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Sydney 2000: La Freeman, Thorpe, Greene…

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Cathy Freeman en Sydney 2000. Foto: Archivo.

Cathy Freeman en la inauguración de Sydney 2000. Foto: Archivo.

La cosmopolita ciudad y puerto de Australia, capital de Nueva Gales del Sur, está enclavada en una bahía del Océano Pacífico. Es un gran centro industrial y comercial, asentada en una región minera y ganadera, con amplia exportación de lana y cereales. Se destacan dos catedrales, la anglicana y la católica, así como una importante universidad. Con más de cuatro millones de habitantes y una genuina arquitectura alrededor de la bahía.

Para los Juegos de fin de siglo se presentaron siete ciudades candidatas, ulteriormente reducidas a cinco, Pekín, Manchester, Berlín, Estambul y Sydney, que optaron a la adjudicación en la 101 Sesión del Comité Olímpico Internacional desarrollada en Montecarlo el 23 de septiembre de 1993. China partió siempre como favorita, dado su gigantesco potencial demográfico y tendencia aperturista al solicitar los Juegos, que de habérsele concedido, hubieran hecho que el gran coloso de Asia se hubiese asomado al talante democrático liberal occidental. Pero una apretada votación que se hubo de tamizar en cuatro vueltas, y en las que en las tres primeras fue vencedora la candidatura asiática, concluyó al fin con éxito de la ciudad de Sydney, que ganó en la final por cuarenta y cinco votos, a cuarenta y tres.

Cuando Cathy Freeman, corredora australiana de 400 metros planos, quien obtendría la medalla de oro, recibió la encomienda de encender el pebetero en los Juegos del 2000, debió sentir una mezcla de alegría y confusión. La habían seleccionado por encima de Dawn Fraser, la gran campeona de natación, que cubriría solo un tramo. La Freeman estaba invicta hacía más de un año, con títulos mundiales en 1997 y 1999. ¿Qué le preocupaba? El color de su piel y la devoción por las tradiciones autóctonas. Amenazó con dar la vuelta al óvalo abrazada a la bandera indígena; no pasó de ahí.

La gran cascada policromática donde la nativa hizo arder la Llama, quedó entre las grandes sorpresas. De entre las aguas brotó el símbolo olímpico, en un país rodeado del preciado líquido. Alarde de moderna tecnología artística. El majestuoso estadio, diseñado para 110 000 personas, el mayor construido para unos Juegos, al costo de 690 millones de dólares, recibió delegaciones de casi 200 países, 10 649 atletas e infinidad de entrenadores, cuyos gastos de estancia y transportación estuvieron a cargo de los organizadores, acogidos en una Villa Olímpica de nuevo tipo.

¿Cuánto se recaudó? ¿Otro récord? Grecia abrió el desfile de los participantes y concluyó con los anfitriones. Pasaban países inmensamente ricos, con cientos de atletas; la mayoría pobres de tres o cuatro. No hubo muchas nuevas marcas.

¿Excepciones?: La natación y las pesas, menos que en otras ediciones. Otro récord mundial lo aportó Holanda en el ciclismo, en los 3 000 metros persecución femenina. Ninguno en atletismo.

Hizo justicia Samaranch, cuando proclamó los Juegos de la XXVII Olimpiada como los mejores. En organización, tecnología y gastos millonarios, Sydney 2000 dejó un precedente. A Grecia, sede de los Juegos del 2004, le quedaría un recurso: la poesía, única forma de alcanzar el infinito.

América Latina y El Caribe continuó el descenso en el medallero: México obtuvo 6 medallas (1-2-3). Bahamas 2 (1 oro y 1 plata). Colombia (1 oro). Brasil 12 (0-6-6). Jamaica 7 (0-4-3). Argentina 4 (0-2-2). Trinidad y Tobago 2 (0-1-1). Uruguay (1 de plata). Costa Rica (0-0-2) y Chile (0-0-1). Amplio destaque para la colombiana María Isabel Urrutia, quien se alzó en el levantamiento de pesas, con la primera medalla de oro en la historia de Colombia, un deporte donde ese país se haría potencia mundial. Bahamas se impuso en el relevo 4 x 100.

Un hecho bien recibido sería el desfile conjunto de las dos Coreas, bajo la misma bandera y uniformes, lo que hacía presagiar paz y concordia, que lamentablemente no se han materializado. La velocista norteamericana Marion Jones venció en los 100, 200 y 4 x 400 metros, así como el bronce en los 4 x 100 y salto largo. Después terminaría su carrera a la sombra de las autoridades, un capítulo que abordaremos en otro espacio.

María Mutola, la tenaz rival de Ana Fidelia Quirot años atrás, se convertiría en la primera mozambicana en subir a lo más alto del podio en los 800 metros, en su cuarta participación olímpica, desde Seúl 1988. Alcanzaría todos los títulos del orbe y regionales. Michael Pato Johnson volvió por sus fueros y ganó los 400 sin nuevos récords; primero en repetir. Estados Unidos se impuso nuevamente en el torneo de baloncesto.

El COI tomó medidas ejemplarizantes en cuanto al uso del doping. La gimnasta rumana Andrea Raducan, quien había alcanzado la medalla de oro como máxima acumuladora, sufrió el despojo de la misma por haber recibido de su médico sustancias prohibidas. Una correcta medida que serviría como llamada de alerta.
Cuba en Sydney 2000

La Isla arribó con la mayor delegación a unos Juegos Olímpicos y se ubicó en el noveno lugar, en difíciles condiciones:

1.- Participaron casi 200 países. No faltó ninguno de los poderosos.
El desmembramiento de la antigua URSS y otros países, aumentó la familia olímpica. Algunos son potencias en varios deportes.
2.- La gigantesca comercialización –ajena a la Isla– garantiza que varias transnacionales patrocinen a los atletas élites a tiempo completo, con el más moderno vestuario, instrumentos sofisticados, instalaciones especiales y contratos por promocionar sus productos.
3.- Sydney no era Barcelona. En la Ciudad Condal los cubanos estaban como en casa, con las mismas tradiciones, idioma e identidad cultural. El clima también había favorecido, con menor diferencia de horarios.
4.- Los gobiernos ponen precio a los éxitos de sus deportistas. El color de la medalla determina el monto del premio. De ahí se derivan sobornos, abandono de países de origen –en detrimento del Tercer Mundo, y otros efectos nocivos.

Hubo escépticos, aunque algunos hablaron de diecisiete medallas doradas. Las autoridades no hicieron pronósticos. La última huella era Atlanta 1996, donde se hicieron proezas y se terminó por debajo de Barcelona 1992.

Anier García, campeón de los 110 con vallas en la justa. Foto tomada de sporting-heroes.net.

Anier García, campeón de los 110 con vallas en la justa. Foto tomada de sporting-heroes.net.

Las judocas se coronaron por equipos con 2 de oro (Legna Verdecia y Sibelis Veranes) y 2 de plata. Cuatro boxeadores se titularon: Félix Savón en los 91 (por tercera ocasión), Guillermo Rigondeaux en 54, Mario Kindelán en 60 y Jorge L Guzmán en 75 kilos. El luchador Filiberto Azcuy –estilo grecorromano– repitió la hazaña de Atlanta y se coronó en los 69 kilos. En taekwondo, deporte de combate que debutó en Sydney, Ángel Volodia Matos, logró reponerse de la dolorosa noticia del fallecimiento de la madre y obtuvo el oro. Anier García, con 13,00 sgs se coronó en los 110 con vallas, superando al recordista mundial y campeón de Atlanta 96. Javier Sotomayor, multicampeón y recordista mundial, con 2,32, hizo la hombrada de obtener el segundo lugar, luego de más de un año sin competir, debido a una injusta acusación de dopaje en los Juegos Panamericanos de Winnipeg 1999. Otro título sería para Iván Pedroso, con un salto de 8.55, que merece capítulo aparte.

En los deportes de conjunto se destacó el voleibol femenino. Bajo la dirección de Eugenio George se coronó por tercera vez consecutiva, hecho insólito en el voleibol olímpico. No sucedió lo mismo con el béisbol, también favorito, que cayó contra Estados Unidos por el oro (4 x 0). El manager debió ser Alfonso Urquiola, quien logró clasificar al equipo en los dificilísimos Panamericanos de Winnipeg 1999. Contra todo pronóstico fue nombrado Servio Tulio Borges y Pedo Luis Lazo, preparado para relevar, momentos antes recibió la encomienda de abrir el juego; la excelencia del pitcheo de Ben Sheets, trajo a Cuba la triste noticia.
El lema de los cubanos a Sydney fue Por la Gloria de la Patria. Dan fe las 29 medallas: 11 de oro, 11 de plata y 7 de bronce, para ubicarse en el noveno lugar por países.

Maurice Greene: El Proyectil Negro

Maurice Greene celebra su triunfo en Sydney. Foto tomada de Flickr.

Maurice Greene celebra su triunfo en Sydney. Foto tomada de Flickr.

Conocido como El Proyectil Negro o La Bala de Cañón, fue un prodigio de la velocidad, disciplinado y en contacto con el desarrollo de la ciencia y la técnica al servicio del deporte. En su natal Kansas City no avanzaba y se fue a correr al lado de los grandes, en Los Ángeles, bajo la tutela de John Smith. En él se conjugaban factores difíciles para las pistas. Apenas 1,76 metros de estatura, pero con un desarrollo muscular impresionante. Hoy el somatotipo perfecto del velocista es la mayor cantidad de masa muscular compacta sobre las piernas fortalecidas y un desplazamiento que corte el viento. A tono con la modernidad, si la cabeza está rapada a lo Michael Jordan, mucho mejor. Algunos dicen que el pelo evita un óptimo avance. Todo está calculado. Aquí están los resultados de su brillante carrera:

Desde ese momento, y pese a que ni su estatura ni su corpulencia parecían sobresalientes (1,76 m y 75 Kg.), hizo valer una forma de correr explosiva y espectacular que le catapultó a la fama y le valió el apodo de La Bala de Cañón. Campeón nacional estadounidense de 100 m en 1997, logró su primer éxito internacional en el transcurso del Campeonato del Mundo de Atletismo al aire libre disputado ese mismo año en Atenas (Grecia), cuando obtuvo la medalla de oro en el hectómetro. Un año después ganó esa misma prueba en los Juegos de la Amistad. No obstante, su auténtica consagración se produjo a partir de 1999. Ese año fue de nuevo campeón nacional de Estados Unidos en 100 m, ganó la medalla de oro en la prueba de 60 m del Campeonato del Mundo en pista cubierta de Maebashi (Japón), se convirtió en el hombre más rápido de la historia tras batir el récord del mundo de 100 m (con una plusmarca de 9,79 s, lograda el 16 de junio de ese año, que se mantuvo como tal hasta el 14 de septiembre de 2002, cuando su compatriota Tim Montgomery la rebajó a 9,78 s) y consiguió tres medallas de oro (en 100 m, 200 m y relevos 4×100) en el Campeonato del Mundo de Atletismo al aire libre celebrado en la ciudad española de Sevilla. Un año más tarde, en el transcurso de los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, obtuvo dos nuevas medallas de oro (en 100 m y como integrante del equipo estadounidense de relevos 4×100 metros), y en 2001, esta vez en Edmonton (Canadá), se proclamó por tercera vez campeón del mundo al aire libre en 100 metros.

Trabajó duro para la forma óptima, codeándose con la crema y nata del atletismo mundial: Carl Lewis, el trinitario Ato Boldon, Donovan Bailey; Michael Johnson (en los 200), Bruni Surin y otros. No era favorito en 1997 para el Mundial. Sin preocuparse demasiado fijó el crono en 9,86 y ganó el título del orbe, relegando al canadiense –de origen jamaicano– Donovan Bailey. Maurice Greene supo que estaba en la vanguardia, pero tenía otras metas: coronarse campeón olímpico y destrozar el récord de 9,84 implantado por Bailey en 1996.

El 16 de junio de 1999, previo al mundial, rompió el récord con extraordinario 9,79, un registro que había logrado –jugando sucio– Ben Johnson en Seúl 1988. Fue al Mundial de Sevilla a revalidar el título y atacar el récord. El 22 de agosto de 1999 cronometró 9,80, segunda mejor marca de la historia, superada por él mismo.

Sydney fue una gran cosa para Maurice Greene. Con una arrancada perfecta –algunos la consideran superior a la de Lewis– y su estilo sui géneris, mezcla norteamericana y europea, paseó la distancia. Ganó lo que más anheló: el campeonato olímpico. Días después obtuvo otro oro en el relevo 4 por 100, que cerró como campeón. Aunque también era el favorito, no compitió en los 200.

La natación supersónica de Sydney

Ian Thrope obtiene el oro en los 400 metros estilo libre.

Ian Thrope obtiene el oro en los 400 metros estilo libre. Foto: Couriermail.

El torneo de natación es de los más seguidos. En estos Juegos se presentaron 961 nadadores de 137 países. Cuando se implantaron doce récords mundiales, los especialistas comenzaron a hablar de piscinas rápidas, condiciones excepcionales, etc. Los detractores aludieron a los estimulantes. Quedó esta duda. ¿Por qué unos tan veloces y otros tan lentos? Si la piscina era “muy rápida” todos debieron mejorar los resultados.

En la natación olímpica se compite –hombres y mujeres– con la tradicional vestimenta, el short más o menos corto o una trusa para los varones; las féminas cubren más el cuerpo. En Sydney se vieron trajes ajustados a la piel, de material sintético, que cuestan muy caros. El traje puede ser excelente, pero son determinantes la calidad y la preparación físico-psíquica. Ni la trusa ajustada, ni el traje novedoso, ni la cabeza rapada rompen los récords mundiales y olímpicos.
Al torneo llegó Ian Thorpe, un australiano de diecisiete años de edad, espigado, fuerte, a quien seguían las cámaras. Poseía los récords mundiales en 200 y 400 estilo libre. Entró al agua como un bólido, primero que nadie en eliminatorias y ganó dos medallas de oro (400 y 4 x 400 libres), así como una de plata (200 libres). Siempre sonriente, debió dolerle más la plata de los 200 que la euforia por el oro en los 400. Le hicieron creer invencible, cual Weismuller o Mark Spitz, aquel que con melena, bigote y trusa ajustada implantó siete récords mundiales y olímpicos en Munich 1972. Antes de los Juegos, el recordado periodista Francisco Mastrascusa se refirió a El Torpedo:

Entre los 961 nadadores de 137 países, cifra sin precedentes en la historia de este deporte en Juegos Olímpicos, veremos competir en Sydney a un joven de 17 años a quien muchos llaman El Torpedo. Se trata del australiano Ian Torpe, favorito para agenciarse, como mínimo tres medallas de oro. Con estatura de 1,83 metros y 95 kilogramos de peso, exhibe fuerza en el movimiento de piernas y sus brazadas cubren un buen tramo. Es muy hábil para explotar sus condiciones físicas que lo han conducido a poseer los registros mundiales en 200 y 400 metros libres, donde saldrá como favorito en los cercanos Juegos Olímpicos. Competirá, además de las pruebas mencionadas, en la posta de 800 metros libres, donde los australianos tienen grandes opciones de vencer, así como en el relevo de 4 por 400 en el mismo estilo, especialidad en la que Estados Unidos es el favorito.

Pero también triunfó un joven de nacionalidad holandesa. Su nombre es difícil para el castellano, Pieter van den Hoogenband, a quien llamaban simplemente Hoogie, que sería el héroe de las piscinas. Se impuso en los 100 y 200 estilo libre y, además, fue el primero en bajar de los 48 segundos en los 100 metros; un registro excepcional. Recordemos que Johnny Weissmuller en 1924, había asombrado al mundo cuando bajó del minuto. Ahora Hoogie recorrió el trayecto en 47,84.

Thorpe vs Hoogie. Sonó el disparo, hombres al agua. Competencia rápida, arrancaron parejos; tremenda algarabía. Todos –excepto los holandeses– apoyaban a Thorpe, el recordista mundial; llegaron extenuados. Hoogie arribó primero, con 1:45,35, nuevo récord mundial y olímpico. El holandés, contra todos los pronósticos, alcanzó dos veces la máxima velocidad y venció al Torpedo Australiano, quien quedó en 1:45,83. Se abrazaron y la foto recorrió el mundo. En el rostro de 17 años no se vio tristeza, el tiempo estaría de su parte. Volteó los ojos hacia Atenas 2004.

El destino de Thorpe estuvo en peligro, cuando el 11 de septiembre de 2001 se encontraba en New York, dispuesto a visitar las Torres Gemelas y tomar fotos. Quiso la casualidad, la suerte o la vida, que olvidara en la habitación su cámara. Regresó a buscarla y sintió las explosiones que derrumbaron aquellos símbolos de la arquitectura norteamericana, presagiando una nueva época a escala mundial, que comenzaría con las invasiones de Afganistán e Irak en el 2003.

XXVII JUEGOS OLÍMPICOS.

SYDNEY, 15 SEPTIEMBRE- 1 OCTUBRE 2000

RESUMEN

 

LUGAR PAÍSES ORO PLATA BRONCE TOTAL
I ESTADOS UNIDOS 39 25 33 97
2 RUSIA 32 28 28 88
3 CHINA 28 16 15 59
4 AUSTRALIA 16 25 17 58
5 ALEMANIA 14 17 26 57
6 FRANCIA 13 14 11 38
7 ITALIA 13 8 13 34
8 HOLANDA 12 9 4 25
9 CUBA 11 11 7 29
10 GRAN BRETAÑA 11 10 7 28
11 RUMANÍA 11 6 9 26
12 SUDCOREA 8 9 11 28
13 HUGRÍA 8 6 3 17
14 POLONIA 6 5 3 14
15 JAPÓN 5 8 5 18
16 BULGARIA 5 6 2 13
17 GRECIA 4 6 3 13
18 SUECIA 4 5 3 12
19 NORUEGA 4 3 3 10
20 ETIOPÍA 4 1 3 8
21 UCRANIA 3 10 10 23
22 KAZAJASTÁN 3 4 0 7
23 BELARÚS 3 3 11 17
24 CANADÁ 3 3 8 14
25 ESPAÑA 3 3 5 11
26 IRÁN 3 0 1 4
TURQUÍA 3 0 1 4
27 REP. CHECA 2 3 3 8
28 KENYA 2 3 2 7
29 DINAMARCA 2 3 1 6
30 FINLANDIA 2 1 1 4
31 AUSTRIA 2 1 0 3
32 LITUANIA 2 0 3 5
33 AZERBAIYÁN 2 0 1 3
34 ESLOVENIA 2 0 0 2
35 SUIZA 1 6 2 9
36 INDONESIA 1 3 2 6
37 ESLOVAQUIA 1 3 1 5
38 MÉXICO 1 2 3 6
39 ARGELIA 1 1 3 5
40 UZBEKISTÁN 1 1 2 4
41 LETONIA 1 1 1 3
YUGOSLAVIA 1 1 1 3
42 BAHAMAS 1 1 0 2
43 NUEVA ZELANDA 1 0 3 4
44 ESTONIA 1 0 2 3
TAILANDIA 1 0 2 3
45 CROACIA 1 0 1 2
46 CAMERÚN 1 0 0 1
COLOMBIA 1 0 0 1
MOZAMBIQUE 1 0 0 1
47 BRASIL 0 6 6 12
48 JAMAICA 0 4 3 7
49 NIGERIA 0 3 0 3
50 BÉLGICA 0 2 3 5
SUDÁFRICA 0 2 3 5
51 ARGENTINA 0 2 2 4
52 MARRUECOS 0 1 4 5
TAIPEI DE CHINA 0 1 4 5
53 R. P. D.  COREA 0 1 3 4
54 ARABIA SAUDITA 0 1 1 2
MOLDAVIA 0 1 1 2
T. TOBAGO 0 1 1 2
55 IRLANDA 0 1 0 1
URUGUAY 0 1 0 1
VIET NAM 0 1 0 1
56 GEORGIA 0 0 6 6
57 COSTA RICA 0 0 2 2
PORTUGAL 0 0 2 2
58 ARMENIA 0 0 1 1
BARBADOS 0 0 1 1
CHILE 0 0 1 1
INDIA 0 0 1 1
ISLANDIA 0 0 1 1
ISRAEL 0 0 1 1
KIRGUISTÁN 0 0 1 1
KUWAIT 0 0 1 1
MACEDONIA 0 0 1 1
QATAR 0 0 1 1
SRI LANKA 0 0 1 1
       
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  • Aroldo dijo:

    Cuba llevó a esos juegos 245 atletas, la mayor delegación de la historia.

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Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

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