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Lo pequeño hace lo grande

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Foto: Chrissy Stewart/ Pinterest.

Soterrados, invisibles, los cimientos sostienen las casas pequeñas y los edificios mayores. Tras la imagen deslumbrante que se muestra al exterior subyace un duro trabajo anónimo de lo que permanece oculto. De la misma manera, la formación de las generaciones en crecimiento se decide en las primeras edades del escolar. Junto con las bases de la instrucción, en esa etapa se adquieren el sentido de la responsabilidad ante la vida y la tarea. Se forja también la cultura del detalle, puntos de partida ambos para el desempeño del oficio que habrá de tocarnos una vez llegados a la temprana madurez.

Quizá algún día la inteligencia artificial sustituya buena parte del trabajo humano. No sé si habremos de ser más felices cuando llegue esa hora, porque para sobrevivir al cambio tendremos que haber acumulado enormes reservas de vida espiritual. De esa plenitud del ser nos separa una gran distancia, que en las circunstancias actuales opera en dirección contraria. Las apetencias del consumismo, el modo de vida imperante y la comunicación electrónica, sustitutiva del conversar, interfieren con el necesario mirar hacia adentro.

Sin embargo, en el apremiante ahora mismo de cada amanecer, los problemas son de otra naturaleza. Asediados por un enemigo hostil, se nos impone remontar la áspera cuesta en favor de la batalla por la supervivencia económica. Hay que producir, pero no puede hacerse al trozo, de cualquier modo, para cumplir en lo formal las metas trazadas. Se impone desterrar de raíz la cultura del despilfarro. Los recursos escasean. Las inversiones han de ser duraderas para evitar el rápido deterioro y la frecuente exigencia de reparaciones capitales.

En cada caso, lo pequeño decide lo grande. Los malos hábitos adquiridos no se destierran con exhortaciones. Las soluciones en profundidad requieren el paulatino rescate de la cultura del oficio, que desborda en mucho el área de la creación de bienes materiales. Se encuentra también en el campo de los servicios y en el de la administración pública.

Al sistema de educación y al taller laboral corresponden desterrar paulatinamente los hábitos de despilfarro y rescatar el alto nivel de los oficios que alcanzamos a tener desde la colonia.

Fueron los carpinteros que llegaron a la talla de verdaderos ebanistas y fabricaron mobiliarios de altísima calidad. Fueron los albañiles que edificaron La Habana Vieja, el Cerro, el Vedado y las zonas más prestigiosas de Playa, todo ello bajo la supervisión de arquitectos conocedores de los aires de la modernidad en cada época, que adaptaron a las exigencias del clima y a un ambiente propicio el reconocimiento de nuestra identidad. En una escala modesta,  tenían la habilidad requerida para recuperar demoliciones y dar nuevos usos al material desechado.

Por su complejidad, la administración pública y la de las grandes empresas requieren un personal cada vez más calificado. Son canales por donde transita la rapidez de las soluciones, la transparencia en el empleo de los bienes y la permanente problematización de la realidad.

El desafío se agiganta en tiempo de cambios. Implica la adquisición de nuevos estilos, la valoración de las diferencias existentes entre los territorios y la búsqueda de soluciones apropiadas en cada caso. La idoneidad para el cargo tiene que vincularse con la recalificación permanente. Cada oficio se sostiene en fundamentos éticos y en el orgullo legítimo ante los resultados del trabajo bien hecho.

No soy habitante de la Luna. En mi quehacer de cada mañana afronto los obstáculos que se interponen en el camino por el desequilibrio entre precios y salarios, por el tiempo invertido en la solución de asuntos apremiantes para el bienestar de la familia. Parecería un nudo gordiano que, en tan compleja circunstancia, no puede cortarse de un solo tajo.

Hay que desenredar la madeja. Los incumplimientos en el plan asignado conforman un encadenamiento negativo que atraviesa transversalmente el conjunto de la sociedad. Para responder a las exigencias del orden establecido, el mecanismo de autodefensa ha consistido  en limar asperezas al rendir cuentas y elaborar informes plagados de «pero» y de «no obstante». Se elude así el momento adecuado para aplicar el análisis riguroso y ejercer la crítica constructiva.

Es justo exigir responsabilidad a los cuadros, columna vertebral del sistema. La estructura ósea sostiene el cuerpo erecto, garantiza la debida movilidad. Es asidero de la carne. Tal y como sucede en la naturaleza, insisto, lo pequeño decide lo grande. Para garantizar el rendimiento industrial de la zafra, la caña tiene que llegar al basculador limpia y madura, libre de objetos extraños que entorpecen luego el proceso industrial. Todos y cada uno somos responsables de todo.

No podemos volver la mirada hacia otro lado mientras los problemas, como las penas, se acumulan y nos agobian. Para contrarrestar el desánimo y la desidia tiene que operar la  presión social. Hay que establecer paradigmas hechos a la medida de la actualidad, propagados con los códigos de la contemporaneidad, restaurar principios éticos apegados a las características y a las funciones de cada oficio. Es impostergable forjar conciencia mediante una cultura de hacer política distanciada de las generalizaciones abstractas, apegada a la tierra, a la base de la sociedad.

La sociedad es un cuerpo viviente, un sistema interrelacionado, similar metafóricamente al cuerpo que habitamos. La recorren venas y arterias, la sangre nueva y la sangre emponzoñada. Se nutre de una extensa capilaridad en contacto directo con la realidad que nos rodea, con el aire que nos oxigena. Allí, en última instancia, se decide todo.

(Tomado de Juventud Rebelde)

Se han publicado 6 comentarios



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  • David dijo:

    Formidable análisis de la Doctora, una guía para periodistas, cuadros, para todos los que sentimos necesario poner los ¨¨pies sobre la tierra¨¨ en el afán de conquistar amaneceres labrados con el sudor y el empeño de todos los cubanos.

  • Leandro dijo:

    Muy buen análisis. La tarea no es fácil, pero tampoco imposible. Es cierto que la formación de las generaciones en crecimiento se decide en las primeras edades del escolar; pero no podemos olvidar que el ser humano tiene la capacidad de perfeccionarse y si no logramos en las primeras edades la formación a la cual aspiramos, no podemos rendirnos; habrá que seguir trabajando con esas generaciones “imprefectas” para llegar a la perfección que nunca lograremos porque ni los seres humanos, ni las sociedades son perfectas, a la vez que los conceptos de perfección evolucionan y lo que una vez fue imprefecto en otro momento puede ser lo perfecto.
    Coincido con las variantes que buscamos para justificar lo mal hecho, los incumplimientos. Si somos imprefectos en la vida, somo perfectos en redactar informes complacientes: los planes no se incumplen en un 10%; se cumplen en un 90% y nos vamos satisfechos. Dicen que en cierta ocasión se convocó a un concurso en el que sería premiado quien mejor presentara la vida de los elefantes. Resultó premiado un cubano. ¿Cómo es que sabes tanto de los elefantes si en Cuba no hay elefantes?- le preguntó el concursante de la India. No se trata de saber de elefantes- respondió el cubano- se trata de presentar informes y en eso los cubanos somos los mejores.

  • Jaime dijo:

    Invito a los editores de Cubadebate nos presenten un estudio de los principales articulos de la Doctora para llevarlos a debate. Cada unos de ellos una clase y un llamado a la cultura de la objetividad.

  • HECTOR Y EL HERMANO dijo:

    Magnifico profesora, usted como una brújula, una guía para ordenar el pensamiento con rigor científico, muy importante en esta difícil coyuntura antes de emprender las imprescindibles acciones, en esa cultura del detalle, que nuestro presidente y usted nos invitan a usar como herramienta para resolver ese inventario de problemas que tenemos por delante como país, una nueva inspiración, porque son los retos de esta generación, los nuevos Mancadas, la nueva Sierra Maestra y Girón de estos tiempos.
    En ese proceso profesora es vital no fallar al Identificar correctamente el punto de partida para iniciar esa batalla, esa cultura del detalle, que nos permita multiplicar las soluciones y beneficios que demanda nuestro pueblo en el corto plazo, ese vital punto de partida, por donde debemos iniciar ese camino de profundos cambios profesora, ese punto primero, que la revolución nos demanda hoy, es precisamente es en propio ser humano protagonista de esa batalla, sujeto y objeto, porque lo primero no son los problemas que tenemos por delante en lo material, las escaseces de materias primas o financiamiento, lo primera de esa cultura del detalle está en la profundización de los detalles de ese ser humano, de ese activo humano que conforma nuestra sociedad, pero esa nanotecnología de los detalles, no está en esa afirmación ambigua y general sin apellidos, refiriéndose al ser humano como hasta ahora lo hemos hecho, si fuera así estaríamos negando dialécticamente la esencia de esa cultura del detalle que intentamos desarrollar, abordándolo también de forma ambigua, bajo los mismos modelos que hasta ahora hemos venido aplicando, alejada de los detalles al aceptar como buena esa afirmación anterior, de que la clave de esa cultura del detalle tiene como punto de partida al ser humano, es ahí donde esta lo más difícil y a la vez revolucionario del cambio Profesora, para asumir que estamos en punto de partida correcto para desarrollar como algo nuevo esa herramienta de la cultura del detalle, ese punto necesario para iniciar y desarrollar lo que nos pide nuestro presidente, es precisamente el NUEVO ser humano, el nuevo activo humano, el joven, el punto de partida de esa nueva cultura del detalle, son los jóvenes asumiendo y enfrentado con nuevas herramientas esos actuales retos, en los jóvenes, ahí está la clave, los jóvenes en nuestra sociedad siempre guiados por los sabios, el Partido como equilibrio.
    La cultura oriental está cada día más próxima al éxito que la cultura occidental, los japoneses y los Chinos ejemplo de dinamismo en el desarrollo y los cambios en la actual modernidad, ellos cuando deciden cambiar o introducir nuevas tecnologías en una empresa, cambian a todo el personal porque saben que es más fácil y efectivo cambiar a todos para introducir lo nuevo, que cambiar los viejos hábitos y costumbres en un colectivo, un proceso no dinámico, aunque no es imposible de cambiar, pero demasiado lento que no permite estar a la altura de los cambios y dinamismo de la actual modernidad, lo revolucionario, lo nuevo esta en los jóvenes, en nuestro caso, en nuestras condiciones, en el proceso de dirección y de investigación, nos toca a nosotros los más viejos guiarlos y darles el protagonismo que necesitan sin límites.
    Con los jóvenes se debe fraguar ese cambio, esa transformación de la actitud de los directivos y principales especialistas, como una nueva albanización guiándolos a profundizar en los detalles para paso a paso resolver grandes problemas, exige una nueva cultura más enfocada en la mentalidad oriental que la occidental, para poder caminar 1000 pasos es necesario dar un primer paso, ese paso a paso solo exige paciencia, en esa nueva cultura la paciencia tiene que pasar a ser una actitud dentro del proceso de dirección, de forma tal que no se salten escalones quemando etapas que a lo largo nos conduzcan a errores estratégicos, pero para esa nueva mentalidad se requiere un joven, donde su imaginación desatada es el verdadero diseñador de futuro. El mundo está transformándose a tal velocidad que solo si piensas alocada y temerariamente podrás seguir al ritmo de esta modernidad.
    Para progresar lo primero es superar los límites y pensar en grande cada vez más, algo por lo general solo propio de los jóvenes, ellos cada vez alejan más los límites de su vida, nunca dejan de ampliarlos, por eso un joven por concepto, jamás se limitará a sí mismo. Ese proceso de cambio, de pensar en grande exige práctica. No obstante, la mayoría de la gente ha pasado años sin practicar ese hábito. A menudo, pensar en grande es sustituido por la manera estrecha de pensar que nos imponen las presiones de la vida cotidiana. Las personas fabrican sus propias cárceles mentales, forjan muros solidos de dudas sobre sí mismas. El peligro de vivir así es mera supervivencia mental, algo muy peligroso, el antídoto en esos casos y en medio de crisis, siempre lo tienen en sus ADN los jóvenes, pensar en grande no es un mero ejercicio esporádico, sino una forma de vivir, una actitud propia de los jóvenes. Por eso, si me preguntaran a donde dirigirnos para impulsar esa cultura del detalle que necesitamos con urgencia, diría categóricamente, a las universidades, a los jóvenes, solo se necesita inspirarlos, ese es el combustible que ellos necesitan, dándole su papel protagónico.

  • Antonio Díaz Medina dijo:

    Aunque no publiquen lo que he puesto aquí, al menos alguien lo lee, me imagino que no lo hacen pues se trata de un comentario a lo escrito por nuestra Graziella Pogolotti, en un falso respeto por esta tremenda intelectual cubana que nos ha dado tanto.
    Crasso error a mi entender. Muestra de lo débil aún de la cultura del debate que la situación de Cuba pide a gritos.
    Graziella utiliza un símil de la sociedad con el cuerpo humano que me interesa particularmente. Aquí incluso he escrito al respecto. Se trata de la mejor forma, en mi opinión, de entender la sociedad en un ambiente como Cuba, donde la medicina tiene tanta historia y desarrollo. Y donde, por el contrario, la economía es tratada como una forma menor del pensamiento que dice cosas molestas para lo establecido oficialmente.
    Cuba es un paciente que no escucha a sus médicos ni a la ciencia conocida. Son cientos, sino miles, los trabajos científicos de magníficos economistas cubanos, para solo mencionar los de casa, que describen, analizan, diagnostican y prescriben sobre las anomalías de la economía y sociedad cubanas que apenas si son escuchados, pero sólo tenidos en cuenta acaso en un 10 % de lo que proponen.
    Mi comparación de la sociedad con el ser humano se basa en el nivel de complejidad y desarrollo alcanzados por ambos sistemas.
    El humano funciona con dos niveles de gestión y dirección: uno conciente y otro automático denominado sistema neurovegetativo. Morfológicamente no es tan fácil distinguirlos pues el sistema nervioso central contiene al conciente y buena parte del neurovegetativo. Este último funciona independientemente del conciente aunque con una influencia mutua constante.
    El neurovegetativo es responsable de casi todo el metabolismo que nos hace vivir, crecer, desarrollarnos.
    El conciente nos tiene viviendo ya por encima de los 80 años como promedio, pues se aprovecha de todo el conocimiento acumulado por el hombre para vivir más y mejor. Sin embargo, no se propone sustituir al neurovegetativo, por muy inteligente que sea, salvo cuando este tiene alguna falla y la ciencia brinda posibilidades de corregirla.
    Pretender controlar la digestión o la respiración y nutrición a nivel celular es una tarea que pocos humanos se proponen o intentan, por muchos conocimientos que tengan.
    El sistema neurovegetativo es el par del mercado en la economía. Podemos discutir hasta el cansancio sobre la validez de esta declaración. Podemos incluso pretender eliminarlo en la práctica, pero el testarudo mercado estará ahí, presente, por más que intentemos lo contrario.
    El problema es que concientemente tenemos la posibilidad de llevarlo a un estado de ineficiencia que neutraliza buena parte de su participación en el funcionamiento de la sociedad con las conocidas consecuencias de estancamiento económico.
    Es un instrumento milenario de la sociedad humana, devenido miticamente ¨esencia¨ del capitalismo, mito mantenido y alentado por el capital que esconde así su esencia revelada por Marx en los tres tomos que dedico a estudiarlo y desenmascararlo.
    Para los ideológos del capital es un regalo de los socialistas y comunistas el llamarle al capitalismo ¨economía de mercado¨ y, peor aún, que aquellos hayamos pretendido incluso eliminarlo como mero instrumento que es de la sociedad aún en el socialismo.
    Pero el mercado es sólo eso, un instrumento más en las manos de la sociedad, que con el socialismo logra un desarrollo superior de su dirección y gestión conciente, con un nuevo Estado y sociedad civil al servicio de todo el pueblo por primera vez. Esta, tiene que entender el caracter utilitario del mercado como instrumento al servicio de la sociedad y utilizarlo con sabiduria.
    El mercado, como cualquier otro instrumento, un cuchillo por ejemplo, hay que saberlo utilizar, saber que tiene hoja y mango, que tomarlo por la primera puede incluso herir a quien lo toma, pero que si se toma por el mango, con firmeza, conocimientos y sin miedos absurdos, cumple la tarea que la evolución de la sociedad le ha otorgado.

  • José García Álvarez dijo:

    Gracias ,por hacernos llegar este comentario tan interesante ,claro ,directo y puntualizador.He ahí la clave de por donde andamos,hacia donde y como llegar a ser seres humanos de una mayor espiritualidad y alejar el consumismo de nustro camino.
    Hace unos años escribí en apretada añoranza por las ciscunstancias esta pequeña décima, de la que no me siento avergonzado haberla escrito porque es una manera de desahogar lo que nos hiere de cerca.
    La sencillez.
    Fueron sencillas las cosas
    hace un tiemo no lejano
    era de veras hermano
    del que cortaba las rosas
    voladoras mariposas
    calleron rotas al suelo
    vino entonces el desvelo
    como un puñal a clavarse
    para obstinado secarse
    lágrimas en un panuelo.
    Se pérdia la sencillez
    rutas extrañas llegaron
    los proyectos se alejaron
    más allá de la honradez
    vino el egoísmo después
    a darnos la bofetada
    con dolorosa arrancada
    llegó orondo el consumismo
    pidiendo con obtimismo
    una eterna carcajada.
    Hoy sé que esta carcajada no podra ser eterna,pues las metas que hoy nos
    proponenos para ser seres humanos espiritualizados y no materializados nos condusiran hacia un camino para ser como “el Che”.

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Graziella Pogolotti

Graziella Pogolotti

Crítica de arte, ensayista e intelectual cubana. Premio Nacional de Literatura (2005). Presidenta del Consejo Asesor del Ministro de Cultura, vicepresidenta de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, miembro de la Academia Cubana de la Lengua y presidenta de la Fundación Alejo Carpentier.

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