Cristóbal Colón y los proyectos científicos

Algo de lo que se habla poco es de que la hazaña geográfica de Colón fue también un primigenio intento exitoso de gestionar la ciencia.
La verdad acerca de cualquier hecho es muy testaruda, porque es una sola, la que todos pueden comprobar independientemente. Ciertamente, una misma verdad puede también tener muchos ángulos de observación y conducir a muchas diferentes conclusiones. La aventura de Cristóbal Colón en 1492 de adentrarse en el hoy conocido Océano Atlántico hacia el oeste y llegar el 12 de octubre de ese mismo año a un continente y sus islas que la Europa de entonces no había registrado formalmente en documento alguno, ocurrió. Es una verdad histórica. Las formas, propósitos, hechos previos, posteriores y hasta la propia personalidad del autor principal de tal hazaña son discutibles. Han tenido y tendrán muchas interpretaciones. A muchas nos adscribimos por convicción científica, cuando aparecen las evidencias, y a otras por empatía según nuestra propia conciencia.
Algo de lo que se habla poco es de que la hazaña geográfica de Colón fue también un primigenio intento exitoso de gestionar la ciencia. La propuesta que él hace a la reina Isabel de la España de entonces se parece mucho a la forma en la que hoy los científicos hacemos una propuesta de proyecto de investigación. La aprobación de la reina y la concesión de los fondos para el experimento geográfico también recuerda cómo se han financiado los avances más importantes para la humanidad en la ciencia moderna.
La forma en la que se llevó a cabo el control y evaluación de los resultados, al regreso del primer viaje del Almirante, se asemeja a la forma de rendir cuentas de los científicos por los recursos invertidos en un proyecto al finalizar su ejecución. La comprobación de la verdad por terceros independientes, al emprenderse muchas nuevas expediciones posteriores, es ejemplar en el sentido de verificación de cualquier resultado trascendental. Hasta los hechos indignos de haber esclavizado a algunos seres humanos llevándolos a Europa para comprobar “si tenían alma” son tristes paradigmas de comprobaciones de la “verdad” aunque en ese caso se tratara de un oprobio.
La ciencia cubana está ahora mismo creando un marco para progresar en el nuevo ordenamiento del socialismo cubano, que busca completar los acuerdos de los pasados congresos del PCC. Una de las tareas es la de lograr que se avance por encima de las dificultades que se confrontan actualmente y que tengamos un robusto y eficiente sistema universal de producción de conocimientos científicos, tecnológicos y de innovación.
Una de las formas de gestionar la ciencia es a través de los llamados “proyectos de investigación”. Se trata de una propuesta de acciones que hace un grupo científico con un determinado propósito que debe alcanzarse al terminar tal proyecto. Algo similar a lo que hizo Colón al proponerle a la reina su expedición.
La propuesta de ese proyecto se evalúa y aprueba o no por una entidad que dispone de la capacidad de asignar los fondos que harían posible su ejecución y logro de los resultados esperados. Actualmente ya no se basa en la voluntad de alguien que decide a su conveniencia sobre la vida y milagros de toda una población, como era la reina. Ahora son comisiones las que aprueban. Se asesoran por evaluaciones previas de los proyectos que son realizadas por árbitros debidamente calificados y anónimos, para preservar su capacidad de ser justos. Esas comisiones no deben actuar guiadas por intereses personales o sectoriales sino por el de toda la nación, si los fondos a otorgar son públicos.
El centro de la acción científica queda entonces en la realización de las investigaciones que deben conducir a los resultados esperados de la propuesta de trabajo. Es en este punto, en el seno del grupo de trabajo científico, donde se ejecuta y decide el trabajo. Fue Colón y sus tripulantes los que consiguieron realizar el viaje de ida y regreso. Aquí hay también un buen ejemplo de la confianza que es preciso depositar en los ejecutores. Nadie supo algo del éxito o no de la expedición hasta que esta concluyó con el regreso de los dos barcos que sobrevivieron a la Península.
Los recursos se otorgaron a riesgo, y confiando en la calidad del proyecto que se había presentado y la respetabilidad que inspiraba su líder. En los países más exitosos en la ciencia de hoy se procede de forma parecida. Los controles no agobian a los investigadores y se exige sobre todo por alcanzar las metas finales, aunque puedan existir algunas comprobaciones anuales.
El papel de las entidades administrativas y financiadores es esencialmente el de ayudar a que los proyectos aprobados puedan cumplir los objetivos. Es raro que un administrativo imponga un criterio especializado, no financiero, durante la realización del trabajo científico. Los resultados finales se aceptan o no, son exitosos o no, y esa es la evaluación más importante de una inversión a riesgo tan importante, humana y hermosa como la de la ciencia.
Si tratáramos de representar como se interrelacionan los diversos factores en la gestión de la ciencia podríamos proponer un esquema como el siguiente:

Obviamente, el “grupo ejecutor” se refiere a los científicos y tecnólogos de cualquier nivel que participan en la creación de conocimiento innovador. Los “agentes sociales” se refieren a todos los destinatarios de los resultados, incluida la comunidad científica mundial a través de artículos y patentes, las empresas y entidades interesadas en el país y el extranjero y, eventualmente, toda la sociedad. Igual que en la expedición del Almirante con sus marinos y barcos, el grupo ejecutor del proyecto y su interacción con agentes sociales tiene que ser el centro de la gestión.
Las “entidades de promoción y apoyo” son todas aquéllas que, en ministerios, direcciones de ciencia y tecnología, gobiernos locales, empresas, y organizaciones de todo tipo tienen la función administrativa de facilitar y ayudar, no imponer, para que:
- se investigue en los objetos de la debida importancia,
- se trabaje con las condiciones idóneas,
- se obtengan los resultados deseados y que estos lleguen a los destinatarios sociales que deba ser,
- se estimule y retribuya debidamente a los productores de saber.
La mejor gestión de la ciencia se debe hacer a partir de los que la realizan y que todo el esquema externo tiene como finalidad apoyar y “catalizar” el trabajo. El científico debe ver al aparato administrativo que lo rodea como un instrumento para poder realizar mejor su trabajo y ser más efectivo socialmente y no como una colección de “órganos superiores” que requieren con mucha periodicidad de un volumen de información de dudosa utilidad y que establecen normas y regulaciones que dificultan su trabajo y hasta su vida.
La comunidad científica ya dispone hoy en día de múltiples instrumentos en la práctica internacional, y también la nacional, que ayudan a controlar objetivamente la realización del trabajo y su debida remuneración, lo que a su vez estimula la creatividad y proyección al futuro. Cualquier estructuración de entidades que “aprueban”, “gestionan” y “dirigen”, todas por encima de los que ejecutan en trabajo, suelen resultar ingredientes claros de burocratización. Las aprobaciones y la gestión son típicas actividades de “promoción y apoyo”, a través de entidades gestoras que tramiten y faciliten los procesos de evaluación, sobre todo aquellos que se basen en pares independientes. La “dirección” de la ciencia es un concepto dudoso, de poca utilización en la literatura internacional y en Cuba es inconstitucional. El artículo 32f de la nuestra Constitución establece que la actividad creadora e investigativa en la ciencia es libre.
Vea además:
- China desarrolla un nuevo condensador de alto voltaje pionero en el mundo
- Modelos gigantes chinos de IA logran uso global generalizado
- ¿Cómo ha cambiado la Tierra en 58 años?: lo que revela la comparación entre las icónicas fotos de nuestro planeta del Apolo 8 y de Artemis II
- El fantasma en el núcleo: Rootkits y Bootkits, la infección que nace antes que el sistema operativo
- Cuba impulsa proyectos de energías renovables en encuentro presidencial con científicos
- ir aCiencia y Tecnología »


La ciencia cubana debe ser la pionera en nuevas formas de control de forma innovadora, al actuar como la escuela para el resto de los organismos y empresas del país innovando hacia un nuevo rol el control sin burocratismo. Es básico para ello la cultura del concepto, una herramienta que nos permite penetrar en la esencia de un complejo problema o reto, un camino más largo pero eficaz y científico. No mirar los actuales retos por medio de los espejuelos que brindan los conceptos como lo primero, es en gran medida una de las causas que ha permitido que esta epidemia del burocratismo se multiplique y nos agobie. Un fenómeno generalizado en el mundo, empujado en sus inicios por la revolución industrial, que propicio un desmedido protagonismo de las ciencias económicas en detrimento del resto de las ciencias sociales. La economía se despegó del resto de las ciencias sociales, invadiéndolas, como una especie de ingeniería que maximiza la eficiencia de cualquier recurso. Una ideología fundamentada en las leyes del mercado. Tal protagonismo desde entonces le ha otorgado a la economía una concepción de la ciencia de todo, un nuevo paradigma, reduciendo los conceptos de control a los propios conceptos del control económico, ahora como algo universal, generalizado por encima de todo. Los números y datos como lo supremo, lo único y superior en materia de control, una actitud que radicaliza el número, la estadística, el dato en un documento. El paradigma de control, un ejercicio totalmente burocrático, que hemos aceptado como “la ruta o camino del control”, una acción que estimula lo burocrático por encima de todo, incluso por encima de la interacción personalizada y viva con el ser humano. El intercambio vivo, real, cara a cara es el punto máximo en el control y la supervisión, nada lo supera, mucho menos datos, estadísticas o números. Es una acción que potencia y realiza lo mejor de la naturaleza humana. Un espacio profesor, en el control y la supervisión que dejaron libre el resto de las ciencias sociales al replegarse ante las ciencias económicas. Algo que seguimos arrastrando hasta hoy al no aportar sus propias herramientas, haciendo crecer más ese enfoque burocrático de las ciencias económicas en materia de control. Estamos embriagados profesor, ese enfoque burocrático de las ciencias económicas se generalizo como la única herramienta de control y supervisión, el síndrome de los números mutilando las emociones y la reflexión fruto de un debate, herramientas de control muy efectivas hay que rescatar aportadas por el resto de las ciencias sociales. Los números y datos nos gobiernan de forma inconsciente, radicalizan el concepto de control y supervisión, como el centro del sistema donde todos giran a su alrededor, un simple ejercicio burocrático. Tal es el punto que lideran y analizan los estudios del comportamiento humano, el que miran a partir del proceso, cuando realmente es todo lo contrario, porque el ser humano es lo más dinámico, siempre supera a los procesos. Al punto que la economía con esa óptica aborda la relación entre los humanos, como una relación entre unos fines dados y unos medios escasos que tienen fines alternativos, una ideología bajo el principio de oferta y demanda del mercado, asignándole a las ciencias económicas dentro de las ciencias sociales un protagonismo de la ciencia de todo, que desvirtúa su enfoque, su contenido y su carácter dentro del conjunto de ciencias sociales. Por eso profesor nos cuesta tanto, diría que demasiado poder romper ese enfoque tiránico de ver el control y la supervisión fuera del ámbito burocrático que nos ha legado como único las ciencias económicas. Un enfoque limitando que condiciona las potencialidades que tenemos en el resto de las ciencias sociales, a tono cómo se desarrolla la sociedad contemporánea. Tratare de ilustrar esa visión de control y supervisión que necesitamos incorporar a las nuevas fórmulas organizativas de la ciencia en nuestro socialismo.
Cuando nuestros abuelos, pedían dinero prestado al dueño de la tienda, o de la finca, para desarrollar la producción y/o esperar por la cosecha, como un proyecto. Esa conversación se hacía sin papeles y datos, un lenguaje claro y sencillo, un ejercicio práctico, algunos eran analfabetos. De forma tal que en una breve conversación se hacía una negociación entre hombres rectos de palabra, donde solo bastaba dialogar mirándose a los ojos, sellándolo todo al final con un apretón de manos como un cheque de garantía. Es la misma conceptualización para la ciencia actual. Como concepto ese nuevo sistema organizativo, esa nueva FORMA ECONOMICA que surge, “un proyecto investigativo” de la ciencia es una nueva entidad, que debe negociar con otras entidades sus financiamientos y servicios. Es bastante común que la mayoría de los empresarios para prestar el dinero para un proyecto, no pidan como lo primero documentos para firmar, por lo general muchos no lo hacen, ellos prefieren hacer primero el EJERCICIO de negociación, tener un cara a cara con el líder o el equipo de investigadores, como la clave fundamental de control primario, una conversación como ejercicio de negociación, una interacción de emociones y químicas que solo se puede hacerse personalmente, que le aporte a esa persona las respuestas que el necesita, en una interacción viva y personal, una conversación de alto vuelo. Donde el oye detenidamente las ideas, preguntando como filólogo, estudiando cada palabra de forma empática asegurándose en ese ejercicio, de la verdad y solidez de tus argumentos, de la pasión y las ansias de triunfar de esas personas. Conversaciones y negociaciones gravadas 100% como respaldo de acuerdos. Los grandes financiamientos para investigaciones son el resultado de una interacción viva entre personas, una conversación como un acto de negociación, entre dos partes, lo cual a su vez sienta las bases de cómo se hará el de mecanismo de control y supervisión a futuro en los plazos acordados para darle seguimiento al proyecto. Un control siempre personalizado, como una conversación, de preguntas y respuestas no enlatadas, un control que transita fundamentalmente por esa personalizada interacción, un acto de chequeo vivo, no burocrático, que permita evaluar también las emociones, muchas veces donde ellas nos dicen más que las palabras, los números y los datos, por ahí llegamos al punto cumbre del control y la supervisión, porque evaluamos de forma integral la marcha de un proyecto al evaluar también de forma real el estado de ánimo de la otra parte, la seguridad que tienen o no en lo que hacen y los puntos de vistas que defienden, algo que jamás se lograría por medio de informes fríos escritos llenos de tablas y números lo que es un habitad perfecto para hacer crecer la burocracia. Una evaluación que suma el criterio de otros expertos de las ciencias sociales que desde afuera perciben y estudian el debate, para poder vaticinar e intuir las posibilidades de fracaso y/u oportunidades que se desprendan de esas conversaciones, una herramienta de asesoría superior dialéctica que apoye a las entidades ahora incorporar como parte de la carpeta de control, algo valido para los que financian los proyectos.
La cultura del concepto profesor, permitiría ver con más claridad que estos proyectos de investigación son nuevas entidades o formas económicas con un nuevo objeto social, investigar. Al asumirlas así se dejan de tratar como empleados, o subordinados. Se inicia una nueva relación entre dos entidades económicas, dos partes en negociación, en un dialogo respetuoso defendiendo cada uno sus intereses. Un proyecto de investigación que alguien financia como una NEGOCIACION entre dos entidades. Una relación diferente, de mayor respeto bajo contrato, no como una de subordinación organizativa.