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¿De quién será el naipe de triunfo?

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Desde el comienzo de las elecciones primarias el 1ro. de febrero, se ha consolidado la posición de Donald Trump en el primer lugar entre los aspirantes republicanos y se torna evidente la incapacidad de las distintas facciones del partido para cortarle el paso hacia la nominación presidencial, a pesar de los disímiles esfuerzos realizados y de que Trump no ha sido capaz de aglutinar a las dispersas huestes re­publicanas. Trump no ha podido recibir el 50 % de la votación en ninguna de las 33 elecciones celebradas y solo ha alcanzado el 40 % (7 811 245) del total de votos depositados en todos esos eventos.

Hillary Clinton (quien ha tenido un desempeño creciente desde octubre del pasado año) y Donald Trump están en camino de conquistar la mayoría de los delegados que les aseguren la nominación como candidatos a la presidencia de la nación por sus respectivos partidos. Pero lo más probable es que haya que esperar hasta el 7 de junio para que ambos alcancen esa meta, porque en las primarias a celebrarse en abril y mayo, por uno y otro par­tido, no estarán en juego la cantidad de delegados necesarios para que alguno de los aspirantes pueda superar el listón: los republicanos seleccionarán 346 delegados en abril y 199 en mayo y los demócratas, 667 y 346, respectivamente. Clinton tendría que ga­nar el 66 % de esos delegados, un 10 % más que los resultados alcanzados hasta aho­ra. En cuanto a Trump, estaría obligado a conquistar el 92 % de los delegados en jue­go en esos dos meses.

Para el “oficialismo” republicano solo que­da la variante de impedir que en las primarias Trump acumule 1 237 delegados. Durante las próximas diez semanas se escenificará una compleja y complicada batalla entre las tendencias republicanas para captar delegado a delegado, ya que las reglas para la asignación de estos varían según los estados. En el Partido Republicano hay tres tipos principales de fórmulas para asignarlos. Una es la conocida co­mo “todo por el ganador”, según la cual to­dos los delegados del estado son asignados al aspirante que obtenga la mayoría simple en la elec­ción; otra es la de “la mayor parte para el ga­nador”, según el aspirante ganador en el es­ta­do recibe todos los delegados elegidos en el ám­bito estadual y/o los de los distritos congresionales donde gane la mayoría simple de la votación. Finalmente, la “proporcional” se­gún la cual cada delegado recibe los delegados que le correspondan según los criterios de cuotas de asignación fijadas por el partido del estado. Es un mecanismo tan complicado que solo se puede explicar a partir de sus rasgos generales, porque hay innumerables matices en estos procesos.

Entre los demócratas el mecanismo es más simple y sencillo: los delegados se asignan en proporción a la votación obtenida, por lo general, y según las reglas nacionales del partido, a partir de un 15 % de la votación.

Además, las primarias y caucus pueden ser abiertas; es decir, solo para los afiliados al partido correspondiente, o abiertas a unos y a otros y a los independientes, o solo a estos últimos. Las primarias cerradas tienden a favorecer a los rivales de Trump y a Clinton, mientras que las cerradas son más propicias para los intereses de Trump y de Sanders, ya que ambos se enfrentan al liderazgo de los respectivos partidos.

Las tres fechas próximas más importantes se concentran en abril. El 5 tendrán lugar las primarias en Wisconsin (abiertas), con 42 delegados republicanos asignados por la fórmula de “todo para el ganador” y 96 delegados para los demócratas. El 19 de ese mes, tendrán lugar las de New York (cerradas, en ambos casos), con 95 delegados republicanos que irán “la mayor parte para el ganador” y 291 demócratas y el 26 de abril con primarias en cinco populosos estados del nordeste (Connecticut, Delaware, Maryland, Penn­syl­va­nia y Rhode Island), todas cerradas y que aportarán en total 172 delegados republicanos, bajo las fórmulas de todo o la mayor parte para el ganador y 462 para los demócratas. Los resultados de esos eventos ofrecerán indicios sobre las posibilidades de Clinton y Trump y, especialmente en el caso de Trump, si habrá o no la llamada “convención negociada”. No puede descartarse que para esa fecha o durante mayo, Hillary consiga acumular los 2 383 delegados que le aseguren la no­minación.

El momento de la verdad sucederá el 7 de junio cuando se elegirán 781 delegados demócratas y 274 republicanos en California (546 y 172, respectivamente), Montana (27 cada uno), New Jersey (142 y 51), New México (43 y 24) y North Dakota (28, solo demócratas). Ese día Clinton y Trump deben proclamar sus victorias respectivas.

Desde noviembre del año pasado se hizo más evidente para el liderazgo republicano la posibilidad real de que Trump lograse la nominación del Partido Republicano, lo cual colocaba a la jefatura de la institución “entre la espada y la pared”, ya que no podían tomar ninguna acción formal para cerrarle el camino a Trump. No obstante, intentaron hacerlo de manera informal y el 8 de diciembre, altos líderes del partido, incluyendo el presidente de su comité nacional, Reince Priebus; el líder de la mayoría republicana del Senado, Mitch McConnell; los directores ejecutivos de los comités senatoriales republicanos de la Cá­mara de Representantes y del Senado, junto a representantes de las campañas electorales de Marco Rubio y de Jeb Bush y varios grandes donantes financieros, sostuvieron una cena para conversar sobre cómo obstaculizar la aspiración de Trump, sin llegar a ninguna decisión.

El tema siguió siendo motivo de preocupación, angustia y hasta pánico para los líderes republicanos, quienes no cesaron de reunirse y seguir considerando el dilema. El 19 de fe­brero, gobernadores republicanos y grandes donantes sostuvieron un encuentro sobre la necesidad de “parar a Trump”. Al día siguiente el gobernador de Maine, Paul LePage propuso infructuosamente a varios colegas republicanos emitir una “carta abierta” de rechazo a Donald Trump y sus posiciones políticas. Al día siguiente LePage anunció en una entrevista por radio su apoyo a Trump por considerar que podría ser “uno de nuestros más grandes presidentes”.

Posteriormente han surgido diversas iniciativas como el movimiento #Never Trump, pero son inconexas y con pocas posibilidades de resultar efectivas. Igualmente no parece tener resultados el intento de convertir a Ted Cruz (y menos aún a John Kasich) en figura que una a las diferentes tendencias republicanas, a pesar del apoyo expreso recibido de políticos conocidos como Mitt Romney, Jeb Bush y Lindsey Graham. Tampoco han podido encontrar una figura que se presente co­mo candidato por un tercer partido, como se demuestra con la decisión anunciada por Mi­chael Bloomberg de que no se presentaría co­mo candidato independiente. Ni parece haber tomado altura la idea de que el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, se presente como un candidato de transacción entre las distintas tendencias y mucho menos de que Trump acepte esa so­lución.

Por su parte, entre numerosas acciones de­fensivas-ofensivas tomadas por Trump hay una que concretamente busca asegurar el nú­mero de delegados, más allá de las primarias y caucus. Se trata del trabajo de captación directa con más de 300 delegados que o bien han sido ya electos como comprometidos con Rubio y Carson o que por las reglas partidistas de sus estados no están comprometidos a votar por ningún candidato, con el objetivo de obtener de ellos declaraciones firmadas de apoyo a Trump y despejar aún más el camino a la nominación.

La contienda en el Partido Demócrata es me­nos dramática, pero tampoco existen mu­chas posibilidades de definirse ante del 7 de junio. En estos momentos Clinton cuenta con al menos 1 712 delegados, de ellos 469 superdelegados (líderes del partido) y necesita otros 671 para asegurar la nominación. Sanders, con un total actual mínimo de 1 104 delegados (de ellos solo 29 superdelegados) tendría que asegurar otros 1 279. Hillary Clinton está y de­berá estar al frente durante el resto de la etapa de elecciones primarias y la concluirá con el mayor número de delegados a su favor (un mínimo de 2 383) que le garanticen la nominación.

Hay que hacer la salvedad de que a lo lar­go de casi un año de campaña electoral presidencial, los acontecimientos han mostrado que el proceso no se encamina por los carriles tradicionales y que en “un abrir y ce­rrar de ojos” cambia de manera sorprendente el pa­no­rama. No deben esperarse mu­chas otras sorpresas a lo largo del camino, porque solo quedan dos aspirantes demócratas y tres re­publicanos y de estos tres, solo Trump (cuyo apellido, curiosamente, en español sig­nifica “triunfo” y más específicamente “nai­pe de triunfo”) tiene un camino viable pa­ra asegurar la nominación en esta etapa de las primarias.

Si Trump no consigue el triunfo, entonces se complica sobremanera el camino electoral del 2016 para el Partido Republicano y, aún más, su existencia futura como partido político mayoritario en los Estados Unidos. Y también si triunfa.

(Tomado de Granma)

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  • Carlitos dijo:

    Yo lo sé: gana Trump.: Cuando la izquierda hace conquistas, como es el caso de Obama, se impone la reacción.

    • elmismisimo dijo:

      Si, está loco por ganar para poner su nueva línea de tintes y pelucas

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Ramón Sánchez-Parodi Montoto

Ramón Sánchez-Parodi Montoto

Fue nombrado jefe de la sección de Intereses de Cuba en Estados Unidos, entre septiembre de 1977 y abril de 1989. Luego ocupó el cargo de viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, hasta 1994. Y a partir de entonces se desempeñó como embajador cubano en Brasil, hasta el año 2000. Además de sus actividades como funcionario del gobierno cubano, Sánchez Parodi es periodista y escritor.

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