Imprimir
Inicio » Opinión, Deportes  »

Amsterdam 1928: Baillet-Latour asume el COI

| 1 |

1- Amsterdam 1928Amsterdam es la capital oficial de Holanda, que unida a Bélgica, conforman los Países Bajos. No la residencia de los poderes públicos, que se encuentran en La Haya, otra de las ciudades más importantes. En Amsterdam viven más de un millón de habitantes. La ciudad ha tenido momentos de dolor, especialmente cuando los nazis la ocuparon en la Segunda Guerra Mundial.

Países Bajos es el nombre con el que se designa a Bélgica y a Holanda, especialmente a esta última. Históricamente, en tiempos del emperador Carlos V, se le dio esta apelación a varias provincias pertenecientes hoy día a Bélgica, Holanda y el norte de Francia.[1]

El reino de Holanda está situado en la Europa Occidental, a orillas del Mar del Norte. Es un país de grandes recursos económicos, muchos de los cuales ha sabido arrebatárselos al mar, a través de obras ingenieras que son la envidia de la comunidad internacional, con sus fortísimos diques para evitar las embestidas del mar.

La capacidad organizativa de los holandeses es una de sus mayores virtudes. Así fue electa Amsterdam como la sede de los Juegos de la IX Olimpiada, los primeros sin la dirección de Coubertin, quien ni siquiera asistió. Su sucesor, el conde belga Henri de Baillet Latour fue un digno heredero del fundador, a pesar de desarrollar su trabajo en condiciones adversas rondándole el fantasma del liderazgo supremo del Barón, al que quiso y admiró.

Acordóse que la transmisión de poderes se efectuaría en Lausana, y que mi sucesor empezaría su mandato el 1 de septiembre. Por lo tanto, yo era aún el presidente en funciones y podía intervenir en el congreso.[2] A subrayar que, de acuerdo con una proposición del general Sherrill, mis colegas me nombraron: “Presidente de Honor vitalicio de los Juegos Olímpicos”, especificando que esta dignidad no se otorgaría jamás a ninguna otra persona después de mí.[3]

Se rendía homenaje a quien supo llevar el deporte moderno a buen término. Así reflejó el traspaso de poderes:

De acuerdo con lo estipulado, el conde Baillet-Latour entró en funciones el 1 de septiembre siguiente. Pocos días después visitó oficialmente el consejo de Estado de Vaud y el ayuntamiento de Lausana. El presidente del Consejo y el alcalde de la ciudad ofrecieron un almuerzo en su honor. Luego, regresamos enseguida a Berna.[4]

A la fría ciudad holandesa asistieron 2 971 atletas (cifra inferior a París 1924), de 46 países, aunque con una presencia femenina superior: 290. Este ascenso no se detendría, pues allí compitieron por primera vez en atletismo y gimnástica, a ello contribuyó la ausencia de Coubertin, quien nunca asimiló a las féminas en el campo y la pista.

Para esta cita todos los países estuvieron aptos para competir, incluida Alemania y otros beligerantes en la I Guerra Mundial. A dieciséis días se ajustó el calendario, evitando así competencias inacabables. A diferencia de París 1924, no se dispuso de una Villa Olímpica oficial; el gobierno poco menos que se desentendió de los Juegos. Hubo que acudir a entidades privadas y suscripciones populares para hacer frente a las costosas competiciones. Se encendió, por primera ocasión, la Llama Olímpica, que presidió el desarrollo de esta magna cita, aunque es bueno destacar que no fue traída de Grecia, lo que ocurriría en Berlín 1936, por primera ocasión. Así lo valora Conrado Durántez:

El fuego que ardió durante los Juegos de la IX Olimpiada puede llamarse olímpico en cuanto ubicado en un estadio de estas características, por ser sede de los Juegos puede disfrutar de tal calificativo, pero no olímpico por traído de Olimpia, lo que no ocurrirá hasta ocho años más tarde. El símbolo en cuestión es emplazado en aquella ocasión en un gigantesco pebetero situado a cuarenta metros de altura en la torre de maratón, hito descollante del magnífico estadio concebido y realizado por el arquitecto Juan Wils que en los concursos de arte de estos Juegos había de obtener por tan descollante obra el primer premio en el certamen de arquitectura.[5]

Las competencias de tenis de campo se suspendieron por problemas con la Federación Internacional y el profesionalismo. En los 400 metros planos del atletismo, se impuso el norteamericano Raymond Bartuti (Ray), quien sorprendió en la meta al canadiense James Ball, favorito en esa disciplina. La maratón cayó en las manos y piernas de M. Boughera El Ouafi, de origen argelino, que compitió por Francia. La alemana Karoline Radke (Lina), se llevó la medalla de oro con récord mundial de 2:16.8.

En esta edición de los Juegos se despidieron dos grandes atletas de todos los tiempos: Paavo Nurmi (ganó 1 de oro y 2 de plata) y Johnny Weissmuller (2 medallas de oro). Nota curiosa: el francés Lucien Geudin, a los 42 años de edad, después de varios Juegos compitiendo logró, ¡al fin!, medallas de oro en florete y espada.

América Latina estuvo representada por siete países, incluyéndose Panamá y Cuba. Dos hechos marcaron a la zona: Uruguay repitió el título en el fútbol soccer, esta vez contra Argentina, que ocupó el segundo lugar, después de un empate, decidido en juego extra a favor de Uruguay (2 x 1). Entre los campeones repitieron ocho jugadores de 1924.

Argentina hizo la hombrada de ganar títulos en dos deportes diferentes: dos de boxeo, en los puños de Víctor Avedaño (175 libras y Arturo Rodríguez, en superpesado (más de 175 libras). En la natación se lució Alberto Zorrilla, toda una institución en la tierra del tango, quien se impuso en los 400 metros. Además, los argentinos se llevaron otras dos preseas plateadas en el boxeo, más otra de bronce.

Chile obtuvo, por primera ocasión, una medalla, y fue de plata, nada más y nada menos que en la maratón, a cargo de Manuel Plaza Reyes, quien en París 1924 había alcanzado el sexto lugar en esa modalidad. El título fue al francés Boughera El Quafi, quien superó al gaucho por más de 100 metros de ventaja.

Por Cuba solo compitió José Barrientos Schweyer (Pepe), quien había nacido en Matanzas, el 16 de marzo de 1905 (otras fuentes hablan del día 18) y falleció en 1945 en un accidente de aviación. En su honor se celebra, desde 1946 el “Memorial Barrientos”.

Como universitario, se había destacado en las pruebas atléticas de la velocidad, especialmente en las 100 yardas (así se medían), donde llegó a alcanzar los 10 segundos exactos. Poco después llegaría a bajar la marca a 9,9, pero no fue homologada por tener aire a favor. Y en los 100 metros planos, coqueteó con el récord mundial en más de una ocasión.

Días antes de partir hacia las Olimpiadas, en el propio Estadio Universitario, en una prueba especial a 175 yardas planas, Barrientos realizó el fabuloso tiempo para la época de 16,7 s., con lo cual superaba el récord mundial de 17,0, logrado por Frederick Alderman, que estaba pendiente de reconocimiento, así como el de Charles Paddock, de 17,4, el récord mundial vigente.[6]

La suerte, digámoslo así, no le acompañó en la cita deportiva bisiesta, pues fue eliminado en su heat eliminatorio, nada más y nada menos que por los corredores que obtendrían las medallas de oro y plata.

Amsterdam 1928, a pesar de no contar con el apoyo gubernamental, ni la simpatía de la reina Guillermina, que consideró paganos a los Juegos y un homenaje a los vencedores de la Primera Guerra Mundial, pasó a la historia como un fuerte impulso al Olimpismo, sin la presencia física del fundador, quien estuvo al tanto de todo. Fue el reto principal; los holandeses salieron airosos.

IX JUEGOS OLÍMPICOS

AMSTERDAM, 28 DE JULIO – 12 DE AGOSTO DE 1928

RESUMEN

 

LUGAR PAÍSES ORO PLATA BRONCE TOTAL
1 ESTADOS UNIDOS 22 18 16 56
2 ALEMANIA 11 9 19 39
3 HOLANDA 8 10 5 23
4 FINLANDIA 8 8 9 25
5 FRANCIA 7 12 6 25
6 SUECIA 7 6 12 25
7 ITALIA 7 6 7 20
8 SUIZA 7 6 4 17
9 HUNGRÍA 5 5 0 10
10 GRAN BRETAÑA 4 11 7 22
11 CANADÁ 4 4 7 15
12 ARGENTINA 3 3 1 7
13 DINAMARCA 3 2 4 9
14 AUSTRIA 3 0 1 4
15 CHECOSLOVAQUIA 2 5 2 9
16 JAPÓN 2 2 1 5
17 POLONIA 2 1 4 7
18 ESTONIA 2 1 2 5
19 EGIPTO 2 1 1 4
20 AUSTRALIA 1 2 1 4
  NORUEGA 1 2 1 4
22 YUGOSLAVIA 1 1 3 5
23 SUDÁFRICA 1 0 2 3
24 ESPAÑA 1 0 0 1
  INDIA 1 0 0 1
  IRLANDA 1 0 0 1
  LUXEMBURGO 1 0 0 1
  NUEVA ZELANDA 1 0 0 1
  URUGUAY 1 0 0 1
30 BÉLGICA 0 1 2 3
31 CHILE 0 1 0 1
  HAITÍ 0 1 0 1
33 FILIPINAS 0 0 1 1
  PORTUGAL 0 0 1 1
           
    119 118 119 356

 

[1] Miguel del Toro y Gisbert: Pequeño Larousse Ilustrado. Edición Revolucionaria, Instituto del Libro. La Habana, 1968, p. 1485.

[2] Coubertin se refiere al Congreso de 1925, en Praga.

[3] Pierre de Coubertin: Memorias olímpicas (II). Por Geoffroy de Navacelle, 1979, p.129.

[4] Ibídem, p. 130.

[5] Conrado Durántez: Historia y Filosofía del Olimpismo. 5ta. Edición. Asociación Iberoamericana de Academias Olímpicas. Año 2002, p. 28.

[6]Fabio Ruiz Vinageras: Un siglo de deporte olímpico. Cuba y América Latina (1896-1996). Editorial Deportes. La Habana, 1998, p. 32.

Henri de Baillet Latour (1925-1942)

Henri de Baillet Latour (1925-1942)

El argentino Alberto Zorrilla

El argentino Alberto Zorrilla

M. Boughera El Ouafi

M. Boughera El Ouafi

La alemana Lina Radke

La alemana Lina Radke

José Barrientos.

José Barrientos.

Se han publicado 1 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Omar tu amigo dijo:

    Hno: Buenos comentarios todos, ‘¡ y los que faltan, diras tu !, FELICIDADES, esperamos con ansiedad a llegar a Londres 2012.

    Un abrazo,

Se han publicado 1 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Vea también