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Lo popular, lo populista, lo esencial

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En muchos CDR, los niños cubanos han jugado un papel destacado durante estos años. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Al barrio lo que es del barrio, repite entre exabruptos razonables un vecino, quien empareja la frase con aquello de que 'al César lo que es del César'.

Su razonamiento es muy sencillo, aunque pueda resultar cuestionable: no pocas veces quisimos que se resuelvan en ese espacio tan familiar, concomitante y cercano, los problemas que se generan a otras escalas económicas y sociales. Al hacerlo, desconocemos que cuando estos desembarcan en ese fragmento tan peculiar del país lo hacen más en forma de solución a situaciones apremiantes que de problemas.

Al menos esa es la forma en que se digiere en una muy específica sociología o sicología barrial, surgida de las complejas circunstancias en que la Revolución se vio obligada a sobrevivir y desarrollarse. Lo que puede parecer, y seguramente lo es, una 'batalla' —para usar ese lenguaje belicoso tan de moda entre nosotros— importante del país, en la cuadra de cualquier barrio puede digerirse de otra forma.

La anterior está entre las complejidades de la vida de un pueblo, cuyas generaciones más dignas, generosas, honradas y lúcidas se empeñaron en conquistar aspiraciones cercenadas por siglos por apetencias imperiales y atrofias nacionales.

El ideal tuvo que confrontar, ásperamente, con la realidad en muchos momentos de estos años de construcción revolucionaria y socialista, creando zonas de disonancia, superadas solo por esa hermosa y misteriosa voluntad mayoritaria de los cubanos de resistir, hasta hacer triunfar, empecinadamente, el empeño mayor.

Los que acusan a la Revolución cubana de haberse convertido en un proyecto elitista y autoritario, tanto como los que repiten machaconamente en las clases de Historia el carácter popular del proceso que llegó al poder en 1959, no entienden suficientemente que este solo pudo mantenerse en el poder —tantos años y tropiezos dolorosos después—, porque fue acogido amorosamente en el espacio colindante más íntimo de la familia y del país.

Se produjo una sintonía mágica cuando el ideal de la Revolución acunó en la casa, en la cuadra, en el barrio, trascendiendo incluso aquella idea inicial de Fidel de crear un sistema de vigilancia revolucionaria colectiva, para multiplicarse en otras motivaciones, muchas de preciosas connotaciones humanas, entre estas las donaciones de sangre, el apoyo a campañas masivas como la de alfabetización, higienización o las de vacunación, la atención a familias vulnerables y ancianos en situación de desamparo.

Eso son los Comités de Defensa de la Revolución a la altura de los 60 años, que cumplirán este 28 de septiembre, pero es una obligación moral y patriótica repensar —como en numerosos ámbitos de la vida cubana— los tiempos que siguen, sin fracturas costosas o renuncias innecesarias.

El volcán emancipador del que brotaron los CDR a la vida tiene frente a él una balanza retadora, como hemos dicho antes: de un lado las esperanzas y esa fiebre amorosa y redentora sobreviviente de tantos sacrificios, del otro las brumas incitantes.

En una sociedad que cambia, que reconfigura su modelo económico y social, con repercusiones en todos los ámbitos y estratos, se requiere también de la actualización de todas las estructuras nacionales, porque los tiempos de defender la Revolución no acabaron —como tanto lo sufrimos ahora mismo—, pero pueden estar agotadas algunas formas o maneras de hacerlo.

Aunque sin demasiada resonancia pública, la anterior fue una de las consideraciones más valiosas planteadas por el nuevo coordinador nacional de los Comités, Gerardo Hernández Nordelo, durante una conferencia de prensa donde se anunciaron los acontecimientos e iniciativas principales que exaltarán el aniversario 60 de la organización. Lo mismo hizo en reciente Mesa Redonda.

Lo que hizo grande a Fidel Castro Ruz, el inspirador de esos singulares comités populares que tanto desprecian y atacan los enemigos de los más honrosos sueños cubanos, fue su comprensión de que no solo era preciso levantar o recomponer el edificio material de Cuba, sino además su estructura moral, cuyas esencias y bases estaban resguardadas, como apunté en otro momento, en el cofre más hermoso: entre esa masa olvidada, relegada y humilde que debía encontrar el camino de la dignificación.

Eso es lo que debe hacer posible siempre que el barrio y el 'César' en Cuba sigan siendo lo mismo y continúen defendiéndose juntos.

Desde los barrios cubanos tanto urbanos como rurales se ha cuidado la Revolución durante 60 años. Foto: ACN

(Tomado de Juventud Rebelde)

Se han publicado 3 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • MFM dijo:

    Buen artículo, soy de los que piensan que los CDR surgieron dentro de la estructura de la Revolución como una necesidad de aquel entonces que incluso antes de crearse los Poderes Populares aglutino al barrio, y hoy sigue siendo muy necesaria, pero sin dudas tiene que continuar renovandose y adaptándose a los nuevos tiempos, pues la esencia de su creación continua vigente y lo seguirá mientras tengamos Revolución.

  • Cruz dijo:

    LOs CDR son la organización más masiva, sus estructuras salen de la base de entre las personas más sencillas del barrio. En estos 60 años han cumplido múltiples tareas y a pesar de la aparente apatía de estos tiempos, cuando se trata de tareas que las personas entienden de su importancia hay una masividad incuestionable. REcuerdo ahora como realizamos la discusión de la Nueva Constitución de mi barrio, no solo asistieron muchos sino que participaron con su palabra tanto los más jóvenes como los más ancianos. Eso mismo ocurre en los procesos electorales donde las mesas y Comisiones electorales en los Barrios están compuestas por cederistas y sus hijos son quienes custodian las urnas. Lo mismo ocurre ante catástrofes o eventualidades donde la mejor forma de control es el CDR porque son quienes conocen a las personas y sus necesidades.
    Si hay que renovar la organización, darle a cada tarea la fuerza que requiere porque cuando las personas entienden de la importancia y lo que se logra con ellas la mayoría participa con entusiasmos y hasta arrastran a los rezagados.
    Creo que en estos momentos la tarea más importante es el rescate de la disciplina y la descendía a que ha llamado el Presidente y el lugar idóneo para este trabajo además de la Escuela, es el Barrio y las familias. LO lograremos.
    APoyaremos a Gerardo en su nueva tarea al frente de las CDR, conscientes de que esta es una tarea de todos. felicidades compatriotas.

  • Beatriz.P. dijo:

    Los CDR..........deben funcionar,con los principios de su creación.
    La guardia revolucionaria, contribuía a disminuir los robos.
    El control poblacional en cada cuadra, .......mantenía a raya a los ilegales.
    Y el sistema de vigilancia podía advertir de los actos de corrupción.
    En medio de esta pandemia, se ha visto la necesidad de que los CDR funcionen.........cuantos, por Miles de población flotante se ha detectado, solo haciendo las tarjetas para autorizar compras en los barrios.
    Cuántos hechos delictivos, enriquecimiento ilícito, desviación de recursos.
    Y difícil ver esos hechos por la tv, y no preguntarnos , donde estaba el CDR, PNR, PCC, Asociación de combatientes, delegados, funcionarios de ONAT y Vivienda .........que no sabían que eso estaba ocurriendo en sus barrios.

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Ricardo Ronquillo

Ricardo Ronquillo

Presidente de la Unión de Periodistas de Cuba. Premio Juan Gualberto Gómez. Fue subdirector editoral y columnista de Juventud Rebelde.

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