende en todos los países de todos los continentes y tiene más de veintidós millones de lectores por semana. Tampoco es necesario subrayar el relieve que le daría Newsweek a mi entrevista con usted.

    Adjunto además una copia de la carta de William Broyles Jr., que ya pudo escribirle en primera persona. Adjunto también la carta del vicepresidente de Houghton Mifflin, editorial de mi libro Interview with History (Entrevista con la historia), que espera el nuevo libro que debería contener mis últimas entrevistas con los líderes mundiales y quienes hicieron historia. Aún están esperando porque no obtuve la entrevista con usted, y sobre todo porque no puedo realizar este libro sin el capítulo que más me interesa: el de Fidel Castro.

    Los poderosos del mundo que deseo conocer sinceramente son tan pocos, señor presidente, que sobrarían los dedos de la mano para contarlos. Además, siempre consideré que usted constituye el interlocutor ideal que me permitiría realizar un trabajo perfecto: usted sabe hablar, sabe responder y no se limite a breves palabras o respuestas prefabricadas, como hace la mayoría.

    Querido señor presidente, me gustaría encontrar nuevas palabras para renovar este pedido que sigo presentándole desde hace ya varios años. ¿Pero qué más puedo decir para convencerlo de mis buenas intenciones y de la actualidad de esta entrevista? Ahora más que antes; ahora que Reagan está en el poder, que las tragedias en Salvador se multiplicaron y que los problemas de Nicaragua aumentan…

    Puede enviarme una respuesta a nuestra embajada en Cuba o a través de su embajador jefe de misión en las Naciones Unidas, a quien también conozco, o bien directamente al director de Newsweek, William Broyles Jr.

    Con la esperanza de recibir una respuesta, le expreso mi gratitud y pleno respeto.

    Oriana Fallaci

  • fiderosado dijo:

    Muy buen trabajo este, me encanto desde el titular hasta su ultima letra, wow..
    Felicidades Raúl Roa Kourí, por este trabajo..

  • Elmis dijo:

    No solo para los cubanos sino para muchas personas en el mundo Fidel estuvo y estará siempre en la Cima por su ejemplo, dignidad, firmeza, por su entrega total a la causa justa que siempre defendió, porque no claudicó jamás. Y es por eso que es y será siempre nuestro ejemplo a seguir y es y será siempre nuestro eterno Comandante en Jefe.

  • fidel dijo:

    Finalmente lo contaste, me encantó que lo hicieras.

  • ramiro dijo:

    Su intencion era hacerse famosa ella, no ha Fidel, para esa epoca ya Fidel es Fidel.

    • ciro dijo:

      ramiro, lea de nuevo el escrito, ya Oriana era Oriana, por eso le temian.

  • jorge navarro dijo:

    quien haya leido los artículos de Oriana Fallaci y su libro “Entrevista con la historia”, comprenderá que Cuba, la Revolución y Fidel no perdieron nada en no concederle la entrevista a esa señora que más que periodismo ejercia el egocentrismo.

  • Alejandro García dijo:

    Excelente artículo, disfruté mucho leerlo.

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Raúl Roa Kourí

Raúl Roa Kourí

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