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Carlos Lechuga y su historia no contada de las relaciones Cuba-EEUU

Por: Carlos Lechuga Hevia
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En 2007, Carlos Lechuga Hevia (1918-2009), periodista y diplomático cubano, quien fuera el representante de la Isla en la Organización de Naciones Unidas (ONU) durante la Crisis de Octubre, escribió este ensayo sobre las relaciones Cuba-EEUU hasta hoy inédito. Lo compartimos con nuestros lectores. Incluimos, ilustraciones publicadas en la prensa estadounidense en 1902, que reflejan el debate en torno a la anexión de Cuba y el Tratado de Reciprocidad, que guarda la Biblioteca del Congreso de ese país.

La caricatura muestra a Theodore Roosevelt y al líder republicano de la Cámara de Representantes Sereno Payne apretando un cordón (la "Ley de Tarifa 1897) alrededor de la cintura de un hombre que representa a "Cuba". Alude al tratado de reciprocidad, la anexión cubana y el comercio.

La caricatura muestra a Theodore Roosevelt y al líder republicano de la Cámara de Representantes Sereno Payne apretando un cordón (la “Ley de Tarifa 1897) alrededor de la cintura de un hombre que representa a “Cuba”. Alude al tratado de reciprocidad, la anexión cubana y el comercio. Foto: Biblioteca del Congreso de los EEUU, 1902

Charting a New Course

Cuba y Estados Unidos son vecinos muy cercanos y por esa simple realidad geográfica hay muchas esferas—como la económica, la científica y la cultural– en que ambas naciones pueden complementarse. La extensión continental de Estados Unidos desde el Atlántico hasta el Pacífico, sus ríos caudalosos, lagos, valles, cordilleras y climas diversos le infunde seguridad y optimismo a sus habitantes. A pesar de las reducidas dimensiones de su vecina isla, su luminosidad, verdor y ese azul del mar Caribe también les inspira confianza y libertad a sus pobladores.

Además del factor geográfico que los hace compartir el mismo hemisferio, lazos históricos desarrollados como corresponde a relaciones entre naciones soberanas e independientes, rendirían provecho para ambas.

Es tan artificial la situación que hoy existe que si Mark Twain viviera se asombraría al saber que en pleno siglo xxi para un yanqui de Connecticut sería mas fácil visitar la Corte del Rey Arturo, que   pasear por las calles de La Habana, disfrutar de sus playas, respirar el aire dulce de los campos de Cuba o hacer negocios provechosos para ambos países.

Cuba en las últimas décadas ha obtenido logros considerables en el orden interno y se ha ganado el respeto internacional tanto por la defensa que ha hecho de su soberanía como por su política de solidaridad con otros pueblos, no obstante la hostilidad de los gobiernos instalados en Washington a lo largo de esos años. Es una verdad evidente de la cual consideramos que ambos países deben aprender.

Cuba tiene hoy relaciones diplomáticas y consulares con más países que nunca en toda su historia. Año tras año la Asamblea General de las Naciones Unidas, que es el foro más representativo de la comunidad internacional, ha votado por una enorme mayoría, una resolución condenando el embargo o bloqueo económico impuesto por Estados Unidos a Cuba. E incluidos en esa mayoría están los aliados comerciales y militares más importantes de Estados Unidos.

El Papa Juan Pablo II, el 8 de enero del 2005, tres meses antes de fallecer, al recibir al nuevo Embajador de Cuba, elogió las realizaciones de Cuba en la atención sanitaria, la instrucción y la cultura, y deseó vivamente –son sus palabras– que se puedan superar cuanto antes los obstáculos que i y abierto las condiciones necesarias para un auténtico desarrollo. Ya antes, cuando estuvo en Cuba, reprobó “las medidas económicas restrictivas impuestas a Cuba desde fuera del país por injustas y éticamente inaceptables”.

Un ejemplo de la ética de Cuba en sus relaciones internacionales, es que estuvo entre los primeros países en condenar el crimen del 11 de septiembre en Nueva York, y ahora que tal parece que está de moda el terrorismo, como si fuera una nueva línea de ropa o de cosméticos, porque se invoca para justificar cualquier acción explotando el tema frívolamente no obstante su dramatismo, Cuba puede exhibir un rico expediente de lucha contra éste porque ha sufrido en carne propia esa violencia indiscriminada con la muerte de más de tres mil de sus hijos.

El gobierno de La Habana le ha propuesto a Estados Unidos tres proyectos de acuerdos bilaterales, uno, para combatir el terrorismo, otro para luchar contra el tráfico ilícito de drogas y el tercero con el fin de terminar el tráfico ilegal de personas, recibiendo el silencio por respuesta. En reiteradas ocasiones Cuba ha entregado pruebas al gobierno estadounidense de actos terroristas contra nuestro país preparados en territorio norteamericano. Cuba ha ratificado doce instrumentos internacionales para combatir el terrorismo. Tiene una ley contra actos terroristas y medidas no legislativas adicionales impiden la libre comunicación e intercambio entre la nación cubana y parte de la comunidad internacional afianzando así mediante el diálogo respetuoso para combatir esos actos, ha cooperado con el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y el Comité Antiterrorista al presentar informes, proponer candidatos y ofrecer cooperación técnica y de personal a ese comité, y con su apoyo a las negociaciones de la Convención General contra el terrorismo. En octubre de 2001, en plena crisis de Estados Unidos ante el peligro del ántrax, Cuba ofreció a dicho gobierno cien millones de tabletas de ciprofloxacina para combatir la amenaza. Son muchas las acciones de Cuba contra esos actos de ciega violencia que han costado miles de vida, y varios los ofrecimientos al propio gobierno estadounidense para combatirla. Son hechos innegables. Estas absurdas negativas por parte de Washington forman parte de su política de hostilidad con la cual no ha conseguido los propósitos que persigue, como es notorio. El pueblo cubano posee una larga historia de lucha por su independencia, su soberanía y su libre albedrío y ha dado muestras reiteradas de su voluntad de mantener relaciones normales con sus vecinos del norte, antes y después de aquella aventura de la Guerra Fría.

En el año 1962 el presidente de Cuba, Osvaldo Dorticós, al hacer uso de la palabra en la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró que su país estaba dispuesto a negociar por vías diplomáticas normales o por cualesquiera medios adecuados, las diferencias existentes entre Estados Unidos y Cuba. Y en aquellos días el Consejo de Ministros del gobierno de La Habana proclamó que Cuba habría podido indemnizar a los ciudadanos e intereses norteamericanos afectados por las leyes de la Revolución de no haber mediado las agresiones económicas y haber estado Washington dispuesto a pactar en un plano de respeto a la voluntad, la dignidad y la soberanía del pueblo cubano. Desde entonces todos los años en las Naciones Unidas y en otros foros se repite que el Gobierno de La Habana desea compensar a los propietarios de las seis mil empresas y ciudadanos estadounidenses cuyas propiedades fueron nacionalizadas en los primeros años de la Revolución, y estaría dispuesta ahora a llegar a un arreglo que tomara en cuenta también las afectaciones económicas y humanas inflingidas a nuestro país por el bloqueo.

La Revolución, con un respaldo popular decisivo, recuperó los principales recursos del país y en ese proceso de rescate para beneficio de todas las clases sociales afectó intereses extranjeros. Se indemnizó a todo el mundo menos a los norteamericanos, que eran los dominantes, porque Washington lo ha querido así como parte de su estrategia concebida para liquidar el proceso revolucionario, que es irreversible. Las nacionalizaciones de propiedades se hicieron de acuerdo con la legislación cubana y la propia Corte Suprema de Estados Unidos en 1964 , en el llamado caso Sabatini, falló que las expropiaciones en Cuba tenían el amparo legal de la Doctrina de Acto de Estado Soberano, el cual concede esas facultades a los estados dentro de su territorio, pero los estrechos intereses políticos enemigos de Cuba movieron su influencia en los salones del Congreso e introdujeron una enmienda en el proyecto de Ley de Ayuda al Extranjero que anuló la decisión del Tribunal Supremo. La inmensa mayoría del pueblo norteamericano no se enteró de la trampa que se había ideado como no conoce ahora en todos sus detalles las ocultas maniobras para perpetuar el bloqueo económico contra la Isla y la prohibición de viajar a Cuba de los ciudadanos de Estados Unidos aunque cada día son más numerosas las voces que se alzan contra esa política absurda, inclusive en [i] el propio Congreso de Washington, en sectores económicos importantes, y en cada vez más amplias zonas de la ciudadanía que no entienden la razón por la cual se les impide visitar la vecina isla, pues no tiene argumentos válidos que la sustente. Uno de esos argumentos de los enemigos de las relaciones normales es que Cuba amenaza la seguridad nacional de Estados Unidos y aunque es risible tal afirmación los grupos que apoyan esa política de hostilidad lo esgrimen sin sonrojarse. En 1999 el Pentágono anunció que “Cuba no es una amenaza militar para Estados Unidos o para cualquier otro país de la región”, lo que ha destruido la falsa acusación y alrededor de esa fecha veinticuatro senadores republicanos y tres ex Secretarios de Estado –Henry Kissinger, Laurence Eagleburger y George Shultz– le pidieron al gobierno de Clinton que analizara con personalidades de los dos partidos la situación existente para buscar un diálogo con Cuba.

La historieta muestra un buitre "Comision Especial Ley Reciprocidad Nov. '02" (Comisión Especial sobre Reciprocidad, Nov. '02) que se cierne sobre un águila de los E. que miente en el suelo que lleva una etiqueta "Recipocidad Anexionista" (reciprocidad, anexión). A la izquierda, Tasker Bliss, el presidente cubano Tomás Estrada Palma, el embajador de Cuba ante los Estados Unidos Gonzalo de Quesada y el ministro de Estados Unidos en Cuba, Herbert Goldsmith Squiers, se alejan. A la derecha los políticos cubanos Arocha, Catá, Martínez, Ferrer, Mas, Sanguily y Pérez levantan sus sombreros en la celebración.

La historieta muestra un buitre que representa la “Comision Especial para evaluar la Ley de Reciprocidad Nov. 1902” que se cierne sobre un águila de los EEUU. que yace en el suelo con una etiqueta “Recipocidad Anexionista”. A la izquierda, Tasker Bliss, el presidente cubano Tomás Estrada Palma, el embajador de Cuba ante los Estados Unidos Gonzalo de Quesada y el ministro de Estados Unidos en Cuba, Herbert Goldsmith Squiers, se alejan. A la derecha los políticos cubanos Arocha, Catá, Martínez, Ferrer, Mas, Sanguily y Pérez levantan sus sombreros en celebración. Foto: Biblioteca del Congreso, 1902

En 1999 el Council on Foreign Relations, integrado por destacadas figuras republicanas y demócratas, conservadores y liberales, declararon que era tiempo de abandonar la vieja y fracasada política.  Varios ejemplos atestiguan la voluntad de sectores en Estados Unidos que quieren liquidar esa anómala situación. En marzo de 2001 ex diplomáticos del Partido Republicano anunciaron el establecimiento de una Fundación de Política sobre Cuba para que se termine el bloqueo económico. Es una fundación no partidista que intentará educar a los norteamericanos sobre las razones por las que se debe poner fin al bloqueo y rechazará a los extremistas diciendo que esa política hostil no ha logrado nada en todas estas décadas y ha dañado a la economía de Estados Unidos y sus intereses nacionales según expresó la presidenta Sally Grooms Cowal. “Nuestros negocios, ciudades y puertos pierden millones de dólares cada año debido al embargo mientras las familias de Estados Unidos y Cuba se mantienen separadas”, expresó. Cowal es una diplomática de más de veinte años de experiencia en el Departamento de Estado en administraciones republicanas. Fue Consejera Política de la misión norteamericana en las Naciones Unidas durante el gobierno de Reagan, Subsecretaria Asistente del Departamento de Estado para Asuntos Interamericanos en la administración de Bush, padre, y embajadora en Trinidad Tobago en el mismo gobierno y con el presidente Clinton. Como presidente de la Junta de Directores de esa Fundación está William Rogers, Secretario Asistente de Estado para Asuntos Interamericanos bajo la presidencia de Gerard Ford.

En julio de 2001 la Cámara del Congreso de Washington votó a favor de una enmienda propuesta por el congresista republicano por Arizona Jeff Flake prohibiendo al Departamento del Tesoro gastar dinero en la aplicación de las restricciones decretadas para impedir los viajes de norteamericanos a Cuba. Se aprobó por 240 votos contra 186 y otra enmienda presentada por el congresista demócrata Charles Rangel eliminando la aplicación de los mecanismos legislativos que mantienen el embargo económico fue derrotada por 227 votos contra 201. Luego, en 2003 en el Comité de la Conferencia Bicameral que examinaba el proyecto de ley sobre Asignaciones Presupuestarias para los Departamentos del Tesoro y Transporte ,decidió eliminar la enmienda que abogaba por una flexibilización de los viajes de los ciudadanos norteamericanos a Cuba a pesar de que tanto en la Cámara como en el Senado la enmienda había sido aprobada por una gran mayoría lo que demuestra, que hay una creciente voluntad de normalizar las relaciones con la Isla pero intereses políticos lo impiden. Ya que el lobby de emigrantes cubanos que representa sólo a una minoría de los cubanos que viven en territorio norteamericano tienen aún influencia para obtener sus propósitos. y no les interesa que haya un arreglo entre los dos países perjudicando los verdaderos intereses de ambos pueblos.

A lo largo de los años se han producido algunas señales por parte de las máximas autoridades de Estados Unidos de discutir esta situación anómala pero salvo la iniciativa del presidente John F. Kennedy en 1963 que parecía encaminarse por cauces normales, las otras se plantearon equivocadamente tratando de introducir en las discusiones elementos ajenos al tema en debate, pero Kennedy fue asesinado antes de que se pudiera avanzar en los contactos y discusiones subsiguientes que se iniciaron en Nueva York. En las décadas de 1970 y 1980 durante los gobiernos de Ford, Reagan y Carter hubo algunos contactos entre representantes de La Habana y Washington. El vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, Carlos Rafael Rodríguez, se entrevistó en México con Alexander Haig, Secretario de Estado de Reagan y luego también con Cyrus Vance, Secretario de Estado de Carter cuando ya se habían abierto las Oficinas de Intereses con personal diplomático de Cuba en Washington y de Estados Unidos en La Habana. En 1977, Terrence Todman, Secretario Asistente de Estado para Asuntos de las Repúblicas Americanas visitó La Habana y firmó un Convenio de Pesca. Asimismo existe un acuerdo sobre emigración entre los dos países. Son muestras de que es posible establecer diálogos, nada lo impide. Lo que obstaculiza el tomar acuerdos es, sencillamente, que no se establezcan condiciones que desconozcan la soberanía e independencia cubanas como Cuba respeta la de Estados Unidos.

En aquellos años y ahora se levantaron y levantan voces en el Congreso a favor de unas relaciones normales. Jonathan B. Bingman, del Partido Demócrata de Nueva York, presentó en la Cámara un proyecto para terminar el embargo económico contra la Isla. El senador Lowell Weiker Jr., republicano de Connecticut, presentó una intención similar.

Una investigación del sentimiento popular en aquel momento, tomado por la agencia Harris, reveló que el 53% de la población norteamericana favorecía establecer relaciones normales con Cuba, la Cámara de Comercio norteamericana, el Consejo Nacional de Iglesias y otros sectores han abogado públicamente por una solución pacífica del conflicto entre los dos países, pero hay también, por supuesto, gritos que claman histéricamente tratando de silenciar las expresiones sensatas, anhelando un desenlace violento de las diferencias que existen. Son aquéllos que disfrutaron de bienes mal habidos antes del triunfo revolucionario o elementos terroristas con cuentas pendientes con la Justicia que esperan regresar a Cuba con el dinero de Washington y su apoyo.

Pero de todos modos continúa la lucha por terminar con esa situación. Citemos, como ejemplo, las gestiones de un grupo prominente titulado Americans for Humanitarian Trade with Cuba que apoya una legislación que permita los viajes. Ésta es una organización auspiciada por la Cámara de Comercio de Estados Unidos.

Recientemente la Asociación Nacional de Abogados de Estados Unidos se dirigió al Departamento del Tesoro para rechazar las nuevas regulaciones establecidas por la Casa Blanca para restringir aún más los viajes a Cuba, y cortar los contactos de los estadounidenses con Cuba en materia educativa ya que ellos consideran que es una medida contraria a la tradición de libertad académica y a los valores de la Primera Enmienda de la Constitución norteamericana. Critica asimismo la limitación de las visitas familiares de los cubanos-americanos a Cuba estipuladas cada tres años y por catorce días, aboga contra las restricciones al derecho de los residentes en Estados Unidos de enviar remesas a sus familiares y la asociación rechazó también las prohibiciones de los contactos deportivos. En Tampa se llevó a cabo en el año 2004 una conferencia titulada National Summit on Cuba, que abordó el mismo problema.

En diciembre del 2006 visitó la Isla la mayor delegación de congresistas de Estados Unidos desde 1959, año del triunfo de la Revolución, y se entrevistó con destacadas figuras del Gobierno. El grupo estaba integrado por cinco legisladores demócratas y cinco republicanos.

Ninguno de los que se oponen a la normalización de relaciones cuenta para nada en la Historia, como es evidente. Es una minoría insignificante, repetimos, que tiene la fuerza del dinero en un momento determinado y nada más, y de la influencia política, que se agota, como ya se está comprobando. Muchos se preguntan cómo es posible que un país tan poderoso como Estados Unidos no haya podido rendir a un país tan pequeño como su vecino tras casi medio siglo de agresiones de todo tipo. Y es que la inmensa mayoría del pueblo de Cuba se siente plenamente identificado con el proyecto socio-económico que se desarrolla en el país y complacido por el prestigio mundial que ha ganado.

Es absurdo que ciudadanos de países como Canadá o de potencias de Europa y Asia, por ejemplo, para no extender la lista, tengan relaciones de negocios provechosas con Cuba y que ciudadanos y empresas de Estados Unidos no puedan tener vínculos normales de negocios con su vecino cercano o que se les prohíba disfrutar de vacaciones en la isla, que es uno de los lugares más seguros del mundo de hoy. Los sectores que se oponen a una solución pacífica del diferendo existente no representan ni los intereses ni los sentimientos del pueblo norteamericano.

En los primeros meses del año 2005 Cuba firmó importantes convenios comerciales con países que están a los dos extremos del continente, al norte con Canadá y al sur con Uruguay y Argentina. Con los Estados Unidos, su vecino cercano, no se puede comerciar normalmente, es como si quisiéramos adquirir jamón o arroz en la Luna. Imposible, aunque los cubanos estaríamos dispuestos a intentarlo.

Con Un financiamiento de 450 cuatrocientos cincuenta millones de dólares aportados a partes iguales por Cuba y Canadá se ampliaron la producción en la empresa de níquel en la Isla y la refinería de níquel en Canadá y permitió que la planta de Cuba produzca 16.000 dieciséis mil toneladas de níquel más cobalto y en que Canadá reemplazará la tecnología existente en la refinería de ese país.

En el sur, Uruguay y Cuba iniciaron un intercambio para que en el cual el país sudamericano suministrae a la Isla productos agroalimentarios y servicios, para recibir de Cuba productos médicos, farmacéuticos, y biotecnológicos, equipos médicos y transferencia de tecnología. En mayo del 2005 se firmaron en La Habana 84 ochenta y cuatro acuerdos con Argentina en los sectores de salud, educación, pesca y azúcar.

Al mismo tiempo que se hacían esos convenios Estados Unidos le dio otro golpe al reducido comercio con Cuba. El Departamento del Tesoro anunció que en lo adelante los pagos cubanos de las transacciones que se hagan Cuba con empresas norteamericanas tendrán que hacerse antes que las mercancías se carguen en puertos estadounidenses. lo cual se aparta de La práctica vigente estipula de los pagos contra la presentación de documentos. Y el traspaso de la propiedad al comprador cubano, se hará firme luego de la recepción del pago en efectivo al exportador estadounidense, lo que entorpece aún más las ventas de alimentos que ahora, excepcionalmente, se están efectuando.

Como es evidente estas medidas ponen en desventaja a los productores, transportistas y portuarios de Estados Unidos cediendo terreno a la competencia de otros países que tienen interés en el mercado cubano. Medida, por cierto, que ignora la voluntad del Congreso cuando autorizó las ventas a Cuba.

Aunque le está prohibido a Cuba vender nada en Estados Unidos, empresas norteamericanas y cubanas continúan lidiando para normalizar esta situación gracias a lo cual Cuba compra en el mercado estadounidense, cuando puede hacerlo, venciendo todas las dificultades.

En los mismos días en que el Departamento del Tesoro dictó las nuevas limitaciones a las transacciones con nuestra pequeña isla, para regularizar el comercio se suscribió un memorando de entendimiento   entre ambos países que Cuba firmó con el puerto de San Diego en California y con la empresa American Trading Service para comprar productos alimenticios. El comisionado del puerto de San Diego, Kourosh Hangafarin, calificó el hecho como un “acontecimiento histórico” y expresó que ese acuerdo “abre las puertas de San Diego para promover el comercio con Cuba y aumentar las relaciones con la esperanza de un futuro mejor”.

Simultáneamente la gobernadora de Lousiana, Kathleen Babinoux Blanco, firmaba en el Hotel Nacional, en La Habana, un acuerdo comercial por quince millones de dólares en alimentos y dos contratos para la compra de suero de leche y arroz molinado por un valor de 2.850.000 dólares. También se firmó un acuerdo con el puerto de Nueva Orleáns por el señor Gary LaGrange, su director ejecutivo. En diciembre de 200l se había efectuado un primer embarque de alimentos a Cuba desde el puerto de Nueva Orleáns por un valor de 2.850.000 dólares.

En mayo de 2005 el senador James Jeffords firmó en La Habana por el Estado de Vermont un convenio por el que se vende a Cuba ganado lechero, leche en polvo y manzanas. Ya con este Estado se habían establecido relaciones cuando visitaron Cuba el vicegobernador Brian Dubie y el Secretario de Agricultura Steve Kerr.

Con el Estado de Alabama se firmó un acuerdo comercial por veinte millones de dólares y se comprará maderas, papel, pollos y otras mercancías por ciento setenta millones de dólares. Además, el Senado y la Cámara de Alabama aprobaron una resolución pidiendo al Congreso de Washington eliminar las restricciones de viajes y del comercio con la Isla.

En la ilustración se muestra un muro denominado "Muro de Aranceles" en la costa de los Estados Unidos, que tiene dos puertas, una con la etiqueta "Anexión" y la otra con la etiqueta "Reciprocidad". Una mujer etiquetada como "Cuba", sosteniendo un paquete de caña de azúcar "Raw Sugar", está tratando de entrar a los Estados Unidos a través de la puerta denominada "Reciprocidad"; Ella está siendo rechazada vociferamente por un hombre llamado "Sugar Grower" sosteniendo un pedazo de papel etiquetado "Tariff on Sugar". En el fondo está una mujer etiquetada "Puerto Rico" que lleva un manojo de caña de azúcar; Ella ha entrado a través de la "anexión" puerta sobre la que el productor de azúcar y sus tarifas no tienen ningún control.

En la ilustración se muestra el “Muro de Aranceles” en la costa de los Estados Unidos, que tiene dos puertas, una con la etiqueta “Anexión” y la otra con la etiqueta “Reciprocidad”. Una mujer etiquetada como “Cuba”, sostiene un montón de cañas. Foto: Biblioteca del Congreso, 1902

Y permítanme una digresión. Por una asociación de ideas me viene a la memoria unos versos del poeta laureado de Vermont, Robert Lee Frost, que escribió un poema titulado “A Time to Talk”, que se ajusta a lo que están exigiendo numerosos sectores de la sociedad norteamericana de que ya es tiempo de hablar, de negociar las diferencias entre los dos países, de normalizar un comercio provechoso. Por cierto, el presidente Kennedy cuando falleció Frost, dijo que el poeta había donado a su país versos que los estadounidenses disfrutarían siempre. JFK fue asesinado ese mismo año que sugestivamente también fue el año en que abrió un diálogo con Cuba para normalizar las relaciones. Regresemos ahora al tema central, que sin agotarlo, podemos añadir otros datos para compararlos con la situación que hoy existe con Estados Unidos.

Con China Cuba ha hecho últimamente negociaciones de distinta índole en inversiones millonarias en distintos campos, créditos, empresas mixtas, etc. Con Venezuela acuerdos importantes sobre exploración y explotación de recursos de hidrocarburos en la Zona Económica Exclusiva del Golfo de México y otras áreas del territorio del territorio de Cuba, producción de acero inoxidable, proyectos turísticos, explotación y desarrollo de minerales serpentínicos y niquelíferos, modernización y construcción de puertos en Cuba y Venezuela y otros acuerdos de gran importancia económica para ambos países. Por otro lado, nuevos pozos de petróleo se han descubierto en el mar en la costa norte de La Habana y se estudian proposiciones de negocios con varios países que han mostrado interés para explotarlos conjuntamente con Cuba.

Está claro que es realmente censurable desde el punto de vista de los intereses de inversionistas potenciales de Estados Unidos, esa actitud absurda de Washington protegiendo a los lobbys que se oponen a que se regularice un estado de beneficio recíproco entre los dos países.

Hagamos ahora un paréntesis para contar lo sucedido en 1962 cuando el presidente Kennedy dictó la proclama 3447 decretando el embargo sobre todo comercio con Cuba por la que se prohibía la importación a Estados Unidos de todos los bienes de origen cubano y todos los bienes importados de o a través de Cuba y de todos los exportados de Estados Unidos a Cuba. Ya dos años antes, en julio de 1960, el gobierno anterior había cancelado la compra de 700.000 toneladas de azúcar correspondiente a lo que quedaba de la cuota de ese año en el mercado norteamericano. El azúcar fue asignada a otros países.

Pierre Salinger, que era el secretario de prensa de Kennedy, narra en sus memorias que el Presidente lo llamó una noche a principios de 1962 y le dijo que tenía necesidad de tener muchos tabacos habanos.“¿Cuántos?”, preguntó Salinger.“Alrededor de mil”, respondió Kennedy. En aquel momento el Presidente fumaba tabacos de la marca Petit Upman, recuerda Salinger quien salió inmediatamente de la Casa Blanca para buscar el encargo.

Al día siguiente el Presidente lo llamó a su despacho para averiguar si había conseguido los tabacos y le dijo que había comprado un millar. Entonces Kennedy sonrió e inmediatamente firmó la proclama prohibiendo que entrara en territorio estadounidense todo producto cubano. “Bravo” exclamó el Presidente, “ahora dispongo de una reserva suficiente de tabacos y puedo firmar la proclama prohibiendo en Estados Unidos los productos de Cuba”.[ii]

El episodio revela en primer lugar el buen gusto de Kennedy. Disfrutaba del mejor tabaco del mundo lo que no podían hacer entonces y no pueden hacer ahora el resto de los norteamericanos. Aquel capítulo de la historia entre los dos países nos descubre, por otro lado, que una firma en un documento oficial precedida de una sonrisa puede castigar a millones de norteamericanos a no deleitarse con los frutos que ofrece un país cercano, a sólo noventa millas de sus costas. Con esa misma sonrisa los gobernantes que le han sucedido han firmado otros documentos prohibiendo también comerciar con Cuba y limitando los viajes de los cubanos residentes en Estados Unidos a su país de origen para visitar a sus familiares.

Pero no solamente se ponen obstáculos a los intercambios comerciales, sino también a los intercambios culturales y científicos, lo que es inaudito.   Todos los ciudadanos de Estados Unidos y de Cuba, sin excepción, tienen derecho a disfrutar libremente de la riqueza cultural de ambas naciones como sucedía antes de ponerse en vigor las medidas discriminatorias contra Cuba y nada justifica que la oposición de grupos minoritarios lo impidan. Las expresiones artísticas, tan ricas en Estados Unidos y en Cuba, siempre han gozado de la preferencia de ambos pueblos. Hoy se ha establecido una muralla artificial para impedir los intercambios normales tanto en las exhibiciones de artes plásticas como en los espectáculos musicales, para citar solamente dos ejemplos de los muchos que se pudieran enumerar, así como para evitar el acercamiento provechoso entre los centros universitarios y las organizaciones científicas, campo en el cual Cuba ha logrado significativos avances no obstante las limitaciones económicas que tiene la Isla actualmente. Increíblemente en Estados Unidos se prohíbe hoy publicar artículos científicos de cubanos y se les niega la visa de entrada al país a científicos de la Isla.

Para ilustrar la calidad superior del desarrollo obtenido por Cuba en las Ciencias apuntemos solamente un hecho, que es el convenio establecido entre el Centro de Inmunología Molecular de Cuba y la firma de Estados Unidos CANCERVAX para el desarrollo y producción de vacunas contra el cáncer producto de la investigación científica del centro cubano. Es un hecho singular por la cantidad de obstáculos de todo tipo que hubo que vencer debido al bloqueo establecido contra la Isla. Se trata de una transferencia científico-técnica de un país pequeño a una gran potencia, lo que, como se sabe, es inusitado que se produzca en el mundo. Pero ese convenio es sólo un ejemplo. Hay otros en el sector de nuevas tecnologías productivas y medicamentos en años recientes como la vacuna de Haemophilus y la vacuna cuádruple DPT-Hepatitis, las de veinte nuevos fármacos genéricos, entre ellos tres que se suman a los productos para el tratamiento del SIDA, una vacuna terapéutica de factor de crecimiento contra el cáncer del pulmón, donde el diseño de la planta para producirla, su construcción y operación son totalmente cubanos. Son conquistas, indudablemente, del material humano formado en los años de Revolución.

Esta situación anormal en que se hallan las relaciones se puede calificar de ridícula sin caer en exageraciones. En sentido general la política estadounidense está siguiendo las mismas pautas que siguió cuando estaba en todo su vigor la Guerra Fría y el mundo no hubiera cambiado radicalmente. No tiene originalidad y es anacrónica en todo sentido. Hoy, como sabe cualquiera menos algunos personajes en Washington y en Miami, el paisaje político en todos los continentes no se parece en nada al que existía cuando triunfó la Revolución en Cuba. Por otro lado la Unión Soviética desapareció del mapa mundial y Cuba hace años ha demostrado con creces que se sostiene y avanza no obstante todos los obstáculos que se ponen en su camino, con soluciones propias, siguiendo su propia ruta independiente y con su prestigio intacto. Los obstáculos a cualquier intento de normalizar los vínculos entre los dos pueblos poniendo las ambiciones de unos pocos sobre la fortuna de la comunidad y que cada vez que se da un paso positivo por modesto que sea se invente alguna medida para dar marcha atrás al proceso que se inicie para arribar a un acuerdo recuerda situaciones parecidas antaño. Parece increíble que grupos minoritarios puedan lograr sus estrechos propósitos contra los intereses de las mayorías a las que se les oculta el origen de las maniobras que hacen. Quienes tienen la influencia suficiente para lograr esos fines son aquellos que se beneficiaron de la situación que existía antes del triunfo de la Revolución en Cuba que logran por caminos tortuosos la complicidad de sectores influyentes en los Estados Unidos.

Iluminemos la Historia que para muchos en los Estados Unidos está oculta. Cuando ya la lucha insurreccional en Cuba avanzaba hacia la victoria, en Washington se decidió no respaldar más a Fulgencio Batista, a quien habían apoyado durante los años de crímenes y latrocinios que había estado en el Poder y a quien el embajador en la Habana, Earl T. Smith, abrazó hasta el último momento aún después que sus superiores en el Departamento de Estado le habían comunicado que era necesario que Batista abandonara las costas cubanas. Smith, un viejo amigo de Palm Beach, de John F. Kennedy, le dijo una vez a quien después sería presidente que “el embajador norteamericano era la segunda persona más importante de Cuba”.[iii] Sin que el embajador Smith lo supiera, a principios del mes de diciembre de 1958, la Agencia Central de Inteligencia autorizó a William D. Pawley que viniera a Cuba para hablar con Batista y convencerlo de que debía renunciar por ser evidente que las fuerzas revolucionarias iban a triunfar y era necesario impedir que Fidel Castro tomara el Poder. Pawley se entrevistó después en la Casa Blanca con el presidente Eisenhower, de quien era amigo al igual que de Batista, y le confirmó la recomendación de la CIA.

Al llegar Pawley a La Habana Smith todavía se encontraba en Washington y visitó a Jim Noel, jefe del centro de la CIA en la capital cubana a quien impuso de su misión. Este personaje, Pawley, tenía inversiones en Cuba desde hacía muchos años, había sido embajador en América Latina y teniendo negocios en China se convirtió en colaborador de Chiang Kai-Shek. El día 9 de diciembre Pawley fue a Palacio y le informó al asombrado Batista que Estados Unidos no podían seguir apoyándolo y que era imperioso que renunciara para que una Junta Cívico-Militar ocupara el gobierno con el fin de impedir el triunfo de la Revolución. Le prometió que podía ir a vivir en la residencia que tenía en Daytona Beach, en la Florida, y que se respetarían sus intereses. Después el enviado de la Casa Blanca tuvo un encuentro con Gonzalo Güell, Primer Ministro de Batista, a quien trasladó el mismo amargo mensaje.

Foto: Biblioteca del Congreso, 1902

Foto: Biblioteca del Congreso, 1902

Al día siguiente le tocó el turno a un funcionario del Departamento de Estado para darle la mala noticia a ese gobierno que nació de un golpe de Estado fomentado en los cuarteles militares y que derrocó a un gobierno constitucional cuando el país se preparaba para unas elecciones. Esta vez quien recibió la advertencia fue el Primer Ministro, que todavía no se había recuperado del golpe recibido de Pawley. Quien trasladó el mensaje en ésta ocasión fue Daniel Braddock, Encargado de Negocios de la Embajada, pues Smith continuaba dando vueltas por Washington. Batista tiene que irse, le dijo. Ya no había dudas.

Al fin los funcionarios superiores del embajador Smith le dijeron que debía regresar a La Habana y decirle a Batista que no tenía otra alternativa que abandonar el país. Su régimen estaba derrotado. El Ejército Rebelde no solamente había vencido a su ejército sino que contaba con un gran apoyo popular y era necesario impedir que le Revolución triunfara. La solución según el criterio de Washington, le manifestó Smith, a Batista en entrevista su residencia campestre, es que dejara el cargo, renunciara, para darle paso a una junta compuesta por civiles y militares. Batista comprendió que no tenía otro camino que obedecer al gobierno de Estados Unidos y preguntó al embajador si podría vivir en su casa de Daytona Beach. No, por ahora, dijo Smith, y le sugirió que viajara a España[iv]. Era el 17 de diciembre de 1958. Fidel Castro entró en la Habana el 8 de enero de 1959.

Al año siguiente, el 25 de enero de 1960, el presidente Eisenhower reunido en la Casa Blanca con el Secretario de Estado Christian Herter y otros colaboradores, expresó que si la Organización de Estados Americanos no cooperaba con él para “remover a Castro” entonces Estados Unidos impondrían un embargo económico a Cuba porque, según dijo, “si el pueblo de Cuba tiene hambre entonces arrojará a Castro del Poder”.

Estos hechos reflejan la historia de Cuba en su época republicana hasta el primero de enero de 1959. Los Estados Unidos dominaban la economía y la política del país. Una voz como la de John F. Kennedy, en un discurso pronunciado el 6 de octubre de 1960 durante la campaña electoral, en un banquete ofrecido por el Partido Demócrata en la ciudad de Cincinnati, Ohio, dijo lo siguiente:

En 1953 la familia media cubana tenía un ingreso de seis pesos a la semana. Del 15 al 20 por ciento de la fuerza de trabajo estaba crónicamente desempleada. Sólo un tercio de las casas de la Isla tenían agua corriente y en los últimos años que precedieron a la Revolución de Castro este abismal nivel de vida bajó aún más al crecer la población, que no participaba del crecimiento económico. Solo a 90 millas estaban los Estados Unidos –su buen vecino– la nación mas rica de la Tierra, con sus radios, sus periódicos y películas divulgando la historia de la riqueza material de los Estados Unidos y sus excedentes agrícolas. Pero en vez de extenderle una mano amiga al desesperado pueblo de Cuba, casi toda nuestra ayuda fue en la forma de asistencia en armamentos, asistencia que no contribuyó al crecimiento económico para el bienestar del pueblo cubano; asistencia que permitió a Castro y a los comunistas estimular la creciente creencia que Estados Unidos era indiferente a las aspiraciones del pueblo de Cuba de tener una vida decente. De una manera que antagonizaba al pueblo de Cuba usamos la influencia para beneficiar los intereses y aumentar las utilidades de las compañías privadas norteamericanas que dominaban la economía de la Isla. Al principio de 1959 las empresas norteamericanas poseían cerca del 40 por ciento de las tierras azucareras, casi todas las fincas de ganado, el 90 por ciento de las minas y concesiones de minerales, el 80 por ciento de los servicios y prácticamente toda la industria del petróleo y suministraba dos tercios de las importaciones de Cuba.

Y continuó describiendo el cuadro de esas realidades:

El símbolo de esta ciega actitud está ahora en exhibición en un museo de La Habana. Es un teléfono de oro sólido obsequiado a Batista por la Compañía de Teléfonos. Es una expresión de gratitud por el aumento excesivo de las tarifas que autorizó el Dictador cubano a instancias de nuestro Gobierno. Y a los visitantes del museo se les recuerda que Estados Unidos no dijo nada sobre otros eventos que ocurrieron el mismo día que se autorizó el excesivo aumento de las tarifas cuando 40 cubanos perdieron su vida en un asalto al Palacio de Batista. Quizás el más desastroso de nuestros errores fue la decisión de encumbrar y darle respaldo a una de las dictaduras más sangrientas y represivas de la larga historia de la represión latinoamericana. Fulgencio Batista asesinó a 20.000 cubanos en siete años, una proporción de la población de Cuba mayor que la de los norteamericanos que murieron en las dos guerras mundiales…Voceros de la Administración elogiaban a Batista, lo exaltaban como un aliado confiable y un buen amigo, en momentos en que Batista asesinaba a miles de ciudadanos, destruía los últimos vestigios de libertad y robaba cientos de millones de dólares al pueblo cubano.

 

El discurso continuó así:

Aumentamos una constante corriente de armas y municiones a Batista justificándola en nombre de la defensa hemisférica cuando en realidad su único uso era aplastar la Oposición al Dictador y todavía, cuando la guerra civil en Cuba estaba en todo su apogeo –hasta marzo de 1958– la Administración continuó enviando armas a Batista, que la usaba contra los rebeldes aumentando el sentimiento antinorteamericano y ayudando a fortalecer la influencia de los comunistas. Por ejemplo, en Santa Clara, Cuba, hay hoy una exhibición conmemorando los daños causados en la ciudad por los aviones de Batista en diciembre de 1958. Lo mas destacado de la exhibición es una colección de fragmentos de bombas con la inscripción debajo de dos manos apretadas que dice Mutual Defence –Made in USA–…aún cuando nuestro Gobierno detuvo el envío de armas, nuestra misión militar permaneció para adiestrar a los soldados de Batista para combatir a los revolucionarios y se negaron a irse hasta que las fuerzas de Castro estaban en las calles de La Habana.[v]

A lo largo del siglo xx en la Isla hubo varios intentos de modificar esa situación pero esos movimientos no pudieron triunfar. Es verdad que en los Estados Unidos siempre sectores de la población se han manifestado a favor de mantener relaciones normales con Cuba respetando su independencia pero casi nunca han logrado influir en las decisiones de los gobiernos de Washington donde han primado otros intereses políticos. Esa es una realidad enmascarada por algunos medios de comunicación del país. Esta situación irracional no contempla los intereses permanentes de los dos pueblos vecinos que se beneficiarían de un clima de relaciones normales en todos los campos, el económico, el cultural, el científico, el de la colaboración en la ancha gama de todas las actividades humanas. Sin duda la vecindad geográfica es un factor de mucha importancia para el desarrollo normal de todas esas actividades. No hay ningún argumento válido que pueda desmentir esas afirmaciones. Los miles de ciudadanos estadounidenses que han visitado Cuba en todos estos años de guerra económica desafiando las restricciones impuestas por Washington lo atestiguan claramente. A ellos no se les puede ocultar la verdad de la situación en la Isla.

Cuando expirando el siglo xix Estados Unidos le declaró la guerra a España se produjo un agrio debate en el país entre las recién nacidas fuerzas imperialistas y aquellos sectores que se oponían a la aventura. El pueblo cubano llevaba muchos años luchando por la independencia contra la potencia colonialista española con la simpatía de la mayoría del pueblo norteamericano pero quienes realmente ejercían el poder se lanzaron a la guerra con el propósito de dominar otras tierras y ocuparon también Puerto Rico, Filipinas y otras islas del Pacífico, ejerciendo el protectorado sobre Cuba. Nunca reconocieron la beligerancia del ejército de los patriotas cubanos, que fue un factor decisivo de la victoria militar norteamericana contra los españoles en el territorio insular. La historia no se puede olvidar. Los pueblos tienen derecho a que no se les oculte la verdad.

Haciéndose eco de ese sentimiento popular a favor de la independencia de la Isla el Congreso de los Estados Unidos aprobó una Resolución Conjunta en 1898, sancionada por el Presidente, por la cual se resolvía que “el pueblo de la isla de Cuba es y de derecho debe ser libre e independiente” y declarando que los Estados Unidos “no tienen deseo ni intención de ejercer soberanía, jurisdicción o dominio sobre dicha isla, excepto para su pacificación y afirmando su determinación , cuando ésta se haya conseguido, de dejar el gobierno de dejar el dominio de la isla “a su pueblo”. En esa Resolución Conjunta el Gobierno de los Estados Unidos exigía al Gobierno de España que renunciara inmediatamente su autoridad y gobierno en Cuba y retirara de su territorio sus fuerzas militares y navales.

Y empezó la guerra hispano-cubano-americana en abril de 1898 que culminó con la derrota de España al firmarse la paz entre Madrid y Washington en agosto del propio año lo que dio paso a la primera intervención de los Estados Unidos en Cuba en enero de 1899. Grandes zonas de opinión en los Estados Unidos expresaban su simpatía por la causa de la independencia de Cuba y admiraba la prolongada lucha librada por los patriotas cubanos. Quizás ilustre ese sentimiento dos ejemplos de esa actitud con respecto al drama cubano de la época. Uno de ellos tuvo como escenario la primera guerra de independencia que iniciada en 1868 duró diez años de heroísmos y dificultades de todo tipo. Algunos norteamericanos lucharon en las filas cubanas y uno de ellos, que alcanzó el grado de General en el Ejército Libertador y por sus aptitudes militares y valentía se ganó el respeto y la admiración de los cubanos es un buen ejemplo. Se trata de Henry M. Reeve, que había nacido en Brooklyn, New York, el 4 de abril de 1850. Llegó a Cuba en una expedición financiada por emigrados cubanos y desde mayo de 1869, fecha en que pisó las costas cubanas, hasta 1876 en que murió en un combate participó en varios cientos de hechos de guerra y tiene un lugar destacado en la Historia de Cuba. Señalemos que Reeve combatió por la independencia de Cuba 22 veintidós años antes de que su país declarara la guerra a España.

El otro ejemplo que refleja también esa expresión generosa que surge del pueblo estadounidense es el caso de una mujer, Clara Barton, presidenta de la Cruz Roja de los Estados Unidos. En l897, durante la última guerra de independencia en Cuba, el gobierno español aplicó una política genocida que causó la muerte por hambre y enfermedades a miles de cubanos, mujeres, niños, ancianos, al concentrar en las ciudades sin alimentos ni medicinas a los pobladores del campo. Clara Barton se conmovió por la tragedia y organizó en los Estados Unidos un Comité de Ayuda a Cuba enviando a la Isla alimentos, medicinas y ropas con donativos del pueblo norteamericano. Visitó también el país y gestionó que no se paralizara la ayuda cuando se estableció por su gobierno el bloqueo naval de la Isla en abril de 1898.

Fuerzas políticas muy influyentes lograron que en la práctica quedara anulada la Resolución Conjunta del Congreso que hemos mencionado y cuando los cubanos, en una Asamblea Constituyente en 1901 convocada para fundar una República libre e independiente, regulando entre otras disposiciones las relaciones entre los dos países, se propuso en el Senado de los Estados Unidos una enmienda a una legislación interna, aprobada por 24 votos de mayoría de un total de 253 legisladores de los cuales 137 votaron en contra,lo que obligaba a Cuba con la advertencia de que si no se incluía el texto del acuerdo en la Constitución que se estaba discutiendo en la Habana no se retirarían de Cuba las tropas de los Estados Unidos. Es lo que se conoce como Enmienda Platt por el nombre del senador que la propuso, Orville H. Platt. La disposición hubo que incorporarla en el texto constitucional cubano para definir las futuras relaciones entre Cuba y los Estados Unidos y por ella se establecía el derecho de los Estados Unidos a intervenir en la Isla y a vender o arrendar a los Estados Unidos las tierras necesarias para instalar una base naval que es la que todavía existe, la Base Naval de Guantánamo, porque cuando años después, en 1933, se anuló la Enmienda Platt, no se pudo lograr la eliminación de la concesión de la base naval.

Después de esa guerra los Estados Unidos ocuparon militarmente a la Isla en dos ocasiones más y sus intereses financieros y económicos en general, que ya estaban presentes en los últimos años de la dominación española, obtuvieron una preponderancia enorme en sectores claves de la vida del país otorgándole un reducido espacio a la minoritaria alta burguesía cubana en la explotación de las riquezas y en el manejo cómplice de la vida política.

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Firmada la paz y ocupada la Isla por las tropas estadounidenses había que reconstruir el país postrado por los estragos del conflicto bélico. Muchos centrales azucareros estaban destruidos así como las vegas de tabaco y las haciendas ganaderas. Los pocos y malos hospitales que dejaron los españoles y las pocas escuelas requerían atención. Había muy pocas industrias en el país. Era urgente atender la alimentación de la población y el saneamiento de pueblos y ciudades así como mejorar el sistema de enseñanza. El gobierno de Washington tuvo que enviar alimentos y asociaciones caritativas de Estados Unidos hicieron también por su cuenta donaciones de alimentos. Disminuyó el desempleo por la actividad que se desarrolló pero también empresas norteamericanas empezaron a ocupar puestos preponderantes en la economía. El teléfono, el telégrafo y la electricidad eran novedades después de siglos de colonia española. Pudiéramos dibujar una imagen y decir que se saltó del burro a la bicicleta, de los garbanzos españoles al ham steak y como los anglicismos empezaron a introducirse en el habla, el pastel se convirtió en cake, y todavía sigue vigente el vocablo.

Como era natural la influencia de los ocupantes de la Isla se extendió a todos los sectores, entre ellos al cultural. La música fue una de las esferas abiertas a una mutua influencia pero el one-step, en el baile, no pudo derrotar al danzón cubano. El jazz sí penetró con éxito y recibió además una fuerte influencia de la música afrocubana. Pocos años después de terminada la intervención ya había en Cuba numerosos jazz bands.

En esta historia saltemos hasta el año 1959 cuando triunfó la Revolución en la Isla. Los distintos gobiernos estadounidenses, desde 1959, han mantenido el embargo, o bloqueo, o guerra económica contra Cuba, sin alcanzar el objetivo propuesto, aunque causando muchos perjuicios al pueblo de la Isla. A lo largo de estos años se han alzado voces en el Congreso de Washington y en organizaciones norteamericanas de distinta filiación para que se ponga fin a esa guerra contra Cuba…

El gobierno cubano calcula que los daños y perjuicios a la economía cubana debido al embargo, en todos estos años, alcanza la suma de 80 mil millones de dólares por ingresos dejados de percibir, pérdidas por la reubicación geográfica del comercio, afectaciones a la producción y los servicios, el bloqueo tecnológico, afectación a los servicios de la población, afectaciones monetarias financieras, e incitación a la emigración y fuga de talentos.

Según el informe de Cuba a las Naciones Unidas sobre la resolución titulada “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba” que se ha aprobado reiteradamente por la Asamblea General como hemos señalado, de no ser por esa política contra el pueblo cubano las inversiones directas norteamericanas en el país durante el período comprendido entre 1990 y el año 2002, en una primera etapa de tres a cinco años, las inversiones hubiesen podido tener un comportamiento mínimo de 100 millones de dólares anuales, llegando a alcanzar la cota superior de 400 millones al año teniendo en cuenta el valor de las inversiones norteamericanas en Cuba a finales de los años 50 y el flujo de inversiones directas de Estados Unidos a países del Caribe (República Dominicana y Costa Rica) que podrían servir de referente comparativos para la economía cubana según un estudio realizado por el Centro de Investigación de la Economía Internacional y el Centro de Estudios de la Economía Cubana. Dicho monto es casi el mismo valor que lo invertido por otros países en la economía cubana a partir de 1990, que ha permitido el desarrollo de ramas y sectores importantes como el níquel, petróleo, turismo y telecomunicaciones entre otros. Hay otro informe importante sobre el mismo tema que es el de la Comisión de Comercio de Estados Unidos en el año 2001, que incorpora una estimación de los flujos netos que acudirían a la economía cubana “en ausencia de sanciones de Estados Unidos”, según aclara, y que a pesar de la subestimación del mercado cubano , esa Comisión de Estados Unidos fijó el monto anual del flujo de inversiones directas de Estados Unidos a Cuba entre 20 y 40 millones de dólares anuales y aún sobre esa base las inversiones dejadas de realizar en un período de diez años alcanzaría entre 200 y 400 millones de dólares.

Estudios realizados por The Battle Group, con sede en Washington, a mediados del 2002, concluyeron que de levantarse el bloqueo, las restricciones de los viajes a Cuba –que ahora son más severas– viajarían anualmente a la Isla 2.8 millones de norteamericanos. El documento, titulado The Impact on the U.S. Economy of Lifting Restrictions on Travel to Cuba analiza el beneficio económico que recibirían las líneas aéreas, agencias de viajes y turoperadores norteamericanos si fueran abolidas dichas prohibiciones.

Unas relaciones normales entre los dos países, con nexos históricos de todo tipo a lo largo de los años, sería de beneficio para ambos pueblos sin duda alguna pero lo que sucede es que prevalecen intereses políticos de grupos influyentes que, por lo menos hasta ahora, han determinado el curso a seguir por sucesivos gobiernos.

En 1962, cuando quedó liquidada la llamada Missile Crisis, en el seno del gobierno norteamericano se discutieron varias acciones a seguir con Cuba, entre ellas la expresada en un memorandum de McGeorge Bundy, Asistente Especial para la Seguridad Nacional del presidente Kennedy, de fecha 4 de enero de 1963, exponiendo la idea de explorar un acercamiento con el gobierno de la Habana. Después, el 24 de abril, de acuerdo con documentos desclasificados, Bundy manifestó en reunión en la Casa Blanca que la política de los Estados Unidos debería basarse en llegar a un acuerdo con el gobierno cubano pero no se llegó a ninguna conclusión porque otra tendencia favorecía continuar con los actos hostiles contra la Isla. Poco antes de su muerte en 1996 Bundy expresó en una entrevista que “deseábamos ver qué es lo que se podía hacer con Castro”. Kennedy, dijo Bundy, “pensaba que valía la pena hacer una exploración que pudiera conducir a algo” y agregó Bundy que Kennedy “era suficientemente fuerte para explorar caminos sin riesgos políticos peligrosos”.

Aquella era una época de la Guerra Fría en la que las relaciones internacionales fluctuaban entre un enfrentamiento violento entre los dos campos contendientes y un acomodamiento de sus posiciones en algunas esferas, entre una pugna de influencias políticas en el campo internacional y la competencia armamentista y Cuba quedó en el centro de esa contienda batida por todos los vientos, afectada por su conflicto particular con los gobernantes norteamericanos, no con el pueblo norteamericano. Las relaciones entre Washington y la Habana empeoraban. En un informe del Comité Selecto sobre Asesinatos del Senado de los Estados Unidos en 1975 se revela que en 1963 la unidad de la CIA conocida con el nombre de Task Force W continuaba realizando actividades encubiertas contra Cuba revelando las distintas formas posibles para darle muerte al dirigente cubano y, por otro lado el Departamento de Defensa seguía preparando planes de contingencia para derrocar al gobierno de Cuba. Otras medidas también se pusieron en vigor para reducir las operaciones económicas y comerciales que hacía Cuba y limitar los viajes de los ciudadanos norteamericanos a la vecina Isla. Se aprobó también un programa de sabotajes en Cuba a plantas eléctricas, refinerías de petróleo y centrales azucareros a ejecutar entre noviembre de 1963 y enero de 1964.

El Gobierno de La Habana denunció en Naciones Unidas que el 8 de enero se había revelado en Washington que la delegación estadounidense ante la Organización tenía instrucciones de apelar a todos los recursos con el propósito de obstaculizar el proyecto previamente aprobado del Fondo Especial de la Organización para una estación central experimental agropecuaria en Cuba. El Secretario de Estado Dean Rusk declaró en ese mismo mes en el Congreso que su gobierno nunca había prometido no invadir a Cuba.

En ese clima incierto se inauguró en septiembre de 1963 la XVII Asamblea General de las Naciones Unidas con una agenda que reflejaba ese cuadro complejo y en los debates que tuvieron lugar sobre el gran número de temas de la agenda, Cuba y Estados Unidos se enfrentaron en algunos de los puntos en discusión. Era la primera asamblea después de la crisis de los cohetes nucleares y expresamos cuando ocupamos la tribuna que Cuba hubiera querido unir su voz a la corriente de opinión dominante que contemplaba la situación internacional con optimismo pero que las realidades que afrontaba Cuba no permitían tal optimismo. Cuba seguía siendo víctima de una política agresiva y recitamos la larga lista de ataques que había sufrido el país durante todo el año. Ya días antes, el 23 de ese mes de septiembre, se nos había acercado en el Salón de Delegados de la Asamblea ,que como siempre estaba llena de diplomáticos, periodistas, políticos y curiosos ,una periodista de la cadena de televisión ABC, llamada Lisa Howard, amiga de Kennedy, para decirme que el embajador William Atwood, de la delegación norteamericana, deseaba hablar conmigo antes de irse al día siguiente para Washington y que ella había organizado una reunión en su casa, agregando que era la mejor ocasión para encontrarme con Atwood.

En ese momento William Atwood ocupaba el cargo de embajador de los Estados Unidos en Guinea y se encontraba en Nueva York asesorando a la delegación de su país. Era amigo del presidente Kennedy y del embajador en Naciones Unidas Adlai Stevenson. A ambos había escrito discursos cuando aspiraban a la Presidencia de los Estados Unidos. Era un periodista destacado, editor de la revista Look y después del periódico Newsday. Me sorprendió la invitación pues en esos días la agresividad de Estados Unidos contra Cuba estaba en todo su apogeo y en la sesión de la Asamblea General que estaba funcionando, las posiciones que mantenían los dos países en temas importantes de la agenda siempre eran contradictorias.

Como muestra de ello citemos que meses antes el gobierno de Kennedy había ordenado que los embarques financiados por los Estados Unidos no utilizaran barcos extranjeros que tocaran puertos cubanos, haciendo así más duro el embargo. Las acciones de los terroristas cubanos que salían de puertos norteamericanos continuaban efectuándose. Washington le retiró sus pasaportes a un grupo de estudiantes que visitó la Isla y se congelaron en los bancos los fondos cubanos.

Lo que no sabíamos, pues se reveló después en documentos desclasificados, es que el gobierno de Kennedy, en aquellos días había enfriado sus relaciones con algunos de los grupos de terroristas cubanos residentes de en los Estados Unidos. Ignorábamos asimismo las discusiones en la Casa Blanca sobre el memorando de Mc George Bundy.

De todos modos la atmósfera en las relaciones entre los dos países estaba muy enrarecida y las presiones diplomáticas sobre países de América Latina y Europa para poner obstáculos al comercio con Cuba y restringir los viajes a la Isla no habían cesado.

En el mes de enero de ese año se había anunciado en Washington la constitución de un grupo intergubernamental para coordinar las acciones que se llevaban a cabo contra Cuba. Presidía ese grupo el subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos, Sterling J. Cotrell, a quien se conocía como experto en trabajos clandestinos, experto en guerra de guerrillas en Vietnam y Lao. En ese nuevo grupo estaban representados el Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia, entre otros departamentos del gobierno.

El primer informe que hizo Cotrell a McGeorge Bundy decía que el Departamento de Defensa “favorecía todavía un aumento de las presiones políticas, económicas, psicológicas y militares contra Cuba” y días antes el Comité Ejecutivo Ex Com del Consejo Nacional de Seguridad se había reducido y adquirido el nombre de Grupo Permanente para formular la política con respecto a Cuba. Allí estaban presentes Robert Kennedy, John McCone, Robert McNamara, McGeorge Bundy y Theodore Sorensen. Bundy también dirigía otro grupo que examinaba las acciones clandestinas.

El 8 de Julio el Secretario del Tesoro congeló todos los bienes cubanos en el país prohibió toda transferencia de dólares a Cuba efectuada a través de terceros países, concedió un plazo de sesenta días a terceros países para que cortaran su comercio con Cuba si no querían ser objeto de represalias económicas y comerciales y algo inaudito, el Departamento del Tesoro congeló también los fondos de la Misión diplomática cubana en Naciones Unidas y las cuentas bancarias de sus miembros en flagrante violación de la Carta de las Naciones Unidas que garantiza los privilegios e inmunidades de los diplomáticos en el desempeño de sus funciones. Al congelar esos fondos también se congeló la contribución de cincuenta mil dólares para pagar la contribución voluntaria de Cuba para el Programa Ampliado de Asistencia Técnica de la Organización.

Era evidente que todavía no había un acuerdo con respecto a la política con Cuba. Se iba de un lado al otro. Unas veces ganaban terreno los que querían continuar hostilizando a la Isla y por otro lado aquellos que veían que lo mas sensato era establecer un clima de distensión que favoreciera a los dos países. El historiador y asesor del presidente Kennedy, Arthur M. Schlesinger, en su libro de memorias de los años en que estuvo trabajando en la Casa Blanca titulado A Thousand Days publicado en 1965, dice “que tenía la impresión en el otoño de 1963 de que Kennedy estaba revaluando el problema de Castro”.

En esa situación de confusión el presidente Kennedy decidió probar la vía más razonable y civilizada, aquélla que respondía a los verdaderos intereses de los dos pueblos que es la que hoy todavía, casi medio siglo después, aconseja la prudencia y la sabiduría, la que interesa a las dos naciones que es superar una política que tiene hoy mucho menos posibilidades de alcanzar sus objetivos.

Concurrimos a la cita en domicilio de Lisa Howard en Park Avenue con una gran curiosidad. La sala estaba llena de invitados. No conocía a nadie. Me presentaron a dos o tres personas de aquella representación del variado conglomerado humano que es Nueva York. No recuerdo sus nombres y es posible que ninguno de ellos prestara atención de quien era yo o Atwood pues Lisa Howard trató de que no nos identificaran, por razones obvias.

William Atwood resultó ser una persona muy agradable.Con un dry martín en la mano chocó el vaso con el mío. Sin preámbulo fue al grano. Me dijo que había sido autorizado por el embajador Stevenson para encontrarse conmigo y que se iba al día siguiente o ese mismo día para Washington para hablar con Kennedy y pedirle autorización para ir a Cuba y hablar con Fidel Castro y explorar las posibilidades de entablar negociaciones con el fin de normalizar las relaciones entre los dos países. Le respondí que era muy interesante lo que me decía y, por supuesto, que yo lo comunicaría inmediatamente a mi Gobierno. Respondió que no lo hiciera hasta que él no recibiera instrucciones del Presidente. Añadió que su viaje sería sin publicidad, que iría de incógnito. Los dos aclaramos que estábamos hablando a título personal aunque era obvio para mí que tal planteamiento tendría que estar respaldado por una alta autoridad en Washington.

Atwood apuntó que la situación existente entre los dos países era anormal y que alguien, en un momento dado, tenía que romper el hielo. Dijo que Kennedy había heredado de Eisenhower el problema de Cuba y que hasta ese momento no tenía otra alternativa que continuar con esa política. Añadió que también había heredado el problema de China y de Vietnam. Hizo una pausa porque Lisa Howard se había acercado pero continuó inmediatamente expresando que la situación con China estaba congelada y que aunque ellos comprendían que era absurdo quizás no la podrían cambiar en muchos años.

Regresando al tema de Cuba manifestó que en muchas ocasiones en conversaciones privadas Kennedy había dicho que no sabía cómo iba a modificar las relaciones con Cuba reconociendo que ni ellos ni nosotros podían alterar la situación de la noche a la mañana porque era una cuestión de prestigio por lo que era muy difícil pero que había que hacer algo, por algo habría que empezar, agregó. Reconocía que debido a la política interna no era fácil para ellos porque los republicanos los tenían siempre a la defensiva en la cuestión cubana. Preguntó sobre la eventualidad de que el gobierno cubano le permitiera ir a La Habana. Contesté que era muy posible. Inquirió si yo estimaba que existía un cincuenta por ciento de posibilidades y le dije que esa era la respuesta correcta. Quiso saber mi opinión sobre las condiciones para establecer una negociación. No podía adelantarle nada en ese momento y comenté que era difícil negociar si no terminaban los ataques a Cuba para sabotear su producción económica, el bloqueo, los vuelos ilegales sobre el territorio. Había que despejar esa atmósfera enrarecida pero que todo dependía de lo que ellos pretendieran. Convino que la situación era muy compleja y que comprendía mi punto de vista. Expresó que el clima político no era propicio. Recordé que Fidel Castro, después del discurso inaugural de Kennedy cuando asumió la presidencia, había hecho pronunciamientos que significaban pudiera haber esperanzas de que se terminara la política agresiva y que después Kennedy lanzó la invasión de Bahía de Cochinos. Hice memoria del reciente discurso positivo en la American University y que después, en otro discurso en Berlín había cambiado el tono.

Le pregunté si Estados Unidos creía que podrían destruir la Revolución. Contestó que muchas figuras en el Gobierno todavía lo creían. La Revolución es irreversible, le dije, y reaccionó manifestando que no tenía dudas de eso y que en el mundo se habían producido muchas revoluciones.

Hablando después de la situación electoral Atwood creía que Barry Goldwater sería el candidato del partido porque Rockefeller había cometido muchos errores y agregó bromeando que si nosotros estimábamos que Kennedy era nuestro enemigo no sabíamos lo que sería Goldwater en la Casa Blanca si ganaba las elecciones.

Tras una pausa para saludar a alguien se refirió a Robert Kennedy. Expresó que el hermano del Presidente era un individuo de posturas duras pero que era sobre todo un político y veía las cosas objetivamente. Acotó que siempre quería ganar en todo lo que se proponía y esto lo dijo en el sentido que si consideraba que la prolongación de la política que se seguía con Cuba iba a arrojar un resultado negativo a la larga seguramente cambiaría de posición. Atwood creía que Kennedy ganaría la reelección pero que la situación no era fácil y si ganaba por poco margen entonces no podría hacer muchas cosas. Dijo que le preocupaba la cuestión racial y hablando a título personal me dijo que a pesar de la posición de Kennedy a favor de los derechos civiles después de la muerte de seis muchachos en Alabama, se había acusado a Kennedy de no actuar de modo efectivo en los actos de recordación que se habían efectuado en varias ciudades.

Me dio la impresión, por lo que dijo después, que Goldwater, de ser candidato, adoptaría una postura de extrema derecha y entonces los demócratas quedarían a la mitad del camino en la campaña y no podrían adoptar una postura muy a la izquierda y como consecuencia de ello los elementos más liberales se abstendrían de votar.

La conversación con Atwood fue muy interesante y se extendió por bastante tiempo en un rincón del salón, donde Lisa Howard agasajaba a sus invitados. Era evidente que Atwood tenía el propósito de que el mensaje que me estaba trasladando fuera tomado con toda seriedad y se le considerara positivamente. Días antes de que la periodista me dijera que el embajador Atwood deseaba hablar conmigo, un miembro de la delegación estadounidense en las Naciones Unidas, John Case, a quien no conocía y nunca vi, me envió un recado diciendo que quería hablar conmigo una o dos semanas mas tarde pero nunca se comunicó conmigo. No sé, por lo tanto, si se trataba del mismo asunto. Años después, en 1975, cuando Atwood compareció ante el Comité Selecto del Senado para Estudiar las Operaciones Gubernamentales Respecto a las Actividades de Inteligencia, declaró que ya siendo Embajador en Kenya llamó a Chase, que seguía trabajando en la Casa Blanca, y le dijo que si las gestiones de las entrevistas con Cuba continuaban le sugería que John Case o algún otro funcionario de la Misión continuaran con las gestiones.

Casualmente en la Asamblea de Naciones Unidas que se estaba celebrando uno de los temas en discusión eran dos proyectos para considerar los principios del Derecho Internacional concernientes a las relaciones amistosas y la cooperación entre los estados de acuerdo con la Carta, la obligación de los estados de respetar la integridad territorial y la independencia política de otros estados y la obligación de arreglar las disputas por medios pacíficos. Parecía como si en la Casa Blanca su principal inquilino estuviera pensando en iguales términos.

Atwood me dijo, como un paréntesis en la conversación que teníamos, que había comentado a Averell Harriman, Secretario Asistente de Estado, estando él en Washington, si le parecía bien que tuviera una conversación conmigo en el edificio de las Naciones Unidas y que Harriman se mostró intrigado y le sugirió que escribiera un memorando sobre el asunto. John Kenneth Galbraith, también en ese momento en la capital, de regreso de su puesto de Embajador en la India para reintegrarse a sus funciones en la Universidad de Harvard, le había dicho que era mejor hablarle de la cuestión a Harriman en vez de a Adlai Stevenson porque de ese modo era mas fácil que Kennedy se interesara. De todos modos, de regreso en Nueva York, le mostró el memorando a Stevenson que le gustó mucho pero le advirtió que “infortunadamente la CIA estaba todavía a cargo de los asuntos de Cuba” pero ofreció hablar con el Presidente de la idea. Harriman estaba en Nueva York en ese momento y le dio también una copia del memorando quien le dijo que él era un poco aventurero y que le interesaba la iniciativa y que viera a Robert Kennedy pues su aprobación era esencial. Atwood llamó a Kennedy, según me dijo, y convino con él en verlo el 24 de septiembre, en Washington.

Mientras tanto Stevenson había hablado con el Presidente de la iniciativa cuando fue a Nueva York el día 20 para hablar en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Kennedy aprobó la idea e instruyó que la continuaran explorando. Contó Atwood que Stevenson tenía dudas de que él hablara con el hermano del Presidente pero que él confió en el instinto de Harriman pues Robert Kennedy estaba muy comprometido con los asuntos de Cuba y seguramente esperaba que le consultaran una iniciativa tan importante, además de tener mas que nadie la confianza del Presidente.

Después de esas conversaciones, manifestó mi interlocutor, habló con Lisa Howard para que organizara el encuentro en su casa para hablar conmigo. Debo añadir que siempre tuve muy buenas relaciones con Atwood las que continué seis años después cuando fue a Cuba con su esposa. Ambos habían estado en Cuba en enero de 1959 cuando Atwood, que era periodista, entrevistó al Jefe de la Revolución para la revista Look.

El día 24, después de la primera conversación conmigo, Atwood voló a Washington y se entrevistó con Robert Kennedy a quien le dio el memorando y le relató la conversación conmigo en Naciones Unidas el día anterior. Kennedy le dijo que su viaje a Cuba, como yo había sugerido, era muy riesgoso porque podía filtrarse la noticia y si no se llegaba a un acuerdo los republicanos iban a acusar al Gobierno de apaciguamiento y demandar una investigación congresional, pero que consideraba que la gestión valía ser continuada en las Naciones Unidas y quizás hasta con Fidel Castro en algún lugar fuera de Cuba. Agregó que consultaría con Harriman y McGeorge Bundy.

El día 27 volví a entrevistarme con Atwood en el Salón de Delegados de Naciones Unidas y me dijo que era muy difícil para él, como funcionario, del gobierno, aceptar una invitación para viajar a Cuba pero que estaba autorizado para negociar con cualquiera que fuera a Nueva York de La Habana.

En su libro The Twilight Struggle publicado en l987, Atwood dice que Bundy lo llamó para decirle que Gordon Chase, uno de sus auxiliares, estaría en la Casa Blanca como contacto para mantenerlo informado y que al día siguiente almorzó con Jean Daniel, editor de la publicación francesa L’Observateur quien le dijo que iba a ir a Washington y después a La Habana para entrevistarse con Fidel Castro. Atwood llamó a Ben Bradlee, que era el jefe de corresponsales de Newsweek en Washington, para que le hiciera llegar al Presidente la sugerencia de que hablara con el periodista francés antes de ir a La Habana. Dos días después lo llamó Chase a Nueva York en demanda de alguna noticia y él le dijo que todavía no tenía nada nuevo que informarle.

De acuerdo con las revelaciones que hace Atwood en sus memorias, la atención que se le estaba prestando en Washington a las conversaciones con Cuba iba en aumento. Atwood tenía informado a Stevenson y a Chase de todos sus contactos y el 4 de noviembre fue llamado a la Casa Blanca para hablar con Bundy, quien le dijo que el Presidente estaba más interesado en el asunto que el Departamento de Estado y le solicitó un memorando que describiera el orden cronológico de los intercambios que había tenido.

Después, el día l2 lo llamó a Nueva York reiterándole que el Presidente favorecía una discusión preliminar de la agenda que iba a ser discutida en cualquier entrevista que se concertara entre un enviado suyo y otro de Fidel Castro, o bien en Cuba o en las Naciones Unidas. La agenda que se estaba confeccionando nunca pudo ser discutida. Kennedy les dijo a sus colaboradores que la examinaría cuando regresara de un corto viaje a Dallas.

Kennedy recibió en la Casa Blanca al periodista francés Daniel y éste ha publicado que inició el encuentro preguntándole al Presidente si las ideas contenidas en sus pronunciamientos cuando era senador, de respaldo a la Revolución Argelina, “habían sido aplicadas fielmente en Saigon y La Habana”. Sobre Saigon el Presidente dijo que no tenía tiempo de hablar pero que deseaba referirse a Cuba y continuar la discusión cuando él regresara de la isla. Comentó que la prensa europea acusaba a Estados Unidos de estar ciegos frente a la verdadera situación de Cuba pero que él sabía bien lo que sucedía allí. Por su parte Fidel Castro ha relatado que habló con el periodista francés quien le dijo que estaba muy bien impresionado con Kennedy y que “traía un mensaje suyo”. Fidel Castro agregó que no era un mensaje en el sentido formal de la palabra sino que Kennedy le dijo al periodista que viniera a Cuba y le habló de la crisis de los cohetes, de los peligros enormes de que estallara una guerra y que él quería que hablara conmigo, que analizara esta cuestión, que me preguntara si yo estaba consciente de hasta qué punto había sido grande ese peligro. La esencia del mensaje es que hablara conmigo largamente sobre esos temas, que después volviera a Estados Unidos y le informara de la conversación. El periodista lo interpretó como un gesto, como el deseo de explorar qué pensábamos sobre todo eso y además establecer una cierta comunicación. Le dijo que hablara y que volviera a verlo.

El presidente cubano agregó que el periodista francés “ni terminó de explicarme todo lo que tenía que decirme, porque fue muy temprano, no recuerdo si eran las 11.00 hora de Dallas. No había llegado siquiera el mediodía, íbamos a almorzar, y estando en esa conversación llega por radio allí mismo la noticia de que han atentado contra la vida de Kennedy. Yo interpreté lo que dijo Daniel como un gesto de Kennedy para establecer alguna comunicación, algún puente, algún intercambio, porque como Kennedy había quedado con tanta autoridad dentro de su país, podía hacer cosas que quizás anteriormente no había hecho. A mi juicio tenía el valor de hacerlo, porque se necesitaba cierto valor para desafiar estados de opinión en todas esas cuestiones”. Daniel recordó después que al escuchar la noticia del asesinato de Kennedy Fidel Castro dijo que esa era “una mala noticia” y que hay “elementos dentro de Estados Unidos que defienden una política ultrareaccionaria en todos los campos, tanto en el internacional como en el interno. Y esos son los únicos elementos llamados a beneficiarse con los sucesos que ocurrieron ayer en Estados Unidos”.

Por mi parte, como Embajador en las Naciones Unidas, entregué una nota a la prensa en Nueva York la misma noche del asesinato que rezaba así:

A pesar de los antagonismos existentes entre el Gobierno de Estados Unidos y la Revolución Cubana, hemos recibido con profundo desagrado la noticia de la muerte trágica del presidente Kennedy. Todos los hombres civilizados se apenarán siempre ante sucesos como éste. Nuestra Delegación ante la Organización de las Naciones Unidas desea expresar que éste es el sentimiento del pueblo y Gobierno de Cuba.

Como dato interesante diré que días antes de que Kennedy hablara en la Asamblea General le confió a un alto dirigente político extranjero que tenía relaciones con Cuba que en su discurso iba a ser conciliador y que aunque se vería obligado a hacer una referencia a Cuba porque todavía el Senado no había aprobado el Tratado con la Unión Soviética y el Reino Unido prohibiendo las pruebas de armas nucleares en la atmósfera, el espacio exterior y bajo el agua, suprimiría en su discurso un adjetivo contra Cuba. En la copia del discurso que se había distribuido antes de la sesión apareció ese adjetivo pero después fue tachado.

Cuenta Peter Kornbluh, analista del National Security Archive ubicada en la Universidad “George Washington” en la capital norteamericana, en un artículo en 1999, que en febrero de 1996 Robert Kennedy Jr. y su hermano Michael, viajaron a La Habana y se encontraron con Fidel Castro y como gesto de buena voluntad le entregaron un expediente previamente desclasificado sobre las gestiones del presidente Kennedy para explorar las posibilidades de un entendimiento con Cuba. En un memorando ultra secreto escrito tres días después del asesinato de Kennedy, añade Kornbluh en el artículo, Gordon Chase apuntó “que el presidente Kennedy pudo llegar a un entendimiento con Castro y obtenerlo con un mínimo de dificultades domésticas por su record de haber sido ofensivo con él durante la crisis de los cohetes en 1962”.

Muerto Kennedy e instalado el vicepresidente Lyndon Johnson en la Casa Blanca, el 29 de noviembre Lisa Howard me trasladó un mensaje de Atwood en el sentido de que todavía las gestiones no habían sido suspendidas, que nadie en la Casa Blanca lo había instruido que rompiera los contactos. El 12 de diciembre me llamó Atwood por teléfono para decirme que aún no habían tomado una decisión en Washington. Por sus memorias sabemos que el presidente Johnson almorzó en Nueva York con la delegación de su país antes de hablar en la Asamblea de las Naciones Unidas y en esa oportunidad le dijo a Atwood que había leído con interés su memorando sobre las gestiones con Cuba, pero sin otro comentario.

En enero Johnson nombró a Atwood embajador en Kenya y estando en Washington preparándose para su nuevo destino Chase le confió que aparentemente no había interés en seguir las conversaciones porque era un año de elecciones y el Presidente no quería arriesgarse. De esa forma los mismos intereses políticos que habían impedido hasta ese momento las negociaciones con Cuba para normalizar las relaciones volvieron a ejercer su poderosa influencia al margen de los intereses del pueblo, que no ha podido decidir nada con respecto al asunto en todos esos años. Evidentemente Kennedy intentó avanzar por una ruta de conciliación. Los estrechos intereses electorales dominaban antes y dominan ahora la decisión de alterar el rumbo de ese comportamiento negativo. Nixon, un presidente republicano, inició el deshielo de las relaciones con Vietnam y reconoció al gobierno de China, países con los que hoy Estados Unidos tiene relaciones comerciales normales y a los cuales los ciudadanos norteamericanos pueden viajar sin limitaciones. Cuba es el único donde la situación anormal sigue congelada sin razón alguna para los propios intereses de Estados Unidos.

Es muy significativo que la inmensa mayoría de los países, incluyendo los aliados militares y socios comerciales de Estados Unidos, se opongan a la guerra económica contra Cuba. Es una situación absurda que empaña la imagen de Estados Unidos en el mundo. Desde que se presentó en 1992 en la Asamblea General de las Naciones Unidas un proyecto de resolución solicitando el cese de esa política, crece el número de países que se oponen a ella. En el año 2004 fueron 179 gobiernos los que apoyaron la resolución y solamente cuatro, Estados Unidos y tres pequeños estados clientes suyos se opusieron, en ese foro que es el más representativo de la comunidad internacional. Y mientras más se endurecen las medidas contra Cuba mayor es el rechazo universal. Después de ese acuerdo de las Naciones Unidas se produjo otro igualmente significativo. Los Jefes de Estado y Gobiernos de todos los países de América Latina y de España y Portugal reunidos en la XIV Cumbre Iberoamericana declararon lo siguiente “Reiteramos nuestro enérgico rechazo a la aplicación unilateral y extraterritorial de leyes y medidas contrarias al derecho internacional como la ley Helms Burton, y exhortamos al Gobierno de Estados Unidos de América a que ponga fin a su aplicación”.

En noviembre del 2006, 183 Estados votaron en la Asamblea General de las Naciones Unidas a favor de la Resolución titulada “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos contra Cuba”. Nunca se había alcanzado tan abrumadora mayoría, una cantidad de votos récord desde que fue aprobada por primera vez una resolución similar. Solamente votaron en contra los cuatro países de siempre, Estados Unidos, Israel, las islas Marshall y Palau. Y otra victoria de Cuba en el campo internacional en ese mismo año 2006 fue la obtenida al ser elegida para integrar el Consejo de Derechos Humanos, órgano establecido para sustituir a la Comisión de Derechos Humanos. La candidatura de Cuba recibió el apoyo de 135 de los 191 países miembros de Naciones Unidas, superando los dos tercios de los Estados miembros. Estados Unidos decidió no presentar su candidatura.

A medida que pasa el tiempo Estados Unidos están más aislados en su política contra el pueblo cubano. Esa Ley Helms Burton trata de obligar a todos los países a sumarse al bloqueo económico, comercial y financiero contra la Isla cortando el flujo de inversiones extranjeras entre otras medidas agresivas, y con anterioridad a esa legislación se aprobó la llamada Ley Torriceli que prohíbe el comercio con Cuba a subsidiarias de compañías estadounidenses en terceros países, además de otras interdicciones.

Por la influencia que tiene Estados Unidos en los organismos financieros internacionales Cuba no tiene acceso a ellos como todos los países y la presente administración en Washington ha hecho todavía más férrea la aplicación del bloqueo.

No hay justificación para esa política que se inició en el propio año 1959 cuando triunfó la Revolución. El propio presidente Eisenhower que ya en fecha temprana inició encubiertamente los primeros pasos de enemistad agresiva, expresó en una conferencia de prensa el 26 de enero de 1960 que “el gobierno de los Estados Unidos reconoce el derecho del gobierno y pueblo cubanos de acometer aquellas reformas sociales, económicas y políticas que considere deseables”.Y es precisamente por esas reformas que Washington ha adoptado esa conducta inamistosa.

La propaganda oficial de Washington califica esa política de “embargo” para disimular su verdadera naturaleza y es curioso señalar, aunque se aseveró en otro contexto, que discutiéndose algunas disposiciones con relación a Cuba cuando la Crisis de los Misiles, el Secretario de Estado Dean Rusk le preguntó al Consejero Legal de su departamento, Abram Chayes, cual era la diferencia entre embargo y bloqueo y se le respondió “que bloqueo era un acto de guerra y si decimos que es bloqueo se está diciendo que se aplica un acto de guerra”.[vi]

Cada vez que algún gobierno estadounidense ha dado muestra de negociar sus diferencias con Cuba intereses políticos y electorales lo han impedido. Kennedy, como hemos visto, emprendió ese camino, pero también Gerard Ford y Jimmy Carter, en algún momento, dieron señales de abordar la insólita situación y en el Congreso también legisladores de ambos partidos han intentado abolir esa política que perjudica a los dos pueblos.

Ya han pasado muchos años y esa política no ha logrado lo que se propone y no lo logrará. Cuba seguirá su camino venciendo los obstáculos que se le ponen y los continuará venciendo. El pueblo cubano ha demostrado de sobra que no obstante las necesidades que ha sufrido no ha perdido su espíritu de lucha, ni su alegría y optimismo y cada día son más numerosos los logros que obtiene en todos los campos y es más cálida la solidaridad que recibe de todo el mundo. Reconocemos, sin embargo, que la política seguida con más o menos rigidez por todos los gobiernos que han pasado por la Casa Blanca desde 1959 hasta la fecha tiene el mérito de la constancia, que es una virtud elogiable sobre todo cuando a pesar del transcurso de los años se ha demostrado que la línea seguida con tanto empeño no ha dado los frutos que se pretenden. Es un mérito que se ha ganado una mención digna de figurar en una página del conocido Libro Guinnes de récords mundiales. En la Historia nunca un fracaso se ha extendido por tanto tiempo.

Bibliografía

  1. Salinger, Pierre. De Mémoire, Editions Denoel, Paris, 1995.
  2. Schlesinger Jr., Arthur M.. A Thousand Days, Hougton Miffin Company, Boston, The Riverside Press, Cambridge,1965
  3. Dorschner, John and Roberto Fabricio. The Winds of December, Coward McCann and Geoghegan, New York, 1980.
  4. Ambrose, Stephen E. Eisenhower, The President, London, George and Unwin,1984.
  5. The Speeches of Senator John F. Kennedy, Presidential Campaign of 1960.
  6. Final Report of The Committee on Commerce, United States Senate,S.Government Printing Office, Washington, September,1961.

 

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  • Yiyi Sánchez dijo:

    Muy buen escrito, material d consulta, quiero señalar 2 problemas q he visto: hay un párrafo q le falta un pedazo y es cuando dice… que se puedan superar cuanto antes los obstáculos que i y abierto las condicion… “, en otro párrafo se repite unas palabras y es cuando dice …” Zona Económica Exclusiva del Golfo de México y otras áreas del territorio del territorio de Cuba…” se repite “del territorio”. Gracias Cubadebate por existir

  • manuel dijo:

    Tremendo articulo, al parecer todavia quedan detalles no hecho publicos de los acercamientos para resolver esta larga contienda, de lo que si estamos convencidos es de que no ha quedado por nosotros, siempre y cuando se respete nuestra independencia y soberania. El desafortunado asesinato de Kennedy y otros acontecimientos, unido a los continuos ataques terroristas durante estos, mas de 50 años reflejan de manera inequivoca que los intereses politicos mesquinos y electorales de la derecha en EE.UU han logrado impedir, como bien afirma el autor la consumacion de la verdadera voluntad del pueblo nortemericano y cubano de de tener relaciones de respeto e intercambio mutuo.

  • manuel dijo:

    Ah, olvidaba si el autor, y pregunto, tiene algun tipo de parentesco con Carlos Hevia el politico de la seudo-republica. Gracias

  • Elio Antonio dijo:

    Hola:-)

    Por lo pronto, creo que el ensayo debieron fragmentarlo en dos o tres partes.

    Saludos.

  • atenta dijo:

    Excelente material. Estas cosas no deben estar guardadas tanto tiempo. Solo el autor tiene reconocido respeto en la historia de la diplomacia cubana.

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Carlos Lechuga Hevia

Periodista y diplomático cubano, quien fuera el representante de la Isla en la Organización de Naciones Unidas (ONU) durante la Crisis de Octubre

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