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Argentina: el voto en blanco es un voto por el imperialismo

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Macri ScioliQuisiera decir algunas pocas palabras en torno al debate suscitado acerca de la conducta que la izquierda debe seguir ante el balotaje del 22-N. Los sectores identificados con las distintas variantes del trotskismo y algunos independientes se han manifestado de forma rotunda a favor del voto en blanco. Otros, que militamos en el amplio y heterogéneo campo de la izquierda, pensamos que en esta coyuntura concreta –alejada del terreno más confortable e indoloro de los discursos y los papers académicos– el voto por Scioli es, desafortunadamente, el único instrumento con que contamos para impedir un resultado que sería catastrófico para nuestro país, para las perspectivas de la izquierda en la Argentina y para la continuidad de las luchas antiimperialistas en América Latina.

Sería bueno que hubiese otro instrumento político para detener a Macri, pero no lo hay. El voto en blanco ciertamente no lo es.

Quienes postulan el “votoblanquismo” señalan que en el balotaje del 22-N se enfrentan dos candidatos de la burguesía que se mueven en la cancha de la derecha, como correctamente señala Eduardo Grüner en su respuesta a la intervención de Mabel Thwaites Rey que disparara este debate. Es cierto, pero eso no quita que aun así esa caracterización general sea de nula utilidad a la hora de hacer política. Porque, ¿no eran acaso políticos burgueses Raúl Alfonsín, Ítalo Luder y Herminio Iglesias? ¿Cómo ignorar las diferencias que existían entre ellos?

Tomemos un ejemplo. En un caso, juicio y castigo a las Juntas Militares, con todas sus idas y venidas, y con las contradicciones propias de la política pequeño burguesa del partido Radical; en el otro, autoamnistía de los militares genocidas ratificada por ley del Congreso y desenfreno macarthista a cargo de Herminio y sus patotas, continuando con la siniestra obra de la Triple A. Obvio, ni Alfonsín ni Luder aspiraban a construir una sociedad socialista, o siquiera a iniciar una transición hacia el socialismo, como recordaba Salvador Allende. Pero, ¿no eran significativas esas diferencias para la izquierda, pese a que todos eran políticos burgueses? Me parece que sí.

Ejemplos de este tipo abundan a lo largo de la historia, y sería un ejercicio ocioso traerlos ahora para ilustrar esta discusión. Perón también era un político burgués, al igual que José P. Tamborini, su contendor en la crucial elección presidencial de 1946. Ambos también se movían en el campo de la derecha, pero a pesar de ello había algunas diferencias, nada menores por cierto, que la historia posterior se encargó de demostrar de modo irrefutable.

En la coyuntura actual el indiscriminado repudio al binomio Macri-Scioli incurre en la misma falta de perspectiva histórica y de rigor analítico. Son, sin duda, dos políticos que juegan en la cancha del capitalismo. Uno, Macri, es un conservador duro y radical; el otro, Scioli, se inscribe en una tradición de conservadorismo popular de viejo arraigo en la Argentina.

Macri llega a los umbrales de la Casa Rosada apoyado por una impresionante colección de fuerzas sociales y políticas del establishment capitalista local, sin ninguna organización popular que se haya manifestado en su apoyo. En otras palabras, como indica Gramsci, al identificar la naturaleza de una coalición política es preciso conocer, con la mayor precisión posible, la naturaleza de clase y la organicidad de sus apoyos. A Macri lo respaldan todas las cúpulas empresariales de la Argentina, comenzando por la AEA (Asociación Empresaria Argentina) y siguiendo con casi todas las demás; lo apoyan las capas medias ganadas por un odio visceral hacia todo lo que huela a kirchnerismo, la oligarquía mediática, la Embajada de Estados Unidos y es él quien completa, desde esta parte del continente, el tridente reaccionario cuyas otras dos puntas son nada menos que Álvaro Uribe y José María Aznar.

No es casual que su candidatura cuenta con el respaldo de las principales plumas de la derecha latinoamericana: Mario Vargas Llosa, Carlos A. Montaner, Andrés Oppenheimer, Enrique Krauze y todo el mandarinato imperial.

¿Y Scioli? Su candidatura ha sido respaldada por los sectores empresariales menos concentrados, las pymes, sectores medios vagamente identificados con el “progresismo”, una multiplicidad de organizaciones y movimientos sociales –inconexos y heterogénos pero aun así arraigadas en el suelo popular– y estos apoyos hacen que suscite una cierta desconfianza de los poderes mediáticos y el bloque capitalista dominante porque es obvio que no podrá gobernar sin atender a los reclamos de su base social. Un dato que puede parecer una pequeña nota de color pero que no lo es: poco después de las PASO Scioli viaja a Cuba y se reúne durante cuatro horas y media con Raúl Castro; Macri, en cambio, llama por teléfono al Embajador de Estados Unidos, en línea con lo que Wikileaks demostrara que tantas veces hiciera en el pasado. Dirán los “votoblanquistas” que estas son meras anécdotas, pero se equivocan. Remiten a algo más de fondo. Solo que hay que saber mirar.

De lo anterior se desprende que la consigna del voto en blanco es una forma de eludir las responsabilidades políticas de la izquierda en la hora actual. Cualquiera de los proponentes de esta opción sabe muy bien que con Macri lo que se viene es una política de ajuste y de violenta represión del movimiento popular (los incidentes del Borda o el violento desalojo del Parque Indoamericano son botones de muestra de ello), mientras que Scioli muy
probablemente seguirá con la política kirchnerista de no reprimir la protesta social. Y no me parece que para cualquier militante de izquierda esta sea una diferencia insignificante.

Por otra parte, podría entenderse la razonabilidad de la consigna “votoblanquista” si, como ocurría con los radicales de finales del siglo diecinueve, cuando se rebelaban contra el fraude y proponían la abstención revolucionaria no votaban pero se alzaban en armas y seguían una estrategia insurreccional, como ocurriera en 1890, 1893 y 1905. O como hicieran los peronistas durante los años en que su partido fue proscripto, que propiciaban el voto en blanco pero en el marco de una estrategia que contemplaba múltiples formas de acción directa, desde sabotajes hasta atentados de diverso tipo.

Los “votoblanquistas” de hoy, en cambio, no proponen otra cosa que el burgués repliegue hacia su intimidad y dejar que el resto de la ciudadanía resuelva el dilema político que nos hereda doce años de kirchnerismo. La consigna del voto en blanco es estéril, porque no va acompañada por alguna acción de masas de repudio a la trampa de Macri-Scioli: no hay convocatoria a ocupar fábricas, a cortar rutas, invadir campos, organizar acampes, bloquear puertos o algo por el estilo. Esto es política burguesa en toda su expresión: no me gusta, no me convence, no elijo nada, me retiro y luego veré que hacer. Me retiro del juego institucional y tampoco tengo una estrategia insurreccional de masas: es decir, nada de nada.

¿Será posible construir una opción de izquierda a partir de esa actitud? ¡No, de ninguna manera! Entre otras cosas porque habría que discutir las razones por las cuales luego de más de treinta años de democracia burguesa las izquierdas no hemos todavía sido capaces de construir una sólida alternativa electoral.

¿Cómo es posible que aún hoy estemos penando para superar el 2 o el 3% de la votación nacional? ¿Por qué el Frente Amplio pudo llegar a la presidencia en el Uruguay, igual que el PT en Brasil, el MAS en Bolivia, el FMLN en El Salvador, mientras que en la Argentina nos debatimos todavía en la lucha para superar un dígito? Aquí no hubo un Plan Jakarta, como el que en Indonesia exterminó en pocos meses a más de medio millón de comunistas; ni un baño de sangre –hablamos siempre desde la reinstauración de la democracia burguesa en 1983, no antes– o una feroz persecución a la izquierda como la que todavía hoy martiriza a Colombia.

Es cierto que el peronismo, en todas sus variantes, incluido el kirchnerismo, siempre trató de impedir el crecimiento de la izquierda, o en el mejor de los casos, acotarlo dentro de límites muy precisos. Pero no hubo en la Argentina posterior a 1983 nada similar a lo de Indonesia o Colombia. Y sin embargo, producto de nuestro sectarismo, nuestro ingenuo hegemonismo, de estériles personalismos y falta de unidad no tenemos gravitación en las grandes coyunturas en las que se define el destino de la nación.

Creo que ha llegado el momento de avanzar en esa dirección y refundar una izquierda seria y plural, inmunizada contra el facilismo consignista que constantemente anuncia la inminencia de una revolución que nunca llega, con vocación de poder y voluntad de ser protagonista y no víctima de nuestra historia. Claro que si llegara a ganar Macri todo esto sería muchísimo más difícil de llevar a la práctica.

Una última reflexión, que no puedo acallar: estoy asombrado al comprobar cómo lúcidos pensadores del marxismo “votoblanquista” elaboran sesudos argumentos sin jamás haber pronunciado la palabra “imperialismo”. Se habla de una elección crucial no solo para la Argentina sino para toda América Latina y la palabrita no aparece. Tampoco se habla de Raúl, de Fidel, de Chávez, de Maduro, de Evo, de Correa, de Sánchez Cerén, de Daniel Ortega. No se habla de las ochenta bases militares que Estados Unidos tiene en la región o de la ofensiva restauradora lanzada por Washington para retrotraer la situación sociopolítica de América Latina al punto que se encontraba el 31 de Diciembre de 1958, en vísperas de la Revolución Cubana.

¿Qué clase de análisis de coyuntura es este que prescinde por completo de la dimensión internacional y que ignora olímpicamente al imperialismo? Todo parecería ser un ejercicio puramente académico, descomprometido de las urgencias reales del momento actual y por completo ajeno a lo que en el marxismo se entiende por análisis de la coyuntura.

En cambio, la importancia continental de la elección de Macri no pasó inadvertida para un agudo observador de la política latinoamericana, y protagonista también de ella, como el ex presidente brasileño Fernando H. Cardoso, un ex marxista que se olvidó de muchas cosas menos de lo que significa el papel del imperialismo y la correlación internacional de fuerzas.

En una esclarecedora entrevista que le concediera al diario La Nación (Buenos Aires) el domingo 1° de Noviembre, decía que una derrota del kirchnerismo en la Argentina facilitaría la resolución de la crisis en Brasil; es decir, pavimentaría el camino para la destitución de Dilma Rousseff. Agregaba, además, que “si una victoria de la oposición en la Argentina repercutiera además en las elecciones legislativas de Venezuela (el 6 de diciembre), sería una maravilla. Porque en Venezuela tampoco se puede seguir así”.

Precisamente, de lo que se trata es de evitar tan “maravilloso” resultado y para eso hay que impedir la victoria de Macri, apelando al único instrumento disponible para ello: el voto a Scioli. Sería mejor disponer de otro, pero es lo único que hay. Y votar en blanco contribuiría a lograr el “maravilloso” efecto anhelado por Cardoso.

La existencia de una izquierda indiferente ante la presencia del imperialismo en la vida de nuestros pueblos es uno de los rasgos más asombrosos y deprimentes de la escena nacional. Esa izquierda debería tomar nota de lo que dice el ex presidente brasileño para caer en la cuenta del significado que tendría el triunfo de Macri el 22-N, mismo que trasciende con creces los límites de la política nacional.

La propuesta del “votoblanquismo” revela una perniciosa mezcla de dogmatismo y de provincialismo que explica, al menos en parte, la crónica irrelevancia de la izquierda. Esto no es nuevo: el trotskismo, en todas sus variantes, siempre manifestó un profundo rechazo hacia las “revoluciones realmente existentes”. Nunca aceptó a la Revolución Cubana y experiencias como las del chavismo, la boliviana o la ecuatoriana han sido permanente objeto de sus enojosas diatribas, sólo comparables a las que disparan los agentes de la derecha. Cultivan la malsana ficción de una revolución que sólo existe en su imaginación; una revolución tan clara y límpida, y ausente de toda contradicción, que más que un tumultuoso proceso histórico se parece a un teorema de la trigonometría.

Por eso son implacables críticos de la Revolución Rusa, la China, la Vietnamita, la sandinista, aparte de las arriba mencionadas. Su concepción de la revolución no es dialéctica ni histórica sino mecánica: la revolución es un acto, un acontecimiento, cuando en realidad es un proceso. Es el desenvolvimiento de la lucha de clases, en un trayecto erizado de violencia y signado por momentos de auge y estancamiento, de avances y retrocesos. Celebran como una hazaña de la clase obrera la conquista de un centro de estudiantes y vomitan su odio contra las “revoluciones realmente existentes”, siempre procesos contradictorios, conflictivos y, según esta visión, invariablemente traicionados por sus líderes.

Esta incomprensión, de la que jamás padeció Trotsky, los convierte –y a pesar de sus protestas– en aliados del imperio, en su desesperado afán por acabar con gobiernos que Washington considera objetivamente antiimperialistas pero que nuestros “votoblanquistas” vituperan como una muestra de la traición a los ideales del socialismo. Y para el imperialismo y sus secuaces, para Álvaro Uribe –el gran socio de Macri– la victoria del PRO y Cambiemos significará un golpe durísimo, tal vez fatal, a los procesos emancipatorios en curso en la región.

Debilitará a la UNASUR (que frustró dos golpes de Estado contra Evo y Correa) y la CELAC; hará del Mercosur un apéndice de los TLC y del Tratado TransPacífico; incorporará a la Argentina a la Alianza del Pacífico (nuevo nombre del ALCA); congelará (o tal vez romperá) relaciones con Venezuela, Cuba, Bolivia y Ecuador y, de acuerdo con Washington, apoyará a los grupos que pugnan por derribar a esos gobiernos; y tratará de que la Argentina, como hizo recientemente Colombia, reingrese a la OTAN.

Esto no es una suposición, no es algo que Macri podría eventualmente llegar a hacer sino un resumen de las declaraciones en las que anunció cuáles serían las líneas directrices de su política exterior. Aún cuando Scioli quisiera seguir por ese mismo camino, las fuerzas políticas y sociales que lo apoyan plantearían enormes obstáculos a su accionar, y no sólo en el terreno internacional sino también en la política económica.

¿Cómo puede un sector de la izquierda argentina ser indiferente ante esta fenomenal regresión política que el triunfo de Macri produciría en el tablero de la política internacional? ¿Qué quedó del internacionalismo proletario y de la solidaridad con la luchas de los pueblos hermanos? ¿Cómo se puede predicar la abstención o el voto en blanco frente a una situación como la que hemos descripto? Francamente, no lo entiendo.

Ojalá que estas líneas sirvan para llamar a la reflexión a los compañeros que proponen el voto en blanco y a caer en la cuenta de todo lo que está en juego el 22-N, que trasciende de lejos la política nacional. Por eso ratificamos la validez del título de esta nota: votar en blanco es votar en línea con las políticas del imperialismo; es votar por el imperialismo y nadie en la izquierda puede actuar de esa manera.

Se han publicado 23 comentarios



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  • Henry dijo:

    Muy interesante este analisis de Atilio Borón

  • Arnold August dijo:

    Tienes absolutamente razón Atilio. Una voz clara y muy valiente desde Argentina. Espero que tus palabras tengan eco en su país y que los “izquierdistas” cambien su posición. Día 22 de noviembre es una día importantísimo par Argentina y toda la región.

  • Uvejota dijo:

    Muy esclarecedor y objetivo este artículo de Otilio Borón. Las fuerzas más reaccionarias deben sentir un freno, al menos algo que las frene. Lo contrario es ir hacia atrás. Espero que los argentinos tengan, por lo menos la mayoría menos favorecida por la política tradicional, el tino de decidir correctamente.

  • Aracataca dijo:

    Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. En Chile surgió un Salvador Allende insuperable por su honestidad, por su valentía, y comenzaron las huelguitas y las huelgotas de cacerolas y le hicieron la vida imposible, y atrás, basados en ese “descontento” popular, vinieron los guardias y aplastaron al gobierno de Allende. Después que “retornaron a la democracia” después de Pinochet, tuvieron la oportunidad de tener otro gobierno socialista, sin embargo, después votaron por Piñera, un “cuadrito” de Pinochet, después de hacerle la vida imposible a Bachelet. Son inconsistentes.
    Así que, ¡cuidado, Argentina! que los militares argentinos fueron peores que los chilenos!!!

  • FDS dijo:

    Muy esclarecedor artículo, está claro la ultraizquierda termina siendo muy parecida a la ultraderecha, lo de la izquierda argentian ha sido muy lamentable, siempre dividida, siempre en los extremos. En política y siguiendo el juego a la democracia burguesa a veces hay que saber votar por el mal menor y en ocasiones por el único posible.
    Coincido con Cristian en que lo que está en juego son dos proyectos de país, hay que desenmascarar a Macri y la presidenta tiene que meterse de lleno en la carrera electoral o lo perderán todo, antes se pudo pensar el buscar otro candidato con mayor carisma, ahora es solo o todo o nada. Por favor dejense de tonterías y de rejuegos dialécticos el peligro es real y pueden perderlo todo.

  • Raulito dijo:

    Viene el lobo! Viene el lobo!

  • irrintxi dijo:

    Muy certero en el analisis de que aqui y ahora lo que dilucida es entre dar marcha atras de forma contundente a las politicas progresistas de los kirchner, con un alineamiento claro con la integracion regional dando un mayor peso politico a Suramerica , CELAC, y con el bloque BRICS que representa una alianza por un orden internacional al menos mas responsable y menos intervencionista muy dado a los golpes de estado,guerras, todo ello propiciado y estimulado por YANQUILANDIA y sus comparsas.
    Se trata de escoger entre 2 candidadtos que no gustan, por supuesto, pero no se puede huir de una decision que es muy importante para Argentina pero tambien para todo el area por el retroceso en todos los aspectos que se produciria con un triunfo del señoritingo MACRI que es muy buen cipayo y un falso liberal que les gusta mucho hablar del libre mercado pero ciertamente con las reglas amañadas por ellos mismos. Scioli es el mal menor que habria que someterlo con mucha presion por la izquierda y a corta distancia para que no se le vaya la mano, y por lo demas tortalmente de acuerdo aon analisis sobre el movimiento troskista, que siempre lo he visto muy sospechoso de aliado natural de la derecha en su falso radicalismo de izquierda que se confunde de enemigo con demasiada frecuencia , y eso no es casual, estan totalmente penetrados.

  • Amilcar dijo:

    Puro sentido común..clap clap clap ( aplausos )

  • VICTOR KOZASKI dijo:

    A ESTOS LENIN LES DIO UN NOMBRE EL IZQUIERDISMO INFANTIL , EL IZQUIRDISMO HAY VECES QUE HACE MAS DANO QUE LA DERRECHA , DOGMATISMO ES EL PEOR DE TODO , NUNCA SE A LLEGADO A NADA , , CON ELLOS SE LAS SABEN TODAS , ,

  • alexander dijo:

    Me parece muy esclarecedor el artículo. Ahora entiendo un poco más que está pasando en Argentina con la izquierda. Tienen el programa revolucionario más sencillo: Protesto, pero no hago nada. Hace falta que se unan un poquito más y trabajen por lo que dicen que quieren. No hay revolución de un día. De hecho, la revolución se hace todos los días. En Cuba todos los días desde 1959 triunfa la revolución, porque las traiciones existen, el cansancio se apodera, los poderes exteriores te atacan. Contradicciones siempre existen y además como dice Raúl, son necesarias. Lo que no se puede perder de vista es el objetivo por el cual todos tenemos que luchar. Por eso en más de medio siglo no han podido con nosotros. Creo sinceramente, y pido disculpas de antemano pues yo estoy mirando la sopa desde el borde del plato, que los argentinos en gran mayoría no se han percatado de su posición geografica en este mundo. Como que quieren una revolución a la francesa. Pues les tengo noticias, esa fracasó. Lo bueno fue que sirvió para saber lo que no se puede hacer.

  • Juan P. dijo:

    Como siempre un analisis profundo y certero de Atilio Boron. Es lamentable que personas que se dicen de izquierda o mas aun ¨revolucionarias¨ no comprendan
    lo que se juega en estas elecciones no solo para Argentina, sino para toda la America Latina. No votar por Scioli es votar por Macri, votar por Macri es votar por todo lo que
    undio a la Argentina. Ahora con mas repercusiones negativas para todos los movimientos
    progresistas existentes en la region. Argentina pesa mucho en America Latina, ya sea que este en la izquierda o en la derecha, es ilogino que los de la izquierda no valoren
    justamente esto.

  • rene dijo:

    Atilio , felicidades por su claridad y su agudeza , creo que Argentina mas que nunca necesita a un Che Guevara y acabar de entender que son americanos y no europeos como a veces piensan que son , ojala sus palabras y su lucidez los ayuden a entenderlo ……. a tiempo.

  • Rolando dijo:

    Lei el articulo y no todo es tan en blanco y negro… partiendo del hecho que las elecciones fueron democraticas, sin rastros de fraude, y mirando los resultados:
    Daniel Scioli 36.86 %
    Mauricio Macri 34,33%
    Sergio Massa 21.34 %
    Nicolás del Caño 3.27%
    Margarita Stolbizer 2.54%
    Alfredo Rodriguez Saá 1.67%
    el pueblo argentino quiere un cambio, y si seguimos la logica, el que voto en la primera vuelta por otro candidato diferente al oficial, por que ahora lo va a votar? creo que FPV no escogio bien a sus fichas, porque todos han visto dos scioli: uno antes de las elecciones y otro despues (para peor me parece). Hasta los propios militantes del partido lo dejaron solo en el bunquer cuando salieron los resultados preliminares, donde aparecia macri con ventaja sobre el FPV, mientras que los del partido de macri seguian festejando aun sabiendo que los numeros se viraron. Por otro lado, el partido de macri, cambiemos, gano la gobernacion de la ciudad de buenos aires (de nuevo) y ahora la provincia, donde precisamente scioli era gobernador, por una gran diferencia %.
    en fin, como dice el buen amigo Taladri, saquen uds sus propias conclusiones. veremos que pasa el 22N.

    • Aroldo dijo:

      De qué cambios hablas?, si así fuese Macri hubiera ganado con más del 45 % y no estaríamos hablando ahora mismo de elecciones.

  • Dr. Dollitle dijo:

    Realmente no lei el articulo, demasiado largo, además con el precedente de las acusaciones que se le hacen a Macri en otro artículo aquí en Cubadebate no quise ni leerlo para ser sinceros. Creo en los ideales de algunos presidentes pero por el motivo que fuere las cosas en la practica en algún momento dejan de funcionar y a las personas lo que les interesa es tener todas las comodidades aceptables que puede ofrecer la vida. Vivo en un país que se dice progresista y ya la clase media no esta muy de acuerdo con el presidente, lo mejor que he oído que no lo ofende es “mejor que nadie sea presidente”. Lo bueno que tiene Argentina y Chile es que si no sale la izquierda, después que acabe el periodo de gobierno de la derecha, si lo hace mal, regresa de nuevo.

  • Chino dijo:

    Atilio explica bien la contradicción actual en mi país. Hay que optar por el mal menor. Ambas propuestas son burguesas. Gane quien gane, perdemos los trabajadores en nuestras aspiraciones mas cercanas (ni qué hablar de las estratégicas): empleo digno (no digo trabajo, porque lo hay a montones), salud, educación, etc. etc. Debo ser consecuente con mi conducta hace unos años; sin ser kirchnerista ni peronista (pertenezco al conglomerado marxista argentino) fuí a Plaza de Mayo a defender la Constitución cuando convocó Cristina en contra de la “gente del campo” que salieron a las calles con sus sacos de visón y acompañadas de sus empleadas que les llevaban las “cacerolas de acero inoxidable”. Tengo memoria y no me olvido que esa “gente de campo” y la oligarquía financiera (actuales aliados de Macri) apoyaron todos los golpes de estado y especialmente el último.
    No obstante, me parece, que los trabajadores deberíamos preguntarnos qué hicimos mal para llegar a esta situación. Qué hicimos mal durante décadas para estar siempre a la zaga de proyectos burgueses. ¿O no es así?

  • Anarkopol dijo:

    Suelo coincidir y disfrutar de los artículos de Atilio, pero en esta ocasión me permito disentir. Mas allá de algunas lógicas explicaciones contextuales, considero que un voto a Scioli no es diferente de un voto a Macri. El Peronismo es un partido de derechas que ha sustentado su poder en base a atender reclamos de los trabajadores, pero sin permitirles su verdadera emancipación, y ha combatido a la izquierda desde siempre, ya sea mediante el terrorismo de estado del propio Perón y López Rega, hasta Nestor Kirchner cuando se presentaba a los empresarios como la última opción antes de que vengan los “Rojos”. Votas a este movimiento social anti-izquierdas es faltarle el respeto a nuestra propia idiosincrasia. Prefiero enfrentar a un confeso derechista que a uno disfrazado de progresista. Esto nos permitirá una nueva oportunidad de reconfigurarnos como progresistas verdaderos y no esta farsa burguesa que atras de muchos aciertos en política social y latinoamericana, sigue siendo un gobierno de millonarios que nunca permitirán una verdadera redistribución social de la renta. Creo que hay que votar en blanco y combatir. Scioli defendió el indulto a los genocidas y la privatización de YPF entre otra. Votarlo es votar al Imperio que pretende una versión edulcorada como Scioli a un verdadero revolucionario.

  • omar galoppo dijo:

    Las personas que viven fuera de argentina se hacen una falsa idea con este articulo. Se presenta como una eleccion entre un progresista y la derecha. Nada mas falso.
    Macri es la derecha: si. Absolutamente. Es un empresario que hizo mucha plata con la dictadura y despues con Menem. Amigo de Utribe y de Aznar.
    Pero: Scioli es progresista? Primero: entró a la politica de la mano de Menem. Y fue ministro de Menem. Pero eso no fue lo peor. Es el gobernador de la Provincia de Buenos Aires desde hace 8 años. Una provincia que se inunda cuando caen cuatro gotas, que esta llenade narcotraficantes, el 40% de la poblacion no tiene ni cloacas ni agua corriente, tiene la policia mas corrupta del pais, los hospitales son un desastre (no hay ni gasas para atender a los pacientes), la sistema educativo es deplorable. Y defiende a un gobierno que habla desde la izquierda pero roba con la derecha. Es el mas corrupto de la historia (mas que el de Menem) con una presidenta millonaria que agrandó su patrimonio 10 veces desde que empezo su mandato.
    Entre Macri y Scioli no hay dos proyectos, hay uno solo: el del capital. Por eso entre la peste y el colera no hay eleccion posible, Voto en blanco

  • Santiago Herrera Linares dijo:

    ARGENTINOS POR ARGENTINA.
    Por Santiago Herrera Linares (Cuba).
    Estoy en Cuba, leo las noticias sobre el proceso electoral argentino y el artículo del muy destacado analista Atilio Borón “Argentina: el voto en blanco es un voto por el imperialismo”.
    He leído todo lo que puedo sobre Argentina. Se en qué lugar estaba yo el día que escuché la noticia el golpe de Estado que llevó al más trágico período de la Historia de ese país. Recuerdo también el impacto que me producían conocer los efectos dramáticos del neoliberalismo implacable que llevó a ese país a una deplorable situación económica que en mi opinión puso en riesgo hasta su independencia política.
    Los avances del Kirchner ismo y el pueblo que lo apoya, en materia de soberanía política, económica y avances sociales, fue un cambio de la noche a la alborada. A la distancia no creo que la obra realizada bajo el liderazgo de Néstor Kirchner y Cristina Fernández no sea suficiente para evitar que una parte significativa del electorado se ha haya dejado arrastrar por la maquinaria inteligente pero antipopular de las campañas mediáticas contra la familia Kirchner, la Presidenta Cristina Fernández y otros líderes del Frente para la Victoria y promesas de cambios de candidatos que no dicen claramente qué quieren cambiar, pero que se sabe quiénes son y a qué intereses responden y han respondido siempre.
    ¿Cómo un electorado puede dejarse confundir?. Pudiera parecer que las lecciones históricas de Argentina no han sido suficiente para la conciencia política popular? Lo más complicado, y es la esencia de lo que Atilio Borón analiza y alerta en el artículo mencionado es que fuerzas de izquierda, por sectarismos y extremismos carentes de base objetiva, histórica, táctica y estratégico también traicione. Porque no apoyar al candidato más cercano a la obra realizada por los gobiernos de izquierda de los Kirchner es traicionar esa obra de progreso, de integración y de firme espíritu soberano e independiente que la sustenta.
    La alerta permanente para las fuerzas de izquierda es la necesidad de enfrentar la maquinaria de engaño y manipulación, pero también que las fuerzas populares se dejen conducir a cualquier táctica que excluya el voto como herramienta para tomar partido a favor de un modelo que felizmente ha transformado a la Argentina. La voz digna de sus dos últimos presidentes en el plano internacional, en la lucha por la integración y las mejores causas de los pueblos del mundo, tenían en su esencia, las políticas progresistas de transformación del país en función de su pueblo, de la integración latinoamericana y del Derecho Internacional, sin sumisión al águila imperial que nos desprecia.
    En otro comentario sobre el tema escribí: “Las reglas de la izquierda se basan en valores contrarios a los de la derecha. Son las reglas de la transparencia, lealtad al pueblo, a la verdadera soberanía política y económica, a la redistribución equitativa de la riqueza, derechos económicos, políticos y sociales garantizados, limpieza moral, el ser humano como sujeto y razón de ser de los proyectos políticos… Cuando se lucha con estos valores y se avanza en función de ellos, entonces los pueblos son los actores, la manipulación de la derecha pierde espacio y los movimientos progresistas se hacen indetenibles y su obra perdurable”.
    Si el proyecto político, económico y social tiene como protagonista a la gran mayoría de la población, entonces ese proyecto es triunfador. La unidad de la vanguardia junto a su pueblo será la clave de la victoria”.
    En este contexto la lucha es compleja, pero los pueblos son determinantes.
    Los argentinos decidirán con su voto libre el país que desean, como dice Scioli, pero …! qué bueno sería que la mayoría no se dejara confundir y con plena conciencia de país todos votaran!

    • Oreste dijo:

      Vivo en La Plata, Pcia. de Bs. As., padecí, como todos los bonaerenses de las peleas que tuvo con Cristina, tras las cuales, la presidenta de los 40 millones de argentinos le cortaba dinero y, como consecuencia, sufrimos los habitantes. Padecí las discusiones de Scioli con Bruera (intendente de La Plata-del F.P.V), tras las cuales, el hoy candidato a presidente le cortaba financiación y terminábamos padeciendo los habitantes. Mi hija se graduó de médica en la ELAM, conozco algo de las preocupaciones cubanas sobre la salud. En mi provincia, con Scioli, esas preocupaciones no existen. MI VOTO, COMO EL DE MUCHOS IZQUIERDISTAS, ES CONTRA MACRI, PERO NO POR SICIOLI.

  • Pedro Raúl sánchez dijo:

    En las emergencias de importancia vital, como la presente, en que el hombre se encuentra en una encrucijada que no le deja más alternativa que escoger entre uno de dos caminos, la diferencia entre los muy inteligentes y los simple de espíritu casi desaparece. Resulta sorprendente observar cómo en una crisis, los muy sofisticados actúan a menudo como imbéciles. Saturados por la actitud de “ni lo uno ni lo otro”, esas personas son incapaces de admitir, incluso en su interior, que existen situaciones en las que una decisión sin ambigüedad es de vital importancia para la supervivencia espiritual y física. Ante el desafío del destino actúan como imbéciles inteligentes, predicando la neutralidad en presencia de la peste bubónica. En su mayoría son víctimas de una enfermedad profesional: el alejamiento de la realidad que sufren los intelectuales. No comprenden que hay un tiempo para hablar en términos relativos y hay un tiempo para hablar de Sí y No.
    PD: no involucro dentro de lo antes descrito al “trotskismo” (y no me refiero a sus militantes adolescentes, que son víctimas inconscientes de lo que se conoce como “falacia de la causa perfecta”) ya que responden a otros intereses. La prueba de ello está en que jamás se “equivocaron”: se han opuesto y militado contra “todo” intento revolucionario, progresista, bien intencionado, tibio, etcétera, etcétera, etcétera, a lo largo de ya casi cien años, en todos los continentes.

  • Pedro Raúl sánchez dijo:

    Hace pocos días vi el reportaje que le hicieron a Urtubey (gobernador de la provincia de Salta, en el norte argentino) en un programa de la TV. Programa más que mediocre pero que permite observar el espectro completo de los “prohombres” que decidirán nuestro destino inmediato. Utubey es una porquería, en Salta bien lo sabemos: peronista oligarca, de directa línea vandorista: primero romerista, luego kirchnerista, ahora sciolista, y dejó muy en claro que en el caso de una victoria de “Mauricio” lo apoyará plenamente para “contribuir” a la reconstrucción del país (¿…?). A pesar de Urtubey, y del mismo Scioli, es imprescindible votarlo a este último para sacarnos de encima la responsabilidad moral y práctica de contribuir al regreso de Videla (Macri será Videla, rápidamente, en todos los aspectos). El principista e higiénico voto en blanco que proponen algunos sectores profilácticos de izquierda ignora que, en tiempos de graves peligros, se hace imprescindible realizar una conexión mínima y circunstancial, que no implica necesariamente una identificación política con el “aliado” accidental, y que nos estamos viendo ente la necesidad de tener que soportar una situación “paradojal”, a la que habremos de prepararnos para digerir sin empachos. Es evidente que todo movimiento bien intencionado aloja en su seno a sectarios, quietistas y lunáticos de todo pelaje, a los que es muy difícil hacer entender que en esta lucha hay dos niveles diferenciados; que la defensa de este sistema contra una amenaza mortal no implica la aceptación de todo lo que existe en este sistema: no implica que se abandone la lucha a corto, mediano y largo plazo para mejorarlo; y vice-versa: la crítica de los defectos de este sistema no nos libera del deber de defenderlo, a pesar de sus ambigüedades, contra la corrupción total del ideal humano. La “izquierda”, en su totalidad, adolece de una carencia estratégica inconcebible (y no me refiero al trotskismo, asalariados directos de la CIA… ¿o es acaso que podemos creer que la “compañía” va a desperdiciar la paponia de meter cuña orgánica entre las diversas tendencias?), y esta carencia estratégica de la izquierda contribuye, creo sinceramente que de manera principal, con el colapso final y exterminio de la mayor parte de la población del planeta. El error estratégico induce, cuanto menos, a errores tácticos, menores pero fundamentales: confundir el enemigo, por ejemplo, entre otros males mayores. ¡Cuánta falta le está haciendo a las fuerzas progresistas comenzar una pública polémica (si: PUBLICA, en Facebook, por ejemplo) sobre replanteos estratégicos que intenten involucrar a las mayorías ganadas por el discurso berreta de la derecha. ¿Será posible?… Invito a quienes deseen comenzar esta charla a sumarse… en este lugar o en el que propongan.

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Atilio Borón

Atilio Borón

Economista y periodista argentino, quien dirigió Clacso.

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