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Cuba y Estados Unidos, rivales desde 1939

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(PL) La Habana.- Aunque peloteros cubanos y estadounidenses se han enfrentado desde principios del Siglo XX, cuando equipos  de las Grandes Ligas visitaban La Habana con relativa frecuencia, no fue hasta transcurrido varias décadas después que se midieron en campeonatos oficiales.

En 1908, José de la Caridad Méndez tiró dos lechadas frente al equipo de Grandes Ligas Reds del Cincinatti  más siete ceros en rol de relevo, en medio de una cadena de escones que se extendió a 45 innings y en la cual se incluyeron además dos blanqueadas al Long Branch y dos ceros al Habana.

Eran los días de gloria de aquel a quien el viejo zorro del béisbol

americano John Mac Graw llamó Diamante Negro. El mismo Méndez que en 1908 despidió al inmortal Ty Cobb, doce veces líder de los bateadores con en la Liga Americana, regalándole un ponche que enloqueció a los presentes en el viejo Almendares Park.

Tiempos aquellos en que Eustaquio Bombín Pedroso dejaba sin hits ni carreras durante 11 entradas a los poderosos Tigres de Detroit, titulares de ese año 1908 en la Liga Americana, no obstante perder 1-0 debido a un error del segunda base almendarista Armando Cabañas.

En 1920 un gran suceso sacudió a la afición capitalina. En un esfuerzo por darle mayor divulgación a la pelota cubana, el empresario Abel Linares trajo a los Gigantes de MacGraw, y como atractivo les sumó a Herman Babe Ruth, quien ese año había disparado 54 jonrones con los Yankees de Nueva York.

El    Babe    recibió 2 000 dólares por cada uno de los ocho juegos en que participó frente a equipos cubanos, más gastos cubiertos para su esposa y un amigo que les acompañó. Los aficionados al béisbol, y aún quienes no lo eran, llenaron las gradas para ver dar jonrones a Ruth, pero las expectativas no fueron satisfechas.

Dos jonrones pegó el ilustre visitante. Algunos periodistas alegaron que los pitchers le huían la bola para no ser víctimas de sus descomunales batazos.

Otros escribieron que Ruth vino en plan de turista, y los más insistían en su afición por el hipódromo Oriental Park y el Frontón Jai Alai, a los que decían era asiduo concurrente.

Muchos y muy buenos fueron los equipos que en los meses de marzo vinieron a La Habana para hacer en ella su acostumbrada fase de preparación previa a la campaña de Grandes Ligas. Por el parque La Tropical desfilaron, entre otros, los Cardenales de San Luis, el Pittsburg y, con mayor frecuencia, los Dodgers de Brooklyn.

Un dato poco divulgado: a principios de los años cuarenta los poderosos Medias Rojas de Boston se dieron un salto hasta La Tropical debido al mal tiempo reinante en La Florida, donde hacían su entrenamiento de primavera, y aquí fueron vencidos 2-1 por una improvisada selección amateur por la cual lanzó Juan Decall.

Muchos fueron los partidos de este tipo, ganados unas veces por conjuntos cubanos y otras por los  bigleaguers, pero ninguno de ellos tuvo carácter oficial. Hubo que esperar hasta agosto de 1939, cuando en ocasión de la II Serie Mundial de Béisbol Amateur se enfrentaron equipos nacionales de Cuba y Estados Unidos. Antes, nunca.

El 13 de agosto del citado año 1939, en su segunda presentación en la Serie, Cuba venció 13-3 a la representación de Estados Unidos, con victoria a la cuenta de Conrado Marrero, quien sólo permitió cinco hits, con 12 ponches y cuatro boletos.

Se  trataba del propio Marrero que con 39 años de edad arribó a las Grandes Ligas con el uniforme del sotanero Washington para dejar al irse, cuatro años después, marca de 39 victorias y 40 derrotas.

Cierto que en aquellos primeros años Estados Unidos no presentaba equipos de fuerza, excepto el de la III Serie, en 1940, en la que se presentaron con un buen elenco encabezado por dos grandes lanzadores, el derecho Carl McLanaghan y Frank Overmire, un zurdo que años después brillaría con el Detroit.

Por esos días la fuerza de la pelota amateur radicaba en Cuba y en países del área como República Dominicana, Venezuela, Nicaragua y Panamá, todos pertenecientes al llamado béisbol independiente. Escasos años después se sumó México.

No fue hasta 1969, en el mundial jugado en República Dominicana, que los federativos estadounidense prestaron muy especial interés a estos campeonatos y otros como los correspondientes a los Juegos Olímpicos, Panamericanos y Series Intercontinentales, de los cuales han resultado junto a Cuba, grandes animadores

A partir de los Panamericanos efectuados en Winnipeg 1999, Cuba tuvo que asumir la presencia de peloteros profesionales insertados en los demás equipos, y desde entonces a la fecha ha debido superar su juego en todos los órdenes para enfrentar con éxito a rivales más diestros en el aspecto técnico-táctico...

El novedoso I Clásico Mundial jugado hace tres años no permitió topar a cubanos y norteamericanos al eliminar México a los norteños en cuartos de finales, en tanto los cubanos cedían frente a Japón en la gran final.

Aunque por grupos diferentes, no puede negarse la posibilidad de que el frustrado encuentro Cuba-Estados Unidos en el I Clásico pueda producirse ahora en el venidero de marzo próximo, un duelo que de producirse aportaría un interés muy particular a la magna cita.

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