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En este artículo: Cuba, La Habana
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Atardecer en el Malecón habanero. Foto: Michael Vázquez Montes de Oca / Cubadebate

El panorama informativo comienza a dar señales de los preparativos con vistas a la ya cercana conmemoración del quinto centenario de la fundación de La Habana. Muchos esperábamos con impaciencia ese anuncio promisorio, porque el andar del tiempo ha dejado cicatrices en una ciudad dotada de valores singulares y el deterioro del ambiente se refleja, de manera inevitable, en la conducta de los ciudadanos que la habitan.

En ese contexto, me parece acertado iniciar la apremiante operación de rescate con la restauración del orden y la limpieza y ofrecer respuestas concretas a las demandas más apremiantes del vivir cotidiano en el barrio. Así, desde la base, se puede apelar a la acción comprometida y participativa de los pobladores.

Impostergable y no menos importante resulta trasladar a la conciencia colectiva el redescubrimiento de los valores urbanos que han cualificado, a través de una incesante acumulación secular, el perfil que singulariza a la capital. La prédica empecinada de Eusebio Leal ha contribuido a situar en el lugar que merece el legado patrimonial forjado en los tiempos de la colonia.

En los remotos días fundacionales, La Habana fue una desordenada aglomeración de casuchas de adobe y madera, situadas junto al puerto, sujetas a devastadores incendios y a la amenaza de los filibusteros. Con el paso de las flotas y la edificación del sistema defensivo, se trazaron calles y las casas adquirieron mayor porte. La imagen de la ciudad se configuró con sus palacios en diálogo con las plazas. Moderadamente barroca, la fachada de la catedral contempla un espacio de proporciones perfectas, abierto e íntimo, como una sala de teatro. Al cabo, la necesidad de preservar el ordenamiento urbano impuso el requisito de delinear regulaciones mediante las ordenanzas municipales. Orientadas en varias direcciones, las calzadas, todavía vigentes, comunicaban el centro de la urbe con los territorios aledaños.

La ciudad en expansión fue creciendo hacia el oeste en etapas sucesivas. En busca de un clima más favorable, los pudientes edificaron mansiones junto a la Calzada del Cerro. Pasarían luego al Vedado, a Miramar, a Cubanacán. En el ininterrumpido desplazarse en el espacio y el tiempo cristalizaron marcas estilísticas y epocales. Conforman un tratado de la arquitectura y el urbanismo, una vocación de modernidad atemperada al contexto local.

La primera Revolución Industrial desencadenó, en el siglo XIX, el crecimiento desmesurado de las ciudades. Ante el peligro de una proletarización contaminante, el barón Haussmann hizo de París la escenografía espectacular que hoy conocemos. Se estaban sentando las nociones iniciales del diseño urbano, devenido en la actualidad complejo saber transdisciplinario, orientado a devolver al hábitat su dimensión humana con participación de conocimientos técnicos para el manejo de la construcción, de las redes de la infraestructura hidráulica y la eliminación de desechos, de la adecuada circulación vial y de las ciencias sociales, la sociología en particular.

Con voluntad modernizadora, el Vedado nació presidido por una clara noción de diseño urbano integral. El trazado de las avenidas principales favorecía la rápida comunicación con la ciudad. Las normativas de obligatorio cumplimiento determinaban los límites en altura de las edificaciones y el área de césped que separaba las casas de las aceras, propicios a favorecer un estilo de vida y una singular visualidad característica de la zona.

A mediados del pasado siglo, la especulación financiera en torno al valor del suelo amenazó con subvertir la armoniosa coherencia del conjunto. La Revolución pudo preservar durante muchos años su carácter original, a contrapelo de lo ocurrido en otros países donde un gigantismo depredador arrasó con significativos legados históricos.

Los efectos de las dificultades económicas, a partir del período especial, laceraron en parte los bienes que habíamos logrado conservar. Al margen de lo legislado, intervenciones improvisadas aparecieron por doquier. Con todo, en lo esencial, subsiste la impronta original de la zona. Estamos todavía en condiciones de salvaguardarla si tomamos conciencia de su valor, porque el riquísimo patrimonio edificado de La Habana se extiende más allá de la zona colonial. Así lo percibieron los escritores en algunas de las mejores páginas de nuestra literatura, y se manifiesta también en la memoria latente y soterrada de nuestra música popular.

El medio milenio que se aproxima impone un inmenso desafío. Asumirlo con sabiduría y convertirlo en voluntad colectiva es un modo de ir creciendo. No podrá hacerse todo de inmediato. Habrá que atemperarse a lo posible, de acuerdo con los recursos disponibles. Lo fundamental, sin embargo, consiste en atender lo inminente considerando, a la vez, la perspectiva de futuro a partir de las claves que singularizan los valores de nuestra ciudad, detener la inconciencia depredatoria y aplicar la legislación respecto a las regulaciones urbanas para preservar ese frágil tejido que nos identifica.

Para conciliar criterios de sostenibilidad con la preservación de un legado, conviene reflexionar acerca de las consecuencias derivadas de la erección de edificios de alturas desmesuradas en contextos inadecuados, en perjuicio de la armonía de los conjuntos y de una circulación vial adecuada. Restauremos lo heredado, sin dejar por ello de seguir haciendo la hermosa capital que merecemos.

(Tomado de Juventud Rebelde)

Se han publicado 15 comentarios



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  • Pedro Adolfo dijo:

    El primer legado a proteger en la Capital son los portalones al frente de cada edificación, por donde se puede -digo, se podía- caminar kilometros protegido de la lluvia y el sol ¿No existe ley para eso? Esa desprotección legal y destrucción constante es uno de los “crimenes” más grandes que sufre el patrimonio habanero…a la vista de los que pueden evitarlo.

  • Jorge R 09 dijo:

    Muy bueno y bien razonado el artículo. Sobre todo muy a propósito de los rascacielos en La Habana y las regulaciones urbanísticas. Al que le sirva el zayo que se lo ponga.

  • el negro dijo:

    yo diria que mas q restaurar y reconstruir la Habana, hay q fomentar la educación, la cultura , la buenas maneras y el buen decir del habanero y aquellos q optaron por vivir en la capital.
    eso no requiere de dinero, ni inversiones aunque el esfuerzo sea inmensurable.
    todo es posible

  • Francisco Arango dijo:

    ¿Habrá que esperar a que Güines cumpla 500 años para iniciar la apremiante operación de rescate con la restauración del orden y la limpieza y ofrecer respuestas concretas a las demandas más apremiantes del vivir cotidiano en el barrio?

  • Sergio dijo:

    La Habana, una ciudad envolvente y majestuosa, llora su destrucción y abandono,,,, que emperoa con el paso del tiempo,, Infelizmente,

  • Pablo dijo:

    Excelente y oportuno trabajo, a ver si el llamado de la Dra. Pogolotti mueve un poco las conciencias y entre otras cosas logra que los impulsores de la construcción de un rascacielos en El Vedado oigan el reclamo de tanta gente, que se cumplan las regulaciones será el mejor regalo que podemos hacerle a esta ciudad por sus 500 años.

  • Pedro dijo:

    No veo por qué tanto rechazo a la construcción de OTRO rascacielos en El Vedado. Si bien en el algún momento el Focsa y el Habana Libre (y muchos otros) “agredieron” la tradicional imagen de este reparto, hoy por hoy son también edificios de los que la ciudad se enorgullece.

    • Jorge R 09 dijo:

      Pedro:

      No es OTRO rascacielo en el Vedado, sería el primero pues los que usted menciona,el Focsa y el Habana Libre no lo son. Le respondo con las propias palabras de la Doctora Pogolotti: “Para conciliar criterios de sostenibilidad con la preservación de un legado, conviene reflexionar acerca de las consecuencias derivadas de la erección de edificios de alturas desmesuradas en contextos inadecuados, en perjuicio de la armonía de los conjuntos y de una circulación vial adecuada. Restauremos lo heredado.”

      Los turistas que admiran La Habana lo hacen por su peculiar arquitectura y su gente, no les interesan rascacielos sin encanto alguno que de sobra ya tienen en sus países. Incluso el Focsa es una de las 7 maravillas de la arquitectura cubana,no puede decirse lo mismo del rascacielo que se proyecta en 23 y K cuya imagen cuando Cubadebate la presentó fue bien criticada. Algunos arquitectos que intervinieron en el debate solicitaron llegar a un consenso entre muchos de ellos que ni siquiera fueron consultados.

      Particularmente no creo necesario la ejecución de un rascacielo para ampliar la planta hotelera,primero habría que reparar y aprovechar mejor la que tenemos. Luego se pudiera presentar algunos proyectos nuevos de edificios altos a un concurso con la presencia de un jurado de especialistas como se hizo cuando se construyó el obelisco a Martí o el propio monumento al apóstol en el cementerio de Santa Ifigenia. Concluyó con las sabias palabras de la Doctora Pogolotti en el sentido de que se debe “aplicar la legislación respecto a las regulaciones urbanas para preservar ese frágil tejido que nos identifica.”

  • HECTOR Y EL HERMANO dijo:

    Magnifico doctora, esto nos preocupa a muchos, lo que sucede en gran medida tiene que ver con la satisfacción de haber logrado ese grandioso rescate de una parte importante de nuestra capital con un alto valor patrimonial, algo notable haberlo hecho en medio de tantas dificultades económicas, una proeza sin precedentes, eso sin dudas embriaga nuestras emociones, y creo que en parte, es la causa del divorcio entre decidores en cuanto a la visión de futuro, debemos suponer que en ese camino unos han hecho lo que correspondía, por lo que suponen haber completado la meta, algo sin dudas real y heroico, pero es importante ver ese salto, ese escalón, también abrió una nueva puerta de gigantescas oportunidades en el futuro, algo que traspasa los actuales muros mentales, se requiere una nueva visión de futuro, mucho más grande que el actual diseño del plan director del casco histórico, como bien sugiere usted, debiéramos mirar con más intuición este desarrollo y sus áreas colindantes, mirar más a esa parte de la actual Habana como un destino turístico que como ciudad, ese valor e interés que adquiere esta ciudad en el mercado turístico es ya una realidad, es un hecho, no depende de decisiones nuestras, su mística, su valor como producto en el mercado es real, su espíritu se salió de la botella, es imposible encerrarlo de nuevo, solo queda aceptar el reto, que tiene una sola dirección, enfrentarlo.
    Nuestro proyecto económico en gran medida descansa en la industria del milagro, el turismo, y es en la habana donde se decide ese juego de nuestra economía. En el futuro cerca del 90% del turista que arribe a la isla, sin dudas pasara por la capital, y estimo que más del 70 % de ellos se interesaran por visitar el casco histórico, valorando que nos visiten más de 15 millones, la mayoría en cruceros, proyecto previsto en la bahía habanera que colinda con el casco histórico, es de suponer niveles muy altos de turistas diariamente entrando a esa zona, eso hay que preverlo como bien plantea usted, hay que rescatar y crecer con esa idea de recrear un ambiente arquitectónico y cultural a tono con la idea original que movió a los padres fundadores de ese proyecto, Eusebio y Fidel, y aceptar ese nuevo desafío. Hay que tener claro que reducir hoy ese entorno arquitectónico limitara los ingresos de nuestra economía en el futuro poniéndole desde ahora un techo, lo que puede generar además de una afectación económica, un proceso de desarrollo de la turismo-fobia, por el congestión turística, similar a lo que hoy sucede en Barcelona, Ámsterdam, Venecia y muchos otros importantes polos turísticos sobre saturados de turistas, muchos de esto países, donde hoy se encaminan a una política de alto valor y bajo impacto, pero en el caso que nos toca, el casco histórico de la capital eso es imposible, teniendo en cuenta estar colindante con un mega proyecto de arribos de Cruceros con la ampliación en la recepción de cruceros en la bahía, donde el 100% de los visitantes entrara al casco histórico, unido al resto del turismo que arriben por otras vías, pero teniendo en cuenta que el turismo de crucero ` es un turismo económico, aquí no prosperaran políticas como la de un alto valor y un bajo impacto teniendo en cuenta el tipo de mercado mayoritario que visitara la capital, un turismo en más del 70% económico, se trata de aceptar el reto como bien dice usted doctora y mirara la capital de otra forma, como sucede en muchas capitales del mundo, zonas como destino turístico donde deberá proyectar grandes áreas turística ampliando los entornos actuales colindantes al casco histórico que permita ampliar la capacidad de recepción turística, recreando esa arquitectura y atmosfera de otra época que sin dudas buscara el visitante, sumando nuevas ideas de trasporte colectivos amigables y a tono con la arquitectura, sumando el golf car, peajes y amplias zonas peatonales. El simbolismo de la habana es un producto gigantesco y virgen por desarrollar en un programa bien diseñado y ordenado en beneficio de nuestra economía.

  • Amaury II dijo:

    Como siempre muy atinado como todos los de la profe, es para rajarse a dar gritos ver la situación que presenta la pésima higiene de la ciudad, así como su deterioro en el orden constructivo, si no se trazan políticas serias en esos aspectos, dentro de poco viviremos en una ciudad en ruinas.

  • Candela dijo:

    Excelente, Doctora. Comparto el mismo criterio y desazón porque el facilismo lleve a erigir edificios altos desentonando el conjunto. Lo he comentado y los criterios han sido encontrados. Una cosa es que se aprovechen fachadas y mejoren interiores con construcciones modernas, que se siga una línea arquitectónica, a que se haga todo más abigarrado. Se me ha ejemplificado, no sin razón, con la Torre Eiffel, cómo su presunto carácter transitorio la permitió construir y su desentono, la convirtió en el símbolo de París. Pero trato de imaginar el gigante hotel que se va a construir frente al Habana Libre y en realidad no me agrada. Sería mejor que se moviera hacia otra zona y allí empezaran a experimentar en la construcción de diseños postmodernos, del tipo globalizado; pero no concibo que La Habana pierda su encanto, es tan bella…

  • Arq. Anibal del Prado dijo:

    “Para conciliar criterios de sostenibilidad con la preservación de un legado, conviene reflexionar acerca de las consecuencias derivadas de la erección de edificios de alturas desmesuradas en contextos inadecuados, en perjuicio de la armonía de los conjuntos y de una circulación vial adecuada. Restauremos lo heredado, sin dejar por ello de seguir haciendo la hermosa capital que merecemos.”
    Este parrafo, a todas luces, se refiere a la intencion de construir “el hotel mas alto de La Habana” en el hueco de 23, 25 y K, en El Vedado, lo cual ha sido fuertemente criticado por numerosos ciudadanos en las paginas de Cubadebate, incluso, es de publico conocimiento que esa inversion no cuenta con la aprobacion del IPF, por violar las regulaciones urbanisticas de El Vedado. Yo, Dra, me sumo a ese clamor, por el bien de nuestra ciudad, que hay que hacer un hotel en ese punto? De acuerdo, pero que no tiene que ser esa gran pantalla que se propone y rompe con la mejor arquitectura que existe en El Vedado. Esta ciudad necesita orden, mucho orden, hacer cumplir lo que esta establecido y que nadie se ocupa de hacerlo cumplir

    • Revenge dijo:

      Estimado Anibal, mi hijo vive en 25 entre J y K. Conozo por el de la preocupacion de los vecinos sobre el impacto que va a tener esta edificacion y todo el movimiento de transporte, recursos y personal asociados en una cuadra residencial que ya esta afectada por su cercania a la Rampa. No podemos cerrarnos a la realidad: Si queremos resolver las necesidades de incrementar y renovar el fondo habitacional en la capital, sin desarraigar a sus habitantes, la ciudad tiene que crecer hacia arriba. Pero un hotel rascacielos… Por que tienen que construirlo en una zona tan conflictiva? En lo que los habaneros llaman “zona de inundacion”, hay muchas parcelas donde antes habia edificios que se derrumbaron. Usted sale por el tunel, y a menos de 10 minutos en carro hay cualquier cantidad de terreno con vistas al mar, a las fortalezas y hasta la propia ciudad. La Habana preservable no es solo el casco historico.

  • Ernesto dijo:

    Gracias por este artículo de Graziella Pogolotti.

    La limpieza y la higiene en la ciudad deben priorizarse entre el grupo de actividades que se planifiquen para recibir los 500 años de la fundación de la 7 villa y sin dejar para otro momento el reforzamiento de la disciplina social, que tanta falta le hace a cualquier conglomerado humano para poder vivir en paz y armonía con todo y todos.

    Claro está que para lograr esto no basta con las buenas intenciones del Gobierno de la capital y el estado, se necesita refundar en el cubano el amor por su ciudad, por sus edificaciones históricas y sus calles y plazas, no creo que los habaneros en particular estemos entre los mas cuidadosos, no por gusto algunos visitantes extranjeros nos critican diciéndonos que NO CUIDAMOS LO QUE TENEMOS.

    Se necesita dar un vuelco a la educación ambiental del cubano y no solamente lo que se pueda hacer en la Escuela, hay que incrementar la exigencia y tomar las medidas disciplinarias a nivel social y particular ante cada violación de la urbanidad y cada acto vandálico contra el patrimonio heredado de tantos siglos.

  • Fred dijo:

    Excelente articulo , como nos tiene acostumbrado la Dra. Graziela Pogolotti. Lamentablemente falta el sentido de pertenencia hacia la capital por parte de personas que no nacieron en ella y que por diversas causas viven en La Habana y otras que nacieron aquí y aún no han interiorizado que la “capital es de todos los cubanos”, para cuidarla, protegerla y mantenerla bella, porque es una de las imágenes más importantes de Cuba hacia el mundo, como cualquier capital del globo terráqueo.

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Graziella Pogolotti

Graziella Pogolotti

Crítica de arte, ensayista e intelectual cubana. Premio Nacional de Literatura (2005). Presidenta del Consejo Asesor del Ministro de Cultura, vicepresidenta de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, miembro de la Academia Cubana de la Lengua y presidenta de la Fundación Alejo Carpentier.

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