Fredo
Como al mitológico Ícaro, al renunciante Fiscal General norteamericano Alberto Gonzáles, con s, se le derritieron las alas de tanto pegarse al Sol y cayó en picada dentro del mar de estiércol en que una larga lista de sus congéneres se había zambullido antes. Lo precedió Karl Rove, el llamado "cerebro político" de Bush.
El adulón mayor del Presidente, cuya dimisión -se ignora por qué- no se hará efectiva hasta el 17 de septiembre, es el primer latino que ha llegado a ocupar la plaza de Secretario de Justicia. Ha cometido infinidad de actos ilegales, violaciones de los más elementales derechos humanos. Precisamente él, que se suponía debía ser el más celoso velador de las "joyas" de la "democracia" gringa. Siendo su consejero legal en Texas, nunca le recomendó perdonar una pena de muerte de tantas que mandó a ejecutar.
Envuelto en la controvertida destitución de varios fiscales federales, en el escándalo de las escuchas ilegales y las denuncias de torturas en Guantánamo y Abu Ghraib, no pudo aguantar más tiempo la repulsa de tirios y troyanos, y se vio obligado a dimitir. Deja a sus espaldas un Departamento de Justicia corrupto por la influencia política, totalmente desprestigiado y ausente de moral, de donde habían desertado ya otros altos funcionarios.
Gonzáles llegó a Washington desde Texas, hace seis años y medio, tras la estela del Presidente como su fiel y leal abogado. Todo su poder deriva, exclusivamente de la estrecha relación que lo une al ocupante de la Oficina Oval quien lo llama cariñosamente, Fredo, según consigna el diario The New York Times. Ahora su adlátere tiene que abandonarlo bajo una lluvia de críticas que aseguran que su fidelidad a la Casa Blanca comprometió la independencia del Departamento de Justicia.
Ha estado bajo las alas de Bush durante más de una década. Primero como consejero del entonces gobernador tejano y como juez de la Corte Suprema de aquel territorio robado antaño a México, hasta que el señor Bush lo llevó a Washington en el 2001 como su consejero. Y, a todas luces, le fue de mucha utilidad justificando sus desmanes. Días después de que se revelara públicamente el secreto programa de escuchas del Presidente, Gonzáles, declaró ante periodistas en la Casa Blanca y dijo sin recato que "el Presidente tiene la autoridad inherente que le concede la Constitución, como Comandante en Jefe, para involucrarse en esta clase de actividad". En las dos posiciones que ha ocupado en Washington, este hijo de inmigrantes mexicanos -a quien nunca le interesó aprender español- ha justificado los crímenes de su jefe con el argumento de que en tiempos de guerra el Presidente tiene amplios poderes para proteger el país.
Según The New York Times, John Ashcroft, el predecesor de Gonzáles, rechazó los esfuerzos de éste cuando fue a visitarlo al hospital en marzo del 2004, pidiéndole que certificara la legalidad del conocido programa de escuchas. En noviembre de ese mismo año, la Casa Blanca nombró al hijo de inmigrantes con el propósito de ejercer el control sobre ese Departamento. Con él se llevó a importantes ayudantes del ejecutivo, lo que le permitió mantener la dependencia del círculo político del Presidente. La controversia con el ex Secretario de Justicia parece haber sido lo que le puso la tapa al pomo de sus desmanes que no fueron pocos.
Gonzáles ejecutó, bendijo y le puso su sello a las políticas diseñadas por el vicepresidente Richard Cheney para reconstruir el poder de la rama ejecutiva que según él se había debilitado mucho después de Vietnam y Watergate. Léase, la injustificada y criminal invasión a Iraq, vigilancia y detenciones ilegales de supuestos sospechosos de terrorismo, torturas, espionaje ilegal de correos y escuchas. Aquel fue también quien dejó fuera a los siete fiscales federales, aduciendo problemas de desempeño en sus labores.
Los republicanos estuvieron apoyando públicamente al íntimo amigo del Presidente mientras tenían el poder en el Capitolio, pero cuando los demócratas ostentaron el poder en ambas cámaras, pusieron en tela de juicio la invulnerabilidad de Al, como también le gusta llamarlo al presidente, y lo sometieron a una profunda investigación de la democión de los fiscales, y los republicanos se les unieron en el empeño. Fue entonces cuando el
vice fiscal general Paul Mc Nulty declaró ante una audiencia en el Senado que al menos uno de los despidos se debió al deseo de sustituirlo por un ex asesor de Karl Rove. Todos los días develaban nuevas evidencias, mediante correos electrónicos y otros medios de que las motivaciones de Gonzáles para eliminar a los fiscales eran de carácter político.
Lo cierto es que cada día Bush se queda más solo. Han sido muchos de sus más estrechos colaboradores los que lo han abandonado. Pero ahora descerebrado, posiblemente perderá al vocero, Tony Show y dentro de unos días no podrá gozar más de la presencia de su adulador Fredo. ¿Por qué lo llamará así? No sé por qué me recuerda a un famoso personaje mafioso de ficción. Pero éste, a no dudarlo, es real.
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