Dime con quién te informas, y te diré quién eres
“El medio es el mensaje”. Así dice una frase de Marshall McLuhan, que fue un profesor y filósofo canadiense que vivió el siglo pasado. Y lo de siglo pasado puede sonarle, como se repite popularmente, a periódico viejo; pero estamos hablando de que su aforismo tiene poco más de 55 años de creado.
Ahora, eso sí, después de escrito cambió para siempre nuestra comprensión sobre la comunicación social; fundamentalmente, lo relativo a los medios masivos de información y comunicación.
A primera lectura la frase se las trae. Legítimo asustarse cuando un filósofo nos hace creer que va a explicar algo. Tal fue el caso de: la virtud es el justo medio entre dos vicios. O: lo lógico es lo histórico rectificado. O como cuando McLuhan afirmó: el medio es..., pero solo agrega: el mensaje.
Y claro, tres lecturas después, la máxima sigue siendo compleja, entre otras cosas porque nos ha creado un oxímoron (dos expresiones contradictorias que al juntarlas conforman un nuevo concepto y sentido). Tal es el caso de este otro: aldea global. No hay dudas de que el canadiense fue también un maestro del lenguaje.
Pero, qué nos quiso decir. ¿De qué formas un medio puede ser el mensaje? Fácil: dime con quién te informas, y te diré quién eres. Significa que la distancia entre los medios y sus mensajes no es ajena a la ideología que contiene al primero. O visto desde otra de sus aristas, que es a través de los medios masivos de comunicación e información, que hoy nos creamos una imagen del mundo específica. Que no es el mensaje quien determina al medio, sino al revés. Lo paradójico está, en que no por esto deja de ser importante el mensaje en sí.
Aquello con lo que primero nos relacionamos, sus palabras ya sean escritas, orales o visuales; en fin, lenguaje. Sin embargo, un lenguaje que nunca es neutral, sino que está cargado de connotaciones políticas, ideológicas, morales, teológicas, culturales, etc. Aun cuando el medio no sea -directamente- sobre
política.
El contenido del mensaje ya no es tanto lo que dice, como lo que no expresa. Por tanto su importancia no está solo en leer lo que grita, sino en buscar lo que omitió. Ahora todas sus palabras son prácticamente un accesorio para un fin. ¿Vendrá por aquí realmente aquello de que el fin justifica los medios? En todo caso, lo que no tendrá justificación es marginar al receptor en esta ecuación (de medio y mensaje). ¿Qué hacemos entonces con el receptor?
Se escribe para un lector, decía por su parte el hermeneuta Umberto Eco. De modo que, los medios existen para un auditorio. Un público que a estas alturas ha sido ya, creado por y para ellos. Moldeado y preparado para lo que va a leer, ver o escuchar. En fin, percibir. Y en este proceso, ¿dejarse reproducir como ente pasivo?
Si comunicar es hacer consciente a otra persona de su/nuestra propia experiencia de vida, la comunicación no puede ser pasiva. Poner en común con el otro, aquello que al compartirse dejó de ser individual, porque en definitiva, nunca lo fue. Siempre somos nosotros mediante relaciones sociales con lo(s) demás.
¿Dónde se perdió entonces la actividad del sujeto en el proceso de recibir información? Acuérdese de McLuhan, y de paso de Guy Debord cuando nos caracterizó como sociedad del espectáculo; y unos cien años antes, no se olvide de la teoría de la enajenación sin la cual nada de esto tuviera sentido. Pues se extravió allí donde lo central dejó de ser informar al sujeto y comunicarlo con su
entorno, sino vender noticias para servir a la lógica del capital.
Pero por definición, el sujeto en el socialismo no puede estar disociado de su realidad, con todas sus formas de apropiársela, entre ellas los medios masivos (o no) de información y comunicación. Se asoma de esta manera, un valor agregado para los medios en Cuba, la de crear un lector/receptor nuevo, diferente. Y lo distinto hoy para el sujeto, tanto como en el siglo XIX, radica en su capacidad para atreverse a pensar y actuar.
¿Cómo lograr que el mensaje de nuestros medios cree las condiciones para un receptor crítico?
Para que, de la lectura inmediatamente pase al análisis, y del análisis a la reflexión. Para que en el mismo proceso de interpretación y comprensión, se aliste para el debate, y entonces, se apropie del contenido/mensaje y se reconozca sujeto de su suerte. Y, para que finalmente todo esto suceda en un mismo -aunque diferente- proceso comunicativo.
Menudo reto. Porque como ya es archiconocido, información y conocimiento no son lo mismo, así como tampoco debate y transformación. Depende de muchos factores el que uno desarrolle a ese otro que carga en potencia, y así se pueda de la información llevar al conocimiento y del debate a la transformación social revolucionaria. Asumiendo que la vida no se agota en sus re-producciones mediáticas.
En este sentido, nuestros medios deben propiciar un diálogo que no termine con sus textos, sino que permanezca abierto en sus preguntas, y condicione pasar del debate a la acción. La construcción de un lector/sujeto protagonista de su cotidianidad. Del sentido del texto (en su acepción amplia), al sentido de la vida.
¿En qué medida entonces, nuestros trabajos periodísticos, crónicas, podcasts, ensayos, novelas, películas, etc., deben ser o no una fotografía de la realidad? ¿Cuál debe ser el justo medio entre parecérseles a nuestro tiempo y al pueblo, y superarlos? La clave está en la crítica. En la capacidad de su lenguaje -oral, visual, escrito- para captar el entramado social como un sistema compuesto por múltiples partes muchas veces en conflicto. Y para que, al mismo tiempo que se apropia esta contradicción, explicarla, exponerla e interpretarla.
Si a través de las palabras las cosas y el mundo se vuelven comprensibles, entonces nuestros medios deben ser ambos en uno solo: igual a la realidad pero críticos con ella. No deben olvidar que en el proceso de informar, tiene la responsabilidad mayor de construirnos. O lo que es igual: convertirnos en activos creadores de nuevos sentidos más humanos. En personas con capacidades para continuar el diálogo que propuso el medio, pasando constantemente de lo físico a lo virtual, y viceversa.
No anulando nuestra heterogeneidad, sino fomentándola. No reduciendo nuestras capacidades interpretativas, sino incentivando nuestro poder de valoración.
Lenguaje y comunicación contienen todo el tiempo memoria histórica, tradiciones, deseos, diversidad, dudas, lucha de clases, incertidumbres, historia, cultura. Nuestros medios, poderoso arsenal de la comunicación social que necesitamos, tienen el deber histórico y moral, de transformar a sus lectores/receptores/auditorio (o en su defecto: usuarios, seguidores) de espectadores pasivos a partícipes.
Producir y apropiarnos de una comunicación social consciente, es sobre todo un poderoso llamado a la acción y la transformación. Y en la Cuba de hoy, toda acción y transformación deben ser revolucionarias, al igual que sus medios. A medios revolucionarios, mensajes transformadores.
Pd: Texto inspirado por la labor informativa y comunicativa de Cubadebate, en sus primeros 20 años contra el terrorismo mediático; por la verdad y las ideas.
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Hay que buscar información en todos los lugares posibles, contrastarlas. Las oficiales nuestras son en ocasiones muy parciales o tratan los temas con solo una visión. A un programa como Cuadrando la Caja no se ha invitado a un economista como Juan Triana. Cuantas propuestas para dinamizar la economía, cuanto conocimiento sobre la industria azucarera. Para leerlo hay buscar en ONCuba News. Un economista que trabaja en Universidad de la Habana no puede leerse en periódicos nacionales. Entonces los medios nuestros deben ser más abiertos inclusive a las críticas. Felicidades a Cubadebate. Espero le sea de interés aunque no me publiquen
El articulo de forma general está muy interesante e incluso educativo ahora, ¿quien define lo que está bien o mal para leer? ¿Acaso usted y los medios que representa tienen la razón absoluta o son los mas confiables? ¿Por que el control total sobre los medios de información?
Creo que ustedes los periodistas y profesionales de los medios informativos deben preocuparse mas por la calidad y veracidad de la información y ganarse la audiencia siendo imparciales. No impongan a las personas lo que deben o no leer, mas bien tengan identidad propia y el pueblo los seguirá. Pero mientras sea la misma verborrea cantaletosa de siempre de estar echando culpas al imperio de manipulación de conciencia y esos términos entonces no podrán competir con otros medios al alcance de todos los cubanos.
En mi modesta opinión los causantes de que muchas personas busquen información en otros medios son nuestros propios medios, que cuando publican algún artículo lo hacen de forma incompleta y de ahí que los lectores por curiosidad acudan a otras fuentes.
Mención aparte merece el triunfalismo y las noticias adornadas, ejemplo de ello es como en estos días vemos en la tv que se ponen en servicio tal o mas cual acueducto que beneficia a tal cantidad de personas, eso es bueno para que el pueblo conozca que se está haciendo, pero también sería bueno publicar los enormes salideros que existen en algunos lugares y zonas que llevan varios días sin agua. Esto sólo por citar un ejemplo hay muchos más
El ser depende de muchas cosas, no solo lo que lees te hace, sino que del ser dependerá qué se prefiere y se busca, leer.
Si bien se es un poco lo que se busca leer, la calidad de la percepción de coincidencia coherente entre lo que se lee y la realidad objetiva facilita la asimilación de la información leída y lo que se asimila, en diferente grado, hace a quien lee.
Nadie escapa de ello, ni aun lo que se identifica como divergente o incoherente de la realidad objetiva, cuando se lee, deja de hacer, en sentido positivo o negativo.
Alguien con una cosmovisión y una ideología definida, no digamos propia, seleccionará que leer según su intención consciente, aunque a veces la inconsciente mueve más, precisamente a partir de la disponibilidad de la información.
Cuando la disponibilidad se intencional artificialmente, presentándose inconsultamente al conjunto sensorial auditivo y visual, la capacidad de selección se reduce, se pierde parte de la autonomía en la selección de qué se lee por preferencia o qué se lee por reflejo.
Esa es la estrategia comercial, política y de inteligencia mas antigua, que ahora sumada a las nuevas tecnologías de comunicación, cobre internet y dispositivos móviles y canalizada a través de algoritmos de inteligencia artificial aplicados a las redes sociales se convierten en una herramienta muy eficaz para la desideologizacion, paso inicial del lavado de cerebro.
La ideologia sí te hace.
La atiborracion de ideas de interés para el manipulador de la personalidad ideológica del sujeto (o pueblo) a manipular, le sirve para saturar y aturdir, primer paso que provoca el hastío por una idea, la percepcion de inutilidad de la misma y el rechazo al analisis.
Luego se entra en una etapa de ambigüedad ideológica que dá oportunidad y paso a nuevas ideas a partir de la sobreinformacion, especialmente emocionalizada desde el punto de vista de interés dle manipulador.
Disco duro lleno, borrado, formateado y listo para un nuevo sistema operativo.
Todo esto sucede mientras la persona que se és no percibe que está cambiando su percepción a partir de la técnica del lavado de cerebro.
Sigan leyendo tranquilamente....
Leer te hace.