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Las “confesiones” de Carlos Manuel

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“Nombrar enajena para siempre” recuerdo haberle oído decir en una conferencia de semiología a un viejo amigo profesor allá a finales de los años 80 del pasado siglo.

Carlos, el nombre; es de origen germánico y significa hombre fuerte, varón, viril. En tanto Manuel viene del hebreo y significa, más o menos: “El Dios que está con nosotros o El Dios que está entre nosotros”.

Y una confesión trata de ser la declaración que hace una persona, de forma espontánea o al ser interrogado por otro(s) sujeto(s). La confesión suele incluir datos hasta entonces desconocidos por el oyente; ah y viene de confessio, del latín.

Carlos Manuel de Céspedes y García-Menocal fue una de las personalidades más activas y relevantes de la iglesia católica en Cuba y un intelectual cubano que nació el 16 de julio de 1936 y falleció en La Habana el 3 de enero del 2014. Estudió en el Colegio Champagnat de los Hermanos Maristas, en la barriada de la Víbora; se doctoró en Derecho y Filología por la Universidad de La Habana y en Teología en Roma. Fue ordenado sacerdote en 1963. Entre los cargos más relevantes que ocupó estuvieron los de rector del Seminario de San Carlos y San Ambrosio de La Habana, el de director del Secretariado General de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, el de vicario general de la Arquidiócesis de San Cristóbal de La Habana y canciller del Arzobispado de La Habana. Fue además miembro del Equipo de Reflexión Teológica y de la Sección de Ecumenismo de la Consejo Episcopal Latinoamericano y consultor del Pontificio Consejo para la Cultura del Vaticano desde 1984 hasta el 2009.

En el momento de su deceso ocupaba el asiento correspondiente a la letra U en la Academia Cubana de la Lengua correspondiente a la española[i].

Patriota por asunción, doctrina y vía sanguínea –tataranieto del Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes del Castillo, y familiar de otros próceres-, publicó ensayos[ii], poemas y los libros como Pasión por Cuba y por la Iglesia. Aproximación biográfica al P. Félix Varela; Érase una vez en La Habana; Las estaciones de Vladimir; Con sangre y desde el ruedo y Las sutiles convergencias[iii]. Fue párroco en varias iglesias habaneras.

Monseñor Carlos Manuel se confiesa, de los periodistas Luis Báez, fallecido, y Pedro de la Hoz, vio la luz el pasado 2015, fue presentado en la Feria del Libro de ese año con éxito entre los lectores y publicado por la casa editorial Abril. Cuenta con un manuable diseño de Ernesto Niebla y una cuidada edición de Yudalmis Suárez.

Los autores del texto, Báez y de la Hoz, son conocidos periodistas; el primero “de olfato e incisivo”, al decir de sus conocidos, fue Premio Nacional de Periodismo del 2003 y publicó varios artículos, crónicas y libros. El segundo, también crítico de arte y escritor, ha recibido lauros como el José Antonio Fernández de Castro por su actividad como periodista cultural en 1999 y en el 2009 el premio Prensa Escrita Jorge Enrique Mendoza.

Monseñor Carlos Manuel…, es un interesante texto que nos lleva de la mano a través de un cuestionario curioso, que no solo porque revela el pensamiento del entrevistado, sino que provoca y busca sus opiniones sobre el mundo que lo rodea, sus circunstancias, sus amistades y la Historia; y por la historia misma vivida por el personaje; pero una de las cuestiones que desde el inicio llaman la atención del texto es que Monseñor rechaza y deja claro, de una manera precisa, con lo que no está de acuerdo, aunque a veces los entrevistadores traten de “poner en boca de él” teorías ajenas a su manera de concebir las cosas.

A las preguntas Monseñor nunca responde de “oídas”, en ningún caso las respuestas vienen sin estar acompañadas de una reflexión, donde se obvia el “teque” y su demuestra un diapasón más amplio, moviéndose desde conceptos como la Teología de la Liberación, pasando por lo que entiende como progresista o no y llegado el caso, también entre lo que se comprende como querer ser, saberse e identificarse como de izquierdas o de derechas: “…la palabra izquierda suele manipularse demasiado. ¿Qué es la izquierda? ¿Qué es la derecha? ¿Dónde me pongo? A veces lo que es de izquierda hoy, mañana es de derecha, y viceversa”[iv].

Monseñor Carlos Manuel de Céspedes se confiesa tiene una introducción de Aurelio Alonso con quien mantuvo una larga y fructífera amistad y que se inició muy curiosamente, como el prologuista me contó una noche en casa de Raúl Roa Kourí.

Resulta que Carlos Manuel había escrito un artículo sobre un documental húngaro que cataloga muy irónico, anticatólico, y que a ojos vistas se dejaba ver que el realizador era “rabiosamente” ateo y lo publicó en el suplemento del diario El Mundo[v].

Por la época era Monseñor párroco en la iglesia de Santa Fe y se le apareció allí el sacerdote belga Luciano de Woolf acompañado de Aurelio Alonso, a quien no conocía. Ambos conversaron muy amablemente y Aurelio le dijo que respondería su artículo desde El Caimán Barbudo, le mostró su trabajo y le dijo que si no concordaba, no lo publicaría. Días después se volvieron a ver y Carlos Manuel le expresó que le respondería, mostrándole también antes su texto; el caso es que ambos, con un gran sentido del respeto se hicieron amigos, cada uno defendiendo sus puntos de vista y manteniendo una gran caballerosidad; y según el entrevistado, esa fue la causa inmediata para la supresión de Mundo católico[vi], porque un marxista y un sacerdote católico intercambiaban sus criterios y discrepancias públicamente sin ofensas ni ditirambos.

Su sinceridad se manifiesta siempre, y ejemplifico al referirse a los años llamados “…del quinquenio gris… –para la iglesia la década de los sesenta fue la más difícil de la historia revolucionaria-, (y) es que mirando las cosas con cabeza fría hay que reconocer que fueron los años más creativos de la revolución. Esa es una paradoja y una distinción que deberíamos guardar siempre”.[vii]

Años duros, en los que el texto nos revela que Ese sol del mundo moral, de Cintio Vitier, editado en México por 1968 y muchos años después impreso en Cuba, vio la luz allí por gestiones de Raúl Roa García, “…pues ni siquiera a Roa le aceptaron que lo imprimiera en Cuba”[viii].

La peculiaridad de esta entrevista devenida en libro está en que es el primero que se publica, en las últimas décadas, sobre un hombre de iglesia cubano, signo inequívoco de que el mundo se mueve.

De los sentimientos de cubanía de monseñor Carlos Manuel de Céspedes se había escrito, pero él mismo los retrata con una sola y simple frase: si no hubiera podido regresar a Cuba “me hubiera secado de tristeza”[ix]; porque “los verdaderos cubanos, sean cristianos o no, amamos y defendemos la patria”[x].

Monseñor brinda también una visión poco[xi] conocida en sus respuestas a los autores de sucesos que acaecieron a lo interno de la iglesia, como los es, por ejemplo, el referido a la cruel y mal llamada Operación Peter Pan. Cuenta que por la fecha “…funcionarios norteamericanos le mostraron la apócrifa ley contra la patria potestad” a monseñor Evelio Díaz[xii]. Pero, “…cuando el gobierno revolucionario lo denunció, monseñor Evelio empezó a indagar y supo entonces que nunca había existido dicha ley,…se sintió injuriado por aquella mentira” de los norteamericanos.

Martiano y fervoroso estudioso del Padre Félix Varela, proclama sin ambages que es “…un privilegio, un don luminoso para este pueblo y esta iglesia, el hecho que los dos grandes creadores de la realidad de la patria cubana y del pensamiento que la sustenta sean Félix Varela y José Martí. Ningún país tiene personalidades de tanta categoría y, al mismo tiempo, católicos los dos. Uno fue sacerdote. El otro no, porque Martí no era un católico tradicional; había sido católico de joven, pero dejó la práctica religiosa –al parecer durante su estancia en España, después de la prisión-, aunque si mantenía una ética liberal-cristiano, católica impresionante”.[xiii]

Cabe acentuar sus palabras que ensalzan a la nación y a su continuidad. “Martí no surgió de la nada: yo diría que hubo una cadena que empezó por la generación del seminario de San Carlos a principios del siglo XIX, incluyendo en ella al padre Varela y también al padre José Agustín Caballero; Rafael María de Mendive, el maestro de Martí, salió de allí y es el vínculo directo de Martí con las ideas políticas y filosóficas de la Ilustración católica que animaba el seminario en aquella época de oro y no se ha repetido”[xiv].

Sin pereza y con virtud Carlos Manuel de Céspedes responde en el texto sobre su visión del socialismo, la participación popular, el neoliberalismo, el Ché Guevara, el Comandante en Jefe, y otras personalidades con los que compartió su tiempo de vida.

El libro nos lleva a reflexionar sobre el intelectual que fue Monseñor, en momentos incluso en que algunos suelen pensar que la palabra significa una ofensa. Hay personas que actúan por principios definidos, alejados, lo más posible, de corporativismos y espíritus de manada, hay personas que actúan por profundas convicciones asumidas y son capaces de morir por sus ideas.

Monseñor Carlos Manuel de Céspedes fue un intelectual precisamente, no porque marchara a la cabeza de un grupo de “gente”, sino porque trasladó a los demás un saber, una conciencia, valores -asumidos y propios-, con dignidad; no como “portavoz de…”, ni como “elaborador de mapas” o “caminos hacia…”, sino solo como quien trata que las personas se sientan más libres de lo que realmente son.

Su legado, sortilegio, representa un andar por la vida, un llamado a exorcizar la violencia, a evitar el distanciamiento, a no proceder por bastardías, ni mezquindades, a no ser miserables.

Una convocatoria a pensar en los demás, aun cuando nos haga daño -a veces pasa-, a pensar que todos los seres humanos necesitamos de amor, compañía y de la edificante tranquilidad de una conversación que nos complemente. Que no seremos indagados u obligados a responder por los actos de los otros, que a cada uno se nos plantearán acciones – preguntas, y que actuaremos acorde a nuestros valores adjudicados, circunstanciales y acorde a las conveniencias; y que solo una persona feliz tiene la posibilidad de aportar algo al “otro”, a la familia, a la vida; porque desde la amargura, el odio, la tristeza, la inercia y la frustración es poco lo que se construye y lo que se contribuye al crecimiento y al mejoramiento humanos.

El juzgar, refugiados en supuestas supremacías –cualesquiera que sean- no existe; pues la actitud real y honesta es solo aquella que nos guía por una profunda doctrina asumida hacia los demás: el amor.

Pregunté a sus fieles colaboradores Roberto y Mercedes por su salud un día antes de que Monseñor Carlos Manuel de Céspedes se fuera de esta morada hacia la otra, visité su parroquia acompañado de mi madre; y junto a un ramo muy sencillo de rosas amarillas que allí había, deposité unas modestas flores para el amigo sincero del que recordaré siempre lo que más amaba: “…la Patria y la Iglesia, mijo”.

Notas

[i]http://www.espaciolaical.org/contens/04/0466.pdf

[ii]http://palabranueva.net/pn-old/index.php?option=com_content&view=article&id=316:dos-viejos-panicos-o-los-panicos-de-virgilio-pinera&catid=124:apostillas&Itemid=154

[iii]http://www.ohch.cu/noticias/monsenor-carlos-manuel-de-cespedes-un-defensor-de-la-cubania

[iv] Báez, Luis y Pedro de la Hoz (2015): Monseñor Carlos Manuel de Céspedes se confiesa. Casa Editorial Abril. La Habana Cuba, 229 páginas. Pág. 70

[v] Diario fundado en 1901 y que circuló hasta 1969. Se le considera el primer periódico con una visión empresarial de la comunicación que se publicó en Cuba. Un incendio destruyó su sede en la calle Virtudes nro. 257, donde se atesoraba una colección completa de sus números y alrededor de 300 000 fotografías y 100 000 grabados, entre otras cosas.

[vi] Suplemento del diario El Mundo.

[vii] IDEM 178.

[viii] IDEM 175.

[ix] IDEM 143.

[x] IDEM 222.

[xi] IDEM 144.

[xii] Arzobispo de La Habana entre 1963 y 1970.

[xiii] IDEM 68.

[xiv] IDEM 224.

Se han publicado 9 comentarios



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  • LA INDUSTRIALISTA dijo:

    EN EL AÑO 1972 O CONOCI PERSONALMENTE CUANDO OFICIABA EN LA PARROIQUIA DE JESUS DEL MONTE EN EL ACTUAL MCPIO 10/10, ÉL LE DIO LA EXTREMA UNCIÓN A MI ABUELA EN M I CASA, YO ERA UNA DOLESCENTE Y SU FIGURA ME IMPRESIONO, PERO MAS ME IMPRESIONO SU CULTURA, ESE DIA ME PREGUNTO QUE ESTUDIABA, EN QUE GRADO ESTABA Y SI ME GUSTABA LEER QUÉ LEIA, A TODAS SUS PREGUNTAS DI RESPUESTA, PERO SUS PALABRAS TODIA LAS TENGO GRABADAS EN MIS OIDOS, LUEGO VOLVI A VERLO EN PAR DE OCSIONES PERO SIEMPRE PERSEGUI SUS ESCRITOS Y PUBICACIONES, NO SÓLO FUE UN BUEN CATÓLICO, SINO SOBRE TODAS LAS COSAS UN GRAN CUBANO, HIZO HONOR A SU APELLIDO Y A SUS CREENCIAS. LASTIMA QUE YA SE NOS FUE. QUE DIOS SIEMPRE LO TENGA EN LA GLORIA.

  • Ramon Hernandez dijo:

    Tuve la dicha y el honor de conocer y ser amigo de Mons. de Céspedes desde 1966 hasta que nos vimos meses antes de su fallecimiento, mucho de lo que soy y siento se lo debo, fue un pedagogo con su vida y pensamiento, gracias por recordarlo y enfatizar su pensamiento en momentos que son tan necesarios, se le extraña mucho.

  • lena dijo:

    interesante… como siempre vladimir

  • mirtha dijo:

    Fue un gran cubano. Expresión genuina del amor a la Patria.

  • Casandra dijo:

    un gran cubano y sacerdote, lástima que la propia Iglesia no lo reconozca así ni le dé el merecido homenaje

  • Jorge dijo:

    Hola
    Como pudiera encontrar al menos su ultimo libro. He leido algo de lo escrito por este ilustre sacerdote cubano.

  • Ivan dijo:

    Uno de los intelectuales mas importantes del siglo XX cubano.He tenido la oportunidad de leer los primeros volumenes de sus Obras y es simplemente maravilloso, sobre todo los ensayos dedicados al Padre Varela.Dios lo guarde en su seno Padre.Fue usted un gran patriota

  • Dory dijo:

    Gloria de hombres,típico en este tiempo… Al único que se le atribuye el nbre: Dios con nosotros es a Jesucristo…

  • Carlos, el de Holguín City dijo:

    Lástima que su hermano guarde tanta distancia de él, tanto en lo patriótico, como en el pensamiento independiente de influencias foráneas…

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F. Vladimir Pérez Casal

F. Vladimir Pérez Casal

Filólogo cubano. Colaborador de Cubadebate.

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