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Queda prohibido que mueran los humoristas

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A las 6 de una tarde perdida conocí a Tomy.  Fue una tarde simple por bella, sencilla por revolucionaria y pérdida por única, justamente en el Palacio de convenciones de La Habana donde disertaría con el legendario acento de los días románticos del 59, el Comandante Fidel Castro.

Allí estaba el hombre sentado a mi lado, en la tercera fila de las sillas destinadas para los caricaturistas del mundo, que asistíamos a una convención de prensa libre en el 2002, precedidos por nuestro compromiso de conspirar contra la verdad surrealista inventada por la prensa, presa del capital.

Allí nos conocimos. Hablamos de tantas cosas, y la conversación se tornó tan interesante que trascendió los ritos protocolarios de la bienvenida , y dejamos los espacios vacios del salón para enfrascarnos en la reseña coloquial de esas pequeñas cosas que solo la comunión humana entiende, mientras adentro  la gran multitud como nosotros afuera,  esperábamos la llegada del mítico Castro, ese de barba tupida que encendió la llama de la revolución latinoamericana, y que en ese momento como ahora,  y en su buen domado uso de la palabra hablada, se quejaría de la práctica política del mal que prestigia la abundancia por sobre el hambre. La política, esa puta que desde hace siglos los caricaturistas conocemos con la palma de nuestra mano, y que se mueve de burdel en burdel y que nosotros como el pan diario memorizamos en la punta de un lápiz, para desenmascarar a sus mejores postores.

Con Tommy caminamos por La Vieja Habana, riéndonos de cosas sin imágenes para olvidarnos por unos momentos de nuestras líneas y trazos, de caricaturas inventadas al vuelo de rabos nubes tropicales y descubriendo que la alegría era también revolucionaria como el amor y la paz, ese verso salvadoreño que se encarnó en esta patria proletaria y campesina.

Aunque fue conversación de un solo día,  fue la eternidad de Hemingway en ¿por quién doblan las campanas? o  La vida es eterna en los cinco minutos de “Te recuerdo Amanda”, puesto que nuestros destinos de responsabilidad y compromiso por un mundo más justo nos reencontraría en la red de rebelión, colaborando como dos caricaturista en la  madurez del filo  político, para que nuestra ideas y pasiones descifraran la podredumbre cotidiana del egoísmo y la resistencia sin reservas de los que se rifan en el vacío por la esperanza. Pero la noche de ayer 6 de septiembre, me daba cuenta que la muerte jugueteó con el corazón débil de este buen hombre, porque no pudo asirlo de sus fuertes manos, esa muerte solitaria y fría que el garabateó para conjurarla, pero que igual llegó envuelta en el humo maldito de la eternidad, que borra nuestros nombres del libro de los vivos y nos arroja al réquiem y al obituario.

Ojala un día dibujáramos a un Dios que le diese por prohibir la muerte de los humoristas… y que solo se murieran los serios, esos pedantes de trajes impecables que le llaman terrorismo a los sueños, Paz a las Guerras, necesidades a las masacres y al hambre humana y Democracia a las intervenciones.  Afortunadamente los dioses actuales armados de lápices y hojas en blanco dibujan las resurrecciones, y tomy no dejará de ser esa línea, esa mueca burlona, ese trazo de ironía y esa conciencia que incomoda. Porque la muerte llega precoz en la vida de los que no son capaces de construir su propio mundo.

Se han publicado 5 comentarios



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  • Laritza dijo:

    Lamentable pérdida para el humor criollo, sinceras condolencias a la familia, siempre lo recordaremos con al menos una sonrisa por su buen sentido del humor.

  • Sergio A Perez dijo:

    que descanse en paz el talento, el trabajo y la vida.

  • Iván Colón dijo:

    Lamentable pérdida para la cultura y el arte del humor en nuestro país y el mundo, condolencias para la familia y Rigo lo siento mucho hermano…Tu tío era y seguirá siendo el mejor de los caricaturistas cubanos…

  • Cándido Maimot Laffita dijo:

    Conocí a Tomy en las postrimerías de la decada del 60, en el periódico JR, cuando a lo sumo un puñadito de jóvenes de Matanzas queríamos tener una publicación para la provincia y un día, dos de aquellos jóvenes, luego de una operación insólita, trasladamos en hombros un saco de plomo, como nuestra materia prima fundamental, tomado del rastro del periódico Girón, con el que llegamos extenuados hasta el tren de Hershy, descubrimos Casablanca, y auxiliados de la lanchita de Regla llegar a la avenida del Puerto y luego en una guagua Leyland llegar hasta la linotipia de Juventud Rebelde, para editar LA MOSCA PROFANA. Allí estaba él, hirsuto, recién venido de nuestro natal Holguín y familiar barrio Barajagua. Dispuesto a ayudarnos siempre en aquella aventura editorial. Vi en sus ojos la chispa de del iniciado caricaturista, prometedor, que se adentraría en el tiempo con su propio estilo, aprendiendo de los monstruos de aquella época que lo rodeaban, de los que recuerdo a Virgilio y a Nuez, y descollar como lo hizo, desde la cima de su humildad y su aguda visión para plasmar en su obra la angustiosa problemática del universo: la paz, esa paz que anhelamos todos los que tenemos puestos los pies en la tierra.
    No cultivamos una amistad prolongada en el tiempo por circunstancias ajenas a ambos. Pero pienso que hubiera sido una hermosa amistad.

  • MARCOS dijo:

    CON RESPECTO AL TÍTULO DEL ARTÍCULO, NO SÉ QUE DECIR (METAFÓRICAMENTE HABLANDO, CLARO ESTÁ) DEL PUJÓN RIGOBERTO FERRERA. NO HABLO DE LA MUERTE PERO SÍ UNA FELIZ DECISIÓN DE SU PARTE QUE LO LLEVE DEDICARSE A CUALQUIER COSA QUE NO SEA EL HUMOR

    Marcos

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Allan McDonald

Allan McDonald

Reconocido Caricaturista hondureño. Recibió el Premio Mundial de la Prensa 2013 en Ginebra

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