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Donald Trump y la mula mansa y bellaca vista por José Martí

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto: AP.

Dada su criminal desmesura, un reciente elogio del laureado actor Jon Voight al presidente de su país, Donald Trump, no podía pasar inadvertido. Decir que el atorrante magnate es “el mejor presidente [de los Estados Unidos] desde Abraham Lincoln” pudiera parecer hasta un pésimo chiste, pero la información difundida le reconoce afán de hacer justicia.

Ni el patán Donald es una anomalía del sistema —sino, en todo caso, una aberración orgánica y propia de este— ni la delirante loa es ajena a una línea de pensamiento central y dominante en aquella sociedad. Se trata de una nación cuyos fundadores sembraron y abonaron la creencia de que en ella crecía un grupo humano bendecido por Dios, quien le encomendaba imponer patrones de pensamiento y conducta a los demás, en todas partes. Ese grupo era la población blanca asentada en las otrora Trece Colonias americanas de Inglaterra y que empezó por discriminar y asesinar, o acorralar, a los pobladores originarios del territorio, y luego a quienes fueron llevados desde África para usarlos como esclavos.

Los conquistadores que descendieron del May Flower —primero el material, después el ideológico, símbolo que desbordó al primero— se creían destinados a dominar el mundo. Se sentirían depositarios absolutos de un mesianismo, o mística de la usurpación, que ha crecido y es fuente de instintos aún más peligrosos cuando sus protagonistas asumen que su “misión” está en riesgo porque hay pueblos que se niegan a sometérseles.

Recordemos al más cercano y visible predecesor de Trump, aquel George W. Bush que, republicano como él, devendría un Nerón suave comparado con el Calígula que hoy ocupa la Casa Blanca. Tal vez el primero, que pasaba por retrasado mental mientras el segundo parece que intenta pasar por loco, no era un mero farsante al decir que Dios hablaba con él. Para eso era la cabeza visible —cerebro es otra cosa— de la voraz y poderosa nación encargada, por el propio Dios, de sojuzgar a la humanidad toda.

Aquel Bush, personificación de un imperio ya en decadencia —pero con recursos para sobrevivir quién sabe por cuánto tiempo más—, declaró que quienes no estaban con su nación estaban contra ella, y que, para asegurar sus intereses, sus tropas debían atacar cualquier oscuro rincón del planeta. Al decirlo, expresaba mucho más que un simple desatino, y también lo hace, aunque médicamente fuera un loco de atar, el Trump que vino a proclamar sin rodeos que su propósito era que los Estados Unidos volvieran a ser grandes. De paso, con ello devaluaba a sus más inmediatos antecesores, en especial a los miembros del Partido Demócrata, émulo del Republicano, aunque ambos esencialmente iguales.

Trump ha retomado fantasmagorías que, fuera del pensamiento imperial, y —para imperialistas medianamente equilibrados— hasta dentro de él, se habían desprestigiado tanto como la doctrina Monroe. Pero todo eso anima a quienes en la potencia norteña creen que esta debe campear por sus fueros, o desafueros.

No debe suponerse que los despropósitos deben esperare nada más de personas ignorantes, de escasa formación intelectual. Si así fuera, el imperio no tendría los “tanques pensantes” de que dispone, ni artistas prestos a edulcorarlo. Imaginar lo contrario sería ceder a la ilusión de que talento y sabiduría bastan para comprometerse con el bien, y hacerlo.

José Martí, quien vivió en los Estados Unidos cuando se preparaban para lanzarse a dominar el mundo —es decir, cuando allí se formaba el imperialismo, frente al cual tuvo él la coherencia de un antimperialista precoz y lúcido—, vio y denunció peligros que la voraz nación representaba para su propio pueblo, no solo para otros.

Tempranamente, en crónica fechada en Nueva York el 19 de enero de 1883, cuando le quedaban doce años para seguir calando en las entrañas de esa nación, retrató fuerzas sociales y políticas que pugnaban dentro de ella. Mencionó a “los republicanos de ‘media raza’, como les apodan; los buenos burgueses, que no desdeñan bastante a la prensa vocinglera, a las capas humildes, a la masa deslumbrable, arrastrable y pagadora”.

Frente a esos estaban los que la desdeñaban todavía más: “Los otros, los imperialistas, los “mejores”,—y sus apodos son ésos,—los augures del gorro frigio, que, como los que llevaron en otro tiempo corona de laurel y túnica blanca, se ríen a la callada de la fe que en público profesan; los que creen que el sufragio popular, y el pueblo que sufraga, no son corcel de raza buena, que echa abajo de un bote del dorso al jinete imprudente que le oprime, sino gran mula mansa y bellaca que no está bien sino cuando muy cargada y gorda y que deja que el arriero cabalgue a más sobre la carga”.

Con esa posibilidad contaban, y cuentan, los imperialistas, en cuyo seno las diferencias son cada vez menores. La manipulación, por las fuerzas dominantes, de “la masa deslumbrable, arrastrable y pagadora”, sigue causando estragos para el pueblo de los Estados Unidos, y para el mundo. Aún hoy habrá continuadores de aquellos disidentes del sistema a quienes Martí enalteció en su tiempo, como a los defensores de la justicia social. Pero la realidad está aún más signada por maquinaciones que generan falacias y alianzas nocivas.

En los rejuegos pueden agitarse quienes, como en Europa, también en los Estados Unidos busquen el éxito de una socialdemocracia capaz de cerrar el camino a la verdadera equidad y garantizar la supervivencia del injusto sistema. Pero los rejuegos electorales y la alianza de poderes hegemónicos han llegado al punto en que un Donald Trump es elegido presidente, y nada parece descartar que pueda ser reelecto.

Parangonarlo con Lincoln se ubica en la cima —o en la sima, según se vea, pero con efectividad en ambos casos— de maniobras dirigidas a prolongar la crianza de mulas mansas y bellacas. En su infancia habanera, Martí llevó luto por la muerte de Lincoln, pero no lo idealizaba. En su discurso del 19 de diciembre de 1889, conocido como “Madre América” —y destinado a reforzar la defensa que él venía haciendo, y no dejaría de hacer mientras vivió, de nuestra América frente a la del Norte—, apuntó que “el leñador de ojos piadosos” no bastó para que aquel país tomara un rumbo libre de las secuelas de la esclavitud. En carta a Ángel Peláez de enero de 1892, le recriminará a Lincoln que prestara oídos al consejero capaz de recomendarle usar a Cuba —primero tendría que apoderarse de ella— para basurero de supuestas escorias desterradas del Norte.

Pero todavía en 1889, al impugnar en su “Vindicación de Cuba” a quienes en el Norte la menospreciaban y calumniaban, podía decir: “Amamos a la patria de Lincoln, tanto como tememos a la patria de Cutting”, refiriéndose con esto a un aventurero que había azuzado disturbios fronterizos para que los Estados Unidos fabricaran nuevos planes contra México. Hoy el rumbo dominante del Norte lo marca, mucho más que la luz reconocible en Lincoln, las tinieblas de Augustus K. Cutting, desfachatadamente superado por el actual presidente y sus asesores. Alguien dispuesto a sublimar al imperio estima que Trump —a quien en dos años y medio de gobierno The Washington Post le ha contado más de diez mil “afirmaciones falsas o engañosas”— es la mejor continuación de Lincoln.

¿Alguien creerá que el poderoso diario imperialista empieza a sentir cosquilleos de izquierda? ¿Lo supondrá quien elogia frenéticamente a Trump y llama a la ciudadanía a defenderlo? Para ello aduce que su “trabajo no es fácil porque está luchando contra la izquierda y sus absurdas palabras de destrucción”. Condena como a una verdadera izquierda no digamos ya a los pueblos enfrascados en defender su soberanía, sino a los meros adversarios electorales de Trump, y a quienes representan vertientes interesadas en buscar modos de convivencia que le ahorren al imperio —idea que el propio magnate simuló compartir durante su campaña electoral— guerras que también para él pudieran ser devastadoras.

Ya los imperialistas no se detienen a fabricar argumentos extraeconómicos para justificar sus guerras. Un personero de la gran potencia proclama que ella roba, miente y mata para seguir siendo “grande”, y otro personero, si no el mismo, dice: “Necesitamos el petróleo de Venezuela, y si no estuviera allí Nicolás Maduro se nos facilitarían las cosas”. Quien no quiera ver ni oír, ni oirá ni verá, y pueden proliferar quienes actúen a la manera de mulas cada vez menos mansas (ni ingenuas ni engañadas: cómplices voluntarias) y más bellacas. Deshonran incluso al pobre y útil animal con que se les ha comparado. Como en tantos casos, las profesiones pueden ser contingencias.

Se han publicado 13 comentarios



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  • Luis G dijo:

    Donal Trump es el original sin copia del verdadero norteamericano todos los poderosos se creen los duelo de todo y mientras mas tienen más quieren

  • Luí G dijo:

    Donald Trump original sin copia del verdadero norteamericano todos los poderosos se creen los dueño de todos mientras mas tiene mas quieren

  • Compatriota dijo:

    Muy bueno el artículo. Esa camarilla fascista dirigida por el energúmeno de Trump, acompañado por las cabezas visibles de los dos Mike, Pence y Pompeo y el incendiario Bolton y otras más, no tan visibles pero no menos peligrosas, es el mayor peligro para la humanidad desde el inicio de los tiempos. Ojalá no nos conduzca a otro holocausto.

  • Leandro dijo:

    Puede o no estar loco Trump; no soy siquiatra, pero al observar su gesticulación y su expresión sobreactuadas cuando habla, pienso que tienen algo de razón quienes consideran que padece algún desequilibrio mental; pero lo más importante, en mi criterio, es que Trump, como señala Toledo Sande, es el representante de una línea de pensamiento, y se equivoca, considero yo, quien cree que Trump hace y deshace a su libre albedrío; no estoy dudando del poder de un presidente estadounidenses, ni de que en ocasiones pueda tomar alguna decisión unipersonal, pero no es todopoderoso y en general su línea de acción obedece a esa corriente de pensamiento que representa.
    “Se trata de una nación cuyos fundadores sembraron y abonaron la creencia de que en ella crecía un grupo humano bendecido por Dios, quien le encomendaba imponer patrones de pensamiento y conducta a los demás, en todas partes” dice Toledo Sande. Martí decía: “Desde la cuna soñó en estos dominios el pueblo del Note… y cuando un pueblo rapaz de raíz, criado en la esperanza y certidumbre de la posesión del continente, llega a serlo, con la espuela de los celos de Europa y de su ambición de pueblo universal, como la garantía indispensable de su poder futuro, y el mercado obligatorio y único de la producción falsa que cree necesario mantener, y aumentar para que no decaigan su influjo y su fausto, urge ponerle cuantos frenos se puedan fraguar…”
    El propio Obama manifestó: “La pregunta nunca es si EE.UU. debe ser el líder, sino cómo lo hacemos”; por tanto, lo de la hegemonía estadounidense no está en discusión entre los círculos de poder de ese país, la discusión interna está centrada en si EE.UU. tiene posibilidades de una hegemonía impuesta, o por el contrario, debe limitarse a una hegemonía consentida. Trump aboga por la primera; Obama, por la segunda. Obama incluso llegó a considerar a su país como “la única nación indispensable” y aseguraba que: “Cualquier estrategia exitosa que surja para garantizar la seguridad del pueblo estadounidense y mejorar los intereses de nuestra seguridad nacional, tiene que comenzar con una verdad innegable: EEUU tiene que ser el líder”.

  • Jorge dijo:

    Estimado profesor: muy argumentado su artículo, pero sinceramente, creí que siendo un Doctor en Ciencias Filosóficas de Cuba, iba a caer en el pollo del arroz con pollo para Cuba: llevamos todo el mandato de Trump hablando de las locuras y barbaridades que comete, pero nunca le explicamos al pueblo que hay muchas personas en EEUU que piensan seriamente que Trump no es un loco e incluso, votarán de nuevo por él.

    Creo que es una tarea importante y pendiente para los académicos y los periodistas cubanos. Aquí la mayoría de la gente dice: Trump está loco. Pero, los que tienen la tarea, debieran argumentar por qué hay muchos norteamericanos que lo apoyan. Eso es parte de nuestra preparación para resistir un eventual segundo mandato de este empresario multimillonario, bien caracterizado por Martí, pero eso no nos salva de la sorpresa cuando lo reelijan. Los análisis tienen que ser objetivos para que sean creíbles.

    Y de que vamos a resistir, vamos a resistir. Pero, será más fácil si estamos preparados y no nos toma por sorpresa.

  • mercedes dijo:

    Doctor Luis Toledo Sande, usted como siempre, pone el dedo en la llaga y dice las cosas por su nombre, muchas gracias por sus aportes a nuestra guerra de pensamiento, lo más penoso es que aquí tenemos también algunos y algunas que entran dentro del calificativo martiano de mula mansa y bellaca, con perdón de la mula, cuando ponderan al vecino peligroso y creen a pie juntillas las falsas notiicias que vienen de muchas partes. Mis saludos para usted, doctor.

  • Rogelio dijo:

    Muy bueno y valiente comentario del peridista sobre la prepotencia y el modo de actuar y pensar del impopular presidente norteamericano y nos recuerda además lo que alertaba José Martí desde su época sobre la amenaza del imperio norteamericano para el resto de los países pacíficos y progresistas del planeta que aman la paz y la prosperidad.

  • Ernesto dijo:

    Compañero Toledo Sandé, magnífico este artículo suyo. Ojalá y sirvar para quitar la venda de la ingenuidad y la ignorancia a uns cuantos compatriotas nuestros y de America Latina.

    No por gusto nuestro Héroe Nacional vivió en el interior de este monstruo y llegó a palpar sus verdaderas entrañas, para que nos sirva a todos los cubanos y latioamericanos de guía y escudo de defensa.

    ¡A los yanquis…ni un tantico así!

    ¡VIVA CUBA!

    • Sergio dijo:

      Ernesto

      Si bien MARTI advirtió sobre los peligros IMPERIALES de EE.UU., pero no sólo habló peyorativamente de aquel país. Leete todas las Escenas Americanas, Capitulos del 9 al 13. Te lo recomiendo.

      Saludos,

  • sachiel dijo:

    Lo dije hace varios años, este es la reencarnación de Caligula, y ojalá no destroce al mundo con sus bellaquerias…

  • R PONS dijo:

    BD: QUE BUEN ESTUDIO, ES NECESARIO QUE LLEGUE A LA MAYOR PARTE DE LOS INTELECTUALES Y PUEBLO DE EE.UU, ASI PODEMOS EVITAR QUE LOS ELECTORES SIGAN ENGAÑADOS POR TRUMP Y SU PANDILLA DE MENTIROSOS, HASTA CUANDO ESTOS CREYENTES DE QUE SON DUEÑOS DEL MUNDO SEGUIRAN TRATANDO DE IMPONERLE A LOS PUEBLOS SU POLITICA?, AHORA SE OCUPA DE MEXICO, MAÑANA NO SE SABE…. GRACIAS

  • Carlos dijo:

    La realidad para mi es que el tipo no esta loco es un personaje que dada su formación como negociante y su poder economico toda una vida ha mirado a los demas incluyendo a su familia por debajo por tanto nada mas perfecto para los que esperaban un personaje como este para `ponerlo en función de ellos, me refiero a los multimillonarios, al loby isrraelí a las grandes corporaciones que ven amenazado su supremacía economica por una China indetenible una Rusia que emerge como la espuma y un imperio que pierde terreno todo los días aun con toda la c…… de conflictos que tienen armado en el mundo a nosotros nos toca seguir adelante trabajando con eficiencia y usando lo poco que tenemos en función de las cosas necesarias para sostenernos.

  • guillermo Ramirez dijo:

    Respetado y Eminente Profesor Toledo Sande, ni Bush fue loco ni Trump loco, son «soldados» del Gobierno en la Sombra que posse todo el Poder en USA,el cual quieren ejercerlo no solo en todo el planeta sino hasta en el Universo.Le ruego trate de leer el libro publicado en Cuba»Informe Lugano» de Susan Sanders y » Mercaderes del Espacio» , de ,en aquella epoca.este ultimo,Ciencia Ficcion.Infelizmente, el Gobierno Mundial o el verdadero «Reich»,esta en caminio de ser consolidado y contra eso lucheremos Siempre.

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Luis Toledo Sande

Luis Toledo Sande

Escritor, poeta y ensayista cubano. Doctor en Ciencias Filológicas y autor, entre otros, de «Cesto de llamas», Premio Nacional de la Crítica. Mantiene el blog http://luistoledosande.wordpress.com/

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