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Más allá y más acá de Palabras a los intelectuales

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“Ese día había olor a manigua, a sierra”, así describe Barnet la atmósfera durante el discurso “Palabras a los Intelectuales”.

Durante los encuentros que el 16, el 23 y el 30 de junio de 1961 reunieron en la Biblioteca Nacional José Martí a representantes de la intelectualidad y la dirección revolucionaria del país, se trataron asuntos fundamentales para la cultura. Se recuerda especialmente el discurso en que Fidel Castro concentró las conclusiones pertinentes, y que se conocería como Palabras a los intelectuales. Pero no cabe ignorar que ese texto, por muy importante que sea, como fue y es, no fue el único fruto surgido del mencionado encuentro, o definido en él.

De conjunto, aquella reunión devino un acto fundacional en las circunstancias cruciales en que se aseguraba, sobre todo, la formación de una nueva Cuba, con los antecedentes de cerca de un siglo de luchas por la soberanía nacional y la justicia, la gestación consolidada desde el 26 de julio de 1953 y el entorno decidido con el triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959. Pronto contra la realidad en marcha reaccionaron las fuerzas rectoras de los Estados Unidos, país que, desde su acceso a la independencia, albergaba el propósito —al cual no ha renunciado— de apoderarse de Cuba. Dos meses antes de reunirse Fidel Castro con intelectuales en la Biblioteca Nacional, ya el pueblo cubano había afrontado y aplastado la invasión mercenaria en Playa Girón, y, además de sabotajes perpetrados en las ciudades, ya estaban en acción las bandas criminales que, financiadas y dirigidas desde el exterior por la CIA, operaban en zonas montañosas y servían al afán imperialista de derrocar a la Revolución, y contra las cuales se requirió una lucha intensa para erradicarlas.

En tal contexto, cuando se desarrollaba el encuentro en la Biblioteca Nacional ya cundía en el país la Campaña de Alfabetización —que a finales del mismo año condujo a una victoria de significado comparable por lo menos con la que meses antes se había alcanzado con las armas en Girón— y se avanzaba en los afanes de crear instituciones encargadas de abonar la cultura revolucionaria. Se habían constituido, entre otras, el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, la Casa de las Américas, la Orquesta Sinfónica y la Imprenta Nacional, y había finalizado la construcción del Teatro Nacional. Se formaba igualmente el que devendría Ballet Nacional de Cuba, y la propia Biblioteca, ya para entonces con varias décadas de existencia, disfrutaría de una atención permanente mucho mayor que la recibida hasta entonces. Se avanzaba asimismo en la preparación de instructores de arte y en la fundación de escuelas para formar artistas. Todo eso se inscribía en el desarrollo de planes educacionales sin precedentes en el país.

Cada acción de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), incluidos sus foros —no solo los congresos, que tienen su propio alto grado de importancia— propiciará recordar un hecho: esa organización se gestaba cuando tuvo lugar el encuentro rememorado en estas líneas, y su nacimiento y sus concepciones cardinales se harían realidad sobre la base de las ideas allí abonadas. Antes de celebrarse la reunión en la Biblioteca se había creado el Consejo Nacional de Cultura, el cual, más que echarse sin miramientos en el saco de las desaprobaciones, debería estudiarse con ponderación en sus aciertos y en sus errores, en sus logros y en sus frustraciones, en sus diferentes integrantes y ejecutivos, en su trayectoria guiada no solo por individuos, sino también o en lo fundamental por el contexto, la política y las prácticas que lo llevaron al punto en que se hallaba cuando se fundó, en 1976, el Ministerio de Cultura. Entre sus objetivos de trabajo estuvo, centralmente, afinar la política cultural y su aplicación, y sanear el ambiente en que se había producido el llamado quinquenio gris.

No parece atinado separar esa realidad de algunas malas interpretaciones sufridas por Palabras a los intelectuales. Basta recordar la facilidad con que más de una vez, en acto de rara, sospechosa inercia, conceptos medulares como “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”, o “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ningún derecho”, se redujeron y vulgarizaron como “Dentro de la Revolución, todo; fuera de la Revolución, nada”. Así ocurrió a pesar de que el jefe de la Revolución había sostenido que se debía rechazar solamente a quienes fueran “incorregiblemente contrarrevolucionarios”, y estos era de prever que, en general, se autoexcluirían del sentido y los propósitos de la Revolución.

En deformaciones que vinieron años después —y que difícilmente quepa separar del endurecimiento de la lucha política en un país asediado por fuerzas enormes— se ha visto, no sin razón, la impronta de aires venidos del exterior. Esos aires se asociaban a la relación con las que entonces eran o se consideraban naciones socialistas, como los resumidos en un rótulo que, en camino tortuoso, parece haberse infectado de imprecisiones y errores hasta el punto de hacerse insalvable: realismo socialista. Pero ciertamente ninguna tendencia logró que ese cartabón entrara, con su nombre y sus fueros, en los documentos de la política cultural de la Revolución.

Tampoco parece lógico esperar de obras humanas la perfección de las divinas, ni que de estas últimas brote la guía de un afán tan terreno y convulso como una revolución verdadera. A lo que esta no puede renunciar es a defenderse, requerimiento que estuvo y está en la base de Palabras a los intelectuales. Para su defensa está llamada a encarar no solamente a sus enemigos declarados, sino también sus propios errores, cuando no sea posible impedir que estos ocurran. Tan serio deber no mengua porque cambien los contextos internacionales y, con sus concretas circunstancias internas, los nacionales.

El perfeccionamiento de la política cultural de la Revolución Cubana, y de la aplicación de esa política, supone un grado todavía mayor de responsabilidad que el que puede lograrse bajo distorsiones como la mala interpretación de aquellos conceptos fundamentales del discurso que se tensan entre el dentro de la Revolución y el contra ella. La norma, lúcida e insoslayable para la defensa de una Revolución que aún sufre el asedio de la más fuerte potencia imperialista no ha de conducir a laxitudes punibles, a ignorar la necesidad y los deberes que se tienen por delante, sino a un entendimiento cada vez más sabio de la realidad y de los modos como conducirla o enfrentarla.

El ineludible reclamo obedece a la urgencia de mantener bien orientado el rumbo revolucionario y, aunque ese reclamo no solo tiene que vérselas con la hostilidad imperialista, se torna todavía mayor cuando, al margen de cambios o simulacros tácticos puntuales —como los que al final de su mandato representó la administración Obama— dicha hostilidad se mantiene e incluso apunta a reforzarse. Ahí están el pertinaz bloqueo, junto con amenazas y maniobras variopintas. En estas últimas se incluye, y causaría risa si no fuera tan avieso, el infundio de “ataques sónicos” que, aducidos por el imperio, recuerdan, aunque sea necesario salvar distancias, pretextos como la falsa acusación al gobierno de Irak, para legitimar la masacre cometida por los Estados Unidos y sus aliados contra aquel pueblo, de tener armas de destrucción masiva. Semejante mentira no fue ni remotamente la primera urdida y propalada por el imperio, que no deja de fabricarlas en función de sus intereses.

Del tipo de esas estratagemas se han sufrido en nuestra América, y proliferan hoy, manipulaciones de distinto sesgo empleadas por los imperialistas y sus cómplices. Una de ellas es hoy el uso del tema de la corrupción —un mal orgánicamente propio del sistema capitalista como de ningún otro— para linchar políticamente a líderes de izquierda, lo cual no garantiza que, llegado el momento, las fuerzas imperiales no retomen otras formas de linchamiento, incluido el físico. Si por distintas vías procuran revertir procesos democráticos y soberanos en diferentes países de la región, como vienen haciendo para derrocar al gobierno de Venezuela (electo y reelecto como ningún otro en el continente), y ahora también al de Nicaragua, ninguna mente sensata y honrada abrazará la ilusión de que, si llega a convenirles, no retomarán los golpes violentos y la siembra de dictaduras militares. Excesos de ese tipo, que han llegado a prácticas genocidas, no pertenecen a una historia tan pasada que pudiera olvidarse: están demasiado cercanos en el tiempo y todavía se perciben sus hedores.

En el necesario recuento se incluye el capital acumulado por el imperio en una de sus más jugosas cuentas: la de sus ardides culturales, su poderío y su astucia para difundir como frutos naturales o divinos, espontáneos e ineludibles, los valores y desvalores propios de su cultura, que aduna esplendores tecnológicos, imposiciones mercantiles, parafernalias de recursos y dimensiones propias de la barbarie. Para ello capitalizan cualquier ingenuidad, cualquier desprevención que encuentre en su camino y le sirva en sus planes, comenzando por castrar del pensamiento cuanto huela a energía revolucionaria, transformadora, justiciera.

Que solamente no quepan en la obra de la Revolución las personas y las concepciones incorregiblemente contrarrevolucionarias no autoriza a desarmarse, a olvidar, para decirlo una vez más con palabras de José Martí, que es de pensamiento la guerra mayor que se nos hace, y a pensamiento hemos de ganarla. No por casualidad las estratagemas de Obama incluyeron la invitación hecha a Cuba para que olvidara el pasado. Pero de ninguna manera se debe asumir la discusión como cacería de brujas, ni confundirse con ella. Así les gusta calificarla con particular deleite a quienes quisieran ver morir el pensamiento revolucionario, lo que beneficiaría al imperio y a sus servidores, aunque estos últimos sean o se pretendan involuntarios o ingenuos, y hasta lo sean.

La lucha ideológica no se debe descuidar ni un momento, y no se trata de enfrentar únicamente al enemigo desembozado, sino también a los errores propios, incluido el mal o insuficiente trabajo que puedan hacer los medios y las instituciones responsabilizados con el cultivo y la defensa de la cultura revolucionaria, y de la política trazada con esos fines. En el entorno pueden surgir señales de desviaciones que nada edificante y sano favorecerían. Hace apenas unas horas, quien escribe este artículo viajaba en un ómnibus local habanero, y un pasajero tenía puesto, con decibeles a reventar, su reproductor de audio. Les imponía a los demás un reguetón que daba pena no solo por el facilismo de la música —acéptese que lo era—, sino por la vulgaridad, por la grosería de su texto, obsceno a tope.

Una opinión del articulista promovió el rechazo contra aquel insulto a la decencia, no solo a la fineza y el buen gusto. Pero engendros como aquella pieza de reguetón siguen pululando en todas partes, incluso en celebraciones festivas de instituciones del país, hasta de responsabilidad específicamente cultural por más señas. Sobre groserías de ese tipo, ¿qué obra fundacional y de buen signo podrá sentirse segura? Contra ellas, que pueden nutrir modos de barbarie, no ideales dignos, deben actuar todas las instituciones revolucionarias, no solo aquellas responsabilizadas con atender lo que de modo estrecho o administrativo suele llamarse la cultura.

La lucha convoca a toda la ciudadanía, lo que empieza por saber que en cualquier país la sociedad es heterogénea, y es necesario poner en tensión creativa los resortes educacionales, los recursos de la persuasión y también los procedimientos punitivos que se requieran para la garantía de la civilidad y la convivencia, lejos de someterse a las normas impuestas por la marginalidad. Sin civilidad y convivencia digna es inalcanzable el buen funcionamiento que se requiere para que una sociedad marche bien y tenga eficazmente defendida su cultura, que no se reduce, por muy importantes que ellos sean, a los dominios de las artes, incluida la literatura, sino a la obra humana en su conjunto y al modo como se relacionan los seres que forman parte de ella.

A propósitos de tal envergadura no deben ser ajenas, no lo son, los principios, las normas y las prácticas de la política cultural. Grosería, indecencia, banalidad y otras malas yerbas no solo se sitúan fuera de la Revolución: operan contra su médula. No se está ante una mera cuestión de intelectuales y de palabras, menos aún si de los unos y de las otras se tienen nociones estrechas y deformantes. Urge asegurar la dignidad de la patria, y ese sería el mejor homenaje permanente del pueblo cubano al autor de Palabras a los intelectuales.

(Tomado de Cubarte)

Se han publicado 6 comentarios



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  • mercedes dijo:

    Estimado doctor Toledo Sande, me entusiasmo cada vez que se publica un artículo suyo en Cubadebate, pues nuestra sociedad de manera general necesita refrescar los conceptos sobre civilidad, decencia, y todos aquellos valores que le son consustanciales, y que encontramos en el pensamiento de nuestros próceres. Ejemplos como el que usted refiere que le aconteció en un ómnibus urbano, son por desgracia malos ejemplos cotidianos, y menos mal que usted recibió la aprobación del resto de los pasajeros, porque sucede a veces que las personas se solidarizan con lo mal hecho y al que sale en defensa de la civilidad tratan de ponerlo en ridículo o lo tildan de loco, aunque por supuesto, eso no importa cuando uno sigue firme, aun en contra de la marea. Y aunque a veces nos invada por un momento el desaliento, hay que levantar la frente, porque la firmeza en los ideales nos viene desde el surgimiento de nuestra nacionalidad, es un valor tan arraigado, que nos ayuda y ayudará a seguir adelante con la Revolución y el Socialismo, único modo decente, hasta ahora conocido de respeto a los valores y derechos humanos.

  • HECTOR Y EL HERMANO dijo:

    Un artículo que deja claro un principio que nos ha guiado y que es nuestra brújula en el desarrollo cultural, pero, en su implementación es donde tenemos nuestro punto débil, en esa dirección seguimos con en el mismo lenguaje general, apelando a llamados de conciencia, cuando en realidad lo que necesitamos es pasar a la ofensiva con ideas y propuestas en el campo de soluciones concretas, conscientes de la complejidad del momento, y las dificultades económicas, lo que no puede escasear son las ideas para su solución, y el único camino para ello Profesor, está en recurrir a la ciencia, hay que ir a más ciencia y sus herramientas para resolver tan estratégico problema, de lo contrario estaríamos creyendo de que problemas tan complejos pueden ser resueltos con soluciones simples, fuera de un sistema, se requiere ciencia pero en un sistema, no en una acción aislada.
    Problema y su solución están en primer lugar en los cambios dentro de nuestro sistema de educacional, si se trata de aplicar ciencia y de cambios esa es la puerta para lo diferente, para lo innovador, el discurso y la arenga seguirán siendo necesarios, pero deben ceder espacio y protagonismo al análisis científico y detallado del problema integralmente como sistema, el socialismo es el único sistema social fruto de la ciencia, sin ciencia entonces no habrá socialismo, sin ciencia no se puede formar al hombre nuevo, lo ambiguo y general no tiene cabida en una cultura científica, no tenemos otra alternativa que cambiar y reformular nuestro pensamiento, está en juego nuestro proyecto social, Raúl nos ha convocado a cambiar la forma de pensar, debemos hacerlo todos, pero en especial la intelectualidad.
    Formar un hombre nuevo para una etapa superior es la regla de oro de supervivencia y desarrollo del socialismo, ese proceso exige ante todo, paciencia y sabiduría dialéctica, hoy los frutos que estamos cosechando buenos y malos, son el resultado de los ¨árboles¨ que plantamos en décadas anteriores, si estos hoy no dan la suficiente sombra y frutos, es nuestra responsabilidad, tenemos que aprender a sembrar y cultivar esos ¨árboles¨ para poder gozar en el futuro de su sombra, para ello debemos atacar esos problemas con herramientas científicas.
    El desarrollo económico rápido y gigantesco para un pais en al actual modernidad, lo definen las inversiones que se hagan en cuatro áreas de desarrollo fundamentales, las tecnologías de punta, lo financiero, el turismo y la educación, en esas cuatro áreas es donde están las grandes ganancias y futuro para un pais, es donde todos quieren invertir. Un pais pobre y agredido como el nuestro está obligado dentro de esas cuatro áreas, donde primero hay que todo enfocarse con un máximo de ciencia, es en una moderna educación, las inversiones fundamentales deben estar en la educación.
    Un sistema educacional riguroso y diferente nos proveerá de un joven diferente y superior a la altura de las expectativas de ese momento de desarrollo, por ahí consolidamos la obra.
    Voy a ilustrar la idea con un pequeño ejemplo de como con poca inversión podemos motivar y hacer mucha diferencia en ese estudiante en esta nueva época. Un pais de Centro América, extremadamente pobre y subdesarrollado, viene aplicando en algunas de sus escuelas estatales, en su sistema de enseñanza secundaria, y partiendo de un alto rigor y exigencia, una enseñanza a la altura del joven que se desarrolla en el actual escenario tecnológico que vivimos, donde los alumnos no utilizan libretas, todo se hace con laptop, computadora que permanece en la escuela, que parte de estar vacía, y donde toda la información que acumulara es precisamente lo realizado por el alumno en ese periodo de enseñanza, donde se dirigen sus hábitos, solo se puede escucharla música que orienta el profesor, donde pueden ver determinadas películas, para después discutirlas sobre un tema que se intenta inculcar siempre enfocado a una emoción que se quiere desarrollar, el profesor revisa cada computadora y valora la forma en que el alumno abordo la búsqueda del asunto de clases, eso genera un motivación especial y diferente en el joven, joven adicto a la tecnología, ahí explora y desarrolla esas inquietudes, se le reorientan hacia una dirección diferente, no se deja a la espontaneidad, nos ponemos a la altura del momento que vive el mundo, logrando también con empatía ponernos a la altura de las actuales generaciones, lo motivamos y los conducimos a tono con los intereses de nuestra sociedad. En el sistema educacional es donde debemos priorizar nuestras inversiones con un máximo de ciencia.

  • g.esteban ramirez dijo:

    Marti es nuestra guia en el arduo trabajo de construir una sociedad mejor que la anterior al 1990 y yo reduzco la ecuacion en pocas palabras: toda ineficiencia.,indisciplina,corrupcion ,etc. se definen con la palabra CONTRAREVOLUCION,ùes lo que nos debilita,fortalece al imperio y pòr tanto,debemos manejar toda manifestacion contra revolucionaria,como desde 1959 lo hicimos.Lease ,ademas, el libro de Frances Stonor Saunders “L a guerra fria cultural de la CIA” y se tendran respuestas…(ojala publiquen esta opinion de un Veterano de 81 años.)

  • Rey García dijo:

    Se agradece muchísimo el oportuno y certero articulo de pensamiento del prestigioso intelectual Luis Toledo.
    ……..Urge asegurar la dignidad de la patria, y ese sería el mejor homenaje permanente del pueblo cubano al autor de: Palabras a los intelectuales.
    Así cierra Toledo su artículo en el que , no sólo caracteriza zonas escabrosos del actual espectro social muestro, sino que hace exhortación a la actitud reflexiva y a la necesidad de actuar con urgencia, ante la presencia de males irreconciliables con nuestros preceptos culturales, sociales, morales y políticos que son portadores, sin lugar a dudas, de la capacidad de lo expedito para socavar hasta los mismos pilares del entramado cultural que ha dado forma y sustancia a nuestra nacionalidad y sus rasgos identitarios.
    Detenernos en la postura fatalista de cuestionarnos nuestras propias fortalezas y desmanes de índole subjetivo y objetivos, sería emprender el camino irreversible hacia un inconveniente extravío histórico que, haría languidecer, inexorablemente, el aliento y la fe que – aún hoy- son cimiento y razón para seguir adelante y alcanzar nuevas metas en lo social y en lo económico, como opción única de salvación ante tanta barbarie en el mundo.
    Nadie, sin chovinismo, como Cuba cuenta con las herramientas y los por qué para sobreponerse a similares o peores contingencias , pero hay que acordonar- y rápido- todo atisbo de esquivo, pasividad, ineficiencia y doble moral institucional, en primer orden, para que paralelo a ésto,
    se restablezca la acción popular y se pueda combatir, con eficacia, las inadecuadas conductas cívicas y otros excesos perniciosos que por su naturaleza , se sustentan del perjuicio ajeno que calla y no menos preocupantes del sacrificio honesto, arrastrando consigo. sus propios valores que, poco a poco, pueden ir minando la legitimidad. de nuestra identidad y nuestro sistema social.
    Gracias.

  • Rey García dijo:

    Se agradece muchísimo el oportuno y certero artículo del prestigioso intelectual cubano Luis ToledoSande.
    ….. Urge asegurar la dignidad de la patria y ese sería el mejor homenaje permanente del pueblo cubano al autor de: Palabra a los intelectuales.
    Así cierra Toledo su artículo en el que , no sólo caracteriza zonas escabrosos del actual espectro social nuestro, sino que hace exhortación a la actitud reflexiva y a la necesidad de actuar urgente ante la presencia de males irreconciliables con nuestros preceptos culturales, morales y políticos que son portadores , sin lugar a dudas, de una capacidad expedita pentramara socavar hasta los sagrados pilares que han sostenido el

  • Ariel dijo:

    Como siempre, las palabras certeras, profundas y de vanguardia de Toledo Sande.
    Sociedad, Economía, Cultura, Revolución, Socialismo e Independencia son conceptos fuertemente ligados y en el caso de Cuba, esa ligazón es aún más fuerte.
    De las palabras a los intelectuales de Fidel en 1961, que lejos de haber perdido actualidad son cada vez más del día de hoy, nos separan no solo 57 años, sino circunstancias muy diferentes.
    De una Revolución Socialista en su nacimiento entonces, a ser prácticamente el único bastión que resiste hoy el Capitalismo globalizado, y que si no lo hace, pierde su independencia, Cuba pasa por transformaciones económicas y sociales, no exentas de errores, que imprimen un costo ni deseable ni despreciable para la sociedad y las expectativas del pueblo, en especial la juventud.
    Vivimos en un mundo interconectado, donde a diferencia del 1961 todas las personas, pobres, ricas, cultas e incultas cuentan con dispositivos de comunicación, visualización y reproducción de contenidos, los cuales en su inmensa mayoría son cuidadosa e intencionalmente elaborados y difundidos por los propios mecanismos de Poder Global, quienes obviamente buscan y consiguen con éxito, reproducir conductas, emociones, valores (mejor dicho, anti – valores) que les permitan a ellos, los Dueños de Todo, seguir en la cúspide sentados sobre la masa aplastada del resto de nosotros.
    El éxito en Cuba de una economía paralela de Mercado sin regulación efectiva, viviendo a expensas de grandes mayorías humildes y la pérdida de protagonismo efectivo de las organizaciones revolucionarias que permitieron derrotar a los imperialistas y resistir el más cruel asedio que haya sufrido país alguno, se hallan entre las causas que generan apatía y la copia de patrones marginales y de “éxito personal” por no pocos cubanos, en medio del mencionado escenario mundial favorecedor para ello.
    Las relaciones socio-económicas imponen el modo de vida, valores, ideología y culturas dominantes.
    Jamás debemos olvidar que el Imperialismo existe y nunca cesará en sus intenciones de someter a nuestra Patria.

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Luis Toledo Sande

Luis Toledo Sande

Escritor, poeta y ensayista cubano. Doctor en Ciencias Filológicas y autor, entre otros, de “Cesto de llamas”, Premio Nacional de la Crítica. Mantiene el blog http://luistoledosande.wordpress.com/

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