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Mbókò, jazz desde el fondo de la música afrocubana

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David Virelles. Foto: John Rogers.

David Virelles. Foto: John Rogers.

Si uno observa la portada del disco Mbókò: Sacred Music for Piano, Two Basses, Drum Set and Biankoméko Abakuá de David Virelles (Santiago de Cuba, 1983) tendrá un adelanto de lo que es el disco. El arte de la cubierta de Thomas Wunsch –una superficie de tonos tétricos repleta de arañazos y capas superpuestas– revela que no es esta una obra de complacencias. Que para escucharla hay que estar dispuesto a dedicarle mucho más tiempo que la hora que supuestamente dura.

Escuchen el comienzo de Wind Rose (Antrogofoko Mokoiren).

En su mismísima apertura, los acordes deslizados en el piano y las oportunas apostillas del biankoméko confirman al oyente que no estamos delante de una fugaz experimentación.  Allá los que quieran vender postales folclóricas; Virelles, acompañado por Román Díaz en el biankoméko y las voces, Marcus Gilmore en la batería y los bajistas Thomas Morgan y Robert Hurst, salió dispuesto a marcar la diferencia.

Del cada vez más lejano ganador del concurso Jojazz en el año 1999, del pupilo de Jane Bunnet y su constante abordaje del jazz afrolatino en Canadá, del joven que desembarcó en 2009 en la Meca del Jazz alias New York, queda bastante poco en este pianista que asusta de tan recio. Sí, la palabra es esa. Asusta porque, junto a Román Díaz no teme adentrarse a contracorriente por los caminos de la tradición, dando seguimiento al trabajo esbozado en Continuum (Pi, 2012). En lugar de tomar la cómoda vertiente de la música afrocubana en su variante de celebración, Virelles opta por pulsar las raíces sacras de la Isla, hunde sus manos en la sangre y sin lavárselas ni esperar que coagule siquiera golpea con elegancia las teclas de su piano, con un espíritu más cercano al misterio de Thelonius Monk que a la felicidad de Chucho Valdés.

El artista se empapa de la esencia del misterio abakuá y la filtra a través del prisma de un inusual quinteto de jazz contemporáneo (piano, set de batería, dos contrabajos y biankoméko —un juego de instrumentos típicos de las sociedades abakuá que se compone de tambor (obiapá), conga (kuchiyeremá), quinto (biankomé) tambor (bonkoenchemiyá), cencerro (ékon) y sonajeros (erikundi) —).

La mezcla de rigurosidad investigativa, virtuosismo e imaginación compositiva de Virelles da como resultado una “suite intoxicante”, para decirlo a la manera del crítico del New York Times Nate Chinen, que interpreta estos rituales no con un afán de recreación historicista, sino con la voluntad de recrear su espíritu en los terrenos del jazz contemporáneo. El mismo Virelles explica que, aunque no es un practicante de esa religión, “profundizar en los elementos de su música simbólica y reinterpretarlos dentro de la música actual me ayuda a descubrir más sobre mis orígenes y hacia dónde voy”. Y es así como logra un álbum que las publicaciones más rigurosas califican como uno de los mejores del año 2014.

Como decía anteriormente, Virelles, no llega hasta aquí solo. Este disco es también la suma oportuna de los músicos que le acompañan: es el marco sensorial que traza el percusionista Ramón Díaz, es la densa malla sonora que a cuatro manos tejen Thomas Morgan y Robert Hurst desde los contrabajos, es el talento mágico de Marcus Gilmore hecho ritmo.

Honores aparte merece Román Díaz, el otro gran artífice del disco. En las notas del disco, el pianista explica que han desarrollado “una forma de tocar juntos que moldeó todo el sonido del disco. (…) El álbum está hecho de piezas de piano que permitieron un desarrollo paralelo o entrelazado junto al bonkoenchemiyá. (…) En Mbókò, más que la voz humana –que es otro elemento que Román y yo hemos explorado previamente– es el bonkoenchemiyá el que cuenta una historia en un leguaje que puede ser rastreado a lo largo de la historia.”

Tal y como apuntan varias reseñas, es un álbum que demanda más de una audición. Así por ejemplo, encuentro que, tras alcanzar la cima con temas como Antillais (a Quintín Banderas) y Seven, Through the Divination Horn, con Ete (a María Teresa Vera) bordea el abismo, y no en el buen sentido de la metáfora. La pequeña coda con la que cierra un disco tan ambicioso es un misterio que aún no alcanzo a dilucidar. Sospecho que con esta pieza, en una obra de tamaña factura y complejidad, el músico pretendió decir algo que este periodista no acaba de entender. Pero bueno, la belleza de la música también está en eso. En repasar los discos como cazadores de minas que andan a campo traviesa con la esperanza de reventar al pisar el secreto que esconde una canción mil veces escuchada.

Virelles hace rato dejó de ser una promesa. Su trabajo en la escena musical de New York ha merecido la atención tanto de los críticos como de la comunidad de una de las plazas artísticas más exigentes del mundo. Con Mbókò presenta credenciales de mayoría de edad, de madurez incuestionable, de músico a prueba de todo. Es Mbókò, en resumen, un disco abisal, un profundo viaje espiritual que se resiste a ser categorizado. Profundo como una cuerda de piano vibrando en un cuarto vacío, profundo como el alma humana. Profundo como ciertos lagos infinitos que, ocultos a la vista de todo el mundo, a veces muestran sus aguas en las manos de un pianista.

(Publicado originalmente en Trabajadores)

Se han publicado 4 comentarios



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  • inconforme dijo:

    Muy bonito comentario…pero, ¿dónde se puede adquirir el disco? ¿lo venden en ARTEX? ¿lo difunde el Sistema de la Radio Cubana?. Por favor, ni “soñando por la oreja” -al decir de Borges Triana- se pudiera asimilar la presente valoración sobre un fonograma “virtual” que el autor de este trabajo ha tenido la posibilidad de obtener…Entonces, ¿qué valor utilitario posee una “crítica especializada” como esta?…Yo podría, por igual, ofrecer mis criterios sobre los más recientes trabajos de Daniel Amat o Arielito Bringues (por citar solo dos jóvenes jazzistas cubanos, también con “carreras en el exterior”) pero sería infructuoso si en nuestro país nadie conoce de sus excelentes trayectorias artísticas, justo como la de Virelles…

  • luis-hernandez dijo:

    felicidades una vez mas se habla con firmeza sobre el jazz hay personas critican no obtener un disco sin embargo en artex estan la mayores figuras tanto jóvenes y figuras chucho, orlando saches cubajazz , Oscar valdes, vellita ,michel herrera, yaset manzano, maraca, Roberto fonseca, salva, pla, y muchos mas en un linea inmensa, es lógico que este comentario se basa en un disco lanzado en el extranjero y en plazas internacionales quien comercializa mayormente es la egrem .. y creo que con sus atrasos discográficos en muy difícil.

  • Adia dijo:

    tiene graves errores de contenido este comentario. Soy muy cercana a David y a su entorno creativo y el trabajo que quiso lograr con este disco no tiene nada que ver con ese trabajo. Espero el autor rectifique para la otra porque escribe bien. saludos

    • Gabo=D dijo:

      No creo que el autor deba “RECTIFICAR” en nada.
      Es su punto de vista como crítico, como ser oyente, como amante musical.
      Si usted tiene una amistad con el músico, felicidades, pero no creo que por eso tenga el derecho a pedir rectificaciones a alguien que libremente da su opinión como periodista y como lo dije, como amante musical.

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Rafael González Escalona

Rafael González Escalona

La Habana, 1989. Periodista y colaborador de Cubadebate. Twitter: @rafauniversidad

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