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La estrella fugaz deTy Cobb en La Habana

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Ty Cobb en Cuba 1910 (2)“No tengo derecho a sentir arrepentimiento por lo que he hecho”. Ty Cobb (Newsweek, 31 de julio de 1954)

Hace poco vi, y conservo, la película Cobb, proyectada en el estelar programa Béisbol de Siempre, que conduce Yasel Porto. No quisiera introducirme en valoraciones cinematográficas, porque no soy experto en ese campo, pero disfruto el séptimo arte, desde los clásicos vaqueros de Gary Cooper, Burt Lancaster o John Wayne, hasta las comedias de Cantinflas, y decenas de veces las tres partes de El Padrino, así como todos los clásicos. No pudiera valorar la actuación de un actor con la clase de Tommy Lee Jones, quizás bastante añejo para protagonizar a Ty. Me gustaría leer un comentario de Rolando Pérez Betancourt (no me los pierdo), o de otro avezado especialista sobre este filme.

Eso sí, lo he disfrutado como merece aquel inmortal que tuvo una existencia tan azarosa y, asimismo, dejaría su imborrable huella en el mundo de la pelota. Mas extrañé algo: su actuación en Cuba. Quizás los realizadores no le concedieron importancia, entre tantas reyertas y vicisitudes. Tal vez no la conozcan, no sé. En fin, como cubano me quedó un vacío que pocos conocen o recuerdan.

Hace un tiempo escribí una crónica sobre su estancia semi traumática en La Habana, pero muchos piden más sobre este hombre de hierro y, sin pretender agotarlo en tan breve espacio, vuelvo por los fueros.

La capital cubana vivió un acontecimiento de marca mayor en diciembre de 1910. Aquellos carros que entonces eran antiguos, Ford en su mayoría, sombreros de pajilla, la segunda ocupación norteamericana de la Isla y sus consecuencias, las luchas fratricidas entre razas, que en 1912 desembocarían en una gran masacre, la ya decadente Acera del Louvre, espectáculos públicos de primer nivel y una miseria desproporcionada, pasaron a un segundo plano con la Serie Americana de ese año, que ciento cinco después, no ha perdido atractivo. Pocas veces hubo tanta expectación, ni versiones al futuro. La gente corría al estadio y no era para menos, solo para ver a este hombre que gozó y sufrió como pocos.

Tyrus Raymond Cobb, o simplemente Ty, el mayor de tres hermanos, había nacido de William y Amanda, el 18 de diciembre de 1886, en Narrows, Georgia, y falleció el 17 de julio de 1961. Fue un hombre de su tiempo, lleno de contradicciones y amargas experiencias, y actuó en franca lucha con la vida, sin poder apartar de su memoria el infeliz final de los progenitores. En Wikipedia, La Enciclopedia Libre, se puede leer:

El 8 de agosto de 1905, el padre de Cobb fue asesinado de un disparo efectuado por la madre de Ty; aparentemente William Cobb sospechaba de la infidelidad de su esposa y estaba espiándola en su propia habitación. Cuando ésta vio la silueta, actuó en defensa propia, presumiendo que se trataba de un intruso. El padre de Cobb nunca pudo presenciar el futuro éxito de su hijo.

Cobb estuvo en Grandes Ligas desde 1905 hasta 1926, con los DETROIT TIGERS. El sureño le había cogido el gusto a la fría ciudad cercana a Canadá, meca del automóvil. Y agregó otro par de campañas antes del retiro, con el PHILADELPHIA ATLHETICS de la Liga Americana.Alguna que otra vez estuvo al borde de la expulsión del Béisbol Organizado, pero parece absuelto por la historia, al ser seleccionado con justicia, en el All Century Team.

Veamos un hecho fuerte, característico en él, tomado de la Georgia Encyclopedia 2005:

Durante su carrera Cobb se vio involucrado en numerosas peleas, tanto dentro como fuera del terreno de juego, y en varias arengas llenas de blasfemias. Por ejemplo, Cobb y el árbitro Billy Evans acordaron arreglar a golpes sus diferencias respecto a una decisión de Evans durante un encuentro, siendo llevados bajo las graderías después del juego, los miembros de ambos equipos presenciando la riña, la cual acabó al ser separados. Para entonces Cobb ya había golpeado a Evans, tumbándolo, y había comenzado a estrangularlo. En alguna ocasión abofeteó a un operador de elevadores afroamericano por ser “presuntuoso”; cuando un vigilante nocturno intervino, Cobb sacó una navaja y lo apuñaló (el asunto fue posteriormente arreglado fuera de tribunales).

Temido por los rivales, de buenas manos, resbaladizo e inteligente, fue célebre por su capacidad ofensiva y la velocidad que desplegaba en el corrido de las bases. Uno de los más fabulosos estafadores, pues lo hizo en 892 ocasiones, con nada menos que 54 robos de home, un récord antológico similar a los 56 juegos consecutivos de Joe DiMaggio y otros pocos. Fue violento, malcriado, discriminador, narcisista, autosuficiente, abusador con los spikes y muchas cosas más, pero lo de showman nadie puede quitárselo, mucho menos disminuir un ápice su impronta. Así lo refiere Rogelio A. Letusé La O:

Cobb no tenía de oponentes a los de enfrente, sino también a los que jugaban a su lado, porque se proponía ser el número uno en todo lo que hacía. Así explicó por qué se había ido a las manos con su compañero de cuarto Nap Rucker, en una oportunidad en que este último intentó ducharse antes que él.

Aquel que jugó de vida o muerte cada partido y separaba las manos al empuñar el madero, dejó una profunda huella en los fanáticos del primer Almendares Park. Los Tigres habían llegado en las postrimerías de 1910 para juegos de preparación en un clima más apropiado. Desde los inicios del siglo XX eran frecuentes aquellos encuentros amistosos –que no siempre lo fueron, entre equipos de la Liga Profesional Cubana y de las Mayores, donde se incluían selecciones campeonas. Allí jugaban negros, blancos y de cualquier denominación racial o social, pues desde 1900 el béisbol cubano estaba democratizado en asuntos de razas. En aquel entonces, los visitantes todos eran blancos.

En su carrera dejó récords harto conocidos, por eso nos detendremos en su paso por la capital cubana. El DETROIT TIGERS vendría con mil pesos garantizados por jugador en doce desafíos, más todos los gastos pagados. Cobb pidió el doble y no se lo concedieron, a pesar de la publicidad en función de su figura. Así arribarían los Tigres al Puerto de La Habana, sin su mítica figura. Los fanáticos se defraudaron y pocos días después la Liga se vio obligada a pagarle la cifra acordada, por los últimos partidos, en una jugada puramente económica que elevaba las recaudaciones, no los gastos.

Mucho se habló de aquella visita. Que si huraño, cómico, dichara¬chero. Que si vestía bien, o anduvo entre féminas y tragos. En fin, cosas faranduleras de artistas y deportistas. Pero la muchedumbre se dio el lujo de tener en persona a quien anda por la historia como un símbolo, al estilo de Babe Ruth, Stan Musial, Hank Aaron o Joe DiMaggio. En ese momento era el flamante campeón de bateo en tres temporadas seguidas: 1907, 1908 y 1909.

En su debut en la capital cubana, el sureño lució batazos, jugadas, corridas y toques de bola pocas veces vistas por estos lares. Hasta ganó un premio de cien pesos que una fábrica de dulces de La Habana ofrecía al primer jonronero de la serie. No sacó la bola fuera del estadio, por las dimensiones del Almendares Park, pero conectó un lineazo por encima del torpedero, al que le partió el leftfielder Rogelio Valdés, quien desistió tarde del empeño y la bola se fue hacia atrás para que el corredor llegara sin problemas al home plate. Así acumuló cien pesos más, y el aplauso del público. Todo parecía navegar en aguas mansas.

Pero el 5 de diciembre de 1910 comenzó un mito que se convirtió en leyenda de muchas versiones. El Melocotón de Georgia se enfrentó a José de la Caridad Méndez, El Diamante Negro, y todo parece indicar que salió mal parado, a pesar de conectar un incogible y recibir una base por bolas. Con rectazos de humo le propinó un sólido ponche. Aquel negro desconocido para él, de facciones africanas, lo dejó clavado con tres strikes en la goma. Entonces elevó una fuerte protesta, al acusar de obstrucción al receptor Gervasio Strike González.Según él, la mascota había chocado con el bate, y lo increpó. Se dijeron fuertes palabras en inglés y español, no entendibles para ninguno de ellos, donde seguramente salieron a relucir las progenitoras; la escena subía de tono. El árbitro no varió la situación.

En el último turno conectó su únicohit del partido, y se las arregló para alcanzar la antesala. Al primer lanzamiento se lanzó como una fiera hacia home, elevó los spikes cuanto pudo y los descargó con furia sobre el catcher, quien cayó a varios metros de distancia con la ropa destrozada, sin soltar la pelota: ¡Out! Ambos se fueron encima y salieron los jugadores de los dos bandos, bates en ristre. La situación solo pudo ser aplacada con la intervención de la policía. Herido en lo más íntimo, había expresado al manager:

‘Si logro llegar a tercera, déjeme campo abierto en el home porque a la primera pelota voy a tratar de robármelo’. Habiendo pegado un hit, después de verse en dos y dos, Ty no perdió tiempo en llegar a la tercera. Y haciendo buena su palabra, se lanzó sobre el plate a la pelota siguiente (…) Dando un enorme salto, mucho antes de llegar al plate y con los spikes por delante, como era su costumbre, agarró de lleno al catcher cubano en mitad del muslo. El impacto fue terrible.

No era el primer altercado. Días antes, cuando castigó al estelar Joseíto Muñoz, los receptores Bruce Petway y Strike González, le habían puesto out cuatro veces a manos del célebre torpedero negro Sam Lloyd, protegido de los afilados spikes con metales en ambas piernas, a quien Cobb (a pesar de también ser norteamericano) no había saludado por el color de la piel. En el último intento reclamó, con razón, que la almohadilla estaba más lejos de lo reglamentario. Los árbitros midieron la distancia y comprobaron un exceso de tres pulgadas. Entonces ordenaron colocarla donde correspondía, pero mantuvieron la decisión.

Eso sí, ¡el show era él! Dejó una huella fea, pero mantuvo la fama de protagonista excéntrico. Había nacido blanco en el sur y desde temprano asumió un odio feroz por los de piel más oscura, como el propio Bambino. Paul Dickson se refirió a este asunto:

Ty Cobb, un racista empedernido, rechazó una vez compartir el alojamiento en Georgia con Ruth, porque “nunca he dormido bajo el mismo techo que un negro, y no lo voy a hacer aquí, en mi Estado natal, Georgia”.

Regresaría a su país burlado por varios negros yjugadores menos promocionados, pero eso sí, dueño de la escena. No obstante, se había convertido en la noticia del momento, con los bolsillos llenos. Allí mismo tomó la decisión de no jugar nunca más contra hombres de ébano. Y con la seriedad que le caracterizó, cumplió la promesa al pie de la letra.

Cobb no se destacaría solo en el terreno de juego, entre bares, alcoholes, trifulcas y prostitutas, también llegó a ser un próspero empresario:

En septiembre de 1907 Cobb inicia una relación comercial con The Coca-Cola Company que duró por el resto de su vida. Para el momento de su muerte era propietario de tres plantas embotelladoras en California, Idaho y Oregón, y poseía más de 20,000 acciones de la compañía. También fue un célebre portavoz del producto; una publicidad de Cobb proclamaba que: “Siempre encuentro que beber Coca-Cola entre juegos me refresca a tal punto que puedo comenzar un segundo juego con la sensación de no haberme estado ejercitando en absoluto, a pesar de mis esfuerzos en el primero”.

Tuvo una existencia genuina y traumática hasta los últimos momentos. De ello conocieron sus esposas, hijos, vecinos, escritores y editores biográficos, las mujeres al paso, negros, blancos y extranjeros… Llegó a amasar una enorme fortuna que dejó distribuida, según aparece en notas de la Fundación que lleva su nombre, de la siguiente forma. En la Ty Cobb Foundation se puede leer:

En su testamento dejó un cuarto de sus posesiones al Fondo Educacional Cobb, y el resto de sus 11.000.000 dólares estadounidenses lo distribuyó entre sus hijos y nietos. Cobb fue enterrado en el cementerio de Royston, Georgia. Hasta el año 2005 el Fondo Educacional Cobb había distribuido más de once millones de dólares en becas a jóvenes de Georgia.

Al fallecer, el 17 de julio de 1961, padecía de cáncer de próstata, diabetes, una fuerte hipertensión y la llamada Enfermedad de Bright. Al funeral sólo asistieron unas pocas figuras del mundo del béisbol: tres viejos jugadores y un representante del Salón de la Fama de Cooperstown. También Charlie, su primera esposa, sus dos hijas, su hijo Jimmy, los esposos de sus hijas y su nuera con dos nietos.

La pobre asistencia por el adiós a un gigante no tuvo nada que ver con los miles de aficionados que llenaron el Yankee Stadium y la Catedral de San Patricio de New York en 1948, para el último adiós a Babe Ruth, a quien el propio Cobb había convertido en su gran rival. Y en cierta medida lo fueron en su rumbo al más allá.

A continuación, una síntesis de la labor en las Mayores de este hombre que bateaba a la zurda, tiraba a la derecha y ofrecía una imagen, en su mejor momento, de 6’1”, con alrededor de 175 libras de peso:

Grandes Ligas:

JJ       VB       H    AVE CA     CI     2B  3B  HR SLG

3034 11436 4189 .366 2246 1939 723 298 117 .512

BB      K   BR  OBP TB   SH

1248 357 892 .433 5854 295

Récords:

-Récord absoluto en robos de home (54).

-Líder en average (.366).

-Más temporadas como líder de los bateadores (11).

-Bateó sobre los .300 en veintidós campañas.

-Tres veces sobre los .400 (1911-1912 y 1922).

-Obtuvo la Triple corona de Bateo en 1909.

-Miembro inaugural del Salón de la Fama de Cooperstown en 1936, con el mayor número de votos.

-Fue elevado a dicho recinto, junto a Walter Johnson, Christy Mathewson, Babe Ruth y Honus Wagner.

-Segundo en hits conectados (4189), solo detrás de Pete Rose (4256).

-Cuarto en bases robadas (892), detrás de Rickey Henderson (1406), Lou Brock (938) y Billy Hamilton (912).

-Cuarto en promedio más alto en una temporada (1911-.420), empatado con George Sisler (1922-.420). Solo detrás de Nap Lajoie (1901-.426) y Rogers Hornsby (1924-.424).

-Sexto en carreras impulsadas (1937), detrás de Hank Aaron (2997), Babe Ruth (2213), Cap Anson (2076), Lou Gehrig (1995) y Stan Musial (1951).

(Con documentación de Enciclopedias de las Grandes Ligas, Roberto González Echevarría, Ángel Torres, Severo Nieto, Jorge Alfonso, Alfredo Santana, Félix Julio Alfonso López, Peter Bjarkman, Miguel Ernesto Gómez Masjuán, James D., Cockroft, Marino Martínez, Yasel Porto Gómez, Wikipedia. La Enciclopedia Libre, Fernando Rodríguez Álvarez, Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga, James A. Riley, Baseball-Reference.com, Seamheads.com, Rogelio A. Letusé La O, René Molina, Jess Losada, Eladio Secades, Buck Canel, Juan Vené, Paul Adomites, Michael M. Oleksak, y otras fuentes).

Se han publicado 9 comentarios



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  • José M. Calero Gross dijo:

    Pero fue un jugador tramposo, engreido, racista. Dejaban la hierba de tercera más alta para que sus toques de bola no caminara y como era rápido así se apuntó centenares de hits. Y no es el más grande bateador de la historia, aunque sus números digan otra cosa. El más grande bateador, sin esas trampas, fue TED WILLIAMS. Su defecto : no llevarse bien con los Medios Periodísticos.

    • El callado dijo:

      José M. Calero Gross respeto tu comentario pero me parece que en juegos oficiales no prevalece la trampa sino aquel que tenga mas picardia, porque arbitro habian en todos los juegos

  • Agustin Navarro dijo:

    Tengo muchos recuerdos de este jugador pues mi papa me hablaba mucho de este jugador y esa anécdota de la base es sencillamente impresionante mi padre siempre hablo de ella discutio de que esa base tenia que estar donde tenia el pie el llego quieto pero cantaron out sin discusión uno de los mejores de todos los tiempos

  • Sergio dijo:

    FUE UN PESAO y UN SANGRON, etc., etc., etc,,,,,,,pero este fue un MONSTRUO, SUPERMONSTRUO de la pelota

  • amil dijo:

    Hace alrededor de 1 año, tuve el placer de conocer a una nieta de Ty Cobb que estuvo aqui en Cuba por una semana, se sorprendio mucho de que conocieramos de la vida de este jugador. Cuando le pregunte sobre esta película me dijo que su familia no habia dado su acuerdo para que la realizaran y que en realidad mucho de la vida de su abuelo aparecia distorsionado, que en realidad muchas de las cosas fueron magnificadas por los medios y que el ayudo a muchos exjugadores que habian quedado en la miseria y a otras personas incluso negros pero que nunca lo hizo dandolo a la publicidad.

  • rommel blue dijo:

    Calero tienes que conocer beisbol para opinar sobre el , es mentira todo eso No necesitaba la hierba mas alta para anotarse un hit , pues dio mas de 4000 , quitale 400 hits de hierba como los llamas y seguira entre los 4 grandes junto a rose , aaron y musial , es cierto era racista , engraido , y muchas cosas mas pero nadie jugo la pelota con tanto coraje y tanto amor como lo hizo el , ahi estan sus records , respecto a Ted es cierto es la biblia del bateo , pero salvo en hrt en slugging ted no aventajo a Cobb en nada

  • El callado dijo:

    Que posibilidad que me comentaran la actuacion de Jeff Kent y Todd Helton dos peloteros de la Gran Carpa que tuevieron buen resultado. Saber con que numero terminaron.

  • rommel blue dijo:

    callado te dire que helton termino con average superior a los 300 , conecto mas de 2300 hits y dio mas de 350 hr de kent otra historia parecida termino por debajo de 300, pero dio casi 400 hr y conecto mas de 2000hits , mas tarde te digo los numeros exactos

  • rommel blue dijo:

    Tod hELTON
    1 TEMPORADAS 316 DE AVE , 2518HITS 369HR Y 1406 RBI, JEFF KENT 290AVE, 2461HITS, 377HR Y 1518 RBI , HAY ESTAN LAS ESTADISTICAS DE ESTOS DOS SEÑORES PELOTEROS , EN WIKIPEDIA , EN LA PARTE EN INGLES ESTAN ACTUALIZADAS HASTA LA FECHA DE HOY , SALUDOS

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Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

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