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En el bicentenario de Joaquín de Agüero y Agüero

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Joaquín de Agüero y Agüero (Tomada de Ecured)

Joaquín de Agüero y Agüero (Tomada de Ecured)

El paso del tiempo nos sorprende con frecuencia, o tal vez sea que las efemérides en ocasiones lo hacen. En este caso se trata del bicentenario del nacimiento de Joaquín de Agüero y Agüero, un hombre de quien debemos decir en primer lugar, que supo morir bien, como escribiera José Martí de los poetas de la guerra. Considerado tradicionalmente en el Camagüey un prócer de la independencia, en otros marcos es estimado uno de los representantes del movimiento anexionista pro norteamericano gestado en Cuba a mediados del siglo xix. Es como si el refrán —por demás muy sabio— que reza “dime con quien andas y te diré quién eres” sellara los análisis.

Joaquín de Agüero y Agüero nació en Puerto Príncipe el 15 de noviembre de 1816 en el seno de una familia de buena posición económica que le brindó las posibilidades de educación al alcance de los jóvenes de su condición social. En 1840 con 24 años y el título de Bachiller en Leyes debió regresar de modo definitivo a su ciudad natal para hacerse cargo de los negocios de la familia al fallecimiento de su padre. Apenas dos años después su nombre comienza a resaltar en espacios muy precisos de la vida de esa región, en particular por dos proyectos que acomete. El primero fueron las gestiones encaminadas a la fundación de una escuela pública gratuita en Guáimaro en 1842 por lo cual fue reconocido por la Sociedad Económica de Amigos del País como promotor de la educación popular. Por el segundo atrajo sobre sí el recelo de las autoridades coloniales: en una decisión sin precedentes acudió ante notario para otorgar “por pura liberalidad y sin ningún interés” la libertad a todos sus esclavos —Gregorio, Casimiro, Victoriano, Juan de la Cruz, Josefa, Felipe, Tomás y Lucas— el 23 de enero de 1843, tras lo cual les entregó tierras y lo mínimo necesario para ponerlas en producción. Citado por el jefe de la plaza para que explicase los motivos de tal decisión, respondió haberlo hecho cumpliendo un deber de humanidad y conciencia.

Con tales antecedentes es sustentable la idea de que cuando en 1849 Joaquín de Agüero participó en la fundación de la Sociedad Libertadora de Puerto Príncipe —su vínculo más conocido con la coyuntura anexionista— era un hombre identificado ya como un enemigo potencial por las autoridades colonialistas. Las fuentes consultadas no coinciden en la relación de los nombres de los fundadores ni los de sus principales dirigentes, entre quienes hay antiguos conspiradores de La Liga de La Cadena, la ramificación principeña de la conspiración de Soles y Rayos de Bolívar a la cual se vincula el viaje de varios camagüeyanos para entrevistarse con Simón Bolívar para lograr de este un compromiso de enviar tropas para materializar la independencia de Cuba.

El análisis del movimiento anexionista de mediados de los cincuenta del xix tiene las suficientes aristas como para rebasar un artículo, breve como este y de intención conmemorativa.[1] En lo inmediato precisaré solo algunos puntos. Lo primero es que sus seguidores tuvieron varios motivos para engrosar sus filas, en diverso grado de compromiso según sus diferentes núcleos. Estos fueron en esencia: la defensa de la esclavitud amenazada por las presiones británicas —tal vez el de mayor peso— que sentían segura en los estados sureños de la Unión; la obtención de ventajas comerciales y la conquista de libertades democráticas, sabido que estas solamente al alcance de los blancos en Norteamérica lo cual no constituía problema para ellos. La libertad y la igualdad social del negro no eran aun un problema capital de la sociedad cubana, ni siquiera de aquellos que anhelantes de las libertades democráticas y de los derechos individuales hacían de su conquista la justificación del deseo de unirse a los Estados Unidos.

Existía también otro grupo de simpatizantes, los independentistas, que partían del supuesto de que una vez liberada Cuba de España —requisito indispensable para la anexión—, esta podía ser luego “desgajada del sistema político norteamericano”.  Estrategia riesgosa, sin dudas, “utopía que hoy nos parece absurda, y que solo puede ser entendida si nos colocamos no en el borde, sino en el fondo de la espiral del fenómeno”,[2] y que hasta puede ser vista como una maniobra no del todo inédita si se atienden los sucesos de las primeras décadas del siglo cuando las miradas entonces se volvieron hacia las jóvenes repúblicas latinoamericanas en momentos en que la nación, como categoría sociológica e histórica, aún se estaba desarrollando en Hispanoamérica.

Para algunos de aquellos cubanos en realidad no estaban claras las diferencias entre separatismo e independentismo, no existían criterios unificados respecto a la forma en que debía lograrse la liberación ni sobre el destino definitivo de Cuba y tampoco sobre los peligros y las consecuencias a largo plazo de una solución anexionista ya sea de corte latinoamericano o norteño. Se trata de que en esencia, aunque el anexionismo sea uno y el mismo y estuviese animado por disímiles motivos, por su fin último la negación de la vida independiente de la patria cubana, tenía que terminar asumiendo posiciones contrarrevolucionarias, pero las coyunturas históricas marcaron su sello sobre estos presupuestos generales. Para Jorge Enrique Mendoza, “el anexionismo, que en unos fue en lo esencial la expresión reaccionaria del mal incurable del esclavismo, el conservadurismo y el temor a la revolución, en otros constituyó  algo así como la enfermedad infantil del separatismo”.[3]

En el caso concreto del Camagüey, las autoridades españolas lograron descubrir los planes fraguados por la Sociedad Libertadora de Puerto Príncipe y en mayo trataron de abortar el movimiento con masivas órdenes de detención a las que pudieron escapar varios complotados, quienes permanecieron ocultos en el campo desde ese momento. Seis de los detenidos fueron desterrados a España, sin que mediase la celebración de un juicio o cualquier otro trámite legal.

Joaquín de Agüero estableció su campamento en el lugar conocido como Piedra o Monte de Juan Sánchez en la Sierra de Jacinto, lugar en el que ondeó la bandera de la estrella solitaria y desde donde mantuvo contacto con otros núcleos conspiradores, a la espera de que los dirigentes de la Sociedad Libertadora trajeran la orden de iniciar el levantamiento. Los acontecimientos se precipitaron ante el refuerzo de la presencia militar hispana en la zona por lo que se decidió adelantar el inicio del levantamiento, originariamente acordado para el mes de agosto, para el 4 de julio, día en el que Joaquín de Agüero fue electo jefe del movimiento.

En la carta que dirigió el 18 de julio de 1851 a los presidentes y vocales de la Sociedad Libertadora se pueden apreciar diferencias entre él y los dirigentes de la referida organización que lo llevaron a la decisión personal de asumir la dirección del levantamiento ante la claramente insinuada indecisión de otros:

Dios […] no ha querido q. la gloria inmensa q. había de coronar al primero que gritase ¡Viva Cuba libre! a la cabeza de un movimiento enteramente espontáneo, brillase sobre mi pobre frente. No lo pretendí nunca ni me hubiera creído capaz; pero como todos callabais o bajabais la voz, os estabais quedo o q. os movíais pesado y tímidamente, cuando la agitación expectante del país pedía una voz poderosa….. [4]

Ese mismo día fue redactada y aprobada en San Francisco de Jucaral por primera vez en campos de Cuba Libre, una Declaración de Independencia. En ese documento —al parecer dictado por Agüero a su secretario Adolfo Pierra— se  proclamaba la decisión de no vivir por más tiempo sometidos a España y se precisaba:

De hecho y de derecho nos constituimos en abierta rebelión contra todos  los actos o leyes que emanen de nuestra antigua metrópoli: desconocemos toda autoridad de cualquier clase y categoría que sea, cuyos nombramientos y  facultades no traigan su origen exclusivamente en la mayoría del pueblo de Cuba, solo en moral a quien reconocemos con facultades para darse leyes en la persona de sus representantes. Bien penetrados de la inmensa responsabilidad que echamos sobre nosotros asumiendo los derechos y representación de todos nuestros hermanos de Cuba.[5]

El plan militar tenía como punto de partida la toma de Las Tunas, poblado que unía a sus compromisos con los planes de la Sociedad, las ventajas de su ubicación geográfica a las puertas de la región oriental y estrechos vínculos económicos y familiares con los principeños. Fracasado por causas fortuitas dicho ataque en la noche del 8 de julio, comenzó la dispersión de las fuerzas. Perseguidos por las tropas despachadas desde Santiago de Cuba, los rebeldes fueron sorprendidos en la finca San Carlos, propiedad de Manuel Francisco Agüero. En ese lugar conocido por sus colmenares, se produjo el primer combate entre cubanos y españoles en la historia de Cuba lo que convierte a los cinco patriotas muertos allí, los primeros caídos en esas circunstancias. Sus nombres: Antonio María Agüero Duque Estrada, Juan Francisco de Torres, Mariano Benavides, Francisco Perdomo Batista y Victoriano Malledo, El Cuervo, un esclavo cimarrón.

Traicionados cuando trataban de lograr algún medio para embarcarse hacia el extranjero, Agüero y algunos de sus compañeros fueron apresados en el pesquero de Punta de Ganado. Trasladados a Puerto Príncipe el juicio fue organizado con la celeridad que exigían las intenciones represivas del gobierno dictándose condenas a muerte contra Joaquín de Agüero de Agüero, Fernando de Zayas y Cisneros, Miguel Antonio Benavides Pardo y José Tomás Betancourt y Zayas.

El 12 de agosto de 1851 fueron fusilados en la Sabana de Beatriz Méndez, paraje que marcaba el límite norte de la ciudad, los cuatro héroes camagüeyanos. Fernando de Zayas en el postrer momento gritó: “¡Muero por liberarte, patria mía!”. En una de sus últimas cartas Joaquín de Agüero le pidió a sus compañeros que honrasen su memoria, la “de este pobre hombre que tuvo la desgracia de no llevar a cabo su pensamiento, quizás porque no era tiempo aún o lo que creo más bien, porque le faltaron los medios; que la honren digo, uniéndose todos como un solo hombre para conseguir, a costa de toda clase de sacrificios, la libertad de nuestra patria”. [6]

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[1] Remito a los interesados a mi libro El camino de la independencia. Joaquín de Aguero y el alzamiento de San Francisco de Jucaral, publicado por la camagüeyana Editorial Ácana en 2003, reimpreso en 2009.

[2] Eusebio Leal Spengler: Carlos Manuel de Céspedes. El diario perdido, Ediciones Boloña, La Habana, 1998,  p. 54.

[3] Jorge Enrique Mendoza: “Discurso 123 Aniversario del fusilamiento de Joaquín Agüero y sus compañeros”,  Adelante (Camagüey) 12 de agosto de 1974. p 2.

[4] Archivo Nacional de Cuba, Academia de la Historia, 338/30.

[5] Antonio Pirala: Anales de la Guerra de Cuba, Imprenta de Felipe González Rojas, Madrid, 1895, pp. 91-92. De este documento solo son conocidos hasta la fecha los fragmentos incluidos en ese libro, según su autor, los conservados en la causa.

[6] Francisco Agüero Estrada, El Solitario: “Breve reseña sobre los hechos mas  notables   de la  vida de   Joaquín Agüero y Agüero hasta su fusilamiento en 12 de agosto de 1851. New York 1853.” en: El Camagüeyano (Camagüey). Enero 20 de 1945

Se han publicado 8 comentarios



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  • Henry. dijo:

    Gracias Elda, no conocia nada sobre Joaquin de Aguero

  • jesus dijo:

    Honor a los Héroes de la Patria. Agüero es un apellido ilustre y muchos fueron los patriotas Camagüeyanos que dieron su sangre con ese apellido. El mas ilustre de todos Joaquín de Agüero y Agüero.

    ”Mucho se ha escrito sobre el influjo que la estructura económica del Príncipe tuvo en su vida política, a partir de dos razones básicas: primera, el corazón de su economía era la ganadería, atendida mayormente por blancos; y, segundo: en la composición de la población la proporción de los españoles dentro de los blancos y de los negros en el total general, era inferior a la existente en otras zonas de la Isla. El problema de la esclavitud no era tal en el Príncipe, lo que creaba honda preocupación en las autoridades coloniales para quienes el sentimiento del miedo –no sólo al negro– era una de sus armas más eficaces.

    Otros argumentos fundamentan las particularidades de la región principeña. Las relaciones con los Estados Unidos eran fuertes y antiguas como mismo lo era la costumbre de familias ricas de enviar a sus hijos a estudiar en ese país. También el establecimiento de la Audiencia en Puerto Príncipe, que hacia de esta ciudad el centro de las decisiones en materia judicial, criminal y civil de la Isla, creó un ambiente en la población, que pudiera ser catalogado de único, de respeto a las normas civiles de dirección de la sociedad y a la libertad.

    Con una vida cultural muy intensa, la ciudad asumió una posición de verdadera capital regional, marcada por el “orgullo distintivo del camagüeyano, de ser hombre independiente, de tierra adentro”. (8)Desde los primeros siglos de la colonia los habitantes de esta región habían retado al poder colonial con sede en La Habana. Ejemplos pueden citarse varios, solo recordar los cadenarios, el viaje del Lugareño y otros amigos en busca de Simón Bolívar para solicitar su apoyo en la causa de la independencia de Cuba y la frustrada expedición de Frasquito Agüero y Velazco.

    Es en ese entorno histórico donde nació el 15 de noviembre de 1816, Joaquín de Agüero y Agüero en el seno de una familia de holgada ”

    .

  • Andrés Dovale Borjas dijo:

    Felicito a la autora por abordar una personalidad tan relevante de nuestra historia muy poco divulgada y arrojar luz sobre las ideas y los movimientos independentistas y anexionistas de esa época. Nuestros “historiadores” podrían seguir este ejemplo y ofrecernos una visión de nuestra historia más cercana a la realidad, lo que la haría más amena y mucho más creíble.

  • RAULITO dijo:

    Excelente trabajo Elda, soy avileño y conocia muy poco de Joaquin de Aguero, un ilustre patriota que se publica muy poco de el.

  • RAULITO dijo:

    Excelente trabajo periodista, soy avileño y conocia muy poco de este patriota, en mi ciudad hay muchas escuelas y calles que llevan su nombre. Es muy bueno que se conoscan nuestros patriotas. GRACIAS ELDITA…

  • lumat dijo:

    Honor y gloria a los heroes de la patria.
    Creo que es hora de exaltar a este ilustre patriota, quien con decidio liberar a Cuba.
    En este alzamiento fue la tercera vez que se alzo la bandera de la estrella solitaria, antes habia sido el propio Narciso Lopez en sus expediciones del Creole (1850) y El Pampero (1851). Segun se plantea, la accion de Joaquin Aguero fue la unica que se produjo dentro de cuba en apoyo al desembarco de la segunda expedicion de Lopez, en las costas de Pinar del Rio.
    Tambien se plantean que varios patriotas estuvieron vinculados a este movimiento, quienes despues estuvieron con Cespedes en 1868, entre ellos el ilustre Francisco Vicente Aguilera, por lo que el Padre de la Patria pudo conocer de cerca sobre estos hechos.
    Tambien se cuenta que en el dia previo al alzamiento de La Demajagua, cuando Cespedes indica confeccionar la bandera, su primer pensamiento fue hacer la bandera de Narciso Lopez, a partir de la experiencia de Aguero, pero en ese momento nadie recordaba el diseño de la misma. Lo que si recordaba eran los colores rojo, azul y blanco. Para el diseño escogio la bandera de Chile, ya que dicho pais habia dado un importante apoyo a su plan, pero en el ultimo minuto cambió el orden de los colores de la de dicho pais, quedando como se conoce.
    Es hora de situar en su justo lugar en la historia de Cuba, al movimiento de Narciso Lopez, Joaquin Aguero, Cirilo Villaverde, ya que su primer objetivo era lograr una Cuba independiente y soberana de España, para despues anexarla a los Estados Unidos, siguiendo las experiencias que habia tenido el actual estado de Texas. Sencillamente, esa era la opcion para ese momento historico de nuestra patria.
    Considero que si no hubiera existido tal movimiento independentista-anexionista con Narciso Lopez al frente, no hubiera existido entonces las corrientes autonomistas, reformistas ni la independentista y antimperialista de Jose Marti.

  • reynerio dijo:

    Elda, no coincido con usted en la expresión Considerado tradicionalmente en el Camagüey un prócer de la independencia, en otros marcos es estimado uno de los representantes del movimiento anexionista pro norteamericano gestado en Cuba a mediados del siglo xix. Es como si el refrán —por demás muy sabio— que reza “dime con quien andas y te diré quién eres” sellara los análisis. Sencillamente, Joaquin de Aguero fue un ilustre camagueyano que supo morir por sus ideales libertarios. Anexionista? Fue una poderosa corriente del Camaguey de la época, de la cual no escapo el propio Agramonte. Analizar los hechos fuera de su contexto histórico es pura metafisica.

    • Jose Alexander dijo:

      Reynerio, “como si el refrán (…) sellaran los análisis” significa exactamente que fue injustamente considerado anexionista, mas adelante se habla de su vinculo con la Sociedad Libertadora… le sugiero que lea hasta el final.

      Por cierto la autora tiene la mas extensa obra existente a favor de Joaquin de Agüero y se le agradece habernos recordado a todos el bicentenario de su natalicio.

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Elda Cento Gómez

Elda Cento Gómez

Profesora e historiadora camagüeyana. Miembro Correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba. Vicepresidenta primera de la Unión de Historiadores de Cuba. Autora de varios libros, ha recibido, entre otros reconocimientos, el Premio Nacional de Historia en 2015, la Distinción por la Cultura Cubana y el Reconocimiento La Utilidad de la Virtud.

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