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El bolero de Raúl y otras prosas

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bolero y otras prosasEscribo de un libro que, no por casualidad, encontré en la biblioteca de un amigo; trata sobre textos lo suficientemente anómalos en nuestro mundo editorial, que solo por esa razón valdría la pena leer, porque Bolero y otras prosas de Raúl Roa Kourí (Ediciones Especiales, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 2000, 169 págs.) es desde el inicio y hasta su final, una mezcla de géneros, y una especie de antecedente a la “libación” que significó, véase como segunda parte, Memoria de mundos varios (Ediciones Unión, La Habana, 2012), porque también fluye líquidamente, aunque “…no es lo mismo, pero es igual”.

Comenzando por el bolero inicial, chocamos con una andanada de corte sentimental y filosófica que nos hace recordar a las amadas o a la última amada ida o perdida, que para el caso es lo mismo; y vamos entre pesares, los herrumbres de la vida y de las cosas, de las libras, las arrugas mentales y carnales del alma, alcanzadas con el paso de los años, evocando un texto. El bolero de Raúl, que es especie de laberinto de pasos, huidos o no, que tratan de encontrar refugio en la bruma –se vale también en los vasos con contenido etílico- y en los versos escritos -propios y de otros-, que nos llevan a recordar a casi todos los boleros escuchados, porque siempre son los mismos y evocan lo mismo, los penúltimos o últimos amores olvidados o no, y claro, que somos nosotros los olvidados y otra quienes nos olvida.

Pero Bolero…, está pleno también de testimonios, vistos con un prisma más amplio; donde la ficción y la realidad, vívida o contada, se engarzan en un amplísimo perfil y donde la anécdota, bien catalogada por un crítico “…de una existencia tocada por la fortuna de su herencia familiar, pletórica en códigos de una cultura -vista y esgrimida como instrumento para la reivindicación histórica- de servicio a los ideales de justicia y libertad de una nación”[i], sobrepasa lo  usualmente narrado en ese tipo de publicaciones y que por demás ya hemos catalogado de “anomalía” por la casi inexistencia en nuestras letras de este tipo de propuestas.

Las otras prosas de Bolero…, son sumatoria de géneros literarios; en las que personajes imaginarios o de la realidad, sobreviven en el texto de Roa Kourí y hacen que la literatura sea algo más que la poesía o la elocuencia, que el Siglo de Oro español o el siglo XVIII inglés codificaron estrechamente, porque solamente entraban en la definición los escritos de carácter creativo e imaginativo que abarcaban el conjunto de textos producidos por las clases instruidas en los que cabían desde la filosofía, el ensayo, la poesía y el género epistolar.

Fueron, para suerte del siglo XX, Roman Jakobson[ii] y el formalismo ruso[iii], quienes incorporaron la literaturidad a las obras, abriendo la puerta a la ampliación del concepto para entenderlo como mensaje literario, con particularidades formales que lo hacen diferente a otros discursos; y en los que se destacan las funciones del lenguaje y su función poética, donde la atención del emisor recae sobre la forma del mensaje (o lo que es lo mismo, en la existencia de una “voluntad de estilo”) que causa determinados cambios en las producciones lingüísticas y cuya función primordial es proporcionar placer literario, deleite de naturaleza estética, en relación con el pensamiento aristotélico. Un lenguaje en el que se combinan redundancias y desvíos de la norma del lenguaje común, que causa extrañeza, -a veces- renovación –no siempre- e impresiona a la imaginación, a la memoria y llama la atención sobre su peculiar forma expresiva; divisa distintiva, aunque común al mortal, que en fin es lo que todos somos.

Raulito, para los amigos, no es el personaje principal de sus prosas, aunque de cuerpo presente, vague, en mucho de los textos y en algunos de los hechos; los protagonistas principales son otros, exaltados en las ciudades vividas o recordadas, Nueva York, París, México D.F., Ginebra y La Habana, lugares entrañables en los que el escritor ha pasado parte de su vida.

Y Bolero y otras prosas son crónicas, memorias y remedos irónicos de nibelungos multilingües o síntesis, al reverso, de un hombre que se convierte en cucaracha, a la cubana, y sin la cháchara del famoso escritor checo.

En Boleros… están presentes una pléyade de personajes que van desde su padre, Raúl Roa García, pasando por José Z. Tallet, Salvador Vilaseca, Rómulo Gallegos, Rubén y Judith Martínez Villena, Félix Lizaso, Darcy Ribeiro, Jorge Tallet, Juan B. Kourí, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Sergio Vitier, Pelegrín Torras y tantos otros, que le aportan al texto esencia y moldura, a la vez que los hacen más humanos y los acercan al lector que, sin la posibilidad de vivir esas únicas vivencias, se traslada al meollo del libro para conocer más sobre un tiempo que pasó.

Boleros y otras prosas está escrito como contaban las historias los de cuenteros de antaño, quienes con gracia y verbo, desde la cultura, sin desmesura pero sin carencias, embobecían al lector con sus estilos límpidos y, usando las palabras de todos los días y de los días de fiesta; hacían Literatura.

Eso de contar no es simple, no es cataplexia lexical, Boleros… contiene risa y reflexión, curiosidades y llamada a los recuerdos, una concordancia entre contado y leído, una propuesta interesante que valdría la pena leer y hasta reeditar.

Notas

[i] Riveron Rojas, Ricardo, ver en http://www.cubaliteraria.cu/revista/laletradelescriba/n17/articulo-9.html

[ii] Román Osipovich Yakobson (Moscú, Rusia, 11 de octubre de 1896 – Boston, Estados Unidos, 18 de julio de 1982), linguísta, fonólogo y y teórico de la literatura, miembro de los influyentes círculos lingüísticos de Moscú y Praga.

[iii] El término formalismo ruso designa a un movimiento intelectual que marca el nacimiento de la teoría literaria y de la crítica literaria como disciplinas autónomas y que también tuvo su influencia en la evolución de los estudios lingüísticos.

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  • lili dijo:

    Vladimir, nadie te ha enviado un comentario,debías haber reseñado el apellido en el título de la nota, simpre hay personas que aún admiran al “canciller de la dígnidad”, este es un tiempo de desmemorias, es una pena.Te invito a escribir de Cartas cruzadas, texto de lectura enriquecedora para los jóvenes.La amistad de Roa con Pablo de la Torriente es fabulosa,siempre he lamentado no haberla leído siendo joven. Queda abierta la invitación.

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F. Vladimir Pérez Casal

F. Vladimir Pérez Casal

Filólogo cubano. Colaborador de Cubadebate.

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