¿Quién será el nuevo papa?

250 000 personas se reunieron en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, para despedir al papa Francisco. Foto: Reuters/Archivo.
No participo en apuestas y conozco bien los bastidores de la Iglesia Católica. Este es el sexto cónclave que sigo. Casi nunca se confirman las predicciones predominantes. Excepto en la elección de Benedicto XVI en 2005, porque el cardenal Ratzinger era el teólogo preferido de Juan Pablo II y desempeñaba importantes responsabilidades en el Vaticano. Bergoglio, el cardenal de Buenos Aires, fue el segundo más votado en 2005, me dijo confidencialmente un cardenal. Aunque su elección al papado tras la renuncia de Benedicto XVI haya sorprendido al mundo, el colegio cardenalicio la preveía.
Lo que conozco de los bastidores del cónclave me lo contó un cardenal que participó en dos de ellos. Como ocurre desde la elección de Paulo VI en 1963, los cardenales de los Estados Unidos intentarán, una vez más, elegir a uno de sus pares. En vano. Muchos de los electores los rechazan por ser los más ricos y arrogantes.
Las apuestas de muchos se inclinan por la elección de un africano, porque África es hoy el continente donde más crece el catolicismo. El último pontífice africano data del siglo V, el papa Gelasio (492-496). Ahora bien, si la preferencia de los electores fuera por alguien que le dé continuidad a la línea pastoral de Francisco, será difícil encontrar a un africano, aunque este haya nombrado a 15 de los 18 cardenales de ese continente. Salvo el cardenal Peter Turkson, de Ghana, los demás son moderados o conservadores. Francisco no siempre promovió a arzobispos progresistas, ya que tenía en cuenta el consenso reinante entre los obispos del país.
Preveo que el papado volverá a las manos de los italianos, inconformes por haber perdido la preferencia desde la elección de Wojtyla. Entre los seis cardenales italianos nombrados por Francisco, cinco siguen su línea pastoral: Zuppi (Bolonia), Betori (Florencia), Montenegro (Sicilia), Lojudice (Montalcino) y Gambetti (vicario general del Vaticano).
Me parecen también posibles, aunque poco probables, los cardenales Tagle, de Filipinas, que tiene 67 años, y el inglés Timothy Radcliffe, de 79, mi cofrade de la Orden Dominica. Era el teólogo preferido de Francisco y fue asesor de varios sínodos. El argumento de su edad avanzada no procede como antes, porque actualmente un pontificado de 12 años, como el de Francisco, se considera largo, y las comunicaciones y los medios de transporte son mucho más rápidos.
¿Los cardenales brasileños tienen alguna oportunidad? Creo que no. Son también prelados “del fin del mundo” como Bergoglio, pero ninguna de los ocho se destaca como “papable”. Por otra parte, casi tuvimos un papa brasileño. En el cónclave que eligió a Wojtyla, en 1978, el primero que obtuvo dos tercios de los votos fue el cardenal de Fortaleza, Aloisio Lorscheider. Cuando se le consultó si aceptaba el pontificado, declinó la propuesta alegando que tenía ocho puentes de safena y la Iglesia, que había perdido a Juan Pablo I, ocupante de la Silla de San Pedro durante apenas 33 días, no soportaría otro cónclave en poco tiempo. Un detalle: el electo, Juan Pablo II, falleció en 2005; Lorscheider, en 2007.
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Es necesario que se mantenga el espíritu y las ideas del papa Francisco en la cúspide del Vaticano. No soy un hombre religioso, aunque respeto la fe de los demás, conozco poco de los elementos que caracterizan a una iglesia tan poderosa como la católica, pero sé que ejerce una gran influencia en más de 1200 millones de habitantes del planeta. El ecumenismo de Francisco y su lucha contra la pobreza, la desigualdad y los efectos del capitalismo salvaje son cuestiones de primera magnitud en el mundo contemporáneo que no deben morir con él. Su humildad, su nobleza y sus ideas sobre la renovación de la iglesia en el contexto actual son aspectos esenciales que deben sobrevivirlo.
El Cardenal Juan de la Caridad García Rodríguez