Dar la batalla

Imagen ilustrativa. Foto: Pixabay - Pixabay
Las redes digitales aparentan ser un reino de libertad absoluta. La sensación de impunidad que muchas veces generan, al no existir consecuencias reales y graves para la conducta de sus usuarios, propician un clima de toxicidad y agresividad que se traduce en ofensas, ataques, calumnias, linchamientos, etc.; pero también induce a las personas a creer que en esos escenarios se puede hacer todo, que no hay límites.
Era el sueño ingenuo de algunas de las mentes brillantes que estuvieron detrás de la creación de internet: la extensión digital de nuestra patética existencia física borraría todas las contradicciones, todas las inequidades; colocaría a los seres humanos en un plano de completa horizontalidad.
Pero lo humano no puede huir de lo humano, ni siquiera cuando se organiza en forma de algoritmos y códigos binarios. El poder, ese viejo problema de nuestra especie, que se remonta a los tiempos en los que nos convertimos en “animales políticos”, terminó por infiltrarse en el Edén virtual, como la serpiente en el Paraíso.
Su mordedura sigue envenenando el corazón de la sociedad moderna: los resortes analógicos del ejercicio del poder (propiedad, autoridad, dinero, clase) permanecieron e incluso se fortalecieron con las nuevas tecnologías.
Una red digital como Facebook o Twitter, que alguien pudiera pensar como un refugio contra despotismos o conductas antidemocráticas, no es más que un producto de una empresa transnacional, cuyo principal interés, por naturaleza, es obtener beneficios económicos.
Su uso es gratis porque su fuente de ganancia son los propios usuarios, a los que utiliza como veta para la extracción de datos e información, que entregan sin oponer resistencia alguna, y a los que coloca en segmentos-dianas para sus operaciones comerciales. Saber qué pensamos y qué sentimos y qué deseamos en todo momento: el paroxismo de la expansión capitalista hacia nuestro cuerpo y nuestro espíritu.
Y nada hay más déspota y antidemocrático que el capitalismo. Por eso, no nos puede sorprender el reciente “golpe virtual” contra la Revolución: los dueños de las redes, que son en buena medida los dueños del mundo hoy, son antagonistas irreconciliables del socialismo. Nos saben sus enemigos y, con nosotros, no van a tener ninguna consideración.
Bloquear cuentas, inhabilitar perfiles, disminuir la visibilidad de medios estatales cubanos e impedir la expresión en las redes digitales del pensamiento revolucionario no es algo que debamos juzgar desde lo moral: es algo que pueden hacer y que sienten la necesidad de hacer, ya sea porque vean un peligro en esa libre expresión o porque les molesta la más mínima articulación de páginas y grupos en sus predios.
La batalla contra ese poder hegemónico hay que darla en todos los frentes, incluso en aquellos escenarios en los que el enemigo está atrincherado y nos supera por abrumadora mayoría de recursos. Hay que estar en las redes digitales, hay que tratar siempre de colar nuestro mensaje a como dé lugar. Pero no pensemos que usamos esas herramientas de la misma forma en la que los rebeldes o los mambises arrebataban los fusiles a sus contrincantes: usar una red digital no es poseerla. Y de la misma forma en la que entramos a ellas podemos salir, incluso con mayor celeridad.
Sí, la batalla hay que darla en todos los frentes, pero no podemos perder de vista que hay que saber darla con todos los recursos de los que dispongamos en aquellos escenarios que son nuestros. Hay que llevar al enemigo al combate en las posiciones tácticas que nos favorecen. Todo lo que hagamos en las redes, pero dejemos de hacer en nuestros medios de difusión, podrá tener la suerte de los castillos de arena. Y más importante aún, no podemos dejar que ese combate comunicacional nos sustraiga todas las energías de lo imprescindible: intervenir la realidad.
¿Nos borran de su mundo virtual? Forjemos en las calles nuestra contraofensiva, barramos con el enemigo en nuestras comunidades, en nuestros barrios; exorcicemos al pueblo de cualquier desamparo y librémoslo de burócratas y especuladores; llevemos la crítica revolucionaria con toda su fuerza a los medios de difusión masiva. ¿Que los más jóvenes no ven televisión ni escuchan radio, que solo miran su teléfono? Pues vayamos a dar el contragolpe en las escuelas.
Las redes son de ellos, pero Cuba es nuestra.
(Tomado de Granma)
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Muy bien ese contragolpe en las escuelas...pues por ahi se esta yendo la juventud los jovenes con muchos profesores q no le ponen el empeño a enseñar...pq ellos.mismo no estan.convecidos de lo q tienen q enseñar...no se habla.de politica con los estudiantes, no usan los recursos audiovisuales para enseñar historia, sin ir muy lejos el producto MARCAS esta muy bien elaborado para comprender mucha historia de cuba...por solo citar un ejemplo....como dibe al principio ojo con la escuela los.profesores y su direccion...veo muy mala formacion politica de los directivos...mas ojos en las escuelas desde 4to grado...saludos
Excelente articulo / reflexion.
El reto es materializar el final, pero no tenemos ptra opcion que luchar y vencer. Nos va en ello la propia existencia de Cuba y su Revolucion
Muy bien dicho. Y cuenta conmigo.
Demos la batalla de sentidos con inteligencia, ética, trabajo, creatividad, contra las tendencias negativas, errores y cosas mal hechas, es un mundo lo que tenemos que levantar, con ideales profundos que se enraizan en nuestra historia y se alientan en la esperanza de construir nuestro socialismo, original y de oportunidades para todos y todas.
Hola
Bellas palabras. Pero, el asunto una vez más, está en implementar eso, que ya se sabe desde hace mucho tiempo.
Quizás la crítica, el primer contraataque debe estar dirigido a esos compañeros que no comprenden, como inevitablemente inmediato, hacer lo que en éste artículo se plantea una vez más.
Saludos #DesdeGuantánamo.
Excelente comentario, los revolucionarios no podemos plegar nuestras banderas,nos asiste la fuerza de la razón ,la realidad confirma la validez y justeza de nuestra lucha.
Magnifico artículo, cambiar la realidad es la principal batalla para ganar en todos los ámbitos, también en lo virtual. Lo difícil es cómo lograr ese reto, con bloqueo económico que cada vez se arrecia más, porque ellos creen que ya casi tienen ganada a Cuba para sus intereses, y por otra parte, cómo vamos a acabar con corruptos, revendedores, coleros, y todas esas lacras que tanto angustian al pueblo en su día a día. Debemos pensar juntos, pedir opinión al pueblo en las reuniones de circunscripción, a los jóvenes economistas que aún no están lastrados por la corrupción, a todo patriota que pueda ayudar a nuestro Presidente a sacar adelante nuestro país.
El Bloqueo está ahí , pero mientras seguimos echándole la culpa al bloqueo de nuestras deficiencias , nuestros directivos no estarán en sintonía con los problemas del pueblo. Sobre los Precios expeculativos habló el concejo de Ministros,deben cumplirse los preciosos tomados una tarea incumplida por los gobiernos municipales y Provinciales.
Así mismo es Raúl, hace ya 4 días que se dijo de atacar con fuerza la corrupción, las ilegalidades, etc y al menos acá en Holguín continúa el inmovilismo. Hasta cuándo? por favor...
100% de acuerdo.
Hagos revolución en las calles, muchos militantes lo son en sus centros de estudio y trabajo pero a la hora de la verdad no se quieren meter en problemas, a inicios de a revolución se entraban a las filas de la militancia comunistar porque de verdad te lo ganabas, ahora el proceso veo que es masividad y de eso no se trata porque entra el oportunista que aprovecha su carnet para ocupar un cargo a conveniencia, primero tenemos que limpiar las filas de las organizaciones partidistas para con esa fuerza limpia enfrentar los desatinos
Hagamos revolución en las calles, muchos militantes lo son en sus centros de estudio y trabajo pero a la hora de la verdad no se quieren meter en problemas, a inicios de a revolución se entraban a las filas de la militancia comunistar porque de verdad te lo ganabas, ahora el proceso veo que es masividad y de eso no se trata porque entra el oportunista que aprovecha su carnet para ocupar un cargo a conveniencia, primero tenemos que limpiar las filas de las organizaciones partidistas para con esa fuerza limpia enfrentar los desatinos
Hace falta un Con Filo que desgarre la costura de la desinformación interna, de la desidia, la ineficiencia, la corrupción. Así hay que irle arriba a los enemigos internos porque de los externos lo sabemos todo. Pero el mal desde adentro es mucho peor porque genera desconfianza. Siempre dicen que la prensa tiene que ser reflejo del país y cotidianamente nuestros medios convencionales y digitales ensalzan lo bueno, pero no sé es agresivo con lo que irrita al pueblo. Solo pongo como ejemplo la recogida de basura. No se puede tener miedo a criticar.
Confilo a veces es muy certero, pero otras vive en otra realidad, estamos en 2022 y las personas no piensan igual que en 1959, para bien o para mal.
Muy buen articulo y de un joven, de los que luchan para alcanzar lo que deseamos en nuestra sociedad, y eso lo alzanzaremis en la medida que se enfrente con efectividad los problemas identificados, burocracia, irresponsabilidad, falta de estusiasmo, falta de respeto institucional, corrupcion, falta de educacion, en fin todo esta bien definido, ademas de las medidas para la activacion de la economia, pero hay que enfrentarlo con mas mayor rigor, sistematicidad y eficciencia.
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Coincido totalmente con YO, Debemos poner más atención en la formación de jóvenes en las escuelas primarias y secundarias, donde muchos estudiantes solamente viven pensando en lo que leen en los celulares y la ropita de moda; y hasta se molestan si los obliga a ver televisión.
A eso te debias dedicar, a denunciar todos los problemas internos, la burocracia, la corrupcion, todo lo que podemos resolver internamente y que no se puede justificar con el bloqueo. Y lo mas preocupante y que nadie menciona: la escandalosa oleada migratoria que está desangrando a Cuba, de jóvenes, de profesionales y de personas emprendedoras que podían contribuir al desarrollo del país. Solo están quedando las personas más viejas y más pobres.