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La innovación y las ideas revolucionarias

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Las ideas genuinamente revolucionarias no pueden estar nunca en contradicción con los nuevos conocimientos y la innovación. Caricatura: ARES.

Dentro de los tantos temas comentados en estos espacios acerca de la ciencia, la tecnología y la innovación, algunos han provocado interesantes polémicas de muy diferentes matices, muy enriquecedoras. Por lo menos en dos de ellos han aparecido también llamativos comentarios de lectores cuestionando la condición política de algunas innovaciones de los tiempos que corren, y hasta criticando la alineación con ellos del autor y del órgano que los publica. En particular se han referido a la manipulación genética de los cultivos y a las tecnologías informáticas para el transporte personalizado.

En ambos casos, al igual que en todos los demás, el material original del artículo publicado había pretendido ser explicativo del contenido científico y tecnológico de la innovación referida, sin matiz ideológico alguno. Sin embargo los comentarios negativos han lamentado como que se hiciera un alineamiento político favorable a adelantos que algunos critican desde posiciones denominadamente revolucionarias y de izquierda. La agrobiotecnología de los transgénicos se ha pretendido contraponer con la agroecología. La primera como que está al servicio de los explotadores, devastadores del medio ambiente, y la segunda humanista, ecologista y revolucionaria. La tecnología de la empresa Uber y sus análogas se ha catalogado como ilegal, burladora del fisco, enemiga de los intereses de los trabajadores del gremio y representante del neoliberalismo.

Las argumentaciones que hemos aportado en todos los casos pretendieron demostrar que las verdades científicas y las tecnologías que han sido publicadas, probadas y aceptadas universalmente, son utilizables por todos. Es parte de la realidad objetiva, no de nuestras creencias o ideologías. La existencia del globo terráqueo que habitamos en este universo no tiene matiz ideológico alguno. Es una verdad aceptada, comprobable y comprobada por muchos hace mucho tiempo. Sin embargo, cuando alguna corriente ideológica estableció dogmas arbitrarios, sobre la base de la opinión de alguien y no de las evidencias, y los hizo de obligada aceptación, hasta esa verdad fue considerada como una herejía. Los ejemplos negativos de la conversión de ideas esencialmente positivas en dogmas conservadores sobran en la historia, desgraciadamente, y muchos casos han sido citados anteriormente.

La ideología y los propósitos tanto virtuosos como malévolos para la condición humana la aportan los utilizadores de la verdad científica y de los adelantos tecnológicos. Estos esencialmente no tienen, ni pueden tener contenidos ideológicos. La ideología pertenece a nuestras consideraciones, opiniones, creencias, fe, convicciones personales. Es inadmisible que un avance como puede ser una base tecnológica diseñada para mejorar u optimizar la solución de necesidades de las personas, sea calificado de explotador de los trabajadores.

F.W. Taylor fue un ingeniero mecánico estadounidense que vivió entre 1856 y 1915 y que se dedicó a diseñar métodos para optimizar la eficiencia productiva en las industrias. Resumió sus técnicas en el libro “Los principios de la dirección científica”, publicado en 1911. Entre otras cosas, sus ideas reemplazaron el voluntarismo en la dirección de la producción por el estudio científico de las tareas. También introdujo la selección y entrenamiento de la fuerza de trabajo de forma programada, estableció la necesidad de instruir y supervisar detalladamente a cada trabajador para la realización del trabajo que le correspondiera en el sistema productivo y estableció el papel de la gestión de dirección de la producción en correspondencia con la capacidad de la fuerza de trabajo, otorgando el lugar más adecuado a cada uno. En aquel entonces, la gestión de la producción así establecida fue severamente criticada por muchas organizaciones obreras que con razón argumentaban que se estaba perfeccionando la forma en la que el capitalismo les alienaba la plusvalía.

En su momento, un político tan ideológico como el propio Lenin se refirió a los métodos de Taylor. En un famoso artículo de 1914, tres años antes de la toma del poder por los bolcheviques en Rusia, escribía:

“El capitalismo no puede permanecer parado ni un solo instante. Debe avanzar y avanzar. La competencia, que se agudiza sobre todo en época de crisis, como la que estamos sufriendo, le obliga a inventar nuevos y nuevos medios de abaratar la producción. Pero la dominación del capital convierte todos esos medios en instrumentos de opresión, cada vez mayor, del obrero.

El taylorismo es uno de esos medios.”

Y terminaba:

“El taylorismo, sin que lo quieran sus autores y contra la voluntad de éstos, aproxima el tiempo en que el proletariado tomará en sus manos toda la producción social y designará sus propias comisiones, comisiones obreras, para distribuir y ordenar acertadamente todo el trabajo social. La gran producción, las máquinas, los ferrocarriles, los teléfonos, todo eso ofrece innumerables posibilidades de reducir cuatro veces el tiempo de trabajo de los obreros organizados, asegurándoles un bienestar cuatro veces mayor que el de hoy.

Y las comisiones obreras, con el concurso de los sindicatos obreros, sabrán aplicar estos principios de distribución sensata del trabajo social cuando éste se vea libre de la esclavización por el capital.”[1]

Los revolucionarios reconocen el uso que se puede hacer de cualquier adelanto para incrementar la explotación. Pero no se pueden rechazar, sino que es preciso apropiarse de los adelantos. El “taylorismo”, las máquinas, los ferrocarriles, los teléfonos, lo que hoy sería la organización sistémica de la producción y los servicios, el uso de las nano y biotecnologías, la internet, la informatización, los teléfonos inteligentes, los vehículos sin conductor, deben ser utilizados, promovidos y creados por los revolucionarios verdaderos. Se ponen al servicio, como dice Lenin, de asegurar el bienestar. Las ideas genuinamente revolucionarias no pueden estar nunca en contradicción con los nuevos conocimientos y la innovación. Si lo estuvieran, ya no serían revolucionarias.

Baltimore, 6 de octubre de 2016

Nota

[1] V.I. Lenin, “El Sistema Taylor: Esclavización del hombre por la máquina”, Put Pravdi, n. 35, 13 de marzo de 1914, según V.I. Lenin, “Obras Completas”, v. XXI, p. 52 – 54, Akal Editor, Madrid, 1977.

Se han publicado 12 comentarios



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  • Caridad María Alvarez dijo:

    Muy buen artículo. Querramos o no en el mundo hay sólo átomos y opiniones.Cualquier intento de detener el desarrollo científico y tecnológico sobre la base de situarlos en una u otra posición ideológica sólo conduce al estancamiento que inevitablemente es derrotado después, pasó con las teorías de la evolución y después con la discusión hombre máquina computadora cuando no se quisieron aceptar las evidencias hasta que no se produjera una interpretación ideológica. Saludos a Luis Montero, pero me gustaría que hablara sobre las máquinas moleculares y los nuevos Nobel de química.

  • Ballack HG dijo:

    Eppur si muove…

  • HECTOR Y EL HERMANO dijo:

    Escribir es un ejercicio de alto riesgo, lo es mucho más en esta era de internet. Es aun más atrevido y valiente hacerlo como lo hace usted con una frecuencia semanal combinando temas tan diversos entre sí a la vez, todos vinculados a la innovación y/o el desarrollo científico. Este empeño suyo Doctor en lo personal lo apruebo totalmente, solo le señalo como punto débil a sus artículos, que no logra colocar sus buenas ideas y reflexiones en un claro contexto, queda algo ambiguo y disperso la relación de sus reflexiones con nuestra realidad, y es ese el punto en mi apreciación que genera más polémica.
    Un profesional en sentido general y en particular en la comunicación, necesita conocerse si o si afondo, porque si no lo hace sus saboteadores, ego, y creencias limitantes se encargaran de crearles más obstáculos y amenazas que beneficios. Este artículo de hoy para mí no necesario denota una posición defensiva, como si escasearan los argumentos, cuando en realidad podía hacerse desde otra posición, aportando nuevos argumentos e ideas que defiendan su punto de vista.
    Si defendemos nuestro proyecto social y somos consientes que antes de hacer ciencia, cultura e ideología hay que cubrir las necesidades fundamentales de ser humano, y con un mínimo de cultura financiera , podríamos entender con claridad que nuestro país requiere crecimientos en su PIB por encima del 6 % como promedio cada año para que se puedan reflejar sustanciales beneficios en la economía domestica, en la mesa del cubano, si los crecimientos de los últimos cinco años no han superado el 3% , debemos preguntarnos cuales son las soluciones o los argumentos que debemos proponer con inmediatez para hacer saltar nuestra economía con urgencia, es de vida o muerte, las soluciones en el corto plazo están en el capital humano que poseemos con mucha ciencia e innovación pero dirigidos y enfocados hacia lo principal, como única alternativa para salvar toda la justicia social alcanzada.

  • Andrés dijo:

    Entiendo y, esencialmente, comparto su punto Dr. Montero. Sin embargo discrepo, incluso profunda, aunque siempre respetuosamente, con el matiz bajo el cual lo ilustra. En mi opinión, emplea una concepción demasiado instrumental de la tecnología.

    Repito lo que he dicho en otros debates sobre el tema: como economista dedicado a los asuntos de la innovación soy un defensor absoluto del uso amplio de la tecnología. Ciertamente, los avances en el conocimiento y en el desarrollo tecnológico no deben ser coartados por voluntades exclusivamente ideológicas. La lista de científicos y tecnólogos víctimas de semejante actitud es amplia, incluso en la historia moderna. No sin razón el Che defendía la introducción de la mejor tecnología, viniera de donde viniera. Y es que la innovación (tecnológica y organizacional) es casi el único camino para elevar la productividad en una economía, lo cual crea las bases para el aumento de los ingresos reales y para el advenimiento de la prosperidad. Sin embargo, el hecho de que, en la práctica, el empleo de nuevas tecnologías siempre esté asociado a la utilización que se le dé por parte de actores sociales, políticos y económicos concretos nos obliga a analizar este tipo de asuntos desde una óptica multidisciplinaria. Es algo que usted ha mencionado en sus más recientes artículos Dr.

    En primer lugar, cuando hablamos de tecnología no podemos referirnos exclusivamente al artefacto (o al servicio) en sí, sino a sus implicaciones prácticas, siempre tomando en cuenta la evidencia disponible. Y de acuerdo a esta evidencia, existen muchas razones para reaccionar con escepticismo respecto a las tecnologías que usted ha resaltado últimamente. Pero, independientemente del hecho de que existen neo-luditas por ahí, este escepticismo no constituye necesariamente, Dr., como un rechazo a la tecnología, sino un llamado de atención sobre su carácter multicausal.

    En segundo lugar, opino que el hecho de que la tecnología puede ser usada, favorable o desfavorablemente, por diferentes actores sociales es sólo una parte (la más obvia diría yo) del asunto. La otra parte, y donde difiero con usted sustancialmente, radica en el hecho de que la tecnología en sí misma tampoco debe ser tomada como un ente neutral, pues su creación enfatiza ciertos valores por sobre otros. Esto no devalúa la aplicación práctica de una tecnología en otros contextos, pero si deja claro que su introducción en un contexto diferente del original requiere otras innovaciones y adaptaciones. No solamente, o necesariamente, éticas, sino técnicas. Existen actualmente campos de estudio establecido dedicados a debatir sobre esta temática desde una perspectiva menos unicausal y más holística (por ejem. Science, technology and society o science and technology studies).

    Es cierto que, bajo circunstancias ideales, la tecnología puede ser interpretada como ente físico o proceso que ha sido diseñado para un fin determinado, y que es políticamente neutral. Pero en la práctica, la funcionalidad y objetivos con que una determinada tecnología se diseña no son neutrales. Las necesidades a satisfacer por la tecnología casi nunca vienen de quién la consume, sino que son los mismos tecnólogos los que parten de un criterio social general para funcionalizar determinado artefacto. Durante este proceso existen variadas consideraciones a tomar en cuenta que dependen en gran medida de la visión y preferencia del tecnólogo, o empresa, o ingeniero. Por ejemplo eficiencia y ahorro de materiales fueron paradigmas durante una época, pero al cambiar la época aspectos como la sostenibilidad, la seguridad y la diversidad se han convertido en aspectos importantes del diseño tecnológico.

    El aspecto la diversidad, para referirme a uno de los más controvertidos, es muy interesante precisamente porque nadie solía asociar cuestiones como el género, la raza o la clase con cuestiones como el diseño y la finalidad de un artefacto tecnológico. Sin embargo, la evidencia muestra que estas cosas están muy vinculadas. Ahí están, por citar un ejemplo conocido, la historia de las lavadoras como caso de género. Hoy se sabe que, a pesar de haber representado un ahorro considerable de tiempo, las nociones tradicionales sobre la familia y el rol de la mujer fueron determinantes en la dirección que tomó la industria durante el siglo XX. Antes de que se vendieran lavadoras privadas existía el negocio de lavado comunal. Todos los esfuerzos, sin embargo, se dirigieron a reconvertir la industria hacia el primero, a pesar de ser una alternativa más cara desde el punto de vista social y ecológicamente cuestionable. Esto va más allá de la lavadora (ver trabajos de la Dra. Ellen Lupton).

    Respecto a la raza, podríamos citar el reciente ejemplo de una webcam de reconocimiento facial diseñada por Hewlett-Packard, el cual no reconocía los movimientos en el rostro de negros. O el caso (risible de no ser tan triste) de un dispensador automático de jabón, fabricado por la firma británica Technical Concepts, que no reconocía el pigmento. O quizás el escándalo con el videojuego Xbox Kinect, creado por Microsoft, que no reconocía los rostros de jugadores negros, o los escándalos de Google Photos, Flickr, etc. En todos los casos la tecnología falló repetida y consistentemente, y sus fabricantes reconocieron, de forma más o menos tácita y disimulada, que las tecnologías habían sido diseñadas sin tomar en cuenta la diversidad de actores que debía servir.

    La llamada “sharing”, “gig” o “access economy”, en la que se incluyen los casos de Uber, AirBnB, carsharing, etc son también el resultado de un determinado tipo de contexto. Entre los aspectos extra-técnicos más reconocidos que han determinado el surgimiento y éxito de estos modelos de gestión, y bien documentados en la literatura académica y en la prensa, están el declive de las condiciones de empleo estable y el retroceso del estado de bienestar, dos características inherentes al neoliberalismo de los últimos 30 años. Y es cierto, el éxito de este modelo se debe en gran parte a que muchos están buscando la forma de suplir la pérdida de ingreso real causada por la era neoliberal. Esto se hace monetizando los recursos personales que tienen (casa, auto, etc) de forma creativa, pero precaria (salarios por debajo del salario mínimo, ausencia de contrato estable, falta de seguro médico, etc). El modelo, en realidad, toma el mundo de la flexibilización laboral y del retroceso del estado como un escenario normal, cuando en realidad, como la evidencia demuestra, son signos claros de estancamiento económico y de retroceso social.

    ¿Son todas estas tecnologías y modelos desechables? Naturalmente no. ¿Están basados en “verdades universales irrefutables”? Tampoco. Entonces no se les puede citar acríticamente. La verdad científica es una que siempre está en construcción. Es falible y refutable. La ciencia nos va mostrando el camino, pero los científicos no tienen una patente de corso, pues, afortunadamente, no son sacerdotes ungidos. Parte del conocimiento científico que producen es objetivo, y las tecnologías que de ahí salen cumplen una función insoslayable. Pero los científicos y tecnólogos son seres humanos, y los artefactos que diseñan, crean o inventan cargan también con parte de sus valores. El punto de todo esto es que nunca existe una sola solución para un problema, una sola tecnología y una única “verdad universal” en términos tecnológicos. Se acepta una por muchas razones extra-técnicas. De hecho, la historia muestra que casi siempre existen sistemas tecnológicos simultáneos que compiten por convertirse en estándar. Y no siempre gana el más eficiente.

    En economía de la innovación existe un concepto llamado “path dependency” (algo así como dependencia de trayectoria) que precisamente se ocupa de explicar los procesos de adopción tecnológica y de evolución industrial. Básicamente, se dice que cuando se adquiere una tecnología, y esta se convierte en estándar, entonces todas las decisiones que vengan detrás dependerán en gran medida de este primer paso, aunque después resulte que la tecnología adquirida no sea la mejor. Cuando esto sucede no quiere decir que es algo irrevocable, pero cambiarlo es sumamente costoso y complejo. Así ocurrió con los automóviles eléctricos, los cuales surgieron al mismo tiempo que los de combustión interna, así puede haber sucedido con los tranvías (su artículo anterior hace referencia a esto) los cuales fueron sacados de circulación por consideraciones extra-técnicas, así sucedió con la agroecología, la cual existe desde el tiempo de la explosión de la agricultura convencional, así sucedió con los formatos de video (VHS se consideraba de peor calidad que Betamax), así sucedió con muchas tecnologías renovables, que existían incluso desde antes de la explotación de la tecnologías basadas en combustibles fósiles, así sucedió con los teclados de computadoras (el teclado QWERTY es en realidad más difícil de usar que el Dvorak y sin embargo el primero es el estándar), y así sucesivamente con un largo etc.

    Las alternativas no se deben ver solamente como una contrapropuesta ideológica, sino también técnica. Toman en cuenta otros elementos y otros puntos de vista. Cuando se habla de alternativas, Dr., como la agroecología, hay que tomar todo esto en cuenta. ¿Existe una ideología detrás? Probablemente. Pero es común a todas las tecnologías (aunque no lo reconozcamos), pues existe una ideología de la funcionalidad.

    Si estas cosas no se pueden debatir de modo crítico, democrático y multidisciplinario, entonces estamos tácitamente aceptando que los cuerpos más poderosos de la sociedad se apropien del conocimiento especializado y lo co-opten, no siempre por una razón más eficiente. Peor, estamos tácitamente aceptando las condiciones actuales como inamovibles, lo cual puede traer en el largo plazo consecuencias desastrosas. Ahí está el reporte de la OECD del 2015, donde se hace un análisis claro y extenso de las economías más industrializadas durante los últimos 15 años. La evidencia dice que, a pesar de haber sido un período caracterizado por incesantes innovaciones tecnológicas y organizacionales, la productividad (medida como PIB por hora) ha decrecido notablemente. Esto ocurre de forma marcada en los Estados Unidos, el centro de la mayor parte de todas las grandes innovaciones del período IT o “new economy”.

    No todo lo que brilla es oro. Nunca ha existido una sola solución para un problema. Y son las tendencias sociales y políticas las que determinan muchas veces los aspectos en los cuales los tecnólogos hacen más énfasis en sus invenciones. Entender esto tiene no solamente implicaciones éticas, sino, como podemos ver por los datos de la OECD, también profundamente económicas.

    • Andrés dijo:

      Me disculpo por las breves, pero exasperantes, erratas. Fueron resultado de la premura y del agotamiento. Cualquier aclaración, estoy a disposición.

    • Luis A. Montero Cabrera dijo:

      Muchas gracias por el acostumbradamente enjundioso comentario. Evidentemente, los patrones de pensamiento de las ciencias físicas me llevan a conclusiones diferentes: independientemente de quienes, para que, con que fines y provechos esperados desarrollan una tecnología u obtienen un nuevo conocimiento su información descriptiva esencial no puede responder a ideología alguna, si está realmente validada siguiendo las reglas de la ciencia contemporánea. El utilizador de tales conocimientos científicos o tecnologías también lo puede hacer con propósitos guiados por su ideología o intereses. Pero ni el conocimiento científico esencial ni la tecnología generada acerca de ellos pueden clasificarse dentro de la ideología de sus creadores o a la de sus utilizadores. Y si esta afirmación fuera muy riesgosa, es preferible seguirla y equivocarse con ella a que se asocie un avance tecnológico determinado con una tendencia política. Esto ha tenido siempre consecuencias catastróficas para el progreso y el bienestar de las personas.

      • Andrés dijo:

        Muchas gracias por el ánimo de debate, y por su opinión Prof. Coincido con usted en que el conocimiento científico que sirve de base al funcionamiento de la tecnología es objetivo y concreto. Pero, abriendo un breve paréntesis en la discusión, eso no quiere decir que todo el conocimiento que procede de los científicos sea objetivo. Si así fuera, entonces el debate entre científicos no tuviera sentido. Este debate tiene sentido pues se sabe que muchas veces el conocimiento debe ser corregido, y a veces incluso desechado por mejores explicaciones. Cerrando el paréntesis. Tampoco significa que todo lo que haya detrás de la tecnología sea objetivo. No por lo que los ideólogos políticos hacen con ella (ese punto es demasiado obvio como para discutirlo) sino por la visión del mundo (ideología) de los propios tecnólogos. Y ahí entramos, en mi opinión, en la discusión de peso sobre la tecnología.

        Otra vez, no se cuestiona la objetividad del conocimiento científico detrás del mecanismo y la funcionalidad de la tecnología, sino diseño de esa funcionalidad. El principio de funcionamiento detrás de la webcam de Hewlett-Packard es objetivo e incuestionable. También es obvia la función que está llamada a cumplir. Pero evidentemente los que lo diseñaron asumieron, quizás de forma accidental e inconsciente, que todos los que iban a consumir la tecnología eran blancos, y eso es un error de génesis básicamente ideológica. Es precisamente por esa razón que, en mi opinión, es importante enmarcar el debate sobre el diseño de la tecnología dentro de un marco más amplio. Esto no se refiere a someterlos a un tribunal político o algo por el estilo (mi comentario anterior deja clara mi postura respecto a este asunto), pero si a uno multidisciplinario

        ¿Es esto demonizar a la webcam? Para nada. Mi punto de partida es que necesitamos estas tecnologías, pues la función que cumplen es importante para nosotros. Pero su asimilación no puede ocurrir de forma acrítica. Lo más probable es que la tecnología necesite rediseño, e innovación propia, que trate de paliar los “déficit filosóficos” que subyacen a la técnica. Es una cuestión absolutamente técnica si aceptamos que la discusión en torno este tema necesita ir más allá del asunto netamente vinculado a las ciencias naturales. Si tomamos lo “científico” como lo vinculado exclusivamente a las ciencias naturales, entonces la tecnología siempre será perfecta. ¿Pero que hay del resto de los principios y aristas que determinan el diseño de un producto industrial?

        Una tecnología puede ser impecable en su funcionalidad desde el punto de vista de los principios físicos y químicos que la subyacen (casi siempre es el caso), y puede tener al mismo tiempo profundos déficit desde otros puntos de vista. Esto no tiene nada que ver con una caza de brujas, sino que son temas que son incluso parte integrante de materias estándar como el diseño industrial, las ciencias ergonómicas, los “human-computer interaction studies” o los ya mencionados “science and technology studies (STS)”. Hace un buen rato ya que la génesis del diseño tecnológico se estudia y se analiza, incluso en las empresas, desde todos los puntos de vista posibles. Ciencia es física, pero también los son psicología social y cognitiva, etnografía, ciencias de la comunicación, lingüística, etc. Los avances en todos estos aspectos han permitido una visión mucho más realista de estas cosas y han contribuido, entre muchísimos otros ejemplos, al desarrollo de tecnologías que incluyen las necesidades de personas con impedimentos físicos. La computadora para ciegos es un ejemplo, y se llenarían océanos de cuartillas si los citáramos todos. No solo representaron verdaderos avances en términos humanos y tecnológicos, sino que han contribuido a introducir en el mercado a millones de personas que antes eran considerados, por motivos ideológicos de los tecnólogos, automáticamente fuera de él.

        Prof, no podemos decir que el conocimiento detrás de una tecnología es completo y universal mientras sólo consideremos una sola parte de las ciencias involucradas en esta. Mientras más racionalmente analicemos no una, sino todas las aristas posibles detrás de este asunto, más científico será nuestro entendimiento respecto al mismo. Necesitamos más ciencia, pero no sólo las naturales. En otras palabras, mi llamado no es a hacer la discusión sobre la tecnología más ideológica, sino precisamente todo lo contrario.

  • Lalito dijo:

    Qué bueno que usted haya escrito este comentario en medio de tantos que satanizan internet y tratan de demostrar que es sólo un escenario de batalla política, es cierto que es eso, pero es muchísimo más tambien, es mayoritariamente más porque es una fuente de conocimientos que contribuye decisivamente al progreso de cualquier sociedad.

  • jpuentes dijo:

    Estoy de acuerdo con “HECTOR Y EL HERMANO”. Dr. Montero: apruebo sus articulos sobre Ciencia, Tecnología e Innovación. No dejan de informar y promulgar conocimiento. Pero un articulista promovido por un medio que tampoco deja de formular temas de cualquier indole, no debe alejarse del contexto y de la realidad socio-politica y cultural en donde propone realizar esas innovaciones y hacer esa ciencia. Los procesos cientificos-tecnicos estarán siempre embedidos con los demas procesos que conforman una nación: ideologia, sociedad y cultura. Desligarlos sería no tener en cuenta el pensamiento holistico que, en mi opinión, tanta falta le hacen a la aplicación de la ciencia. Es la cultura la que hace posible los cambios y es a la vez la barrera mas grande que puede tener. Una sociedad no solo se administra con ceros y unos, como se hace en un gran centro de datos. Es posible que usted haya querido promulgar ideas, pero las ideas no se pueden separar de la cultura. Lo que tratan de decirle es que estas ideas pueden tener también logicas consecuencias, influenciadas precisamente por el contexto historico. Pero nada mas. El medio donde usted escribe coadyuva a estos pronuciamientos: reaccionarían igual si usted escribiera en una revista especializada o de ciencia y tecnología?. Pero la otra pregunta sería: tendría el impacto esperado?. Hasta donde yo sé la cultura tampoco puede separarse de las idelologias. No deje usted de seguir promoviendo y promulgando ideas, también se recogeran de ellas lo bueno que tienen y su labor motivará, al menos a pensar a los que toman las decisiones: para algo mas se necesitan estos temas.

  • Alejandro dijo:

    Dr. Luis muy buen artículo, de los mejores que he visto. Completamente deacuerdo con usted. La ciencia y la tecnología son en esencia apolíticas. La dinamita que mata también es la que abre un tunel, por lo tanto todo en principio es bueno, el malo es el hombre que le da usos inadecuados a la tecnología y la ciencia.

  • Gilliath dijo:

    Muy buen artículo profesor. ¿Estará respondiendo ustes por esta vía a algunos detractores? Sigo semanalmente sus artículos y me he percatado que no todos los comentarios que constan en su columna comulgan con sus opiniones personales. Creo que el artículo de los transgénicos fue uno de los más polémicos, incluso en este de hoy lo vuelve a mencionar.
    Aunque sus comentarios son fuertes, sinceros y deshinibidos creo que podrían ir más allá, debe tomar más partido en cada tema que propone y plantear las bases y fundamentos que sustentan su opinión. O quizás no, quizás soy yo un tanto contestatario.

  • Raudel dijo:

    Miedo al cambio está presente en todos y en todos los tiempos, lo nuevo se rechaza, se demoniza, se invocan teorías supuestamente científicas del porque no deben aplicarse, se politizan pero al final lo nuevo se impone por encima de todo nadie lo puede frenar porque se llama desarrollo.

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Luis A. Montero Cabrera

Luis A. Montero Cabrera

Es Doctor en Ciencias Químicas y miembro Titular de la Academia de Ciencias de Cuba. Preside la Sociedad Cubana de Química y el Consejo Científico de la Universidad de La Habana.

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