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Ingravidez

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Foto: José María Vitier García-Marruz.

Desde los 6 hasta los 12 años, mi mayor ilusión fue ser jugador de béisbol. Desde que me permitieron cruzar la calle Figueroa frente a mi casa en La Víbora, comencé a jugar al "taco", a "las 4 esquinas" y encarnizados "pitenes" de pelota "a la mano", todas las tardes de mi pequeña vida.

No jugaba mal, aunque nunca destaqué demasiado en la exigente liga del barrio. Solo yo me sentía absoluta y fantasiosamente capaz de ser muy bueno.

A los 11, quizás porque era alto para mi edad, llegué a integrar una selección de mi secundaria Simón Bolívar (categoría 11-12-13 años), y en los terrenos del Cardona jugué tercera base, de incompleto uniforme, en un par de ocasiones.

Era rápido de home a primera (más allá no pude comprobarlo). Recibí alguna que otra base por bolas. Tenía tacto y buena vista, pero las conexiones me salieron siempre "de frente". No recuerdo haber conectado ningún hit en aquel torneo escolar y es seguro que no di ninguno. No lo hubiera olvidado. Pero, la verdad, tampoco cometí errores, ni recibí ningún ponche.

Bajo el apremio de otras pasiones, entre ellas la música, me retiré voluntariamente a los 12 años. O sea, totalmente a tiempo para conservar, ya para siempre, aquella ilusión primera.

Pero también guardo otro recuerdo absolutamente verídico que cualquiera podría pensar que es pura fantasía.

Una tarde como tantas fui con la tropa de chicuelos de cuarto grado a jugar en los terrenos de la Ciudad Deportiva. Allí nos entreteníamos jugando contra nosotros mismos en uno de aquellos terrenos, que llamaban "de los baños", de dimensiones más chicas que las oficiales.

En una de mis oportunidades al bate hice swing a un lanzamiento un poco alto. Pensé que me había ido en blanco porque no escuché el ansiado sonido seco de la madera contra la pelota de poli. Pero la bola salió despedida y se voló la cerca que va a dar a la calle Primelles. Yo no sentí nada. Alguien me dijo después que cuando se le daba a la bola en el mismo centro, pasaba eso: parecía que no la habías tocado. Ni conocía siquiera la palabra que describía aquella sensación: ingravidez.

Tardaría todavía unos pocos años en volver a sentirla, de diversos y placenteros modos. Pero ya no sería precisamente en un terreno de béisbol.

(Tomado del FB del autor con su autorización)

Se han publicado 14 comentarios



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  • PatriaesHumanidad dijo:

    Que falta hacen esas cronicas sobre el beisbol, cubanía en la sangre... y que los chamacos de hoy las lean. Esa de Vitier,otras de Padura, grandes profesionales de las artes, de las ciencias, grandes cubanos... ¿quién se suma?

    • Pedro Nolasco dijo:

      y Amauri, habrá jugado pelota?

      • Pedro Nolasco dijo:

        Me respondo a mi mismo para aclarar mi telegrámico escrito anterior.
        Admiro tanto a Amaury como a Vitier, quizás tambien el hombre de ¨Con dos que se quieran ¨ nos puede ayudar con una anécdota parecida.

  • José González dijo:

    Afortunadamente para la cultura, en especial la música, tomó el camino que le agradecemos los que hemos escuchado su obra y la de Sergio, aún sin ser especialistas o estudiosos, solo los que nos gusta disfrutar la buena música.
    Lo mismo de la obra literaria de sus padres, además de la raíz martiana que los caracterizó, que los identifica aún y lo hará por siempre.
    He leído algunas de sus crónicas o artículos, ejercicios de la memoria, no se cual es la calificación que Ud. Le da, algunas puestas por quien debe ser prima suya, hija de Eliseo Diego y su tía, hermana de su mamá, también lo que ella han escrito acerca de la familia.
    Lo que nos queda a nosotros, seguidores fieles o casuales de la obra que han llegado a la historia de la cultura es agradecer, como este caso, que no siguieran en el deseo de ser peloteros, si no músicos.
    Muchas gracias y felicidades

  • Mariano dijo:

    Dice la leyenda que la manzana madura que una tarde se desprendió de una rama y cayó subitamente al suelo, junto el árbol donde Isaac Newton descansaba, le sirvió de inspiración al genial fisico para formular su teoria gravitatoria,

    Es obvio que ni manzana ni pelota alguna pueden contra la gravedad. En mi mundana opinión, alguien sustituyó la pelota con una mas liviana o la colisión tuvo lugar precisamente en el centro de gravedad del bate, reduciendo el efecto de resonancia mecánica y la sensación del impacto en las manos.

    Esto de impactos entre masas me recuerda la ocasión, cuando aun era un muchacho, donde recibi un fuerte pelotazo en la frente en el preciso instante en que me acercaba a la cerca de madera del pequeño estadio beisbolero de mi pueblo. La pelota rompió la punta de una de las tablas de la cerca y tuvo la gracia de elegir mi cabeza como guante. Casi me dejó inconciente. Para mayor infortunio ..... otro muchacho se apoderó de la pelota.
    Saludos.

  • Eduardo Ortega dijo:

    Excelente reflexión de este gran hombre, gran músico cubano, que disfrutó del pasatiempo nacional y hoy nos regala estas confesiones de grandes.
    Antes de leer este artículo, pensé que Cubadebate tenía problemas para publicar comentarios; veo que no.
    Llamada la atención que un tema tan medular como “Presidente cubano: Vincular más la investigación científica con la producción de alimentos” se haya mantenido ayer y lo que va de hoy sin un comentario. Les aseguro que al menos un comentario fue enviado.
    Este es un tema que Cubadebate debería privilegiar para debatir.
    SALUDOS!

  • Ricardo dijo:

    Tengo casi la misma experiencia y sensación que Vitier. Mi mayor orgullo como pelotero fue a esa misma edad de 11 o 12 años en unas selecciones que formaba un famoso activista-entrenador-manager y no sé cuantas cosas mas llamado COMANDO en el poblado de Cojimar. El formaba unas liguillas con equipos nombrados como erizos, camarones etc. Una vez formo una selección y tuvimos un tope casualmente en el mismo terreno del cerro que nombra Vitier. El contrario era otro de ese municipio aparentemente de esa edad. Pero resulta que el pitecher tenia mas tipo de 16 17 años que menos de 12. Comando protesto pero al final dejaron al forro pitchear. Resulta que lo que tiraba para el home era un chícharo y nadie veía la bola ni de milagro. Al llegar mi turno solo atine a cerrar los ojos y hacer swing. Tampoco sentí nada, solo un vacio y me petrifique en home. De pronto oigo gritos, corre coño que le diste y Salí a como pude para primera, segunda y llegue a tercera. La pelota fua a parar a unos pinos que había por el izquierdo que de haber salido a tiempo podría haber marcado la única carrera porque después de mi vino el tercer out y hasta allí mi papel de héroe para slavar la honrilla. También me retire poco después.

  • josuernesto dijo:

    disfrute mucho leyéndolo, me encantó la anécdota y la forma exquisita de la narración, su padre estaría orgulloso, saludos

  • Victor Álvarez dijo:

    Somos amigos hace muchos años aunque por nuestras actividades personales nos vemos poco
    Aun asi lo quiero mucho y estoy muy orgulloso de haber tenido la oportunidad de haber podido disfrutar de su arte
    Tambien fui amigo de Sergio y senti muchísimo su partida
    Aunque es un genio de la música disfruto mucho de estas pequeñas chispas literarias que nos regala a veces como fruto de sus genes
    Te felicito hermano por tu obra y por tu vida
    Considerame siempre de los tuyos

  • Ernesto dijo:

    Si en la pelota te hubieras destacado como en la música, seguro estoy que tu promedio de por vida estaría por encima de los 400.
    Saludos.

  • Eduardo González S. dijo:

    "Yo no sentí nada. Alguien me dijo después que cuando se le daba a la bola en el mismo centro, pasaba eso: parecía que no la habías tocado. Ni conocía siquiera la palabra que descrìbía aquella sensación: Ingravidez".
    Es un fenómeno raro pero real: el llamado centro se refiere al bate y es el punto donde la masa es la misma hasta la punta más gruesa y hacia la más "flaca" de la empuñadura. Cuando la bola es golpeada justo ahí, hay una sensación de agradable frenado: es cuando ella recibe la mayor energía del impacto y viaja de mejor grado. El sonido usualmente no es escuchado y eso sí que no me lo han podido explicar. Cosa curiosa. Y los bates nunca se quiebran por impactar con ese centro sino fuera de él.

  • Ing.Luis Enrique Fuentes Salas dijo:

    Es innegable todo cubano entre 10 y 16 años , en la bella etapa de Primaria-Secundaria y Pre-Universitario o Tecnologico ha jugado pelota... La tenemos en los genes y forman parte de la cubanía, los mambises la jugaron, se consideraba el Futbol solo de los españoles y cubano que se respetara le hacia fo al futbol. Ahora es algo distinto...!!!
    Gracias a José Maria Vitier por tan linda cronica, pudo haber sido de cualquiera de nosotros, antes de enfilarnos profesionalmente a la vida...!!!

  • Eva dijo:

    Linda crónica deportiva del extraordinario músico .Felicidades.
    Insisto con mi nieto de 4 años para que juegue a la pelota. Lo bajo con bate y pelota y termina pateando las pelotas haciendo gol en sus improvisadas canchas. Hay que hacer mucho más para inculcar el beisbol desde la infancia como parte de nuestra cubana. Gracias José Maria

  • paco dijo:

    Bravo Jose querido, un cuadragular a puro piano nos das siempre.Un abrazote

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José María Vitier

José María Vitier

Compositor, pianista y músico cubano