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Recuerdos de Fidel en la pelota pinareña

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Pedro Luis Lazo y el Comandante en Jefe a raíz de Winnipeg 99. Foto: cortesía del autor.

Pedro Luis Lazo y el Comandante en Jefe a raíz de Winnipeg 99. Foto: cortesía del autor.

En Cuba había deportistas,

pero no había deportes.

Fidel Castro Ruz

En estos días luctuosos, muchos colegas y amigos han rescatado anécdotas de Fidel (siempre le he llamado así). Y el deporte no puede ni debe quedar ajeno al momento. Su relación con los atletas y entrenadores de toda Cuba, ha sido sui géneris. Ningún otro estadista ha dedicado tanto tiempo y lugar a las actividades atléticas, incluida la Educación Física.

Al asunto se refiere Roberto González Echevarría, en su libro La gloria de Cuba. Historia del béisbol en la Isla. Editorial Colibrí, Madrid 1999, p. 575:

Debido al arraigo y la importancia de la pelota en la historia y la cultura de Cuba, la relación del Comandante en Jefe con el deporte nacional, está lejos de ser un asunto insignificante. El papel de Castro en el deporte cubano en la etapa revolucionaria es sin duda un tema significativo. En cierto sentido, define el béisbol cubano de 1959 a la fecha.

En 1964, la revista Cuba Internacional publicó un reportaje sobre dos juegos en Camagüey donde lanzó Fidel. El segundo sería contra el equipo de Pinar del Río, al que sometió con sus envíos. Y una vez terminado, se sentó un largo rato para charlar con los vencidos. Fue su costumbre convocar a los jugadores una vez terminados los juegos oficiales.

Son célebres sus encuentros con vueltabajeros como Mijaín López, nuestro tricampeón olímpico, Pedro Pérez Dueñas, primer recordista mundial de atletismo, boxeadores, voleibolistas… En fin, Pinar del Río dejó de ser la Cenicienta en el deporte, gracias al Movimiento Deportivo por él encabezado y sus atletas se hacen poco menos que imprescindibles en la arena internacional.

Entre tantos méritos, destacan los dieciséis campeonatos de béisbol, diez Series Nacionales y seis Selectivas. Ninguna otra provincia, incluida Ciudad de La Habana (13), ha ganado más que Pinar desde que tiene equipos representativos, a partir de la temporada 1967-1968. Históricamente, La Habana acumula diecisiete, pero cuatro de ellos al hilo (1962, 1963, 1964 y 1965), antes de aparecer Vueltabajo en esas lides.

Una gran cantidad de jugadores han representado a Cuba en eventos internacionales, con figuras ya legendarias: Fidel y Omar Linares, Tomás Valido, Casanova, Lazo, Urquiola, Jesús Guerra, Félix Pino, y tantos otros. Y cada uno de ellos conserva como reliquias sus encuentros con el Comandante en Jefe.

Por razones de espacio y temor a cansar a los lectores, a continuación exponemos algunos encuentros que nunca olvidarán, unos por simpáticos, otros de amplia sabiduría; todos entrañables:

Fidel siempre luchó y jugó para ganar, la derrota estaba fuera de su personalidad. Hace algunos años presenciamos un desafío entre Pinar del Río, ya eliminado, y el equipo oriental al borde de titularse. Lucio Bencomo Valle nos recordó que el Comandante hacía un recorrido por la provincia y se dio un salto hasta el repleto Capitán San Luis, que lo recibió con atronadores aplausos. Sentado detrás de la maya, disfrutaba cada batazo oriental. El juego avanzaba bien disputado. Fue así como en las postrimerías, Urquiola conectó un hit de línea al jardín central que le dio la victoria a Vueltabajo. La gente celebró, pero Fidel montó en cólera, pues quería ver coronarse a su equipo y la emprendió con Lucio y su manifiesta alegría.

Tomás Valido  

En una fría madrugada, llegó Fidel al Latino. Pidió guantes y pelotas y se dispuso a organizar un encuentro con los jugadores preseleccionados para la Serie Nacional. Alrededor de las tres de la mañana comenzaría el desafío. Subió al box y en la segunda entrada sucedió lo que contó el jardinero central vueltabajero:

“Nosotros estábamos buscándonos los puestos para Occidentales o reforzar a Industriales. Con Fidel caímos Felipe Álvarez en el short y Linares en el center field. A mí me pusieron en el right. Y para allá dieron un batazo junto a la cerca. El hombre de segunda, que era Germán Águila, salió en pisa y corre. Sin acomodarme mucho disparé para tercera y lo puse out. Entonces Fidel se puso las manos en la cabeza y paró el juego: — Ven acá muchacho, ¿cómo tú te llamas? — Tomás Valido. — ¿De dónde eres? — De Bahía Honda. — ¿Con qué tú tiraste a tercera? – Con el brazo, Comandante. – Si los americanos vienen no hace falta darte ningún fusil ni un cañón, yo no había visto un brazo así, tú lo que tienes es un mortero. –Entonces pidió un bate y se fue al home. — A ver muchacho, lánzame tú a mí, y tira duro. — Valido, que jamás se había encaramado a un box, no lo pensó dos veces. Tres guardias lo escoltaron y oyó una voz cercana: — No se te ocurra tirarle duro, lo puedes golpear. — Así no, te dije que tiraras duro. — No puedes tirarle duro. –Ni quería ni pude tirarle duro…”

Fidel conectó un par de líneas y llamó al manager: –Oye Quicutis, quiero que me entrenen a este muchacho como pitcher, ese brazo no se puede desperdiciar, a esa velocidad no hay quien le batee. Tú me respondes por eso. –El asombrado director, refunfuñón como pocos, cumplió la orden con buena cara… hasta un día con varios tendidos sobre home: — Valido, a partir de mañana te incorporas al entrenamiento de los lanzadores. 

Jesús Guerra

Jesús Guerra. Foto: cortesía del autor.

Jesús Guerra. Foto: cortesía del autor.

La visita asidua del Primer Ministro a los entrenamientos, encontró varias veces a quien Juan Ealo llamó Capablanca del Box:

El de más alegría para mí fue en el Latino, en una Copa Intercontinental. Los pitchers éramos: Vinent, Rogelio, Oliva, Julio, Félix Pino y yo, o sea, cinco pinareños y un oriental, a veces llevaban siete y se colaba algún otro. Mi mayor felicidad fue cuando relevé a Vinent contra los americanos y gané el desafío. Pocos días después volveríamos a jugar contra los yanquis. Fidel se reunió con nosotros, saludó a todos y me puso la mano en el hombro: — Guerra, ¿tú crees que le volvamos a ganar a los americanos? – Yo le contesté que ante cualquier situación difícil nos íbamos a crecer, que él nos había enseñado a eso. Salí de aquella reunión con Fidel, ya con el juego al comenzar, la gente estaba lista en el terreno. Tiro tres o cuatro bolas y voy para el box. Tocan el Himno Nacional y me ordenan iniciar el partido contra los Estados Unidos, con Fidel sentado detrás de home. Si te digo que sabía dónde estaba, te estaría mintiendo, parecía que la cabeza se me iba a salir del cuerpo por la presión tan grande que tenía y aquel compromiso personal; veía al estadio caerme encima, pero me sobrepuse y comencé a lanzar. Me hicieron una carrera en el primer inning y dos o tres entradas después me relevó Vinent, a rectazo puro, y anunciado…”

   ¿Lo volviste a ver?

“Sí, y parece increíble. Resulta que en 1999 se confecciona un equipo de veteranos para jugar contra los venezolanos, con ellos vendría Hugo Chávez. Me parece que yo era el único pinareño, no recuerdo bien. Nuestro manager sería Fidel, que se reunió con nosotros para plantearnos los objetivos del desafío para divertirnos, que había que cuidar a Chávez y esas cosas. Yo nunca vi a Fidel reírse más y con más ganas que aquella noche, todo era una carcajada, se divirtió de lo lindo. Estábamos muy tensos, con el estadio lleno, y salimos al terreno. Entonces le dije: — Comandante, hace veinte años, después de ganarle a los americanos, recibí el mejor regalo de mi vida. Cuando le estoy hablando veo que sus pupilas se ensanchan, me puso la mano en el hombro y yo de nuevo en su cintura, como aquella vez, dos décadas atrás. Le dije que estaba preparado para repetir la hazaña. A veces la gente no valora esas cosas tan grandes. Para mí fue una emoción indescriptible, cuando él se recordó de aquella noche y me volvió a dar ánimos. Te digo, sin temor a equivocarme, que ese fue el momento más grande de mi vida, que un guajiro con casa de yaguas y de guano, de Punta de la Sierra, haya podido conversar con Fidel, algo que se añora en todo el mundo…”

Alfonso Urquiola

Decenas de veces Alfonso habló con Fidel, incluidas las llamadas telefónicas, ora en el juego contra Baltimore Orioles, o en los Panamericanos de Winnipeg. De todas, escojo esta que, por sencilla, tuvo una significación y nos pinta a Urquiola de cuerpo entero. Fidel fue al recibimiento del equipo que ganó en los Panamericanos de México 1975, donde el jovencito pinareño se convirtió en héroe. No esperó la ceremonia y se fue para Orozco.

“Eso fue por otra cosa. El problema es que llegamos al aeropuerto y no nos dijeron que Fidel iba a estar allí, mi familia me recogió y salí disparado para la casa, porque andaba enamorado por allá y tenía muchas ganas de estar en familia. Entonces me fueron a buscar por órdenes de Fidel, porque yo había decidido contra los americanos con un triple, recuerdo que fue uno de los mejores juegos de mi vida, cuando muchos flaquearon yo levanté el ánimo del equipo, porque me gusta la candela, como te dije anteriormente. Cuando llegué comenzaba el acto de recibimiento y Fidel habló de mí como un héroe, fue un momento muy grande en mi vida de atleta. Ahí no hubo indisciplina ninguna, fue solo una equivocación derivada de una mala orientación…”

Pedro Luis Lazo

Lazo es Lazo, me dijo una vez el finado locutor Héctor Rodríguez. Y una tarde, cuando Fidel recibió al equipo que nos representaría en el difícil torneo de los Panamericanos de Winnipeg 1999, se apareció en el Consejo de Estado con unas bermudas. Alguien le dijo que así no podía entrar, pero cuando el Comandante preguntó por él, lo autorizó.

“He estado unas cuantas veces con el Comandante, pero la que más tengo presente es cuando el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, vino con los veteranos para echar un partido. Nos llamaron para explicarnos cómo sería el juego, que teníamos que tener cuidado con los veteranos, tratar de engañarlos solamente. Ahí nos mandaron a disfrazarnos, para hacerles una broma. Entonces le dije al Comandante: —Yo quiero ponerme una barba como la de usted. –Me pusieron la barba igual que la de él, creo que fue un momento de los más grandes que he tenido junto al Comandante, aunque te repito, han sido muchos, todos estimulantes…”

Fidel Linares

Quizás haya sido la última vez que se encontraron. Linares lo había tenido cerca desde las primeras Series Nacionales, pero huía para no encontrarlo y que le hiciera preguntas. Así me lo confesó y doy fe de ello, de aquel carácter sencillo, humilde y a veces huraño. Pero enfermó de cuidado y más de una vez recibió la visita de Fidel en el hospital, que alternaba con llamadas telefónicas:

“Aquel día el Comandante fue a verme al hospital y me preguntó cómo estaba, por la familia, por Omar, por Juan Carlos, por mi señora. Yo le dije que estaban bien, quedándose en la Villa Panamericana. Me preguntó si había televisor allí. Le contesté que sí, que había uno. Me preguntó si estábamos viendo la Demanda del Pueblo Cubano (Proceso Jurídico contra el gobierno de los Estados Unidos por daños y perjuicios). Le contesté que sí y entonces me preguntó que quién había hablado ese día, porque él no lo había podido ver. Le dije que estaba hablando el Ministro de Salud Pública sobre el dengue. Me dijo que no lo había podido ver porque se había levantado un poco tarde. Estuvo un rato más allí y luego se fue…”

Luis Giraldo Casanova

Cuando los jugadores corrían hacia Fidel, el comandante Camacho Aguilera u otros dirigentes, así como figuras de la farándula, el bien llamado Señor Pelotero, quedaba detrás, atento al momento, pero siempre tranquilo, con el carácter sencillo que adorna su personalidad:

“Por lo general Fidel hablaba en colectivo, para todos. Pero en el recibimiento del Mundial de 1987, cuando le ganamos a los americanos en Parma, Italia, preguntó qué habíamos planificado para el momento decisivo y le hicimos el cuento. Entonces le comenté que antes de ir a batear le dije a Lourdes Gurriel que yo iba a llegar a primera como diera lugar, que él tenía que decidir, que él le bateaba bien al zurdo Jim Abbot, a quien le faltaba la mano. Le dije a Fidel que le tumbé adrede la pelota a Tino Martínez en primera, de un manotazo que oculté al árbitro. Entonces Fidel río a carcajadas, pues Lourdes había decidido el partido…”

Félix Pino

Lanzador humilde “de la mano equivocada”, a quien todos querían con ellos y no de rivales. Tuvo la suerte de encontrarse con Fidel en sus primeros momentos al máximo nivel:

“En 1977, cuando llegué al Equipo Nacional, antes de partir hacia México para enfrentarnos a unos profesionales, Fidel llegó y le preguntó a Changa Mederos si ya tenía preparado su relevo, y le contestó que sí. –¿Dónde está el hombre? –Changa mira para mí y le dice: –Ahí está. –Entonces Fidel me dijo que no le perdiera ni pie ni pisada a Changa y que le oyera todos los consejos. Acto seguido me increpó: –¿Estás preparado para ocupar su lugar? –Le respondí que nadie podía sustituirlo, pero que haría todo lo posible por parecerme a él. Y me aconsejó: –Cuídate, no hagas locuras. Te deseo mucha suerte. –Al otro día nos fuimos para México, yo como invitado…”

En este momento de dolor y raigal despedida, quisimos aportar algunos granitos de arena deportivos, tomados de la mano del deportista mayor.

Se han publicado 2 comentarios



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  • aspirante a campeón dijo:

    una sugerencia al autor: revise una entrevista hoy en Granma donde el campeonísimo López declara que no tuvo la oportunidad de conocer personalmente a Fidel.saludos

  • Omar Pozo Crespo dijo:

    Si hubo un premio sin límites, ese que tanto se anhelaba, ese que todos tuvieron, sobre todo las grandes estrellas de Pinar del Río, ese premio se llamó Fidel.

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Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

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