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La innovación y las ideas revolucionarias

Publicado el 08 octubre 2016 en Ciencia y Tecnología,Opinión
Publicado por: Cubadebate

 

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Las ideas genuinamente revolucionarias no pueden estar nunca en contradicción con los nuevos conocimientos y la innovación. Caricatura: ARES.

Dentro de los tantos temas comentados en estos espacios acerca de la ciencia, la tecnología y la innovación, algunos han provocado interesantes polémicas de muy diferentes matices, muy enriquecedoras. Por lo menos en dos de ellos han aparecido también llamativos comentarios de lectores cuestionando la condición política de algunas innovaciones de los tiempos que corren, y hasta criticando la alineación con ellos del autor y del órgano que los publica. En particular se han referido a la manipulación genética de los cultivos y a las tecnologías informáticas para el transporte personalizado.

En ambos casos, al igual que en todos los demás, el material original del artículo publicado había pretendido ser explicativo del contenido científico y tecnológico de la innovación referida, sin matiz ideológico alguno. Sin embargo los comentarios negativos han lamentado como que se hiciera un alineamiento político favorable a adelantos que algunos critican desde posiciones denominadamente revolucionarias y de izquierda. La agrobiotecnología de los transgénicos se ha pretendido contraponer con la agroecología. La primera como que está al servicio de los explotadores, devastadores del medio ambiente, y la segunda humanista, ecologista y revolucionaria. La tecnología de la empresa Uber y sus análogas se ha catalogado como ilegal, burladora del fisco, enemiga de los intereses de los trabajadores del gremio y representante del neoliberalismo.

Las argumentaciones que hemos aportado en todos los casos pretendieron demostrar que las verdades científicas y las tecnologías que han sido publicadas, probadas y aceptadas universalmente, son utilizables por todos. Es parte de la realidad objetiva, no de nuestras creencias o ideologías. La existencia del globo terráqueo que habitamos en este universo no tiene matiz ideológico alguno. Es una verdad aceptada, comprobable y comprobada por muchos hace mucho tiempo. Sin embargo, cuando alguna corriente ideológica estableció dogmas arbitrarios, sobre la base de la opinión de alguien y no de las evidencias, y los hizo de obligada aceptación, hasta esa verdad fue considerada como una herejía. Los ejemplos negativos de la conversión de ideas esencialmente positivas en dogmas conservadores sobran en la historia, desgraciadamente, y muchos casos han sido citados anteriormente.

La ideología y los propósitos tanto virtuosos como malévolos para la condición humana la aportan los utilizadores de la verdad científica y de los adelantos tecnológicos. Estos esencialmente no tienen, ni pueden tener contenidos ideológicos. La ideología pertenece a nuestras consideraciones, opiniones, creencias, fe, convicciones personales. Es inadmisible que un avance como puede ser una base tecnológica diseñada para mejorar u optimizar la solución de necesidades de las personas, sea calificado de explotador de los trabajadores.

F.W. Taylor fue un ingeniero mecánico estadounidense que vivió entre 1856 y 1915 y que se dedicó a diseñar métodos para optimizar la eficiencia productiva en las industrias. Resumió sus técnicas en el libro “Los principios de la dirección científica”, publicado en 1911. Entre otras cosas, sus ideas reemplazaron el voluntarismo en la dirección de la producción por el estudio científico de las tareas. También introdujo la selección y entrenamiento de la fuerza de trabajo de forma programada, estableció la necesidad de instruir y supervisar detalladamente a cada trabajador para la realización del trabajo que le correspondiera en el sistema productivo y estableció el papel de la gestión de dirección de la producción en correspondencia con la capacidad de la fuerza de trabajo, otorgando el lugar más adecuado a cada uno. En aquel entonces, la gestión de la producción así establecida fue severamente criticada por muchas organizaciones obreras que con razón argumentaban que se estaba perfeccionando la forma en la que el capitalismo les alienaba la plusvalía.

En su momento, un político tan ideológico como el propio Lenin se refirió a los métodos de Taylor. En un famoso artículo de 1914, tres años antes de la toma del poder por los bolcheviques en Rusia, escribía:

“El capitalismo no puede permanecer parado ni un solo instante. Debe avanzar y avanzar. La competencia, que se agudiza sobre todo en época de crisis, como la que estamos sufriendo, le obliga a inventar nuevos y nuevos medios de abaratar la producción. Pero la dominación del capital convierte todos esos medios en instrumentos de opresión, cada vez mayor, del obrero.

El taylorismo es uno de esos medios.”

Y terminaba:

“El taylorismo, sin que lo quieran sus autores y contra la voluntad de éstos, aproxima el tiempo en que el proletariado tomará en sus manos toda la producción social y designará sus propias comisiones, comisiones obreras, para distribuir y ordenar acertadamente todo el trabajo social. La gran producción, las máquinas, los ferrocarriles, los teléfonos, todo eso ofrece innumerables posibilidades de reducir cuatro veces el tiempo de trabajo de los obreros organizados, asegurándoles un bienestar cuatro veces mayor que el de hoy.

Y las comisiones obreras, con el concurso de los sindicatos obreros, sabrán aplicar estos principios de distribución sensata del trabajo social cuando éste se vea libre de la esclavización por el capital.”[1]

Los revolucionarios reconocen el uso que se puede hacer de cualquier adelanto para incrementar la explotación. Pero no se pueden rechazar, sino que es preciso apropiarse de los adelantos. El “taylorismo”, las máquinas, los ferrocarriles, los teléfonos, lo que hoy sería la organización sistémica de la producción y los servicios, el uso de las nano y biotecnologías, la internet, la informatización, los teléfonos inteligentes, los vehículos sin conductor, deben ser utilizados, promovidos y creados por los revolucionarios verdaderos. Se ponen al servicio, como dice Lenin, de asegurar el bienestar. Las ideas genuinamente revolucionarias no pueden estar nunca en contradicción con los nuevos conocimientos y la innovación. Si lo estuvieran, ya no serían revolucionarias.

Baltimore, 6 de octubre de 2016

Nota

[1] V.I. Lenin, “El Sistema Taylor: Esclavización del hombre por la máquina”, Put Pravdi, n. 35, 13 de marzo de 1914, según V.I. Lenin, “Obras Completas”, v. XXI, p. 52 – 54, Akal Editor, Madrid, 1977.


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