Alina Perera Robbio

Artículos de Alina Perera Robbio

Es periodista cubana, columnista de Juventud Rebelde y colaboradora de Cubadebate. Ha ganado múltiples premios de periodismo en los certámenes anuales del país. Es autora del libro “Buscándote, Julio”, y coautora de “Voces del milagro”, “Niños del milagro”, “La maldición del avetruz” y “La cuadratura del círculo”.

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Una de mis canciones predilectas es esa en la cual el autor pregunta a una rosa por qué llora si es bella, y esta le responde que lo hace por la ausencia de su jardinero, ese al que ella quiere y la abandonó... La letra sigue contando que la rosa «tenía bellos colores y un perfume embriagador... /Y como no la cuidaron/ se marchitó la flor...». Preciosa parábola del querer y del olvido, claroscuro inevitable de la naturaleza humana y que los cubanos sabemos vivir con particular intensidad.

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Cuando Cuba amanece, de lunes a viernes, se abren sus hogares, de todos los tamaños y estilos, y de ellos salen a llenar las calles los alumnos más tiernos del país: los niños. Van ellos inocentes, alegres, despertándose como se abren las flores coloridas. Avanzan a prisa, colgados de los brazos de los padres o los abuelos, o al centro de una nube de amigos que busca la escuela con particular brío cada lunes, ese día que, como dijera nuestro poeta Eliseo Diego, estrena la semana tumbándonos la puerta.

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| 24

Empinarse una jarra de cristal con guarapo bien frío es en estos días de calor implacable un acto de placer. Lo fascinante de ese jugo de la caña de azúcar -señora llegada aquí desde Asia, de manos de los españoles- es que, si no se bebe a solo segundos de haberse extraído en un pequeño trapiche, se pone oscuro, como mustio. Por eso tomar buen guarapo no puede ser un acto en solitario, abriendo un frasco sellado, sino la concurrencia de más de un caminante en busca del oasis.

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| 11

Las madres coraje son creadoras y magas; inventan el tiempo y el espacio donde habiten esas criaturas insaciables que nunca se cansan, que no conocen el peligro ni entienden la palabra "no", que siempre quieren divertirse... A las madres, a todas las mujeres que se han embelesado escuchando palabras inocentes o mirando el borde de una oreja diminuta o la filigrana de unos deditos, quiero hacerles un regalo breve, de amor, acompañado de imágenes atrapadas hace horas por el amigo Kaloián en su natal Holguín.

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Cada ornamento se parece a los anfitriones que aguardan o alguna vez aguardaron tras las puertas. Tal vez por esa verdad, o por otras que él conoce y asume, el maestro Liborio Noval tuvo la idea de retratar más de una aldaba encontrada en sus alucinantes expediciones en pos de la imagen. Y así es que, gracias a sus estampas, uno repara en el sentido que parecen encerrar algunas hojas de madera de las cuales cuelgan aldabas o aldabones que, o incitan a tocar con dureza, o más bien con suavidad.

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| 21

10k anduvo calles de la Isla tras el misterioso lenguaje de ciertos ojos, buscando discretamente ciertas curvas que, como dijera Corona, despiertan ilusión. Y en honor a la verdad, hay que decir que atrapó a más de un longina: las hay que parecen estar posando para el mejor de los pintores; las hay ágiles, que parecen flotar a pesar de la fuerza de gravedad; y las hay serenas, bien plantadas, evocadoras de nuestra gitana tropical, ese rostro símbolo creado por Víctor Manuel como prueba de nuestro mestizaje y sensualidad sin réplica posible.

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| 9

El manisero es en nuestro retablo insular tan cómodo, familiar y socorrido como el aromático sorbo del café, como los frijoles negros, como el sol caliente que blanquea las sábanas, como el aire preñado de salitre, ese que antes besó a la mar mientras pasaba corriendo. Rita Montaner, la Única, le hizo reverencia a mediados del siglo XX, desde su voz aguda y prolongada en el viento. "Manisero se va...", entonaba la mulata risueña y cómplice, intérprete de altos quilates.

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Toda ciudad va tejiendo el movimiento que la mantiene viva, que le confiere un ritmo único, un sin fin de rutas y horizontes que amanecen con el asomo del sol, y que podrán repetirse, o no, al día siguiente. Santiago de Cuba, al oriente de la Isla, llena de arterias que suben y bajan, es un abejeo tibio y apresurado de personas que caminan sobre los hilos de sus suertes. La ciudad es indetenible, describe el travieso de la lente.

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| 8

Tienen los aguaceros de esta Isla una intensidad inolvidable. Últimamente no solo se trata de una caída vertical de las aguas, sino de señores vendavales que levantan hojas de árboles, papeles, y que espantan la calma de quienes fueron tomados por sorpresa a la intemperie o en frágiles amparos. Cuando escampa, luego de tanto apuro por ponernos a buen resguardo, reina una calma húmeda, un goteo discreto que pocos advierten, y una pureza deliciosa en el aire.

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| 10

Solo una mirada curiosa, que busca combinaciones insospechadas de la imagen, puede tropezarse con la fiesta de lo insólito, de lo que no se había imaginado y de pronto se desprende de la realidad como el pañuelo que el mago extrae de su sombrero de copa. El mago es Liborio Noval. Y su vara mágica es la lente. Él cree, como aquellos artífices del surrealismo francés cuya escuela floreció en el siglo XX recién nacido, en el asombro que puede despertar el fortuito encuentro de un paraguas y una máquina de coser sobre una mesa de disección.

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| 24

Imaginación y suspicacia del cubano brillan con todo esplendor si de gestiones para permutar se trata. Imaginativos son aquellos que, para atraer interesados, casi describen una casa que no existe: "amplia, muy iluminada, tres cuartos y con balcón a la calle...". Y cuando se acercan quienes habían escuchado las señas, encuentran un cuarto divido en dos con barbacoa, donde el sol visita poco, y la vista a la calle es una ventana discreta por la cual se advierte un panorama irrelevante.

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| 7

Esta vez Kaloian se detuvo con su lente en el espacio de personajes que se vuelven tradición para muchas personas: los Barberos. Armado de las tijeras, el barbero es mago y vórtice de su universo. Lo interesante es que, a pesar de su poder ilimitado, no parece tener tanto entre manos. Su estampa es la sencillez, pero en verdad es un monarca que todo lo escucha; y hasta de vez en cuando ofrece pies forzados para trabajar en silencio mientras el otro habla; para asombrarse mientras toca con sus dedos rápidos la cabeza de quien llega ansioso por contar.

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