Alina Perera Robbio

Artículos de Alina Perera Robbio

Es periodista cubana, columnista de Juventud Rebelde y colaboradora de Cubadebate. Ha ganado múltiples premios de periodismo en los certámenes anuales del país. Es autora del libro “Buscándote, Julio”, y coautora de “Voces del milagro”, “Niños del milagro”, “La maldición del avetruz” y “La cuadratura del círculo”.

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La explicación más aceptada sobre el origen de la palabra "guagua" se remonta a los primeros años del siglo XX, durante la ocupación de Cuba por el ejército de los EE.UU. Los norteamericanos organizaron en la Isla un servicio de transporte colectivo por medio de carretones tirados por caballos, que en inglés se pronuncia "wagon". Se especula que la gente tomó el sonido de la palabra inglesa "wagon" como "guagua" y comenzó a llamarle así a este medio de transporte, en el que como se ve en esta galería de Kaloian "todo el mundo cabe", amores incluidos »

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Mientras ella caminaba su ciudad, un joven reparó en su vestido negro. "¿Está usted de luto?", preguntó el zalamero. Y en un acto de audacia que las mujeres no suelen protagonizar cuando son piropeadas, lanzó ella su respuesta: "Sí, ando de luto". El provocador, para rematar, sacó su mejor espada: "Ya sabía yo que lo habías matado de tan linda...", dijo, y se llevó su mejor premio: la sonrisa de una mujer tocada por la ternura.

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Como soplo purificador, el aire marino recorre todas las sendas de Gibara. El olor a caracoles, a secretos profundos, a maderos lamidos por el oleaje, sumerge a los pobladores de ese municipio de la costa norte de Holguín en una sensación de magia, de ser los elegidos para contar grandes historias de otros tiempos y de estos. Para mi amigo 10K lo más inolvidable de Gibara serán siempre sus botes tranquilamente amarrados a la entrada del pueblo, como sobrios testigos de una ciudad abierta a las mejores corrientes.

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Con su lente que mira y atrapa donde otros quizás no vean nada hermoso, el amigo Kaloian atrapó y me hizo llegar imágenes de tendederas en Caibarién, ese pueblo de pescadores al centro de la Isla. El solo nombre de Caibarién me enternece. Y de especial modo, si de pronto un amigo me muestra a ese universo con sus tendederas al aire libre, como para recordarme que el cubano gusta de orear sus cariños y costumbres leves, sin que por eso sienta la menor vergüenza.

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| 12

Si alguien pensó que los días glaciales por los cuales tiritó la Isla detuvieron ciertos caprichos nuestros, pues no alcanzó a imaginar todo el atrevimiento que puede embargar al cubano si de darse gustazos se trata. En las horas más frías de La Habana, cuando lo común era que la gente estuviera buscando abrigo bajo las colchas, o cazando el calor del pan, o asomándose al borde de un plato con sopa caliente, un grupo de muchachos se lanzaron a perseguir las crestas más altas de las olas del mar.

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| 9

Nadie se atrevería a decir que él ya no es venerable: ahí está el rumor de su cuerpo, y el verdor que de cerca lo escolta y que nace de gigantes árboles, de telones tejidos de raíces y hojas, de troncos desde los cuales sigue empinándose la vida. Permanece su hechizo que atrae a los cubanos ávidos de purificación, del buen destino, o sencillamente de una paz a cuyo abrigo pueda tejerse un diálogo de cómplices.

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En traspaso siempre notable de un año al otro, el cubano se luce con todas sus añoranzas, aguardos y supersticiones. No solo se le puede ver caminado con una maleta llena de sueños, sino también quemando lo viejo que se va; o botando en un balde salvador, en forma líquida, todos los sinsabores vividos en los últimos doce meses. Esperando este 2010, esos rituales se mezclaron con la fiesta y el comer excedido al borde de la mesa donde no faltó la carne de cerdo -aunque sea pequeña-, ni la yuca, ni el tomate, ni los frijoles, ni los dulces.

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Cuba es una Isla llena de ventanas que, como las columnas y los portales, están situadas en puntos cardinales de nuestras vidas. Son para abrirnos al paisaje, y para mirar la suerte que discurre afuera como corriente en la cual nos sumergimos día a día para pescar nuestras fortunas, pesadumbres y sorpresas. Abramos las ventanas de este 2010 con Cuba. Asomémosnos a un nuevo año de la Revolución y a la esperanza de un mundo más solidario y más feliz.

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Disparando el obturador de su cámara, Liborio Noval se ha visto a sí mismo convertido en un reflejo. Armado de su máquina nos devuelve un universo paralelo al real: es el de los edificios curvos como seres vivos —arquitectura comestible, diría un genio— reflejados en los cristales; es el de las nubes, las cumbres y el follaje condensados como esencia fina sobre una hoja vertical; es el cielo de Madrid colado en la coraza de plata de un centinela; o nuestra palma real, como protagonista de una foto en sepia, mostrando sus penachos desde el parabrisas de un automóvil.

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| 9

Desde el muro del Malecón se han visto crepúsculos inolvidables. Y desde él se han lanzado flores y preguntas a las aguas; se han vivido abrazos; se han tejido sueños; y se han susurrado promesas. El muro pardo no dejará de sostener los ímpetus de familias enteras, de enamorados, de amigos, de pescadores... Así será hasta el final de los tiempos.

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| 14

El rostro del Che atrapado en los instantes terribles del entierro de nuestras víctimas cobradas por la explosión del buque francés La Coubre, en marzo de 1960, se acentúa definitivamente en la trascendencia. El Che, escapado de toda medida, fórmula o mediocridad, salta desde su presente al nuestro como evidencia de que la impronta de un revolucionario tan hondo seguirá siendo, por mucho tiempo, clave que nos obligue a buscar en el futuro.

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En estos días en que La Habana ha sido escenario predilecto de los amantes del séptimo arte, se han visto todo tipo de colas. Estas se han dado a veces a modo de estrechas ristras; y otras, como nubes densas. Y esa diversidad no ha impedido que cada quien conozca de sobra quién va delante del que va delante de él. Agentes del orden, taquilleras, porteros y transeúntes ajenos a la batalla, miran atónitos el oleaje encrespado del cual emergían manos abiertas, cabellos desordenados, bolsos, papeles y pañuelos.

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